My Dying Bride - The Dreadful Hours

Enviado por Kaleidoscope el Jue, 23/04/2020 - 06:37
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1. The Dreadful Hours (09:23)
2. The Raven and the Rose (08:13)
3. Le figlie della tempesta (10:08)
4. Black Heart Romance (05:24)
5. A Cruel Taste of Winter (07:36)
6. My Hope, the Destroyer (06:45)
7. The Deepest of All Hearts (08:56)
8. Return to the Beautiful (14:24)

Disco completo

Sin duda uno de los movimientos más interesantes de la década de los noventa fue el Death/Doom melancólico originado por el legendario “trío Peaceville” (My Dying Bride, Paradise Lost, Anathema) y los suecos Katatonia, quienes le dieron una vuelta de tuerca al sonido primitivo del Death/Doom dejándose ya de tratar simplemente de una versión más lenta y burra del género para pasar a ser un estilo propio aparte gracias a la inclusión de cuotas de expresividad nunca antes vistas en el Death Metal. Un grupo de jóvenes le dio un nuevo nivel, una nueva dimensión a un género que ya no solo asustaba por sonar feo, hablar de películas de terror, asesinatos, zombies y cagarse en la religión, sino que ahora también empezaba a explorar los rincones más oscuros de la mente humana: la depresión, el dolor, el tormento, el fracaso, el vacío existencial...

Dentro del Death/Doom no es una opinión, sino un hecho que My Dying Bride no solo fueron una de las bandas más importantes en el desarrollo de este sonido, sino que supieron ser la banda más sólida, prolífica y constante en su territorio. Grupos como Anathema, Paradise Lost o Katatonia innegablemente sacaron varios de los mejores y más representativos trabajos del Death/Doom: “The Silent Enigma”, “Gothic”, “Dance of December Souls”, “Brave Murder Day”, pero dichos grupos abandonaron la nave del Death/Doom para irse por otros caminos; Paradise Lost con “Icon” sacaron la que posiblemente sea su mejor y más grande clásico, pero Holmes dejó de rugir y el Death Metal quedó en el pasado, Anathema después de “The Silent Enigma” se irían suavizando más hasta llegar volverse alternativos (con mucho tino) y Katatonia harían lo mismo (también acertadamente) luego de que Åkerfeldt terminara sus andanzas como músico de sesión tras la salida de “Sounds of Decay”, My Dying Bride también dejarían atrás los elementos de Death Metal después de su opus magnum, “Turn Loose the Swans”, para irse por terrenos más puramente góticos, pero la diferencia erradica en que ellos lo hicieron por un tiempo porque con el espectacular “The Light at the End of the World” retomarían su naturaleza Deather para quedarse para siempre con el trono Death/Doom, porque los reyes no son solo los que llegan más alto, sino los que se mantienen y mandan por más tiempo.

My Dying Bride han sido una banda que a lo largo de 30 años ha demostrado poseer un talento descomunal que resulta hasta difícil de comprender. Si no era suficiente con haber sacado una de las obras cumbres de su género con “Turn Loose the Swans” para luego volver a sacar otra pieza maestra, esta vez del Doom Gótico, como lo fue “The Angel and the Dark River” y rematándolo con un grandioso retorno a las raíces con “The Light at the End of the World” (con logo clásico incluido) van los hijos de puta de Craighan y Stainthorpe y se sacan otra obra maestra a la altura de sus dos más representativos lanzamientos de los noventa, convirtiéndose en el tercer gran e inmortal clásico de My Dying Bride y por extensión uno de los álbumes imprescindibles del Death/Doom. Es impresionante cómo una banda que parecía haberse quemado cuando sacaron aquellos discretos (por no decir flojos) “Like Gods of the Sun” y “34.788%… Complete” remontara con una curva que pasó del suelo al cielo en cuestión de unos pocos años, como si el tiempo no les hubieses pasado ni ápice de factura...evidentemente me estoy refiriendo al monumental “The Dreadful Hours” por si no quedaba claro.

Hay quién podrá aseverar que el retorno al Death/Doom de My Dying Bride fue una mera estrategia de marketing para reenganchar al viejo público al ver el poco éxito que cosecharon “Like Gods of the Sun” y en especial el experimento fallido de “34.788%… Complete”, y la respuesta a dicha pregunta solo podrá responderla Aaron con certeza, pero conociendo la naturaleza de tamaño de ARTISTA lo dudo mucho, porque un tipo que incluyó vocales limpias en 1993 pasándose por el forro lo que podían querer sus fans en aquel momento o que en 1995 removió toda traza de música extrema para hacer su obra más intimista y delicada hasta la fecha no es alguien que se mueva precisamente por lo que dicta su público, sino todo lo contrario. Stainthorpe es una persona que se mueve por y para el arte, y escuchando la pasión y sentimiento que derrocha una obra de arte como “The Dreadful Hours” no cabe duda que es algo que viene de muy adentro, y aún si así no lo fuese ¿Qué demonios importa cuando la música es claramente de TAN alto nivel? Además, “The Dreadful Hours” no es un simple eco al pasado, sino que es algo con vida y alma propia que suena a él y nada más, porque si quisieran replicar al “Turn Loose the Swans” le hubiesen rogado a Martin Powell que volviese, el cual había renunciado a la banda después de la salida de “Like Gods of the Sun”, y a pesar de que Powell fue una pieza clave en el sonido insignia de la banda no se echa ni un poco en falta, porque el genio de My Dying Bride va más allá.

“The Dreadful Hours” es uno de esos discos que con solo ver la portada y escuchar sus primeros segundos se sabe que se está ante algo grande, ante algo trascendental. Unos sonidos de lluvia, unas delicadas y resonantes guitarras acústicas que parecen la encarnación musical de la melancolía dejan un hueco en el pecho que inmediatamente recuerda a la devastadora “The Cry of Mankind”, no por sonar similar, sino porque en cuánto a desasosiego y desolación no se queda atrás, al punto que es el mejor inicio de su carrera junto “The Cry of Mankind”. Después del silencio angustiante de la depresión viene la tormenta del sufrimiento marcada por las desgarradoras e intensas guturales de Aaron, recordando inmediatamente a los tiempos de “As the Flowers Withers” pero con un refinamiento, una clase y grandilocuencia que aún estaba verde en su debut. ¿Y los violines? Ni falta hacen gracias a la entrada de Jonny Maudling, tecladista y baterista de Bal-Sagoth, el cual hace un trabajo impecable y hermoso con su instrumento, y para darse cuenta de ello solo hay que escuchar cómo toca al final de la canción homónima regalándonos una hermosa amalgama de notas que pone los pelos de punta.

Después de semejante tema inicial era difícil, por no decir casi imposible, que el grupo mantuviera el nivel a lo largo de todo el álbum ¿No? Ese podría ser el caso si estuviésemos hablando de otra banda, porque ya en 1995 pasó lo mismo con “The Cry of the Mankind” y demostraron que empezar con el listón tan alto no fue impedimento para sacar una obra magistral. Decir que “Raven and the Rose” baja el listón es ser injusto, porque suponiendo que ese sea el caso el bajón sería de un milímetro o menos. El segundo tema nos muestra en plena forma a My Dying Bride en su faceta más agresiva y me atrevería a decir que nunca antes habían sonado tan brutales y majestuosos al mismo tiempo, y con esto no quiero decir que “The Dreadful Hours” sea un disco superior que “Turn Loose the Swans” porque está muy lejos de estarlo, pero su lanzamiento del 93 a pesar de ser igualmente Death/Doom no llegó a sonar tan contundente y pesado como los momentos más agresivos de este álbum. “Raven and the Rose” demuestra que el regreso a las raíces de la agrupación no era para revivir el pasado, sino para pulirlo, porque analizando a profundidad “The Dreadful Hours” uno puede darse cuenta que es la respuesta moderna y perfeccionada de “As the Flower Withers” (cuestión que se hace muy evidente cuando se llega a la regrabación de “The Return of the Beautiful”, combinando lo mejor del pasado y del presente en absoluta sintonía y la siguiente canción, “Le Figlie Della Tempesta” lo ejemplifica perfectamente.

Antes decía que con el track homónimo habían dejado el listón en alto, pues con “Le Figlie Della Tempesta” agarran el listón y lo lanzan a la estratósfera regalándonos otro de los mejores temas que han compuesto en su extensa carrera ¿¡Otro!? Sí, OTRO, y sé que es difícil de creer y muchos leerán escépticos pensando que es una exageración teniendo en cuenta la desbordante y derrochante calidad del catálogo de My Dying Bride, pero para creer solo hay que escuchar. “Le Figlie Della Tempesta” es una colosal composición de 10 minutos donde no sobra ni falta ningún segundo, un ejemplo canónico de que la belleza, la poesía y al alto arte no es algo ajeno al Metal. Poner en palabras una canción de esta magnitud es una tarea inútil, imposible diría yo, aquí las palabras se quedan cortas y la música habla por sí sola. No hay ningún instrumento que destaque por encima de otro, las voces, los teclados, las guitarras, el bajo y la batería están en perfecta sintonía deleitándonos con una hermosura hiriente, que te hace sangrar, pero que te conmueve como muy pocas. Una canción con una maestría plena en el manejo de la tensión y la calma, que sabe en qué momento exacto tiene que estallar y en qué otros simplemente exhibir su elegancia. Y antes decía que describirla era un ejercicio fútil, pero no puedo evitar mencionar ese mágico y precioso momento (posiblemente mi favorito de todo el álbum) del minuto 5:40 donde la guitarra, los teclados y el bajo se entrelazan de una manera que simple y llanamente te hacen soltar las lágrimas con un escalofrío recorriendo todo tu cuerpo.

Y llegados a este punto encuentro absurdo seguir destripando al álbum con excesivo detalle porque se haría pesado y se caería en una pesada y extensa loa de alabanzas que poco aporta, porque “The Dreadful Hours” es un álbum que no conoce la palabra “bajón”, desde el primer segundo hasta el último no hay desperdicio alguno, tan sencillo como que hay que escucharlo, sentirlo y vivirlo. El séptimo larga duración de los británicos es más que música soberbia, sino que es puro y duro sentimiento materializado en forma de música, sentimientos que tal vez no sean para todo el mundo, sino solo para quienes sabemos encontrar la belleza en los mares de la aflicción.

Mención aparte a la inmaculada regrabración de “The Return of the Beautiful” que, aunque personalmente prefiero la versión original (por muy poco), es un broche de oro ideal y grandioso para un espectacular álbum que dejó a toda la parroquia sin palabras, porque seguramente nadie se esperaba que en 2001 Craighan y compañía tenían todavía tanto qué decir. Y lo más ridículo del asunto es que su siguiente disco, “Songs of Darkness, Words of Light”, no se queda demasiado atrás...

Y de las letras tampoco hablo porque sale otra reseña entera, en ese apartado My Dying Bride jamás conocieron rival. Poseía pura lo que sale de la pluma de Aaron Stainthorpe.

Puntuación: 9.5

Aaron Stainthorpe: Voz
Andrew Craighan: Guitarras
Hamish: Guitarras
Adrian "Ade" Jackson: Bajo
Shaun: Batería
Jonny Maudling: Teclados
Yasmin Ahmed: Teclados en el track 5

Sello
Peaceville Records