Immolation - Kingdom Of Conspiracy

Enviado por Bloodbath el Lun, 27/05/2013 - 19:32
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1. Kingdom Of Conspiracy
2. Bound To Order
3. Keep The Silence
4. God Complex
5. Echoes Of Despair
6. Indoctrinate
7. The Great Sleep
8. A Spectacle Of Lies
9. Serving Divinity
10. All That Awaits Us

Es lógico que todas las bandas pasen por baches, cambios de músicos... si algo ha conseguido Immolation con el paso de los años, es estabilidad. Un núcleo sólido e impenetrable que cumple una década de correrías y pillajes. Se dice pronto. Desde que Steve Shalaty entró a cubrir el puesto en 2003, no se han separado. Pero sobre todo han perfilado un estilo propio, bastante complicado de ejercer. Y es que no todo es velocidad y mil notas por segundo (que también lo hacen). Se trata de una criatura en la que todas las piezas interactúan entre sí (en clara oposición a las formas compositivas de la mayoría de las bandas, y sin que esto sea crítica de tipo alguno), pues además de emitir un mensaje, parece establecerse un dialogo entre instrumentos, entre las secciones de los temas… y es algo palpable. Un guitarrista que dirige con sus ideas concisas, otro que parece acatar sus ordenanzas, complementando el trabajo de forma más que competente… y todos siguiendo a la voz más endemoniada, al ogro descomunal, cuyo bajo cabalga justo y preciso, implacable.

Conseguir transmitirlo en forma de música, con tu música, es grande. Y debe ser difícil tocar la batería encima de esto. Pero si tu capacidad de trabajo se desarrolla con originalidad y sello, con semejante creatividad y a la vez contundencia, asunto arreglado. Pocos engranajes como este, y no hablamos de técnica, sino de entendimiento musical, de cómo aceptan su rol conjunto, proyectándolo de forma concreta. Todo ello sin parecerse a ninguna banda de su generación, más bien alejándose cada día un poco más. La única forma de ser original es inventártelo de verdad y además creer en ello al margen de modas y tendencias, ser consecuente. Sobra repetir aquello “menos es más”. Y si alguna analogía puede hacerse, si algún pequeño fragmento es comparable por su intención o colorido, sería con sus coetáneos Incantation. Ambas bandas comparten ciertos y lejanos retazos estilísticos imposibles de obviar, aunque cada una de ellas mantenga su parcela correspondientemente abonada, y con los años, sus diferencias hayan crecido exponencialmente. A día de hoy puede decirse que los tres “Ation” de NY han facturado discos enormes, entre 2012 y 2013, cada uno por su propia vertiente e indicando una madurez bastante palpable, así como un desmarque entre propuestas (que viene de lejos), respecto a sus correspondientes colegas. Aquí no choca ningún vehículo por circular a través de la misma vía.

El Death Metal está vivo y tiene personalidad propia… otra cosa es saber encontrarlo, y querer hacerlo. Pero es una enorme satisfacción constatar cómo sus principales responsables (o parte de ellos) tienen que sudar tinta para estar en primera línea, ofreciendo trabajos más que dignos, por no decir de alto nivel. Buen ejemplo. Aquí no se regala nada, y la competencia es atroz. Ya no hay escenario para tanto grupo.

Después de año y medio, y tras su EP “Providence”, Immolation regresan a primera línea de fuego, con su flamante “Kingdom Of Conspiracy”. Un paso más allá, todavía, en agresividad musical, en producción aplastante. Este es el trabajo de Immolation que goza de mayor presión sonora, por medio de una masterización bestial (no tan orgánica como en “Majesty And Decay”). Ya en su EP de 2011 se intuía esta proporción ascendente en cuanto a violencia sónica, en este caso llevada al extremo. Eso sí, con una limpieza que podría causar la envidia de muchos. Es posible ser saturado, se puede ser el más bruto, pero también es posible sonar impecable. Los altavoces lo agradecerán, y los oídos mucho más.

Los responsables definitivos de entregar este sonido son Zack Ohren (mezclas y masterización), y el productor Paul Orofino. Repetir elenco ganador es apostar a ganar, tener muchos boletos a favor. Aunque respecto a la música en sí, la única forma de aportar (no hablamos de vender) sea no clonarse demasiado. Por eso se intuye que la experimentación en el sonido es un proceso creativo, similar al pulido progresivo de la música de Immolation. Si “Majesty And Decay” suena impecable y oscuro, “Kingdom Of Conspiracy” no se queda atrás, de hecho, en algunos aspectos mejora bastante, si bien es cierto que la producción de un disco (incluso cuando es “defectuosa” como en un inigualable “Hell Awaits”) puede formar parte del aura del mismo, haciéndolo exclusivo. Y es que a veces, esos detalles son definitivos para la ambientación, bien por haberlos buscado en el estudio, bien porque el paso del tiempo otorga virtudes a los “defectos”. Pero en la última pieza de los de Yonkers se han tocado botones, se han cambiado parámetros, se torna más brillante (la continuación de “Providence”) y sigue buscándose la fórmula, la “perfección”. La batería suena bastante comprimida (algo que pude contemplarse como un simple matiz, aunque es importante) y se muestra mucho más agresiva. Las guitarras conllevan un tratamiento especial de re amplificación, a cargo del músico y guitarrista Ola Englund (Six Feet Under), y vaya si suenan bien.

Immolation lo han vuelto a conseguir, a través de un disco bestial. El Death Metal tiene que ser algo brutal, al fin y al cabo. Lejos quedan los tiempos de lo “auténtico”, de lo “espeso” y “chapoteoso” (adjetivos imprescindibles que forman parte inherente de esta música, sobre todo en algunas de sus vertientes más primitivas). La historia está ahí y es sagrada. Y nunca vuelve, simplemente continúa. Pero la “grandeza” del pasado y la grandeza del presente son (inevitable y necesariamente) compatibles, siempre que prevalezca la calidad, la originalidad… y por supuesto, manteniendo la dignidad en la mayor medida de lo posible. La brillantez sónica de la que se están beneficiando las producciones de Immolation, no resta un ápice de furor o pegada a su música, sino que la potencian claramente. Esto es otro siglo, al pan, pan… y al vino, vino. Sin pasados gloriosos, no se cimentan las leyendas del presente. Sin trabajos actuales, competentes, o por ir más allá, con trabajos mediocres… las viejas leyendas entran en el baúl del olvido. No es el caso de Dolan y sus colegas, por suerte. Sin “complicarse la vida” en exceso, encontraron unos mecanismos de composición, de estructuración musical… que son suyos, ya desde aquel “Unholy Cult” (sobre todo). Una fórmula que parece pensada para el directo, donde su propuesta gana bastante en viveza y dramatismo.

Desde que la portada de este disco salió a la luz, como promoción, me pareció bastante original, con ese montaje encadenado de seres humanos esclavizados. Es lo que quieren mostrarnos, es de lo que trata el disco. Y la forma de presentarse, los ángulos y perspectivas que componen el diseño... son detalles que tienen su punto. No por carecer de demonios, reyes decadentes en semi cadavérica descomposición (grandísima portada), monstruos o espectros, una carátula tiene menos valor artístico, conceptual… o atractivo visual. Está realizada por Pär Olofsson (que también repite en Immolation), autor de obras magníficas (Brain Drill, Spawn Of Possession, Disavowed, Severed Savior… Exodus, Immortal…). Sería grandioso tener el vinilo en las manos para poder contemplarla a todo lujo de detalles. Incluso poder contar la cantidad de seres que conforman la interminable fila o torre (según se mire), de inexpresividad y desaliento, esclavitud y resignación. El primer hombre, podría ser cualquiera de nosotros, cualquiera de los que cuelgan de las extensas sogas de la muerte o sujetan las gruesas cadenas. Immolation quiere transmitir, claramente, que estamos bien jodidos, todos. Portadón. Y en mi caso… hay que conformarse con un simple Digipak, escuetísimo, donde los grises oscuros predominan por doquier. Eso sí, una presentación sencilla no tiene porque perder poderío. En el interior, aparece su logotipo primitivo, casi inapreciable (por destacar muy poco), táctica de diseño que posiblemente corresponde a Rob Kimura, responsable del tenebroso artwork contenido en el escueto libreto.

Abrir el disco con “Kingdom Of Conspiracy”, tema título, es una garantía. Sin ceremonias ni introducciones, golpeando lo que se pone por delante, a gran velocidad. Pasan 40 segundos y ya encontramos el primer cambio radical, con bajada de acelerador y cíclico motivo de guitarra, que va creciendo en intensidad, endureciéndose. Ya estamos sometidos al maremágnum de partes maléficas e imposibles, que se sucederán sin parar. La impresión es que la mezcla está muy trabajada hacia la agresividad, suena cortante y actual, pero no hay experimentos de tipo alguno que nos alejen del sonido clásico de Immolation. El bajo está ahí, equilibrado, discreto, aunque como importantísima pieza de puzzle y por decirlo claro, suena como un bajo, no como un cacharro distorsionado (…). La batería, especialmente trabajada, es más afilada que en sus anteriores trabajos. Y como siempre, los bombos, la caja, los timbales, todo en su sitio. Los platos se muestran más alejados, cosa que es de agradecer con tanta compresión, aunque todos los detalles pueden percibirse perfectamente ya que el trabajo está realizado a conciencia, y se nota. Todo es importante, y la labor de las bases suena espectacular, tanto por parte del músico como del ingeniero. Si todo sigue así, la cosa promete. Un disco que sonará bien en cualquier aparato, seguro.

“Bound To Order” recoje el testigo. Más brasa pura y dura, acordes machacantes con apoyos de percusión, y dobles bombos sin parar. Melodías de Robert Vigna asoman tímidamente en el primer solo, para pasar a ejercer sus típicos y veloces fraseos en los que rara vez sobra una nota. Y cada nota que toca este señor suena inmensa, guste o no, sea reiterativo o no. Riffs cargados de obsesión, bases distorsionadas y épicas cuchilladas largas, agudas, en claro contraste, cierran el tema. Puro Immolation.

“Keep The Silence”, en su introducción, destila ecos de “Majesty And Decay” (“Divine Code”), un medio tiempo sin descanso donde la voz de Dolan se explaya mediante largos vocablos. Una de las cosas que Ross no hace jamás es dejar de vocalizar. Ni modas, ni tendencias (que algunas están muy bien…), ni nada de nada. Cada palabra se entiende a la perfección, si se tiene la letra delante, como mínimo. Y su voz no es un lecho de rosas, pues para extraer semejante brutalidad, vocalizar abrasivamente a través de ese profundo fuelle y tocar el instrumento, hay que estar mínimamente concentrado, más bien muy preparado en ejercer tu propio rol. Una voz en primer plano, la que se muestra en este tema cargado de salvajismo y trazas mecánico/sonoras. La fuerza del tema se las trae, sin dejar en ningún momento de sonar majestuoso.

“God Complex” es una masacre total, si en “Majesty And Decay” se sosegaban en cierta manera, y en “Providence” retomaban las velocidades, aquí se empecinan en destrozarnos los altavoces a golpes. Son como una bestia a la que se pincha cada vez más, y responde con envites gradualmente proporcionales en salvajismo, pero dominando claramente al domador. Un riff melódico, pegadizo, engancha fácilmente e invita a pensar que aquí se derriten las púas. Un tema cuya letra denuncia clarísimamente a la industria alimentaria, a las grandes corporaciones y poderes que envenenan los productos y a su vez a los seres que los consumen, creando un ciclo de causa y efecto. Dioses de la manipulación, a los que se alude mediante frases como: “no se te ocurra hacerles saber que ellos te están matando lentamente. El hombre se hace Dios, manipula la vida, envenena el mundo, no hay posibilidad de supervivencia”. Nada nuevo, pero es algo en lo que todos podríamos estar completamente de acuerdo, incluso los profanos al Death Metal. Y realizado magistralmente.

“Echoes Of Despair” comienza con rasgueo veloz, y se despliega en guitarras armonizadas mediante acordes sencillos, familiares, con esa capacidad del dúo Vigna/Taylor de introducir y colocar a su vez otras notas de color, creando tensas atmósferas. Le dan la vuelta hasta a lo que no tiene más que rascar. El riff que da base a la estrofa es otra de esas rarezas de tipo biomecánicas que Mr. Vigna extrae de su manga, habitualmente. Como pasos de gigante pisando construcciones diminutas. Dramatismo, fuerza e intensidad. Y un solo de guitarra ardiente sobre la veloz base de Shalaty, baterista que no necesita de alardes técnicos “extra” para demostrar que en música, lo que de verdad cuenta, es la labor de equipo, en beneficio de todo el conjunto. Si este músico ampliase su lenguaje por diferentes derroteros, en esta banda, Immolation no sonarían como “deben” de sonar. Aún así, las labores que realiza parecen sobrehumanas. Cuerdas pellizcadas, poderío estridente, trémolos doblados, armonías complementarias… y el rugir de la bestia, para terminar el track con un aullido que comparten guitarra y bajo, casi en forma de unísono.

Con “Indoctrinate” y su entrada tremolo, así como por la elección de notas, pueden recordar vagamente a sus colegas Incantation. Velocidad cegadora, ofrece la sensación de que se están cayendo edificios completos, como un impresionante e inevitable derrumbe. Buen solo de Vigna, y muy destacable la taciturna melodía de apoyo en 2:32, que sin ser el colmo de la originalidad, funciona a las mil maravillas para ir cerrando el número a ritmo de medio tiempo, no sin antes desplegar otro mini solo incisivo, relevado por Dolan hasta cerrar la puerta.

“The Great Sleep” es un corte hipnótico, death metal en estado puro. Cabalgadas y melodías se dan la mano para adentrarnos en la letra, crítica con una sociedad dormida y atolondrada, y donde no hay vuelta atrás, “es demasiado tarde para despertarse”. En el momento 1:31, las guitarras ejercen su papel rítmico/melódico de forma que el bajo cobra protagonismo, no por la cantidad de notas, sino por cómo rellenan la música sobre el patrón de batería.

Y sin piedad de tipo alguno comienza “A Spectacle Of Lies”, con los timbales de Shalaty en combinación con caja y bombo, dibujando y aportando. El fragmento que comienza en 0:28 entra inesperadamente, como la seda. Tras una considerable batalla de guitarrazos y parches, todavía ofrecen otra de sus genialidades, en 2:02, mediante un patrón de gran peso rítmico que soporta el solo de guitarra, un latigazo comedido pero picante. Totalmente robótico, el tema se sucede hasta el final, cuyo truco de producción vuelve a recordarnos los ecos de “Majesty And Decay”.

La acometida de “Serving Divinity” muestra el inconformismo de Immolation, en lo que puede parecer uno de los temas más “sosegados” y machacones del trabajo, porque aún así es un pelotazo. Las sorpresas continúan, y los ambientes gloriosos se suceden uno tras otro (1:06), para destensar la negra cadena con que nos aprisionan. Pero todavía queda mucha tralla y velocidad, aunque en 2:26 ofrecen otra ración de ”pisotones”, esta vez menos enrevesada para constatar que son maestros en realizar partes de simpleza aparentemente… pero enorme magnetismo, a las que es imposible resistirse, ni siquiera mediante el agarrotamiento ex profeso de los músculos del cuello, piernas o resto de nuestro ser. De nuevo, un final con toneladas de reverb y su correspondiente toque de Delay.

Ahora que la batalla se va ganando (o perdiendo), se acerca el final, donde las “élites” conspirativas someten al ser humano a un trágico e irremediable destino de esclavitud. Historia trilladísima, pero no por ello menos cierta, y cada vez más palpable. Los aires arabescos de “All That Awaits Us” son una excusa para conformar una introducción exótica, básica y escueta. No tarda en aparecer un riff gomoso, completamente flotante, anticipando el caótico devenir de diferentes secciones, cada cual más macabra. De nuevo, esa forma única de complementar los acordes, entre las dos guitarras y a través del sonido semi distorsionado, absolutamente ambiental y que tan buenos resultados ofrece. Esto se acaba, aunque todavía quedan algunas veloces cabalgadas intercaladas con ofuscados patrones rítmicos. Pero antes de cerrar el número, Dolan nos lanza un último aviso: “Poco a poco, la existencia desaparece. Cierra los ojos, no vas a llorar más. Lentamente se atenúa el latido de nuestros corazones… cierra los ojos y abraza una oscuridad infinita…”. Carpetazo.

“Kingdom Of Conspiracy”… un disco que si te atrapa, estás perdido. Cuanto más suena, más engancha. Cuanto más se escucha, más matices, más complejidad ofrecida en bandeja. Los laureles no se regalan, se sudan con sangre. Y es que todo tiene un límite, superar tu propia creatividad es una peligrosa barrera si estás encasillado (inevitablemente) en una etiqueta, en un trono, y tienes que defenderlo a hachazo puro. Tensión, dramatismo, latigazos… pero a su vez entretenimiento y diversión. Al fin y al cabo, se trata de música. ¿He dicho que me gusta la música de Immolation?

Volviendo al primer párrafo… que la guitarra de Robert Vigna es sello de identidad del grupo, manejando el timón… es algo evidente, y que su forma de componer es reiterativa, también (ofreciendo cierta sensación de repetición, por la forma de manejar sus parámetros). No es fácil ofrecer originalidad absoluta, no repetirse en exceso, con semejantes directrices e intentando no parecerte a nadie. Y la forma de verse respaldado musicalmente, es decir, la acometida del resto del trabajo por parte de los instrumentistas es sobresaliente, lo que denota entendimiento, complicidad, unión en toda regla y garantías de calidad. Una década como formación estable, no es moco de pavo. Y este “plus” vale por todo. Los cuatro malvados del Death Metal, en plena forma. Por eso le otorgo cinco cuernos en lugar de cuatro. No seré yo quien se los niegue, en este 2013. Immolation. Por mucho tiempo.

Robert Vigna: Guitarras
Bill Taylor: Guitarras
Ross Dolan: Bajo, voz
Steve Shalaty: Batería

Sello
Nuclear Blast