Survivor - Eye of the Tiger

Enviado por Heartbolt el Jue, 04/03/2021 - 20:54
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1. Eye of the Tiger
2. Feels Like Love
3. Hesitation Dance
4. The One that Really Matters
5. I'm Not that Man Anymore
6. Children of the Night
7. Ever Since the World Began
8. American Heartbeat
9. Silver Girl

Personalmente, todavía le guardo una sana obsesión al mítico Stallone y su personificación como “Rocky Balboa”. Este larguirucho y enclenque vio en aquel personaje hercúleo que se sobrepuso a todo por el amor y la pasión de un sueño, al calor de un tango de alabanza tan bien consumado, la clara representación de ese ideal de enfrentarse a los más grandes retos y finalmente a lo que se cree culminado pero aturde cuando nos hallamos en la cima de la complacencia. Soñé, cuando ingresé en la academia de artes marciales, con derrotar a cierto matón que me hacía la vida imposible en mi antiguo barrio, delante de esa hermosa muchacha que estaba entre sus brazos; emerger de lo oscuro con nada menos que aquella cabalgata rockera de los estadounidenses SURVIVOR y demostrarle quién mandaba a quién.

Al final, el tipo desapareció antes de ofrecerle su tunda y aquella “novia” que me guiñaba el ojo –de tigresa– en las tardes le prosiguió. Me quedé entonces con este disco con un aire más bien de añoranza y vi en él, con los años, mucho más de lo que pensaba que me ofrecería la gloria de una victoria.

Pues así Stallone, hallando en “Poor Man’s Son” la música perfecta para sus filmes en pleno auge de éxito, telefoneó al quinteto, que nos arremetieron exaltados con nada menos que “El Ojo del Tigre” para esta famosa cinta: canción ya mitológica y mediática a niveles de “Stairway to Heaven”, “More than a Feeling”, “Hotel California” o “Another Brick in the Wall II”, por mencionar algunos mega clásicos del Rock de siempre. Pero es que esta reliquia del género lo merecía; tenía ímpetu, pujanza, energía; una melodía imposible de sacarte del cráneo y merecidamente una lírica renovadora que aquellas escenas de “Rocky III”, ciertamente un tanto menos conmovedora y más estética que sus antecesoras –sin negarle su trasfondo positivamente emotivo–, les consagraron la carta del triunfo a los supervivientes de Chicago, convirtiéndolos más allá de un indiscutible representante primigenio de lo que sería el Rock melódico de los ochenta en una institución inamovible que los grabaría para siempre en un sitial histórico de la cultura musical para toda la vida.

Jim Peterik y Frankie Sullivan, las cabezas de la banda, antes nos hubieron ofrecido dos buenos discos: el “Survivor” –1979– y el “Premonition” –1981–. Sin embargo, “Eye of the Tiger” se incrusta eternamente y con elegancia en pleno 1982, con un tema título inmortal y una colección de canciones que, si bien no se mitificaron como la primera, nos construyen un empaque de aroma clásico, rockero, atiborrado de excelentes melodías, grandes coros y solos imposibles de obviar. Dave Bickler, vocalista original de la formación, se nos desvela en su mejor momento, antes de apagarse por una larga temporada al año siguiente. Stephan Ellis y Marc Droubay también aprovechan el empujón dado por su anterior placa y sobre todo por este gran momento para ellos y se prestan para una base rítmica resplandeciente –entre los ingenieros tenemos nada menos que a Mike Clink, quien trabajaría años después con MEGADETH y GUNS N’ ROSES, entre otros gigantes– a lo largo de este trabajo, con líneas de bajo inspiradoras y una batería de aquéllas que sabes que están destinadas a hacer escuela.

“Eye of the Tiger”, siendo más que lo que conociéramos con la rozagante tercera de Balboa, es tremendo acierto en la discografía del combo. Mucho más rockero, y con tufillo setentero aún potente, que “Caught in the Game” –1983– y los sofisticados pero exóticos “Vital Signs” –1984– y “When Seconds Count” –1986–, el tigre cuyos ojos relucen al quinteto acechante y peligroso también musicalmente clava unas garras vigorosas, de esencia a calle, salidas por la noche como felinos por los tejados de una ciudad infestada de hermosas damiselas y contrincantes a quienes hacer frente, como aquél que me hizo buscar en esta agrupación y aquella película cierta inspiración divina.

Estos SURVIVOR, llevados por esas excitantes madrugadas chicaguenses, hacen uso del tirón mediático y se incorporan con la primicia que caracteriza a Peterik –uno de los tecladistas y compositores más destacados del circuito–, esas guitarras inconfundibles de Sullivan, que a lo largo de las décadas es el único original del grupo todavía en SURVIVOR, y el entrañable estilo de Bickler; tríada que en nueve composiciones nos darían lo mejor de los supervivientes hasta ese momento, porque los ojos del tigre se nos abren parsimoniosa y luego intensamente con las líneas de bajo y los riffs doblados entre batería y guitarra más famosos y reconocibles de este vastísimo género, a pulso de una llamarada de inspiración y el éxtasis de las lámparas apuntado a quien renace como el fénix, y se nos cierran con una belleza de plata como esa “Silver Girl”, con uno de los mejores momentos solistas de Sullivan, y unos rasgueos guitarrescos limpios pero vibrantes. Un cierre espectacular.

Todo lo que hay entre estas dos coronas es imperdible para el seguidor de la banda y para quienes, emocionados pero también consumidos del corte inicial, se sumergen por primera vez en la amplia y gustosa discografía de estos maestros de las melodías y ese Rock que sabe ser tan intenso emocional como musical, pues es que “Feels Like a Love” nos echa la cosa un poco para atrás después de que el tigre nos tuviera en todo momento alerta, pero esa apertura tan setentera típica de ellos y su debut –como quien también se gozase con los bailes rockeros de la ELO– nos recuerdan la magia a la que los cinco nos tienen acostumbrados. Las guitarras lloran, Droubay enloquece con la batería y Peterik se erige por segundos con un Boogie que a uno sólo se le escapa una risilla nostálgica y un fuerte latido en el pecho.

“Hesitation Dance” y “The One that Really Matters” son rockeras a morir, con un sentir cual viaje por la carretera, con una atmósfera libertina y solidaria hallada entre las barras de un bar al atardecer. Aquí las guitarras y la base rítmica son destacadísimas, más lineales a lo que ofrecían en “Premonition” que a lo que nos llegaría al año siguiente. No obstante, ese gustoso caudal de romances y aventuras se presiente en todas partes. Unos estribillos muy bien trabajados, con puentes guitarreros que emocionan a tope. “Hesitation Dance” con ese sentir más sensual y revoltoso, mientras que “The One that Really Matters” presenta un corte radial y tradicional, mas sin dejar marchar ni una delirante nota ni una bendecida armonía de las que nos hacen temblar.

El vinilo original cerraba la primera cara con un baladón estridente, “I’m Not that Man Anymore”, y nos abría la otra con la más pura hegemonía nocturna: “Children of the Night”. Un primer cierre que deja a las expectativas una ínfula de renovación que también nos evoca los primeros minutos de “Rocky III”, haciendo que posteriormente estos hijos de la noche nos extirpen el tumor del agotamiento y nos ubiquen en esa Chicago alucinante para el Rock que absorbía las emisoras de aquellos ya lejanos años, en la que ellos se erigían sin miedo, acaparando vitrinas y como pósters en las habitaciones tras nada menos que reptar merecidamente a la cúspide de las listas, gracias a lo que divinizaron con el buen Stallone, pero también gracias a las excelentes piezas de Peterik y Sullivan, una dupla excelsa del Rock.

El sencillo “Ever Since the World Began” es una balada en pleno derecho, con un Peterik arrojado al piano melancólico como dicta la academia, respaldado –como en varios cortes del disco– por Daryl Dragon en los sintetizadores y Fergie Frederiksen a los coros, diciéndonos que las cosas a veces van mal “desde que el mundo es mundo”. Por su parte, “American Heartbeat”, otro corte desprendido para la radio, nos va a devolver sí o sí a los FOREIGNER y a los JOURNEY de unos añitos atrás. Sintetizadores que acaparan espacio, un bajo cuasi futurista y esos compases intimistas que abordan una épica muy propia, de denuncia, de lo que se es y lo que siempre se ha sido; cimentada una carretera de temas inmortales que dan siempre gusto tener en el repertorio del día a día.

Pues sí: “Eye of the Tiger” seguirá siendo rescatado por aquel tema homónimo que ha trascendido las fronteras del tiempo y se ha inmortalizado, pero observando al tigre más allá de las escandalosas pupilas, como lo observé yo ya pasada la euforia, encontramos un cuerpo fornido, largas garras y bestiales fauces. Así ocurre con este álbum: por todos lados encuentras gracia y un particularísimo estilo que, más que hacerte ver en la tercera de Rocky una encarnación casi total de lo que representa más puramente dicho el SURVIVOR primero, complementa una propuesta Rock cuyo sentimiento se ha hecho con un lugar especial para quienes vieron en ellos una vida de ensueño. Para nosotros, quienes, exaltados por esa actitud provocadora de Bickler en la contraportada y los demás luciéndose como quien se monta un nuevo traje de gala, varias décadas después continuamos disfrutándolos y proyectándonos a las calles con estas composiciones que, lejos de quedarse en una cita obligada que despierta en uno el poder de la convicción, lo son todo para un minino volviéndose tremenda fiera bajo la luz de la luna.

Y alertados están… que el ojo del tigre sigue por allí, atento a su próxima presa, cuando nos volvamos a sumergir en este tercer gran acierto de SURVIVOR. Y si bien aquel tipo me debe una lucha con “Eye of the Tiger” de fondo, hoy me gustaría más vivir un romance como “Feels Like a Love”, irme de fiesta con “Children of the Night” y despertar embobado con “Silver Girl”, susurrándole a mi princesa “stay with me… one moment more”.

Una época reluciente que revive cada vez que nos conectamos con ella a través de estas mágicas obras.

–86%–

Dave Bickler - Voz.
Frankie Sullivan - Guitarra, Guitarra Acústica, Guitarra de Doce Cuerdas y Coros.
Jim Peterik - Guitarra, Piano, Órgano Hammond y Coros.
Stephan Ellis - Bajo.
Marc Droubay - Batería.

*Colaboración*

Fergie Frederiksen - Coros Adicionales.
Daryl Dragon - Teclados Adicionales, Sintetizadores y Emulador.

Sello
Scotti Brothers