Kiss - Kiss

Enviado por Cuericaeno el Vie, 18/07/2008 - 18:20
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1. Strutter – 3:12
2. Nothin' To Lose – 3:29
3. Firehouse – 3:19
4. Cold Gin – 4:23
5. Let Me Know – 3:01
6. Kissin' Time – 3:54
7. Deuce – 3:08
8. Love Theme From Kiss (instrumental) – 2:26
9. 100,000 Years – 3:25
10. Black Diamond – 5:14

Tarde descubrí este primer trabajo de los de Nueva York, pues yo, caprichos del destino, conocí a esta banda por medio del Crazy Nights (1987), después me hice con el Dynasty (1979), y lo que menos me podía imaginar era de que a los Kiss más oscuros y salvajes los iba a encontrar en su álbum debut… Curioso.

No me puedo imaginar, pese a que lo intento, el impacto que supuso en casi plena mitad de los ’70 la irrupción a nuestro mundo de estos enmascarados, que desde la altura de sus plataformas descargasen hacia el prójimo semejante llamarada de Rock ‘N’ Roll impío, en un año en el que los duros Judas Priest aún no habían despertado de su tierna burbuja zepeliana, y en los que su negro cuero aún no estaba ni encargado al sastre, más bien ni soñado.

Mientras aún sonaba la armónica en los labios de Rob Halford, estos Drag ‘Kings’ del Infierno aparecieron. El planeta no estaba preparado para un grupo tan extremo, extraño…. y completo: Su tan llamativa estética, su puesta en escena, su concepción del Rock, su actitud lasciva, su repartida labor vocal… Estaba claro que esta gente llegó para quedarse, y para escribir claro, grueso y hondo en la historia del Rock.

Un inocentón riff abre el telón mintiéndonos, pues tras la inocencia se esconde el huracán de Strutter. A la voz, Paul Stanley, en un temazo que tras un entrañable verso nos empuja a un más travieso puente, para luego sin previo aviso darnos un puñetazo en los morros con su conciso estribillo, seguido de un convulso riff que es un festín para el nervio y el alma. El disco no podría abrir mejor. Y sus dos furiosos solos, que son catapultados cada uno tras el segundo y tercer estribillo respectivamente, son realmente incendiarios, traídos por el galáctico Ace Frehley en un alarde de fiereza muy adelantada a su tiempo, pues pocas guitarras humeaban como la de este hombre del espacio en aquellos ‘70. Strutter es sin duda uno de los mejores temas, y un clásico indiscutible.

Con ráfagas de piano, palmas y coros cobra vida la gamberra Nothing To Lose, un tema que suena añejo, pero sabe bien, con ese áspero ataque vocal a dos bandas de nuestro demonio Gene Simmons y el felino Peter Criss, un dueto que captura en su garganta el primigenio espectro negroide que engendró esto que conocemos como Rock.

Paul Stanley recupera el testigo/micrófono para la vacilona Firehouse, con su calmo pulso de bajo. Otro clásico, aunque más que por virtuosismo por resultón. Muy gracioso él, despidiéndose con una sirena de bomberos. En la descarnada Cold Gin contamos de nuevo con la bronca y personal garganta de Simmons, el de la eterna lengua, esta vez él sólo entrando a paso firme entre las pesadas guitarras, henchidas de dinamismo y soltura, pero con un buen toque de agresividad.

Un más facilón Let Me Know se deja ver, cantado por Gene y Paul, con una machacona despedida instrumental que no se espera dado a la luminosa atmósfera del principio, una oscuridad electrificada por espinosos punteos que se van alejando hasta perderse. El bajo de Simmons bombea para traernos la festiva Kissin’ Time, un tema con mucha presencia de coros, puesto que canta el trío de voces al completo.

Y tras la luz, llegan las tinieblas, Deuce se adueña de ti para dictar las sacudidas de tu cuerpo. Una llamada al Caos por el personaje más siniestro del cuarteto, cantada y escrita por él, Gene Simmons, que admitió en una entrevista que ni él sabía qué significaba la letra. La rauca voz del diablo bajista dirige a dentelladas este festival de iracundos solos y estribillos como puñaladas, que como el grandioso Strutter, aquí el estribillo te catapulta a cosas buenas, disparado por Gene ese ”Deuce!” como fugaz zumbido de hachazo.

Tras el instrumental Love Theme From Kiss, llega despertado por el bajo un viaje de 100.000 años condensado en 3 minutos cargados de grandes momentos, ungidos de primigenia esencia Blues y Rock ‘N’ Roll. Para esta travesía vuelve Stanley en la labor vocal.

Y aquí llega el diamante del disco, que tan negro como su ambiente nos transporta a la faceta más emotiva del grupo hasta entonces. La dulce voz de Paul da el preludio en Black Diamond, respaldado por un cristalino arpegio, para estallar luego en un emocionante corte vestido de elegantes guitarras. Esta vez le toca cantar al batería, Peter Criss posee el término medio en las voces de Kiss, capturando en él la perfecta mezcla entre el matiz melódico y limpio de Stanley y la salvaje aspereza de Simmons, dando como resultado un desgarro rockero no exento de emotividad, con unos giros espeluznantes.

Amo esta canción, con ese parón que te lleva al sombrío pasaje de los solos, donde Ace Frehley nos hace hincarnos de rodillas y estremecernos como su guitarra, arquearnos como sus cuerdas. Con ese misterioso outro que se va ralentizando, densificando y finalmente apagando, se despide este disco con un ‘hasta luego’, pues un álbum tan intenso y que se despacha tan rápido no es proclive a una sola escucha, y menos siendo lo que es, un clásico de esta gran banda, el mejor de su primera década.

Gene Simmons – Bajo, Voz
Paul Stanley – Guitarra, Voz
Ace Frehley – Guitarra, Coros
Peter Criss – Batería, Voz

Sello
Casablanca