Taranis - Kingdom

Enviado por Hawkmoon el Lun, 23/07/2012 - 22:20
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1. Storm
2. Dominion
3. Glory
4. Origin

Attila Bakos, nacido en Budapest (Hungría), tierra de leyendas, de hombres-lobo e historias malrolleras y macabras, tiene las cosas claras: le va, y mucho, el rollete astral.

Se pirra por los elementos, la jodienda hippiesca. Y, claro, viniendo de dónde viene, normal, también le llama, y mucho, la onda extremilla, blackerota, la que no perdona, la que se hace con almas y las lleva ante el de rojo.

Taranis es una criatura híbrida, que navegará por ondas progresivas, que le dará candelilla a la onda Black furiosa y a cierta tesitura Power-oscuro-sinfónica, a lo Bal-sagoth. Un disfrute para el amante del viaje, de la pura y dura aventura místico-religiosilla.

Una portada francamente lograda: su castillito draculiano liderando las montañas, como observando al que llegue, al que quiera conocer su interior (lascivo, cruel, dañíno, speedico, operístico-epicorro, martilleante). Sin ser nada del otro jueves, joder, tiene su qué. Hipnótica ilustración. Elegantona, verdosa (dicen que el verde, a nivel subconsciente, es el color de la muerte), imponente. Como la música del bueno de Attila, vamos.

Abrimos el portalón, que, por cierto, cruje de cojones (puro Universal films, nene). Salón plagadete de telarañas. Y estamos en blanco y negro (¿será el corpse paint?). Nos esperamos en cualquier momento la aparición de Bela Lugosi, bien metidote en su papel de Conde Drácula (con el infame acento húngaro incluído), para que nos haga de guía. En su lugar, Attila, el hombre-orquesta, la mente, corazón y carne ejecutora del proyecto de marras, será el que porte la antorcha para mostrarnos cada recoveco del castillo Taranis. Prefería al gran Bela (o a sus vampiruchas zorronas), pero me parece bien que el papá, el constructor del castillo, nos haga de anfitrión. Es lo natural.

Primera habitación: "Storm". La cosa se dispara light, con cierta belleza simplista, cuando, de repente, la onda Sentenced-Paradise Lost se nos echa encima. Attila utiliza una voz límpia, aunque con fuelle, para modularla, mutarla, y convertirla en algo negro obsidiano. Su lengua, ahora de serpiente, escupe veneno y ácido. De naturaleza nickholmera, ala, a cachalote Black cabrón, bal-sagotero-dimmuborgiano. Una producción cojonuda que le saca brillo a todo el track, la atmósfera está supercuidada y el estilo, que mixturiza todo con arte, se clava, no se olvida a la primera de cambio. Onda Summoning. Te lo dije...todo un viaje. Los violines finales, hijos de un sintetizador, los coros, el retorno a la voz límpia y las arpas, rematan la faena. Morir y trascender, joder, debe ser algo parecido a la parte final del track. Rollo mesiánico total, macho. Si te fumas un buen porrete de maria, uffff, te elevarás, como poco, medio metro del suelo. En un dia moñas, la belleza del temita te atrapará. En un dia Thrash Metal, jejeje, la movida te parecerá un rollete de Walt Disney. Hay que encontrar el momento adecuado para dejarse llevar por el sonido Taranis.

"Dominion", riffera y bien dominante, incluso groovie, con un bajo que pone los cojones sobre la mesa y retumba la sala, enciende que no veas. Poco a poco, desde el inicio, y sin darte cuenta, te has levantado, has abierto tu ventana y has colocado tu puto culo en la cornisa. Crematory y el poderío guitarrero de los citados Sentenced se alinean para un buen movimiento cervical, para que lanzarte al mundo y chocar contra el asfalto no sea algo que acojone. La onda Paradise Lost, que nace a partir de la mitad del tema, convirtiendo la ceremonia en un paseo doomie, es la marcha funebre que Attila nos dedica. Y para que tampoco te apalanques en exceso, se vuelve al machaque de cuerdas, a la onda corta-cuellos y danzarina. Melodias Power-Black progresivas y con sonidazo. Me encanta.

"Glory" es la que enseña más armamento Black. Gélido guitarreo, brutalizante, pegadiza, darkfuneralista, con mucha chicha en los tecladetes deudora del "In the Nightside Eclipse", con maldad y con huevos. El track más iroso de la obra, el que más me cunde, el que más me llega. Interludio Dimmu, cristalizante, muy "Enthroned Darkness Triumphant", más culebrón Folk-New Age y más de un montón de cosas. Un puzzle cojonudo. Hay de todo en el reino de Attila Bakos, y todo es una puta pasada. Todo en su justa medida, sin dar la nota por aquí o por allá, sin dar más de una cosa que de otra. Manteniendo el equilibrio entre la elegancia, la magia de una buena composición y, claro, la tralla netamente metálica. Guitarras, nene. Que para eso somos metaleros. Poesía oscura, nihilismo, ganas de encontrar respuestas, de que te formules preguntas. Un castillo que merece atención, joder. Un castillo en el que, tranquilamente, te podrás pasar un mes, y sin conocerlo del todo. Cada día, como por arte de magia, ala, surge una nueva habitación, algo nuevo por catar.

"Origin", el momento baladón, cierra el discote. Enya con esteroides, tecladitos que se disfrazan de mil instrumentos, acústicas. Parece la banda sonora de un videojuego de Playstation, macho. Me imagino al prota del invento, montando en algún bichejo mutantoso, bajo un mundo de sprites, de palmeras cutronas y cascadas penosillas, más dignas de una Master System II. Un temita majete, bonito, cuidado. Pero me da poco en comparación a lo pasado. Majo, pero algo carente de fuelle. Después de lo vivido, nos sabe a poquitín. Lo que no quiere decir que el tema, bien completo, sea algo desdeñable. Para nada. Un señor temita.

3 temazos preciosos, precisos, majestuosos y uno, más simplón, que tampoco empañará una aventura maja de cojones. Una media molona, sin duda.

4 cuernos (bajos) para Attila Bakos y su "Kingdom". Un reino para el disfrute.

Attila Bakos: Voz, guitarra, bajo, teclados y programación de batería