Rush - Signals

Enviado por Kaleidoscope el Sáb, 28/09/2019 - 01:31
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Me compadezco de quien no pueda disfrutar apasionadamente una de las mejores discografías de la historia del rock y la mejor que ha salido de un prolífico país como Canadá: evidentemente me estoy refiriendo a los irrepetibles e inigualables Rush. Sé que Rush no son una banda para todo el mundo; a algunos se les hace molesta la voz de Geddy Lee a otros la tarea de explorar su extensa y rica discografía se les hace tedioso, pero después de todo ellos se lo pierden...y vaya qué se lo pierden.

A estas alturas de la película es como un poco redundante resaltar la grandeza de una de las formaciones musicales más alucinantes, sólidas e incombustibles de la historia de la música ¿No? Pero también es cierto que nunca está de más lanzar retahílas de alabanzas a Geddy Lee, Alex Lifeson y Neil Peart, músicos que son de los mejores del mundo en sus respectivos campos, pero una vez más estoy diciendo que el agua moja.

Al pensar en los canadienses lo primero que viene a la mente de la mayoría son álbumes como “2112”, “Hemispheres”, “A Farewell to Kings”, “Permanent Waves” y evidentemente su célebre “Moving Pictures”, pero ¿Cuántos mencionan al “Signals”? Tampoco diré la burrada de afirmar que es un disco desconocido del underground siendo un álbum que contiene dos de sus canciones más famosas como lo son “Subdivisions” y “New World Man”, siendo esta última la única canción del grupo que tuvo un éxito masivo en Estados Unidos (pobres gringos con “mal gusto”). Pero coño, “Signals” es un coloso que nada tiene qué temer ante las mejores obras de la banda y que tranquilamente se cuela entre lo mejor que han parido jamás, que ya es mucho, pero MUCHO decir.

Tal vez la razón por la que “Signals” no es lo suficientemente valorado en algunas ocasiones es por lo polarizador que resultó en su época al ser un disco que marcó un antes y un después en la carrera del trío de músicos más sorprendente que habido jamás sobre la faz de la Tierra.

“Moving Pictures” por fin dio el reconocimiento mundial que Rush llevaba años mereciendo, después de parir su obra más alaba y exitosa el listón quedó alto, muy alto. La tarea de hacer un álbum que siquiera medio mantuviera el nivel de “Moving Pictures” era una misión imposible para cualquier otro grupo, pero después de todo estamos hablando de una agrupación absurdamente talentosa que obró el enésimo milagro musical cuando todo parecía imposible. Desde ya digo: “Signals” no está al nivel de un “Moving Pictures”, “Hemispheres” o “Permanent Waves”, pero si no lo está es por tan solo milímetros, y estar milímetros cerca del nivel de los álbumes anteriormente mencionados es ya sinónimo de obra maestra. Puede parecer que estoy exagerando y que después de todo “Signals” es un “disco más de Rush”, pero a los que me digan eso pues no tengo más remedio que darles la razón, mas lo que no saben es que un “disco más de Rush” está por encima del 99% de mortales.

Luego de un triunfante “Moving Pictures” lo normal hubiese sido que el grupo hubiese copiado la fórmula a carbón y compusieran una segunda parte puesto a que de dicha forma las ventas estaban prácticamente aseguradas, pero eso sería la respuesta fácil y estos tres canadienses nunca les gustó lo fácil, de hecho, siempre buscaron los retos y es por eso que su música es tan grande: porque siempre fueron inconformes y siempre buscaron más; para mí es increíble que en una entrevista que le hicieron a Geddy Lee cuando estaba saliendo “Signals” al mercado le hayan preguntado si tiene críticas negativas a obras anteriores y el tipo responda que sí, que había mucho material que consideraba cuestionable y muy mejorables ¿¡Qué coño!? Teniendo en cuenta todo lo que vino detrás de este álbum soy incapaz de entender cómo hay cosas “muy mejorables”, pero después de todo esa es la diferencia entre el oído de un privilegiado y el de un mundano como yo. Rush siempre buscaron mejorar mientras que muchos otros se le hubiese subido el ego a la cabeza y se hubiesen creído ya los mejores del mundo.

Y ya volviendo al álbum como tal y parando un poco la inevitable cadena de elogios hacia los canadienses, fijándonos en el estilo post-moderno de la portada se podía entrever la modernización de la banda. Era pleno 1982 donde emergentes estilos como el New Wave inundaban el mercado musical de sintetizadores, era la nueva moda añadir synths por ser algo moderno y muy accesible. Rush decidieron subirse al carro de dicha moda y ahí es cuando surge cierta polémica (muy tonta) alrededor de este álbum: varios los acusaron de haberse vendido al incluir teclados y melodías más amigables, dejando atrás aquellas ya lejanas suites de más de quince minutos, pero el error de muchos era pensar que Rush se habían simplificado o que ya no eran complejos porque lo que perdieron en extensión y en estructuras más evidentemente enrevesadas lo ganaron en un dominio de armonía sublime, en letras más maduras, elaboradas y cercanas a la vida real y en una cohesión y compenetración digna de estudio. Se hicieron más accesibles y compactos, pero ni de broma peores o comerciales, en el sentido más despectivo de la palabra.

Ya con “Subdivisions” el grupo se posiciona en lo más alto, siendo una de las mejores canciones de un extenso catálogo de himnos inmortales que parece no tener fin. “Subdivisions” no solo muestra a un grupo que se adaptaba a los tiempos que corrían con tanto acierto que daba miedo, sino que además cuenta con uno de los mejores performance a las cuatro cuerdas del que posiblemente sea el mejor bajista de la historia del rock y sé que todo lo que sale de la boca de un fan de Rush suena exagerado, pero el que hayan tantos locos que pregonan sobre la música de los canadienses como si fuese la palabra del Señor no es algo gratuito. Y como si no fuese suficiente el despliegue de clase, elegancia y sobre todo belleza en “Subdivisions”, van y escriben una de las mejores letras sobre la alienación social que sufre el adolescente ante la incertidumbre de estar en el medio, ante lo desconocido y aterrador que resulta crecer y también de lo triste que resulta crecer en este mundo donde prácticamente nos obligan a dejar nuestros sueños atrás porque son “estúpidos” o no “productivos”, es una letra bastante cruda por lo real que resulta y aquí no hacen falta cuentos de terror sangrientos o versos retorcidos y enfermos para helar la sangre. Uno de los himnos del “outsider”, de los que no encajamos, de los “frikis” que son incomprendidos por ser diferentes.

Con semejante temazo de opener pareciera que la banda hubiese cometido el error de novato de empezar con tu mejor canción, pero la realidad no podía ser más lejana a ello porque inexplicablemente viene “The Analog Kid” despegando como un fuego artificial en una noche del 4 de julio que, mágicamente resalta entre miles y miles de explosiones pirotécnicas parando en seco a todo el mundo, viendo como un cohete traspasa la atmósfera generando una gran explosión para deleite de todo el globo terráqueo. “The Analog Kid” una vez más se erige como una de las mejores composiciones jamás hechas por la banda, pero es que, al igual que “Subdivisions”, la cuestión no se queda “solo” en una canción que trasciende lo sublime, sino que contiene las letras más hermosas y cercanas que hayan escrito jamás, hablando ese primer y mágico amor de una forma tan cercana que resulta poética por su sencillez y siendo yo alguien que rara vez le presta atención a las letras no puedo evitar tener los pelos de punta cada vez que escucho lo que canta Geddy Lee en “The Analog Kid”.

Qué decir del mar etéreas texturas de la inefable “Digital Man”, donde el grupo incorporaba marcadas influencias del Funk y el Ska por las cuales el productor, Terry Brown, se negaba a grabar la canción, haciendo una maniobra que apuntaba a ser estrepitosa pero que resultó aplastantemente victoriosa, logrando una vez más otra de sus mejores composiciones, por increíble que parezca, y la verdad entrar a describir las maravillas que regala “Digital Man” es fútil, inútil...porque es algo que no se puede poner en palabras.

Y hablando de cosas inefables lo primero que me viene a la mente es “Losing It”. La belleza de dicha canción es algo que escapa de las capacidades del lenguaje humano escrito o hablado, es algo que simple y llanamente se entiende solamente cerrando los ojos y dejándose llevar por sus melodías que te hacen flotar por las nebulosas como si tu cuerpo hubiese cambiado de estado de materia. La sección de los violines es algo que...ya escapa de mi compresión, es uno de los momentos más bellos y emocionantes que me ha regalado la vida.

La verdad es que entrar en detalle a describir cada canción en “Signals” es algo muy tentador, demasiado diría yo: aquí hay no solo momentos puntuales de esos que te ponen la piel de gallina y se quedan tatuados en la mente, sino los hay por montones. “Signals” más allá de ser un álbum que saca a relucir otra vez el talento inconmensurable de tres músicos fuera de serie, es un álbum de esos que cala hondo en tu ser, que te conmueven y estremecen de una manera única. Cada canción aquí es sublime, es algo que se comprueba dejando sonar la música de la placa del perro y el hidrante...tal vez solo flojee un poco “Chemistry” a comparación del estratosférico nivel que exhiben el resto de canciones, pero eso no quita que sea un tema que miles y miles y miles de grupos quisieran ser capaces de concebir.

Lo risible del asunto es que “Signals” ni siquiera es su mejor álbum, para eso habría que hablar de “Hemispheres” pero después de todo aquel álbum es uno de los mayores logros de la humanidad...puede ser que por eso varios se desorienten y vean a este disco como algo “pequeño”.

Un grupo capaz de hacer que un amante empedernido del Death Metal como yo sienta cuatro mil veces más adrenalina con un tema como “La Villa Strangiato” que con cualquier tema de Death o Thrash ultra burro es algo insólito que ni yo mismo me sé explicar, pero que efectivamente ocurre y he llegado a la conclusión de que la energía que desprenden Rush es simplemente de otro planeta o universo, y lo más inverosímil del asunto es que en vivo sonaban aún más potentes. La verdad es que cualquier adjetivo se me queda corto a la hora de describir la grandeza de RUSH.

Esta reseña posiblemente no le haga justicia a un grupo como Rush, pero me doy por satisfecho si cumple la función de traspasar un ápice de mi pasión por esta música a quienes desconozcan o hayan ignorado a "Signals".

Valoración: 9.7

Geddy Lee: Voz, Bajo, Teclados
Alex Lifeson: Guitarras, Moog Taurus
Neil Peart: Batería, Percusiones

Sello
Mercury Records