Septic Flesh - Mystic Places of Dawn

Enviado por Kaleidoscope el Lun, 20/07/2020 - 05:58
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1. Mystic Places of Dawn (06:15)
2. Pale Beauty of the Past (05:57)
3. Return to Carthage (03:40)
4. Crescent Moon (08:25)
5. Chasing the Chimera (04:50)
6. The Underwater Garden (06:50)
7. Behind the Iron Mask (03:11)
8. (Morpheus) The Dreamlord (06:58)
9. Mythos (I. Elegy / II. Time Unbounded) (08:48)

Álbum completo

Grecia es posiblemente uno de los países más infravalorados en cuanto a metal extremo se refiere. Grupos de mucha calidad como Varathron, Necromantia, Kawir, Horrified, Nightfall, Zemial, Thou Art Lord, Macabre Omen o promesas más noveles como Dead Congregation son ejemplos de lo mucho qué tiene que ofrecer Grecia, pero lamentablemente ningún grupo del país ha sido demasiado conocido más allá del underground con la excepción de dos grupos que fueron ganando popularidad con la evolución de su sonido: Rotting Christ y Septic Flesh, curiosamente ambos grupos empezaron con sonidos más tradicionales de sus respectivos géneros (Black y Death Metal) y fueron mutando a paraderos cada vez más sinfónicos, con grandes orquestas y grandilocuentes ambientaciones, siendo ambos casos un ejemplo de “comercialización”, si así se le quiere llamar, positivo. Sin embargo, hoy no toca hablar de ninguna etapa moderna, sino de uno de los grandes clásicos del Death Metal más romántico, melódico y elegante: el debut de Septic Flesh.

“Mystic Places of Dawn” supuso la consumación del sonido griego en el Death Metal; discos como “In the Garden of the Unearthly Delights” de Horrified (1993) o “Parade Into Centuries” de Nightfall (1992) habían dibujado claramente el sonido distintivo regional con un Death Metal dóomico, melódico, melancólico con cierto alcance sinfónico y muy atmosférico, y aunque tratándose de discos más que buenos la cuestión todavía sonaba cruda y tosca, no fue sino hasta la llegada de la placa de estreno de Septic Flesh que dicho estilo se terminó de pulir para llegar a su culmen. En este álbum la banda supo conjugar el riffeo épico y solemne ya visto de manera muy primitiva en grupos como Rotting Christ y Varathron, la melancolía melódica de los primeros Paradise Lost, el romanticismo mitológico y poético del folclore griego y elementos sinfónicos de una manera impecable como en ningún otro disco, habiendo una cantidad impresionante de estilos e influencias aunadas (al punto de ser una propuesta difícil de etiquetar) sin desentonar ni un solo momento y es que para estar hablando de un debut es impresionante la madurez compositiva que tenían.

Ya con la canción homónima queda claro que no se está ante un disco cualquiera, sino ante algo muy especial y mágico. Lo primero que puede chirriar a más de uno es la claramente batería programada, la cual fue una decisión creativa hecha por Sotiris y compañía bajo el argumento de que necesitaban percusiones difíciles de ejecutar para un humano, no obstante, dicha decisión no malogra a la obra, sino que más bien es una de esas contadas excepciones donde optar por una batería no humana fue lo acertado, y curiosamente a pesar de ser algo computarizado la cuestión suena con un feeling y una pegada impresionante, regalándonos momentos que sencillamente te ponen los pelos de punta de manera abrumadora como la sección del minuto 1:20, donde las guitarras se vuelven más lentas y melódicas (con un alcance muy Paradise Lost) contrastadas por un doble bombo a todo piñón que, aunque sobre el papel pueda sonar como una mala combinación, resulta apoteósicamente triunfante.

Y hablando de guitarras...la dupla de Sotiris y Chris es una de las más expresivas que he tenido el placer de escuchar en todo el metal extremo, especialmente Sotiris a quién no se le puede llamar de otra forma además que la de artista, pero de los de verdad, porque lo de ese tipo a las seis cuerdas no es ni medio normal, teniendo una capacidad y un gusto para meter melodías que, al menos en este álbum, tranquilamente se puede equiparar a la de Greg Mackintosh con el plus de contar con influencias más sofisticadas que van desde lo neoclásico hasta lo gótico y folclórico con una maestría digna de alabar. Pero la cuestión no se queda ahí...porque la voz de Spiros termina de elevar la música a la estratosfera con unas guturales extremadamente graves, profundas y masivas que, en teoría debieron haber chocado con la tónica de la música, pero que en la práctica cuadran perfectamente dándole una naturaleza narrativa y se podría decir que hasta épicamente mitológica única y para rematar las letras son pura poesía terminando de redondear todo el paquete de manera gloriosa.

Hablar de álbum en su totalidad es una tarea cuanto menos complicada. Se podría hablar de momentos estelares, destacando las secciones que te ponen los pelos como escarpias y se te quedan tatuadas en la memoria para siempre, pero es que si me lanzo a ello terminaría describiendo segundo por segundo el álbum porque este es uno de ESOS álbumes donde cada segundo vale oro, oro puro. Y es que las habilidades compositivas de estos muchachos ya estaban en su punto más alto en su primer álbum, siendo uno de esos casos en donde nunca volvieron a superarse en posteriores, pero no porque el resto de la discografía sea mediocre o desechable (al contrario, Septic Flesh cuentan con una de las discografías más sólidas y consistentes que te puedas topar en el metal extremo), sino porque la inconmensurable e inefable magia que aquí imprimieron.

La verdad es que son muchos, demasiados, los momentos que vienen a tu memoria sin venir a cuento a tu mente contenidos en “Mystic Places of Dawn” y aunque me provoque nombrarlos todos y cada uno de ellos no es algo que tenga mucho y se tornaría tedioso de cara al lector, porque esto es música que se tiene que sentir en carnes propias, es música para dejarse llevar, atrapar y seducir y una de las muestras definitivas de que el Death Metal no es solo brutalidad grotesca, blasfemia y podredumbre, sino que también puede ser uno de los vehículos más efectivos de expresión dentro del Metal, uno de los espacios donde más encarnada y apasionada emoción se puede desprender.

Sin embargo, me es difícil y muy doloroso no hablar de determinadas canciones y momentos que me dejan sin habla, desnudo y entregado ante tanta belleza melancólica e íntima que pintan como en un lienzo Septic Flesh: canciones como “Crescent Moon” transportan a lugares insospechados y te sacan de la realidad como si uno hubiese entrado a través de un portal a un taciturno y solitario santuario que flota en medio de un lago bajo la grisácea y brillante luz lunar, con secciones exóticas y eclécticas como la del minuto 2:48 donde Sotiris saca sonidos que te hechizan por completo, pero es en el solo de guitarra del final donde el tipo te termina de partir en dos con una efusividad que pocas veces he tenido el placer de escuchar, no solo en un disco de Death Metal, sino en general. Otra canción que se lleva a la palestra es la desgarradora y preciosa “Chasing the Chimera”, donde la melodía y la melancolía se funden como una sola cosa, además de contar con unas voces resonantes y atormentadas de Spiros que demuestran que las guturales también pueden conmover tanto o más que muchas voces limpias. Y qué decir del solo de guitarra de “Pale Beauty Of the Past” que describe a la perfección el título de la canción.

En las últimas cuatro canciones, que van por terrenos más sinfónicos (salvo la brutal “Behind the Iron Mask”), predominando más los teclados, acústicas y orquestaciones con una baza intachable, incluso cerrando con un tema instrumental completamente sinfónico de casi nueve minutos que lejos de ser relleno tedioso resulta uno de los picos más altos y hermosos de todo el disco, transportándote a un mundo de fantasía casi palpable que no cae en lo casposo en ningún segundo, y es que normalmente cuando se meten tantos teclados lo normal es pifiarla y que suenen fuera de lugar, pero en el caso de Septic Flesh estamos hablando de unos genios, con unos dotes compositivos claramente por encima de la mayoría de la escena Death Metalera (aclaro, con esto no quiero decir que sean los mejores), cuestión que se siguió viendo reflejada a lo largo de toda su carrera, complicando cada vez más su propuesta llegando hasta colaborar con orquestas, con una calidad intachable, pero sin nunca volver a replicar la magia de “Mystic Places of Dawn”. Y hablando magia es imposible obviar, la que para mí es la más especial y mística canción de todo el conjunto: “(Morpheus) The Dreamlord”, canción que merece un párrafo aparte.

Lo primero que llama la atención de “(Morpheus) The Dreamlord” es lo distinta que suena del resto, posiblemente fue grabada en una sesión diferente, siendo la única del álbum que cuenta con un baterista real (Nick Adams). En un principio contar con una producción diferente al resto del álbum sería un aspecto estrepitosamente negativo, pero aquí no solo funciona a la perfección, sino que no choca en lo absoluto. La atmósfera de esta canción es...rara, muy rara, el sonido es más opaco, las guitarras suenan difuminadas y distantes, logrando una peculiar aura onírica con aires mitológicos y ocultistas, todo acompañado de puntuales, pero precisas orquestaciones de violines y teclados que terminan de estallar dramáticamente en el minuto 2:57 con unos breves, pero indescriptiblemente preciosos violines que sirven de antesala al que posiblemente sea mi solo de guitarra favorito de todo el álbum (teniendo en cuenta que lo que sobra en este álbum son solos que quitan el hipo).

En síntesis, “Mystic Places of Dawn” es un álbum que en cada uno de sus apartados se percibe un mimo y un cuidado magistral, en donde cada una de las canciones son un espectacular y perfecto viaje que se presenta de diferentes maneras, pero manteniendo siempre la misma esencia, siendo tal vez la única flaqueza la producción que, en según qué momentos, suena algo tosca, y eso buscándole la quinta pata al gato porque algo tenía que fallar por nimio que sea ¿No?

Y para colmo la portada no podría ser mejor: una ilustración modificada de Boris Vallejo (un dibujante peruano tremendo, artífice de portadas como “Ultimate Sin” y “No Place for Disgrace) que plasma a la perfección la naturaleza del álbum; en “Mystic Places of Dawn” lo que prevalece es la belleza en cada uno de sus surcos y cicatrices.

Al final todo se resume en unas pocas palabras: una obra de arte, una imponente y mayestática obra de ARTE digna de los antiguos mitos griegos, solo que traducido un nuevo idioma llamado DEATH METAL.

Valoración: 9.7

Spiros: Bajo, Voz principal
Sotiris: Guitarras, Voces limpias, Teclados
Chris: Guitarras, teclados (track 9)
Músicos de sesión:
Magus Wampyr Daoloth: Voces adicionales (track 3)
Nick Adams: Batería (track 8)

Sello
Holy Records