Incantation - Mortal Throne of Nazarene

Enviado por Cuericaeno el Mar, 27/11/2012 - 00:38
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1. Demonic Incarnate (5:51)
2. Emaciated Holy Figure (3:47)
3. Iconoclasm of Catholicism (3:15)
4. Essence Ablaze (3:24)
5. Nocturnal Dominium (5:41)
6. The Ibex Moon (4:36)
7. Blissful Bloodshower (0:52)
8. Abolishment of Immaculate Serenity (8:10)

Como si habláramos del período jurásico en la vida terrestre, en los primeros años de la década de 1990 el Death Metal era dominado por gigantes. Este álbum que os presento amaneció en pleno atardecer de aquel reinado de titanes, pero aún así se presenta tan poderoso hoy como todo lo que creó y sigue creando la banda que lo firma, que no es otra que los monumentales Incantation, una de las pocas bandas íntegras que hoy quedan de la dinastía Old School del Death.

Ellos y sólo ellos son la prueba de fuego para todo aquél que se presta a intentar al menos simpatizar con este mundillo de jerga gutural. Si Incantation consiguen gustarte, si logras cruzar su atmósfera sin ser desintegrado, ya eres de la tribu, ya estarás inmunizado ante casi cualquier otra banda del estilo. Roca, polvo, gas y altas presiones, el pan de cada día del sistema joviano, y único menú en la carta de los de Pennsylvania.

Fundados en 1989 en Johnstown, este cuarteto de extremófilos legó a la causa Death un catálogo de vértigo (más bien de claustrofobia), repleto de canciones que parecían ser himnos catedralicios a la profundidad y la espesura más absolutas que una mano creativa pueda plasmar a través de cualquier expresión artística. La naturaleza difusa a la vez que compacta de la música de Incantation pocos rivales tiene en su escena, por no decir casi ninguno, sólo llegando a mi memoria y conocimiento algo parecido de la mano de los neoyorquinos Winter.

Aquel debut de 1992, de nombre Onward to Golgotha, está considerado por muchos como la obra cumbre de Incantation, pero al lado de aquélla, nada pequeña queda su sucesora que no es otra que ese fenómeno volcánico titulado Mortal Throne of Nazarene, aquí presente para los que se atrevan a plantarle cara.

Publicado el 11 de Marzo de 1994, y grabado en los Excello Recording Studios de Brooklyn, Nueva York, fue increíble el sonido que obtuvo gracias al ingeniero Garris Shipon, que como si de un repostero del Diablo se tratara, fabricó ese engrudo especial que tan bien une entre sí a cada instrumento, cada uno además dotado de una enormidad y compactación que hace del conjunto algo aterradoramente inmenso y envolvente, además de conseguir en todo ello una textura pétrea y polvorienta que pocas bandas han logrado.

Sus ocho canciones constatan lo arriba dicho, ocho esculturales aberraciones extraídas de esa mina que sólo esta banda conoce y explota. Formidable ese pasaje a slow-motion infestado de acoples en el que nos ahoga Demonic Incarnate, o la erosiva ronquera de ese bajo de Dan Kamp que nos fustiga en Emaciated Holy Figure. Aunque más oronda es la fusta que empuñan esos acordes insistentes de Iconoclasm of Catholicism, tema donde aparecen también las significativas ráfagas de trémolo que tanto le gusta pasear a esta banda, pero con correa bien gruesa, a lo grande como todo lo que manejan estos bestias. Por ello, ningún matiz lo encontrarás en edición de bolsillo o para llevar como el Danonino, sino todo fabricado en hangares para consumo no humano, sino titánico. Pienso compuesto para dinosaurios.

Amorfo hace aparición Essence Ablaze, y cuando echa a correr hay que temerle y mucho; de nuevo el trémolo como mejor reactor, no sin meternos luego el combo en medios tiempos tipo “manada de mastodontes”. Nocturnal Dominium es el perfecto campo de batalla para que se realice a gusto Jim Roe desde su taburete, en maniobras más simples pero más perceptibles, tanto en el fuego rápido como en esa lenta avanzadilla que recrean todos juntos a mitad de trayecto. No es para perderse tampoco la solemne malicia que despachan a calmo paso en ese corrimiento de tierra que amasan en los últimos minutos de ese “Dominio Nocturno”, aquél del que tan a pulso se ganan ser gobernadores los de Johnstown.

Pero si queremos más intensidad, si queremos saber hasta qué nivel de fealdad puede llegar ese paisaje propio que moldean Incantation, ahí tenemos a The Ibex Moon, dador del más sabroso caos, y hábil abollador de nuestros huesos parietales cuando osamos encasquetarnos esto por auriculares. A todo esto, dicho quede también el tremebundo trabajo vocal de Craig Pillard (a cargo también de una de las guitarras), esa fragorosa fumarola de blasfemias que nos arrasa durante la obra.

El ciclón no descansa sino que se cabrea más todavía con la llegada de Blissful Bloodshower, breve (brevísimo) pero que allana el terreno con su vuelo rasante para hacerle la pista al más gigantesco bicho de la piara, ese plesiosaurio malherido que es Abolishment of Immaculate Serenity, que lucha durante 8 largos y agobiantes minutos intentando no quedar varado en la orilla y morir, como lo hace una vez cumplida la poco más de media hora que dura este abrupto álbum. Incantation en estado puro, con todo su amasijo de materia reptante y desconocida a flor, con su lado Doom in extremis. Si quieres pasar con éxito el ritual iniciático del Death más asfixiante tienes que tragarte la última pócima que te ofrece el chamán, la ayahuasca más amarga y densa, un fatigoso extravío de tus sentidos, contagiando el oído al resto de los mismos. Escúchese este disco en compañía de un mayor, para que tras acabar, éste te dé una hostia y puedas volver de súbito al mundo de los vivos, abandonando este cenagal estigio y sus criaturas, esta ponzoñosa obra llamada Mortal Throne of Nazarene.

Los iniciados lo tenéis difícil, de esta travesía espeleológica pocos salen con la idea de repetir, pocos salen con una sonrisa en la cara; pero si al menos quieres averiguar hasta qué dimensión de deformidad pudo llegar a degenerar el vetusto gen de Black Sabbath, acerca el ojo al microscopio y tiembla. Incantation no deja indiferente a nadie. El aún latente volcán espera nuevos sacrificios, nuevas ofrendas para calmar su furia. Sigan en fila india y cuesta arriba, no tiene pérdida.

Craig Pillard: Voz y guitarra rítmica
John McEntee: Guitarra solista
Dan Kamp: Bajo
Jim Roe: Batería

Sello
Relapse Records