Slayer - La Riviera, Madrid, 28-3-2011

Enviado por Onán el Mar, 29/03/2011 - 13:02
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01. World Painted Blood
02. Hate Worldwide
03. War Ensemble
04. Postmortem
05. Temptation
06. Dead Skin Mask
07. Silent Scream
08. The Antichrist
09. Americon
10. Payback
11. Seasons In The Abyss
12. Snuff
13. South of Heaven
14. Raining Blood
15. Black Magic
16. Angel of Death

Terminó la larga espera y ayer por fin pudimos disfrutar en Madrid de la carnicería de Slayer a lo vivo y sin anestesia, en una Riviera repleta hasta arriba de gente. Recojo mis pedazos y me dispongo a intentar el imposible de acercarme con vulgares palabras a un evento que en la prensa diaria nunca debería ser reseñado en 'Espectáculos', sino en 'Sucesos'.

Vaya por delante que no voy a hablar de los otros grupos que tocaron: a Angelus Apatrida no los pude ver, que ya me hubiera gustado, y a Megadeth los vi y constaté lo que ya sabía: que tocan de miedo, que tienen un montón de hits muy conocidos que la gente corea hasta la hartura... y que a mí no me entran ni con un tubo de vaselina entero, así que para qué intentarlo por enésima vez.

Así que me sitúo en el momento en que, a escasos metros del escenario, otros tres miembros de esta nuestra comunidad y yo esperábamos el momento de la deflagración final con esa ansiedad infantil que no se pasa del todo por muchos años que cumplas o por muchas veces que insistas. Estábamos comentando cómo Slayer no son ni los más rápidos, ni los más chillones, ni los 'más' nada en concreto, aunque se acerquen a ello; lo que pasa es que por razones que se nos escapan, a ellos les cunde muchísimo lo que corren o lo que chillan. Poco tardaríamos en comprobarlo.

Nada nuevo bajo el sol. Se apagaron las luces, sonó la intro de World painted blood, y durante las últimas vueltas de ese riff premonitorio vimos aparecer, todavía medio en sombras, a los cuatro tipos cuya cruel paliza habíamos pagado por recibir. Ovación, primer acorde del grupo (con mucho más volumen que la intro, ahí viene la primera hostia), rápido riff de Kerry King y ya estaba Tom Araya chillando barbaridades al galope de un Lombardo que aporreaba como si las baquetas fueran cuchillos de carnicero y la batería su suegra. En el mismo momento de echar a correr la canción, el lugar en el que nos encontrábamos se convirtió en un enorme círculo de gente apalizándose cuyas dimensiones eran bastante mayores de lo que habíamos previsto, y cuando luego descerrajaron sin mediar palabra Hate worldwide la histeria colectiva de las primeras filas no hizo sino recrudecerse a un ritmo que amenazaba prolongarse hasta el infinito.

Tras los dos trallazos descomunales son protocolarias unas pequeñas palabras de saludo, y todos sabemos que en estas ocasiones Araya suele mostrarse sonriente y complacido, siendo su calidez un curioso contraste con todo lo demás que está ocurriendo. Pero esta vez decir sonriente sería quedarse muy corto: en verdad que pocas veces he visto a nadie una sonrisa de oreja a oreja más brillante, incontenible y amplia que la que ayer le brotó al tipo (imposible fingir algo así). Si este señor no trabaja a gusto, la tierra es cuadrada. Con esta empatía impagable en el corazón nos agradeció que estuviéramos allí, nos preguntó si estábamos preparados –estábamos hirviendo, sobra decir- y presentó a grito pelado el primer clásico: War ensemble.

Aquí empieza de nuevo la tralla con King y ese riff tan especial que abre el mítico Seasons in the abyss y que suena como si se estuvieran haciendo palomitas de maíz en el tubo de escape de una Harley. Se reanuda la debacle, las patadas, el sudor… y mientras se me salen los ojos de las cuencas por la impresión me doy cuenta de que sí, la etapa clásica de Slayer tiene algo que ya ni ellos mismos podrán igualar nunca. No sé qué es, pero las dos primeras canciones del concierto las había escuchado pensando "¿cómo puede haber gente que no vea que esto es también la hostia?" y tuvo que ser este War ensemble, sin ser ni siquiera de mis favoritas, la que me puso en mi sitio y me dejó pensando "¿Y por qué no me meto la lengua en el culo?".

Así fueron cayendo los clásicos: Post-mortem, Temptation o ese negruzco Dead Skin Mask que últimamente habían recuperado para el repertorio y cuyo hiriente acople final empalmaron, mediante su correspondiente crescendo en la "vajilla" por parte de Dave Lombardo, con la maravillosa, impagable, frenética e inspirada Silent Scream. Para mí este par de temas supuso un auténtico subidón, mermado un poco acto seguido por The Antichrist, y es que no me negaréis que todo lo relacionado con Show no Mercy se queda un tanto infantil comparado con lo que vino después.

Pero bueno, ahí tenemos a cuatro tipos que van camino de los cincuenta palos y siguen cantando "soy el Anticristo" o lo que haga falta. Enternece, mola y entretiene a partes iguales. Y de alguna manera la imagen de King presentando cada riff lo logra amalgamar todo, validando lo primario, arrasando con lo clásico y aplastándonos con lo nuevo sin mover una ceja de más. Es como un pilar, un muro de carga, un tipo redondo en el conjunto de lo que hace, cómo lo hace y las pintas que se trae. Ay, esa imagen del tipo tocando sus solos delirantes mientras dice despacito "no, no" con la cabeza y a la vez "sí, diooos" con todo el resto de su lenguaje corporal.

Tras la ensalada de clásicos, un poco de material nuevo. Araya presentó Americon quizá sin mucho convencimiento, que si canción sobre las libertades y tal y cual, y ahí nos tuvieron a todos botando otro rato largo con el ritmo machacón de la canción. Aprovechando que tenían encima los instrumentos con esa afinación tan grave siguieron con la punkarra Payback, siempre tan agresiva y resultona, y acto seguido hubo un nuevo momento para el recuerdo, y para cierta pausa rítmica, con la macilenta Seasons in the Abyss.

Tras un nuevo galope frenético al atacar por sorpresa Snuff, durante la cual uno ya no sabe si Lombardo es galgo, podenco o tren de alta velocidad, los maestros remataron un redondísimo concierto con un póker de clásicos que no pueden fallar jamás: South of Heaven empalmada con la inmortal Raining Blood, que a su vez dio paso sin respiro a Black Magic, y aguantando unos segundos de tensión en que los cuatro tipos esperaron juntos en el centro del escenario, un Angel of Death tras el cual no vuelve a crecer la hierba y a nadie en su sano juicio se le ocurre pedir bises. ¿Qué más quieres ya?

En fin, quedó clarísima la buena forma del grupo, en eso no hay nada que decir y si últimamente he dudado de ella en alguna ocasión, me vuelvo a meter la lengua donde me quepa. No sé cuántos años más puede durar una banda así de bestia, pero ahora mismo están mejor que nunca. La voz de Araya es un cañón, uno no se explica cómo pudo cantar ayer así viendo la abultada lista de conciertos casi seguidos que lleva entre pecho y espalda. Sólo le oí "recitar" algunas frases en Snuff, para descansar un poco entre pejío y pejío; el resto del concierto lo soltó a chorro con toda la rabia del mundo y a la vez con limpieza.

Por su parte Dave Lombardo está sembrado, sin duda mejor que nunca. El tipo es todo un espectáculo en sí mismo, y si alguna canción te aburre o te gusta menos, no tienes más que observarle a él para disfrutar de un miniconcierto en toda regla. Que alguien pueda tocar a esas velocidades y a la vez con tanto swing es algo que sólo se puede cocer en el Olimpo de los más virtuosos. Y cuidado, que en los ritmos lentos no sólo funciona igual de bien, sino que además logra desplegar un grado de sutileza muchísimo mayor de lo que pueda parecer. Es una especia fundamental en este guiso.

A Kerry King me lo salto, que ya sabemos lo que da de sí. No hay más que cambiarle de aceite cada x kilómetros y a seguir camino, que este tipo no va a bajar la guardia nunca.

Y queda el incómodo asunto del "parche". ¿Qué tal funcionó la sustitución de Jeff Hanneman por Gary Holt? Pues de mil amores si somos realistas y nos damos cuenta de que lo que está haciendo este tipo es casi un imposible, mezcla de virtuosismo, concentración y morro que no todo el mundo tiene en suficientes dosis. Y que nos ha salvado el concierto, qué cojones. Decía King en una reciente entrevista que Holt había sido su primera opción, y que estaba funcionando a las mil maravillas. Bueno, pues así es según creo. El tipo ya había hecho catorce bolos muy seguidos antes del de ayer, así que ahora que viene rodado y "con carrerilla" podemos disfrutar de un guitarrista que está a gusto y centrado, que sabe cuándo se puede relajar y hacer algún gesto al público o cuándo debe concentrarse (en eso el tipo es mucho más pintón que Hanneman, a qué negarlo). En cuanto a los solos, es curioso el uso y abuso que hizo del trémolo. Es como si, consciente de que los solos de Slayer suenan siempre como si llenas un globo hasta los topes y lo sueltas por los aires, hubiera dicho "¿Queréis trémolo y escalas amorfas? ¡Pues tomad tres tazas!".

Y hablando de trémolo, hubo un detalle de Holt (supongo que ensayado) que a más de uno nos llegó hondo, y a mí personalmente me hizo "admitirlo en la pandilla": en el último solo del concierto, cuando la debacle final de Angel of Death, se curró un último armónico de esos en plan "tren de la bruja", lo empezó a estirar y estirar con la palanca… y hubo un momento en que soltó la mano izquierda y dejó la guitarra suspendida en el aire, tan solo sujeta por la palanca, mientras el armónico seguía chillando. Toda una chorradilla visual que puede recordar a otras más circenses tipo la guitarra voladora de Ace Frehley o cosas así, pero que en este caso además ¡suena! Muy bien, Gary Holt, un tipo muy suelto.

Sólo cabe un pequeño pero al respecto: por muy buen sustituto que se busque, lo que aquí se ha roto temporalmente es una relación musical de treinta y tantos años, y en el caso de los dos hachas de siempre, King y Hanneman, se lleva produciendo desde hace mucho un empaste muy particular que no tiene precio ni arreglo posible si falla uno de los dos, porque hace tiempo que musicalmente son como hermanos gemelos. Durante el grueso del concierto no se notó, pero si sacamos el bisturí fino y la lupa, algunos pasajes lentos a dos guitarras, como las intros de South of Heaven o Seasons in the Abyss sí se vieron afectados por una cierta sensación de que aquello no era exactamente lo que tenía que ser. Pero bueno, demasiado fino estoy hilando ya, ¿no? Pues nada.

Aún me suena Angel of Death en la cabeza. Puede que tarde unos cuantos días en volver a ponerme música de ningún tipo. Joder, qué gustito, qué pedazo de concierto el de ayer, sin duda de lo mejor que he visto en mi puñetera vida.

Tom Araya: Voz, bajo
Kerry King: Guitarra
Gary Holt: Guitarra
Dave Lombardo: Batería