Oxiplegatz - Worlds and Worlds

Enviado por Heartbolt el Vie, 13/12/2019 - 17:11
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Ya a estas alturas de la vida, es bastante improbable que la gran mayoría de nosotros no se sienta sorprendido con lo que se descubre a medida que la manecilla de reloj sigue girando. En pleno 2019, todavía no dejamos de mirar al pasado, encontrando en cada esquina abandonada de esta enorme ciudad llamada “mundo” algo sugestivo... pero encantador.

El Metal es enorme, pero todavía no hemos entendido CUÁN grande y CUÁN vasto puede llegar a ser. Tras fertilizar prácticamente cada nación del planeta (y eso incluye pequeñas islas del pacífico, zonas remotas y profundas de África e incluso en las sociedades menos abiertas a esta clase de géneros), esta música se ha construido un feudo muy variopinto cada varios cientos de kilómetros cuadrados. Las llamadas “escenas” azotan de cuando en cuando, con sus locuras, sus artistas, sus blasfemias y sus caracteres de tan imprecisa gramática. Hoy toca remontar las olas “tsunámicas” de una escena mesiánica con tintes apocalípticos: la sueca.

Tras pasar las cavernas de podredumbre, los bosques congelados, los pequeños pueblos filósofos, alguna que otra aldea eclesiástica y varios lagos de una profundidad incalculable, acabamos por vernos metidos de lleno en la nada. Así es, en la nada. Aquí es donde esos sujetos que no encajan ni con los más desadaptados terminan encontrando el más hermoso de los lugares del planeta para producir la música de sus sueños. Música que, aun tomando un poco de todo, tiene un sello muy propio que sólo corresponde a ese ser humano que se atrevió a naufragar en las más lejanas de las islas.

OXIPLEGATZ no es un nombre que atruene o reviente las paredes del recinto, no como sí lo podría hacer su progenitor simbiótico: AT THE GATES. A sabiendas de que la demencia en forma de vorágine arremetedora llamada OXIPLEGATZ viene promovida por uno de sus cuatro jinetes del apocalipsis, Alf Svensson, todo cobra mayor sentido y significado. Sin embargo, esos riffs tan propios de una escena gélida y hechizante después de algunos segundos de nostalgia y calor familiar (si te gusta el Metal Sueco, aquí tienes más de un elemento para apreciar y sentirte como en casa) entran en la discordia, en lo atípico y en la atonalidad llevada a niveles de demencia, el ocaso de las facultades lógicas del homo sapiens promedio.

Fairytales (1994), el primer bebé amorfo de los tres que llegó a parir Svensson en este proyecto, es, sin pelos en la lengua, un porro de marihuana mezclado con cristales de sal, capaz de despegarte de la silla y mandarte hasta Urano en menos de un segundo. Un álbum difícil de clasificar, pero netamente metalero y con el sonido “AT THE GATES” original llevado a la máxima potencia, abriendo a zancadas todas las puertas para dejar entrar hasta a los caballos parlantes y a los peces de tres ojos al banquete de bienvenida al “Nuevo Mundo”. Alf Svensson a partir de ahora mancillaría lo más posible lo imposible para revestir lo retrógrado pero a la vez salido de tono con un traje de gala sensual, hipnótico, muy ingenioso y abiertamente locuaz. Probablemente su obra más representativa.

Hoy tenemos la sorpresa de indigestarnos con el segundo “gong” espacial de este proyecto extrañísimo que pretende ser una mezcla mórbida (pero al mismo tiempo excitante) de la atmósfera de la ciencia-ficción pretérita con la parafernalia musical sueca de la más “sueca” (qué mágica ironía, no se hagan los suecos conmigo), complementada con una vanguardia excepcional y esa experimentación sinfónica que haría llorar a Vivaldi o Rmski-Korsakov si todavía anduviesen de sonámbulos por estos lares de la galaxia.

Worlds and Worlds (1996) viene a seguir el hilo argumental (el complicadísimo y entramado “hilo argumental”) de Fairytales, pero con una propuesta ciertamente diferente, no por ellos menos “raruna” y “coctelésteca”. Este segundo disco y empieza y termina sin medias tintas, llevándose todo por delante y sin detenerse un mísero segundo para dejar descansar al perturbado oyente. Desde que Svensson aprieta el acelerador de la nave espacial hasta que ya se percibe bien lejos (a millones de trillones de años luz) de su punto inicial, el flujo de sangre hacia tu cabeza va a estar, por lo menos, al cuádruple de su velocidad normal. ¿Por qué? Deja que Battle of Species te lo explique.

Es de remarcar que Worlds and Worlds no pretenda ser una continuación “directa” de Fairytales. Fairytales fue algo así como la versión Cyberpunk, futurista y alienígena de Alicia en el País de las Maravillas, abstractamente hablando. Worlds and Worlds es como su continuación: A Través del Espejo y lo que Alicia Encontró Allí. Es decir, una composición que, con todos los elementos anteriores, sigue el hilo del carrete (rumores dicen que es infinito) desde el otro extremo, sin complicarse y manteniendo ese sello de calidad.

Worlds and Worlds reduce parcialmente la experimentación vista antes y recrudece su fórmula metalera para acentuar los matices de velocidad, poder y técnica. Claro está, hay que verlo, que esto sigue sin acercarlo plenamente a una corriente “normal”, así mismo. Worlds and Worlds durando bastante menos que Fairytales y sin escaparse tanto de lo que ya es poco convencional, ataca por todos los flancos y, al mejor estilo de un ajedrez galáctico entre alienígenas y predadores, pone como punta de la lanza un Metal más que sueco, una paliza sonora otorgada por Kang y Kodos después de una temporada en el Barrio Chino de Andrómeda.

Es de admirar lo que Svensson plasma en este trabajo, pues realmente, como su primogénito, tiende a dejar de entenderse luego de un rato. No es esa música explosiva cuyo fin es acercar al oyente al desenfreno y la adrenalina. OXIPLEGATZ y Worlds and Worlds crean una atmósfera que te sumerge tanto en el cuento que ya no quieres sino más y más de lo mismo. A través de riffs de guitarras que sin avanzar más que en tres acordes y una pausa comienzan a hacer en tu cabeza imágenes mentales de acuerdo a lo que te está contando el mismísimo Alf Svensson, cada canción adquiere por sí misma la capacidad de acampar en un terreno de poca cordura, cuyo final trasciende la barrera de lo imaginable. Worlds and Worlds, pese a un empaque que se podría advertir como “infantil” o “poco maduro”, acarrea consigo varias de las cosas que a un seguidor de la escena sueca, y especialmente de esos AT THE GATES que construyeron y deconstruyeron aquella catedral de un Death Metal alienígena y dispuesto a cambiar poco pero presto a ser de todo, admira y aprecia con todo su corazón.

Ser osado es muy distinto a ser “volado”. Los hay más o menos críticos consigo mismo, pero no todo el que hace ruido es un artista incomprendido, ni todo el que cree melodías pegajosas es un genio. De todo hay, todas las variables son posibles. Lo que hace a OXIPLEGATZ un proyecto para tener en cuenta es ese jugueteo entre los géneros más pesados de toda la galaxia metálica (El Death y el Black Metal) desde una proyección melódica que, sin crear un recuadro tan memorable como gente que sí explora a fondo en lo melodioso, avanza cual carrusel interplanetario hasta que los colores psicológicos que genera llegan a la histeria de lo meticuloso. Todo lo que aquí se machaca sin piedad no tiene por norte ser una carnicería sonora, todo lo contrario. Cada matiz es delicado, fino, propenso a convertirse del todo en algo distinto a lo que se pueda pensar. No vale creer que Svensson va de parlanchín y científico loco. Worlds and Worlds es una banda sonora cuya película está dentro de sí. Este disco es un filme, y no hay como temas de la clase de Usurpers, Journey, The End is Nigh o Aftermath para explicarlo mejor.

Admitámoslo: hay música que no inspira nada, no invita a la imaginación. Worlds and Worlds tiene más de un motivo para cerrar los ojos y nadar por la Vía Láctea. La oscuridad que refleja su producción y su tarola va acompañada de la mano por un extravagante Death melódico que no llega todavía al nivel de la desfachatez. Sin detenerse allí, Worlds and Worlds nada tarda en mostrar esa faceta Industrial mal disimulada, las pautas sinfónicas que nos llevan de nuevo a ese disco del cielo rojo y el Avant-Garde en su faceta más ruda y desprovista de alineación categórica. Incluso, y me sorprendo al decirlo, hay momentos más lineales al Hard Rock que al Metal. Svensson aquí no tuvo piedad con nada, pero, al igual que Fairytales, la potencia no baja la guardia en ningún momento, sin abandonar por completo ese convencionalismo subjetivo que lo hace autocoronarse.

Cuarenta minutos muy heavies (con todo y el clasicismo del término), muy estilísticos y muy, muy chiflados.

Como recientemente comenté en otra reseña, ¿quién dice que no los hay más extraños? No obstante, ni OXIPLEGATZ ni Svensson (a pesar de que se les va la olla muy lejos de la cocina) pretenden ser un manicomio sonoro. Más allá de todos los palos que toca y todo en lo que encaja, esto se reduce a una sola cosa: Metal. Es complicado, y lo digo después de oír más de un Stoner/Noise de quinta, intentar ser experimental pero no partir de un punto. Svensson logra eso. Ese ambiente de ciencia-ficción, estética videojuegil y dramatismo del más neoclásico en ninguno de sus tres discos se diluye, pero la trilogía es diferente en cada obra. Más que admirable, Worlds and Worlds es un álbum sólido que merece ser escuchado, aunque sea, por quienes reniegan de estas taigas del Metal donde más de uno termina congelado por siglos.

Segundo trabajo de un proyecto del que más de uno se ha sacado todo una cinematografía de horror cósmico con mucho de comedia lacrimosa.

Worlds and Worlds:

El segundo de los tres mundos…

Alf Svensson - Voz, Guitarra, Bajo, Batería, Teclado y Sintetizador.

*Colaboración*

Uno Bjurling - Voz adicional.
Sara Svensson - Voz femenina.
Tomas Svensson - Voz barítona.

Sello
Fairytale/Season of Mist