Moonspell - Extinct

Enviado por Betrayer el Mié, 29/04/2015 - 23:50
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Decir que Moonspell son la mejor banda de Metal que ha parido Portugal, se me antoja, a estas alturas de la película, que es quedarse muy corto. Con más de veinte años en la brecha y once discos de estudio a sus espaldas, Ribeiro y compañía se han ganado a pulso que su nombre figure al lado de grandes formaciones afines a su estilo como son Paradise Lost, Tiamat o Type o Negative.

Una trayectoria sólida basada en una constante evolución de su sonido. Incapaces de entregar dos discos iguales, pero a la vez desarrollando un estilo muy personal y reconocible, que recoge elementos de diversos géneros metálicos tan dispares como pueden ser el Black, el Gothic, o incluso el Rock Electrónico. ¿Los etiquetamos pues como Dark Metal? ¿Gothic Metal? ¿Black/Gothic? ¿Gothic Rock? Menudo lío con las etiquetas. Y la verdad es que tanto da, porque lo mires por donde lo mires, Moonspell son una banda ecléctica en toda la extensión de la palabra, de las que no admite un etiquetaje dogmático y claustrofóbico, que jamás ha hecho ascos a nada, ni tampoco se ha casado con nada a perpetuidad.

Tal será su abanico de posibilidades, que en su anterior lanzamiento decidieron obsequiarnos con un disco doble con la intención, pienso yo, de contentar a su variopinta legión de seguidores. Por un lado teníamos el primer disco “Alpha Noir” donde mostraban su vertiente más oscura, agresiva y metálica (por así decirlo), y por otra teníamos “Omega White”, un disco enfocado a su cara más “light” y accesible, con temas más cercanos al Rock/Gothic y con Ribeiro “abusando” de su voz limpia. Obviamente no iban a estar toda la vida editando discos dobles, así que había mucha expectación por ver que “versión” de Moonspell nos deparaba este 2015. Los más sencillo y rápido sería decir que han tirado por el camino del medio, pero indaguemos un poquito más.

“Extinct” se presenta de entrada con un cambio significativo respecto al resto de sus entregas, y que necesita ser remarcado pues su influencia queda muy presente a lo largo del plástico. Hablamos por enésima vez en estos últimos tiempos del señor Jens Brogen, que se ha encargado de la producción, mezcla y masterización, con un resultado espectacular como en él viene siendo habitual. La gran diferencia, el gran salto de calidad, viene de parte de la ampulosidad y magnificencia que reina durante todo el disco (por su “culpa”), cimentada en los teclados de Pedro Paixao que envuelven y llevan en volandas cada uno de los temas, y en toda una serie de orquestaciones cortesía de John Pipps. Todos los temas, incluso los más sencillos, acaban siendo grandes y rimbombantes construcciones metálicas adornadas con exquisito buen gusto.

Y es así como un tema a priori bastante simple como “Extinct”, se acaba convirtiendo en una maravillosa epopeya sónica viciante a más no poder. Lo mismo que ocurre con “Medusalem”, donde las orquestaciones con aroma al lejano Oriente nos transportan a esas fantasiosas tierras de Aladdín, tan de moda últimamente precisamente por otras cuestiones nada agradables. Aunque si tengo que firmar un tema etéreo y preciosista vencedor en el disco, me quedo sin duda con la balada “Domina”, un corte donde la palabra sutileza alcanza su máxima expresión.

Quizás estos tres temas, junto a la inicial “Breathe (Until We Are No More)”, sean los cuatro mejores del disco, que a partir de la segunda mitad se ve sumido en algún que otro altibajo. A partir de ahí gana la partida descaradamente el Gothic/Rock de aire más comercial, con “The Last of Us” y “Funeral Bloom”, dos temas que con algún pequeño retoque podrían firmar los mismísimos Depeche Mode. Y aunque “Malignia” se presenta algo más oscura, y “A Dying Breed” tiene una parte final algo más agresiva, la sensación general es que el nivel desciende bastante respecto a la “cara A”. Daremos de comer a parte a “The Future Is Dark” por ser otra delicada balada muy en la onda de “Domina”, y como no, a la ida de olla de “La Baphomette”, un tema a medio camino entre el Swing y el Jazz cantado en francés que no sé muy bien como pillarlo y tampoco sé si es el mejor cierre de disco posible.

Una vez alabado el gran trabajo de Paixao en los teclados, y de Brogen en la producción, me gustaría también destacar el altísimo nivel de inspiración que ha demostrado el guitarrista Ricardo Amorim para la ocasión. Regalándonos no tan solo un sinfín de buenos riffs y punteos, si no sobretodo haciendo un verdadero clínic de cómo fabricar elaborados solos donde melodía y harmonía alcanzan un nivel excelso, siendo una auténtica delicia su serenada escucha.

Si os apetece podéis haceros con la edición especial y disfrutar de cuatro temas a modo de bonus que no dejan de ser una serie de mezclas un tanto peculiares de lo anteriormente acontecido. Y de verdad que merecen como mínimo ser escuchados pues interesantes son.

Toca ser objetivo (como siempre), y aunque mi corazón prefiere a los Moonspell algo más agresivos, tengo que reconocer que este disco es una pieza de muchos quilates. Demasiado light, casi Pop en algunos momentos, con Ribeiro tirando de su voz limpia más de lo deseado, pero los temas son tan y tan buenos, tan cuidados, tan perfectos, que muchas bandas del mismo género se darían de ostias por componer cortes de tanta calidad. Un disco preciso y precioso mismamente que su impactante portada, cuidado hasta el más mínimo detalle, donde Moonspell suenan mejor que nunca y a su vez se hacen también más accesibles que nunca. Así que sus por todas estas circunstancias creo que cuatro cuernos bien hermosos no se los quita nadie.

Miguel Gaspar: Batería
Aires Pereira: Bajo
Ricardo Amorim: Guitarra, voces adicionales
Fernando Ribeiro: Voz
Pedro Paixão: Teclados

Sello
Napalm Records