Swans - The Great Annihilator

Enviado por Kaleidoscope el Jue, 18/06/2020 - 19:07
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1. In (2:27)
2. I Am The Sun (3:23)
3. She Lives! (7:00)
4. Celebrity Lifestyle (4:10)
5. Mother/Father (4:07)
6. Blood Promise (4:15)
7. Mind/Body/Light/Sound (4:52)
8. My Buried Child (2:58)
9. Warm (4:54)
10. Alcohol The Seed (3:29)
11. Killing For Company (6:55)
12. Mother's Milk (2:27)
13. Where Does A Body End? (3:41)
14. Telepathy (6:11)
15. The Great Annihilator (4:53)
16. Out (2:25)

El Gran Aniquilador

Cuando era niño mi imaginación formaba parte de mi realidad, mi alrededor estaba repleto de historias interesantes, me montaba mil historias en mi cabeza solo con mi mente, fueron tiempos mágicos en los que cada día era una aventura, travesías que forjaban mi carácter, mi personalidad. Con el tiempo aquella imaginación vívida se fue desvaneciendo, cada vez más y más, mi creatividad se tornó gris y mi imaginación fue reemplazada por los videojuegos como escape de la realidad, por más que me esforzase no podía revivir aquellas imágenes que sin esfuerzo alguno se hacían reales...todo hasta que me topé con un milagro: la música.

Yo tenía una prima que se hacía llamar “melómana”, pero lo que escuchaba no pasaba de los tres éxitos de radio. Mi familia y ella me decían que por qué no escuchaba música y respondía que simplemente no me parecía interesante, pasaba de ella porque mi percepción de la música era lo que escuchaba mi prima. Todo cambió cuando me regalaron mi primer reproductor de música, regalo que recibí con malhumor porque yo prefería un juguete o una videoconsola, pero lo que no supe es que ese aparatejo me iba a cambiar la vida para siempre y me haría la persona que soy hoy en día.

Al principio escuchaba Guns N’ Roses, Nirvana, Coldplay e incluso Linkin Park, pero no fue sino hasta que accidentalmente me topé con “Fear of the Dark” de Iron Maiden que supe que la música podía ser mucho más que un mero entretenimiento. Aquella canción de Maiden me abstrajo de la realidad e hizo volar mi imaginación como en los años dorados de mi niñez, no podía creerlo, hasta incluso pensé que había tenido una alucinación, pero no, simplemente era el poder de la música. De ahí en adelante empecé una búsqueda incesante de sonidos que me hicieran volar, que me llevasen a otros mundos y que dieran rienda suelta a mi inspiración, siempre busqué y busqué esa experiencia que tuve con “Fear of the Dark” cuando la escuché por primera vez, hubo muchos momentos en que estaba muy cerca, pero nunca era suficiente como para montar las películas enteras que de pequeño me salían espontáneamente y así fue hasta que me topé con la banda que ha definido y marcado para siempre esta otra etapa de la vida que llamamos el comienzo de la “adultez”, así como lo hicieron Iron Maiden con el principio de mi adolescencia, y dicho grupo es Swans.

Además de la música, mi otra pasión es el cine, tanto es así que es a lo que me voy a dedicar en la vida. Antes hacía “cine” en mi cabeza sin saberlo y luego con el descubrimiento de arte de los sonidos retomé ese “cine” mental constante, pero hasta que no me topé con Swans algo seguía faltando, necesitaba un espacio libre que el metal ocupaba con su excesivo tamaño, música más abstracta que me inspirara y dejara volar mi imaginación con plena libertad, pero no al punto de ser vacía e insulsa, dicho espacio lo encontré en el momento que escuché “Soundtracks for the Blind” y algo pareció hacer click, volví a entender la abstracción a profundidad y de ahí adelante mi vida jamás volvió a ser la misma, mi mundo creció, ahora con la posibilidad de expandirse más y más.

Swans son un grupo que a ojos de muchos no son más que una banda pretenciosa con canciones innecesariamente largas, perfecta para que “hipsters” que ni siquiera se sientan a escuchar sus álbumes completos tengan algo de lo qué alardear y decir “Hey, miren, escucho este álbum de dos horas y medias que tú jamás serás capaz de entender” y sí, lamentablemente hay mucha gente que toma la música de Michael Gira para eso, pero eso no significa que su arte esté solo enmarcada o concebido desde la pretensión vacía, sino todo lo contrario. La música de Gira es posiblemente la más honesta que he escuchado, a veces demasiado honesta, a veces demasiado auto-referente, íntima y personal, pero que por alguna razón, ya sea un genio sin parangón o por obra de un milagro, logra conectar con miles y miles de personas en miles y miles de formas, casi como si la música de Swans estuviese hecha a la medida perfecta para quién lo escucha, aun cuando es todo lo contrario: música extremedamente personal que no busca agradar ni empatizar con nadie. Hay grupos que me han marcado, que me gustan como ningún otro, que amo más que a mí mismo, pero ninguno, y repito, NINGUNO me había dicho decir antes “este es MI grupo, el que me representa en la mayor amplitud posible” y que es Swans era lo que yo estuve buscando desde que tengo memoria, era la respuesta a esa búsqueda de ese “algo” que ni yo mismo sabía qué era y llegados a este punto no creo, sino que ya sé que “Soundtracks for the Blind” es MI álbum y MI experiencia definitiva en el mundo de la música, pero no por ello el resto de música deja de valer la pena, ni mi hambre por escuchar más y más cosas desaparecerá, porque si bien es cierto que ya nada podrá tocar o acercarse a ese álbum por razones muy personales si hay obras que hacen lo propio y para ello no hay que mirar muy lejos, ni siquiera hay que pensar en otro grupo porque un año antes había salido “The Great Annihilator”.

Después de una prolífica camada en la década de los ochenta, con sus puntos muy altos y también muy bajos, Gira y compañía fueron dejando en el pasado los tiempos abrasivos del movimiento del No Wave para optar por un sonido más personal, ecléctico e inclasificable, encontrando por fin el estilo que los caracterizaría como músicos. Luego del enorme “White Light From the Mouth of the Infinity” y una continuación decepcionante del mismo como lo fue “Love of Life”, la banda se replanteó su sonido, cambiando de rumbo por enésima vez como si fuese lo más fácil del planeta, mientras que la mayoría de grupos o se estancan o cambian de estilo sin mucho tino, pero en el caos de Gira he llegado a la conclusión de que sencillamente el tipo ve la música de forma distinta al resto de mortales, en su cabeza las etiquetas no existen y los sonidos son un medio de expresión, del alma y mente, de la esencia humana. “The Great Annihilator” supuso ese cambio crucial en la evolución de Swans, un punto de no retorno hacia un estilo cada vez más difícil de clasificar, cada vez más propio y cinematrográfico, como si ya antes no hubiesen sido una de las bandas más rompedoras, innovadoras y ecléticas de las últimas cuatro décadas.

Hablar de lo que contiene un álbum como “The Great Annihilator” es una tarea titánica, donde las palabras quedan en la sombra de la música porque es una experiencia, de esa que se viven una sola vez en la vida, aun así, es inevitable para mí lanzarme al pozo de la fútil tarea de describirlo no porque sea necesario, sino porque es un reflejo natural el intentar plasmar en letras apasionadamente las sensaciones que me inundan al escuchar “The Great Annihilator”, sensaciones que son infinitamente variables según los oídos que lo escuchen, porque en estos escapes sonoros de la realidad, donde las notas se alargan hasta el cansancio y todo carece de una forma concreta, las posibilidades son interminables y es que ahí está el mayor fuerte de Swans: que su arte es un mundo en el que te pierdes, un portal en el que cada vez que accedes es diferente.

“The Great Annihilator” es posiblemente el disco más accesible y “comercial” de la etapa clásica del grupo (obviando el flojo “The Burning World” claro) y por tanto el ideal para meterse en el mundo de una banda tan indigesta y vasta con una discografía intimidante y extensa en la que da miedo sumergirse. Y aclaro una cosa, lo de “comercial” va entre muchas comillas, porque lejos de ser una vendida este álbum significó varios pasos hacia la dirección correcta, las estructuras podrán ser más “convencionales” o “estructuradas”, pero aun así el disco se las arregla para ser una de las experiencias más oscuras y retorcidas de toda la discografía de la banda, que teniendo a sus espaldas barbaridades como “Filth”, “Cop”, “Public Castration is a Good Idea”, “Children of God” o el coloso “Soundtracks for the Blind” es mucho decir. Aquí Swans consiguieron el equilibrio perfecto para lograr un disco que trasciende la música, que traspasa esa barrera de solo agradar al oyente, sino que va mucho, mucho más allá.

Con “In” y “I Am The Sun” queda clara la tónica del asunto: un ambiente urbano, un esquema mental distorsionado, sutilmente oscuro, con aires oníricos y surrealistas, casi como una película de David Lynch. “I Am The Sun” superficialmente pudiera verse como uno de los temas más accesibles de la banda y su ritmo animado puede engañar de primeras, pero son los detalles sutiles lo que cargan de un aura muy siniestra y realmente más aterradora que cuando se exagera al absurdo lo lúgubre en la música, porque escuchando la música de Swans todo suena creíble, terriblemente real y verosímil. En “I Am The Sun” oímos el uso brillante de voces de niños que se volvería tan recurrente en la música del grupo, el recurrir de la infancia como algo inocente y delicado vilmente perturbado por el mundo exterior, volviendo lo inocente escalofriante.

Sin embargo, es con “She Lives!” que el álbum muestra todos sus colores, envolviéndote en un halo de locura y decadencia digna del fin del mundo, y es que me podrán poner todo el metal extremo, dark ambient o cualquier cosa que se te ocurra, pero pocas, por no decir prácticamente ninguna canción plasma tan bien ese apocalipsis interno de “She Lives”. Las influencias industriales de Nitzer Ebb y Einstürzende Neubauten son muy marcadas, y es que aunque muchos no lo sepan, el industrial clásico, el más logrado, es de lo más opresivo y asfixiante que hay. Los ritmos martilleantes, las guitarras que parecen ser campanas que anuncian que el fin está cerca, los sonidos de instrumentos de viento que parecen ser soplos ominosos tocados por ángeles muertos, la voz increíble voz paradójica de Gira que suena neutra y sin emoción, pero que al mismo tiempo logra estremecerte con sus abrasivas emociones de fondo y qué decir de los dos minutos finales...sencillamente una de las mayores glorias que he tenido en la vida, esas guitarras...esas guitarras inefables que te obligan a cerrar los ojos y a sentir, combinando lo etéreo del shoegaze y el negro alquitrán del post punk, lo celestial de los cantos corales de Jarboe y Gira que crean la ilusión de que llegamos al cielo mientras morimos, creando algo muy hermoso, pero también tétrico. Sinceramente las palabras sobran, sobran totalmente para describir lo mucho que me estremece “She Lives!”, al punto que me atrevo a decir que es la mejor canción del grupo junto con “Blood Promise” del “Swans Are Dead”.

“Celebrity Lifestyle” muestra un estilo más nocturno, callejero, colorido, pero hueco, el vacio del artista que vive la vida de la fama que deja de sentir y vive por vivir. Instrumentalmente aquí es donde más se nota la influencia de colegas como Sonic Youth (ambos grupos siempre compartieron muchas similitudes y giraron mucho juntos), guitarras con mucho cuerpo y miles de matices a través del ruido y la melodía y un canto cínico que se te queda grabado en la mente de por vida. “Mother/Father” nos muestra a una Jarboe en su momento más álgido, con un duelo de voces consigo misma entre cantos femeninos y gritos desgarradores que te dejan un mal cuerpo indescriptible, mostrando que el verdadero terror lo tenemos en nuestras narices, plasmando de una manera insólitamente perfecta la violencia intrafamiliar, las ardientes discusiones de padres que están al borde de divorcio en donde el oyente es el niño encerrado en el clóset tapándose los oídos.

Con “Blood Promise” Gira nos muestra su lado más íntimo y hermoso, es una canción que traspasa la palabra “belleza” y deleita con una hermosura desgarradora que no se puede poner en palabras, pero no hablamos de algo bonito y ordinario, sino de algo con un trasfondo trágico. “Blood Promise” es como ese consuelo imaginario del niño que se abstrae de la violencia de su hogar, donde ve el Sol brillando, la grasa vivaz con rocío mañanero y está jugando con su pelota.

Y partir de aquí veo un sinsentido seguir contando la película, porque aunque cuando algo te produce tanta fascinación lo que se quiere es contar hasta el más mínimo detalle que te fascina en una crítica se volvería excesivo, algo que está de sobra y más con la naturaleza de un disco como este, que no te lo tienen que contar sino que se tiene que vivir, sin embargo, es inevitable, por no decir imposible no hablar de “Killing For Company”.

Yo entiendo quien, de buenas a primeras, no logre ver lo sombría que es la música de Swans, más aún si se viene del concepto de “oscuridad” obvio, directo y fantasioso del metal, pero es que con “Killing For Company” la oscuridad te envuelve, te incomoda y te perturba con un sonido que en teoría es calmado y relajado, pero es que a diferencia de cualquier banda de Doom, Thrash, Black o Death que se te ocurra, la música de Swans y en especial “Killing For Company” refleja mucho más lo que podría salir de la mente de un psicópata atormentado con una visión de la realidad completamente distorsionado y lo más aterrador es que en ello el oyente encuentra una belleza inconmesurable y en el proceso sientes que caes en ese espacio decadente en el que te secuestran Swans. “Killing For Company” es una canción preciosa, que cada vez que la pones los pelos se paran como agujas, que acentúa la soledad que puedes sentir y te saca lágrimas, todo ello con unas letras inspiradas en un asesino en serie real, llamado Dennis Nilsen, que mataba gente para que los cadáveres lo acompañaran. “Killing For Componay” no es solo la joya de la corona del álbum, sino una de las canciones más devastadoramente solitarias y deprimentes de la historia y el describirla es un intento pueril de materializar todas las sensaciones que te puede hacer sentir.

Pudiera entrar en más detalles cómo el claro, pero tenue y vaporoso hilo conceptual que hay entre canción y canción y letra y letra o meterme a profundidad con cuestiones técnicas y compositivas e incluso ponerme documentar los cambios vitales de formación como lo fue la inclusión del ya reconocido baterista Bill Rieflin, pero todo escribir de todo eso sería banal y masturbatorio de mi parte porque “The Great Annihilator” es un vivo ejemplo del poder de la música, de que un “simple y ordinario” álbum puede llegar a cambiarte todo, de que este arte es mucho más que un arte para muchos, sino que es un reflejo de nuestras vidas, de vidas enteras, porque así como Gira plasmaba su vida entera en su música los que caemos ante el mundo de Swans también metemos nuestras vidas en sus composiciones, cada uno a su particular manera.

Cualquier texto que se escriba sobre “The Great Annihilator” será un intento inútil de verbalizar lo que no se puede verbalizar, incluida mi crítica (que peca de auto referente, pero tratándose de música aún más auto referente y personal es inevitable). Al final lo que verdaderamente importa es que alguien descubra un mundo de posibilidades inimagibles en el mundo de la música, lo demás son florituras.

Hay que tenerles paciencia, pero la paciencia apremia cómo no puedes imaginar en este caso.

Valoración: si la siguiente placa no hubiese existido "The Great Annihilator" fácil sería el mejor hijo parido por Michael Gira. A años luz de “Soundtracks for the Blind” y aun así me es completamente imposible bajarlo del 10.00.

Michael Gira: voz, guitarras, efectos de sonidos, producción
Jarboe: voz, órgano, teclados
Bill Rieflin: batería, percusiones
Algis Kizys: bajo
Norman Westberg: guitarras
Clinton Steele: guitarras

Músicos adicionales:

Ted Parsons – Batería (tracks 3, 4, and 15)
John Sarfell – piano (track 9)
Nicky Skopelitis – guitarra (track 9)

Sello
Young God