Joliette - Luz Devora

Enviado por GLaDOS el Jue, 05/09/2019 - 03:09
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1. Cecapsis
2. Vacío
3. Júpiter Jovial
4. Muletilla Japonesa (あのう)
5. El Alphabiotista
6. Las Gorras Mayúsculas
7. Strathos
8. Futuras Campanas
9. Lázaro
10. Pudre Infante
11. Señor Mora
12. Defenestra

Álbum Completo

Ninguna banda debutante lo tiene fácil cuando se atreve a incursionar en el mundo de la música. Mucho menos cuando se trata de un país como México, en donde los géneros que dominan los charts son la contraposición ya no solo del Metal Nacional, sino del Metal en general. Si le sumas “cantado en español” a la mezcla (“me caga cantar en inglés, yaaaaaaa nooooo quiero cantar en inglés” dirían los No Somos Marineros) la cosa parece aún más complicada. Tal es el caso de Joliette, quienes entraron al mercado con su ya lejano Convertirse en Agua para después seguir con algunos Splits y singles hasta lanzar Principia, obteniendo un poco de reconocimiento y popularidad. No demasiado como para sonar en la radio o algo por estilo, pero si el suficiente para poder tourear alrededor y fuera del país. Repetirían el modus operandi de singles /splits y sacarían su seminal Atáxico, en donde endurecerían su sonido, dejando de lado todo atisbo de sonar amigables como en su hit Czirros, ganándose el respeto y la atención del circuito internacional, teniendo como reto para su tercera placa, ser capaces, al menos, de mantener el nivel. Y pues no es sólo que Luz Devora no tenga nada que envidiarle a su material previo, sino que lo supera en algunos momentos.

Tenemos uno de esos discos en donde el grupo en cuestión explora territorios conocidos y familiares para sus fans y también estilos que no los habíamos escuchado interpretar hasta ahora. El caos de Atáxico y el gancho de Principia están mezclados, pero, además, han alcanzado cuotas musicales altísimas, siendo su obra más variada y eclética. A ello hay que añadirle que este tercer LP es el que en términos de producción suena más crudo y opaco, dando la impresión de estar mal mezclado. Una decisión creativa elegida adrede que a mí no me gusta y a la que no he terminado de acostumbrarme. Me habría encantado escuchar el álbum bajo un espectro más cristalino, pero poco se puede hacer al respecto y no contrarresta en lo absoluto a la calidad en general de la placa. Seguro que algunos lo encuentren como un acierto y otros me den la razón. Esto es sólo es una pequeña advertencia, pues incluso escuchándolo en algún formato de alta calidad puede dar la falsa sensación a primeras escuchas de que es un ripeo a un biltrate más bajo del que en realidad es.

Y ahora sí, centrándonos en lo que más importa, desde el frenético rasgueo inicial disonante en Cecapsis y el verso inaugural “¿Por qué me fallas cuerpo?” a cargo del vocalista y ahora guitarrista Fernando Obregón, el perro muestra sus dientes, poniendo sobre la mesa el esquema compositivo que se repetirá por una gran parte del material. Secciones Post-Hardcore rápidas deambulando entre acordes arpegiados envueltos en delay y reverb, galopantes ritmos a cargo del nuevo baterista Azael Gonzáles con Gastón Prado revistiéndolo, partes con poliritmia sutil, breaks más pausados y ambientales alejados de la distorsión, y claro, las voces rasgadas y limpias que evitan lo facilón y aun así logran quererte hacer cantarlas, siendo el trabajo vocal más serio y sobrio en la carrera de Joliette.

Las 5 primeras canciones, incluyendo a Vacío, Jupiter Jovial y El Alphabiotista se mueven en terrenos familiares, con Muletilla Japonesa regresando al pasado, pues bien podría haber entrado en Atáxico sin desentonar. Afortunadamente, tampoco es que sean clónicas, pues cada una tiene su propia identidad y segmentos destacables que brillan por luz propia (el riff Metalcore que abre Júpiter Jovial por ejemplo) evitando el tedio, pero despertando dudas perfectamente justificadas respecto a si serán capaces de sorprendernos en los 39 minutos que quedan por delante.

Es entonces cuando Las Gorras Mayúsculas aparece, significando también el punto de incursión de pequeñas gotitas de extrañeza musical para el grupo en los temas restantes, siendo la canción que más me pone los pelos de punta, no solo por su sección inicial made in The Dillinger Escape Plan región 4 que lo hace sonar muy, pero muy bien, sino por su letra: “Colgando de un árbol, bajo las vías del tren, suspendido en un puente, con suerte… te vuelven a ver… en pedazos… sin explicación… desaparecemos” que trata sobre algo que desgraciadamente ya se ha vuelto cosa de todos los días en México como lo son las desapariciones forzadas, asesinatos escalofriantes, el estado de paranoia colectiva por la inseguridad y la incertidumbre de encontrar el cadáver de algún ser querido en una fosa clandestina -si es que lo encuentras-. Pocos, por no decir nadie, se atreven hablar de algo como esto en una canción, así que es de agradecer que alguien tenga los huevos de plasmarlo en su arte. Aunque no sé si marque alguna diferencia...

Las dos siguientes pistas, Strathos -canción oscura con ambientación de clínica mental desolada- en contraposición con el intro futurista y etéreo a guitarras plateadas en Futuras Campanas, parecen ser el tope creativo del grupo. ¿Con que más pueden salir para hacer más campechano al disco? Pues bueno, Lázaro (mi tema favorito) te deja con la lengua en el suelo con su innegable pozo Math Rock, convirtiéndola en el track que es justo lo inverso a lo que hemos escuchado y escucharemos en el disco gracias a su mood sonoro. No es el caso de las líricas, que siguen con su clásica temática emo. Una rola que destaca por su frescura y es toda una grata sorpresa.

Si bien hay muchos jugueteos con sonidos vanguardistas, también hay espacio para el mosh pit más sudoroso y Old School en Pudre Infante, que se mueve en un registro Crust/Punk/Crossover/Thrash hasta explotar en esa parte más melódica “y estás de nuevo soloooooo, y estás de nuevo sooolooo”. Su “púdrete niño” en los compases finales es probablemente el momento más ¿WTF? del álbum en lo que es el tema más apto para el directo en el disco. Por su parte, Señor Mora es la canción más sufrida en la placa, en donde Obregón berrea y se deja las cuerdas vocales casi inutilizables. Aquí es en donde el bajo tiene mayor predominancia, cobrando mucho protagonismo a partir de los pocos minutos e interpretando unas de esas líneas tan gruesas y simples como efectivas y memorables.

En cuanto al epílogo, de 10 minutos de duración -similar a la manera de cerrar el Atáxico- este es un tema en donde el grupo se lo toma con calma, haciendo que crezca paulatinamente, y aunque nunca llega a alcanzar una velocidad exacerbada, sí que se pasa volando, pareciendo que dura menos de la mitad. Es de esos medios tiempos densos que no cansan y no se tornan aburridos a base de riffs funcionales, repetición de una buena idea y una ambientación bien trabajada e inmersiva.

No está de más decir que a primeras escuchas la placa no parece para tanto, pero es difícil no recaer a ella o caer rendido ante su calidad que reluce gracias a que ningún miembro destaca por encima del otro. Se muestran centrados en crear piezas con apenas o nulas fisuras en donde se encuentran ausentes eslabones débiles que mermen la manufactura en general de la obra.

Un detalle que me ha encantado son esas pequeñas secciones ambientales que se escuchan a lo largo del disco, como el sonido de lo que parece ser algún programa de TV japonés a inicio de Defenestra o esa frase final en castellano que cierra al álbum. Mis favoritas son las del guitarrista en los últimos segundos de Señor Mora y el paisaje sonoro callejero con acordeón incluido en el cuarto tema. Son pocos los ejemplos de esto, quedándose en lo anecdótico y como meros detalles curiosos.

Para finalizar y con toda honestidad, anoto que este tercer álbum de Joliette es mi favorito de la banda y mi favorito en lo que va del año, porque Luz Devora no es el disco que los catapultará a lo más alto del mainstream, pero sí aquel que acaba de consolidarlos, internacionalmente, como una de las agrupaciones más sólidas del globo dentro del estilo. 5 estrellas indiscutibles.

Fernando Obregón - voces/guitarra.

Juan Pablo Castillo - guitarra.

Gastón Prado - gritos/bajo.

Azael Gonzáles - batería.

Sello
Pobre Diablo