New York Dolls - New York Dolls

Enviado por Stoned el Dom, 20/11/2016 - 14:30
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Los New York Dolls tienen muchas similitudes con los Guns n’ Roses. Ambas bandas significaron un soplo de aire fresco en su época. Ambas bandas tenían una nutrida base de seguidores en sus respectivas ciudades –New York los primeros, Los Angeles los segundos- antes de tan siquiera haber grabado su álbum debut, que en ambos casos se demoró debido a que los tipos del negocio discográfico no podían verlos ni en pintura. Ambos conjuntos tenían “un algo” punk, sucio, macarra, peligroso, si bien en el caso de los Dolls era más auténtico, porque fueron ellos uno de los precursores del mismo. Y sobre todo, ambos grupos llevaban una vida hedonista hasta el extremo, la pura definición del “rock and roll way of life”, del vive deprisa y deja un bonito cadáver… que en el caso de la banda neoyorkina llevó a su baterista original, el músico de origen colombiano Billy Murcia, a morir ahogado en mitad de un pasote de drogas y alcohol, al mejor estilo rock star. Con dos cojones. Y esto antes de haber grabado su primer disco…

Por aquellos años seminales, los New York Dolls se movían por el Lower Manhattan como una banda de culto, ofreciendo conciertos salvajes, crudos, mostrando una imagen tan decadente, sucia, peligrosa e insomne como la que representaba la propia ciudad. Se habían bautizado al ver el nombre de un negocio de reparación de juguetes llamado “New York Dolls Hospital”, un nombre molón hasta el extremo, he de reconocer; los Dolls eran unos travestis que parecía que habían estado revolviendo en el armario de Mick Jagger y Keith Richards –tanto en lo musical como en lo estético-, amantes de Marc Bolan, uno de los tipos más cool sobre la faz de la tierra, que lo estaba petando en su natal Inglaterra con su glam rock guitarrero y desenfadado, de David Bowie –el auténtico padre del asunto- y de la crudeza de la banda de Detroit MC5, aunque, obviamente, dejando de lado todo el rollo político y revolucionario. Esto es sólo rock and roll…

No mucho después, Rod Stewart -en la cresta de la ola tanto con los Faces como con su carrera en solitario- se fija en ellos y les propone telonearle en Inglaterra, una oportunidad única tanto en lo musical como de conocer a sus ídolos, todos ellos británicos. Será en Londres donde fallezca el citado batería original Billy Murcia, hecho que estuvo a punto de dar al traste con la banda. Por fortuna el grupo continúa y Murcia es sustituido por Jerry Nolan, que completa la formación de los New York Dolls junto con el guitarra rítmico de origen egipcio Sylvain Sylvain, el bajista Arthur Kane, el carismático vocalista David Johansen –un calco de Mick Jagger hasta en los morrazos, aunque con bastante más mala leche cantando- y el legendario guitarrista Johnny Thunders, figura de culto underground e influyente hasta extremos absurdos.

Así pues, algunos meses después de la muerte de Murcia, los Dolls se disponen a grabar su álbum debut, que vería la luz a mediados de 1973; el productor elegido fue Todd Rundgren, un tipo que estaba en las antípodas de la banda, ya que Rundgren era un fino compositor, arreglista y productor, amante del rock progresivo y de los instrumentales atmosféricos y perfectamente ejecutados. Un profesional con gran sensibilidad musical, vaya. Y las sesiones, como era previsible, se convirtieron en un caos, en una fiesta 24/7 en la que, sin embargo, se logró plasmar a la perfección el espíritu de la banda.

El álbum, bautizado como ellos mismos, es uno de los debuts más frescos, originales y salvajes de todos los tiempos –como el de GNR, enlazando con lo que comentábamos antes- un disco que fue un éxito de crítica pero no tanto de ventas, dándose la bizarra situación de que los NYD fueron votados aquel año en la revista Creem como la mejor banda y la peor banda. Todo junto. Un disco pionero en el sonido punk, que contrastaba enormemente con el rumbo que estaba siguiendo el rock por aquellos años. Recordemos que, por ejemplo, en ese mismo 1973, se editaron álbums como “The Dark Side Of The Moon”, que es totalmente opuesto a este debut de la banda neoyorkina.

“New York Dolls” abría con “Personality Crisis”, seguramente el mayor éxito en toda la historia de los Dolls, un rock and roll macarra muy influenciado por Stones, pero con el sello característico de la banda, sello personal e intransferible, como el DNI. Contínua el álbum con “Looking For A Kiss” y “Vietnamese Boy”, ambas excitantes composiciones de espíritu punk, totalmente imperdibles, para encontrarnos de bruces con “Lonely Planet Boy”, el único medio tiempo de todo el disco, el único tema cuyos arreglos están algo más definidos y cuidados en detrimento de la maraña de guitarras eléctricas y distorsión que habita en el resto del disco.

El siguiente corte, “Frankenstein”, es un dramático tema que queda entre lo mejor del disco, al igual que la siguiente “Trash”, que aúna dos ritmos diferenciados entre el punk y el rock, y en cuyas partes de guitarras se luce Thunders, músico limitado –comparado con sus coetáneos- pero de feeling indescriptible. “Bad Girl” se muestra como otro gran corte, con ese guitarreo tan particular marca de la casa y da paso a la algo más sosegada “Subway Train”, que al final, como no, termina por desbocarse en una nueva orgía de rock and roll.

“Subway Train” da paso a “Pills”, la única versión de todo el álbum, una canción de Bo Didley que los Dolls hacen suya instantáneamente, algo por otra parte nada raro porque Didley era uno de esos personajes que comparten espíritu con la banda neoyorkina. “Private Wolrd”, otro gran tema, nos indica que queda poco para el final del álbum, final que se encarga de poner “Jet Boy”, un tema que es la mala leche personificada y musicalizada y que coloca un broche dorado a uno de los mejores debuts de la historia, uno de los discos más influyentes de todos los tiempos, precursor del punk –honor que los New York Dolls comparten con varias bandas más, por supuesto- y sobre todo, excitante, fresco, fácil de escuchar, de tararear, de tocar con cualquier instrumento que tengas por casa. Un disco que muestra que se puede hacer historia tocando tus propias canciones e impregnando todo de una personalidad arrolladora sin ser un reconocido instrumentista.

David Johansen: Voz, armónica
Johnny Thunders: Guitarra, voz
Sylvain Sylvain: Guitarra, voz, piano
Arthur Kane: Bajo
Jerry Nolan: Batería

Otros:

Todd Rundgren: Teclados

Sello
Mercury