Rottrevore - Fornication in Delirium

Enviado por stalker213 el Lun, 25/12/2017 - 14:55
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En una época en la cual casi todo el mundo se lo hacía prácticamente todo, resulta triste el comprobar como ya apenas si es recordada la más pura y auténtica esencia de la música Death Metal. Y sí, naturalmente, muchos somos conscientes del revival que el género ha experimentado durante los últimos diez años, arrojando con su devenir ingentes cantidades de bandas y discos muy disfrutables, pero al final del día no son sino el vano intento de revivir una época, que por más que nos cause frustración, ya pasó. No es lo mismo emular algo, por más apasionadamente que lo hagas, que vivirlo. Y es que es de este único modo como uno puede llegar a comprender la mierda, aunque solo sea cuando “Conspiracized” se parte por la mitad tras apenas cuarenta segundos y nos sobreviene con un medio tiempo de esos que te parte el alma y te hace sentir en la puta ciénaga como si estuvieras en casa.

Repito: Nunca jamás será posible sentir lo mismo con esta música para todos los chavales que honestamente la han descubierto después, por la sencilla razón de que el contexto social y particularmente tecnológico es otro. Y precisamente ésa es su desgracia: Que en la época que les toca vivir no pueden asirse a nada más que no sea un buen calco, cuando no una mierda, pero eso, amigos míos, no es su vuestra culpa, como tampoco la mía.

La época de los chivatazos por los pasillos, el trade a la hora del recreo y el esfuerzo han dado paso a la estampa de un único y taciturno individuo sentado enfrente de una computadora, fagocitando MESHUGGAH o PORTAL antes que HELLHAMMER, MEFISTO o POISON. Error. Tú no puedes comprender una mierda acerca de los fundamentos básicos de una casa, si empiezas a construirla por el tejado. Luego, pues lo mismo llega uno a comprender un poco de qué va esto y suelta cuatro parrafadas hasta con algo de gracia y todo, pero lo que muchos no ven, es que la música, y de modo muy particular ÉSTA MÚSICA, no puede ser únicamente comprendida merced a aquello que a uno le entra por los oídos, sino que la cuestión va muchísimo más allá. A un disco, menos a una banda, no se lo/la juzga por una mala producción, una supuesta simpleza en su propuesta o porque sus solos no evocan fiesta o pirotecnia. Una de las cosas más sagradas que jamás he aprendido es que nunca hay que hablar sobre lo que uno no conoce; Menos todavía opinar a la ligera y no digamos adoctrinar.

Los dos temas aparecerían evidentemente en su único disco del siguiente año, pero tú no debes pensar jamás que este single no es necesario, porque ya has escuchado esas dos canciones antes, dando además por sentado que aquí suenan peor. Así es como piensa el rebaño que se conforma solo con lo estrictamente necesario y no un melómano zumbado que ama esta mierda y que de verdad puede decir que la comprende. Es una referencia de Cenotaph y eso no es cualquier cosa ¿Sabes? Porque es un single, coño. Porque es LA MIERDA DE LAS MIERDAS.

1992 ya era casi tarde para comprender de qué iba realmente el Death Metal. No en vano al género le quedaba un año de vida, antes de dejar paso a la era del plástico brillante y los clusters. El analógico agonizaba y un gran diluvio de mierda se atisbaba en el horizonte. Sí, pero ahí andaba flotando por entre el fétido miasma el segundo single de los North Charleroi; Los chicos de Mastro, aunque ahora sea Weber el que sostiene el estandarte. Y es que nunca jamás, y me duelen los dedos de escribirlo, nada volverá a ser lo mismo. La peste a caverna. El genio divino de alguien que tira para adelante sin saber qué o a quién se va a encontrar en el camino. Esa ingenuidad que se torna en orgullo al ver que has creado algo sin copiar a nadie. El esfuerzo de tener que mover el culo para saber que mierdas transpira el Death Metal que se hace en la otra punta del mundo. La paciencia para rebobinar una cinta o girar la cara del vinilo. Todo esto suena a pedantería o chorrada a oídos de esa mayoría de nuevos sabios con dolor de cervicales, porque solo fundamentan su saber merced a una extensión de plástico al final de sus brazos en forma de mouse óptico, porque igual uno de cable les resulta muy antiguo y eso no mola.

Evidente que es muy gratificante la sensación de saber mucho sobre algo que no es del gusto de todo el común. Las alabanzas y los golpecitos en la espalda y tal. Pero por más que os rompáis la espalda, al final del día solo es pose que intenta emular algo ya pretérito. Y ahora es cuando llega el punto importante del texto; Aquél que tiene que calar y derretir cualquier atisbo de ataque o desprecio por mi parte, y es que el legado POR SUPUESTÍSIMAMENTE que hay que dejarlo en manos de alguien para que esta mierda no muera nunca, pero creo que los medios y los cauces deben ser otros. Mi reivindicación del formato físico es total y absoluta y nada más allá de ello me importa. Del mismo modo, soy capaz de comprender que si en 1987 hubiera existido Internet, todos los héroes del underground analógico lo hubieran utilizado bastante antes que el tedioso correo que los habría condenado a esperar dos semanas para recibir una asquerosa cinta, pero después de todo, ahí reside su más pura y sacra esencia. En el curso natural que deben tener las cosas y fundamentalmente en la cultura del esfuerzo. Es vital haber crecido con esta música y saber quiénes fueron ROTTREVORE, pero amigo… Si al punto no sabes que “Time Tells No Lies” es un disco de PRAYING MANTIS, la ecuación me sigue diciendo que sabes muy poco de por dónde pisas.

Si posees en tu colección cinco discos o cinco mil, eso realmente es lo de menos. Lo que de verás importa es reseñar con dedicación y pasión el único que tienes o por lo menos aquél que no te has encontrado de rebote hace un par de años y has escuchado solo un centenar de veces, porque eso no es absolutamente nada. Y os aseguro que eso es algo que yo sé. Lo sé, porque en mis textos sobre los ROLLING o BOWIE se intuye un postizo que es inevitable no segregar cuando tú no has crecido con eso. Os puedo asegurar que lo hice con la mejor de las intenciones y el mayor de mis esfuerzos, pero esa pasión, si la hay, no deja de ser un postizo TAN FÁCIL DE DETECTAR para los que sí lo han mamado, que no deja sino la sensación de decir “pues igual mejor me hubiera seguido ciñendo a lo mío”. A lo mío, que es algo en lo que no me pilla ni Dios, aunque baje ahora mismo aquí donde estoy escribiendo estas mierdas. Este lugar en el cual no se pueden ver las paredes, porque lo único que llegan a atisbar mis ojos es la mierda de la cual siempre os hablo: Discos, discos y siempre DISCOS.

Chris Weber: Guitarra & Voz
Mark Mastro: Guitarra & Voz
Chris Free: Bajo
Bob O'Lexa: Drums

Sello
Cenotaph