Hamlet - Insomnio

Enviado por Cuericaeno el Jue, 05/04/2012 - 15:20
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1. Tortura-Visión
2. Tu Medicina
3. Dementes Cobardes
4. Quién Cree que Raquel se Suicidó
5. 1998
6. Antes y Después
7. Muérdesela
8. Dónde Duermo Hoy
9. Mal
10. Tan Simple Como Decir No
11. Lacabra
12. Odio

Nadie es profeta en su tierra. Cuando en mis tiempos de instituto (1997/98) empecé a indagar ya en serio en este maravilloso mundo llamado Metal, he de reconocer que en un principio me distancié de las bandas nacionales, las notaba inferiores, cutres si se me perdona, al lado de lo que vendía el panorama extranjero.

Por la radio empecé a conocer a los Ktulu del Confrontación, a Soziedad Alkoholika, A Palo Seko, a mis paisanos Narco y su Satán Vive… Todas me agradaron, me hacían mover la cabeza, pero para mí no eran “aptas” para que yo invirtiera mi dinero en su material original, en tiempos chungos además en los que sólo podía permitirme un disco al mes, una peregrinación mensual a mi añorada Sevilla Rock teniendo bien pensado y lucubrado lo que iba a comprar. Vamos, que yo no compraba un disco de ninguno de ésos teniendo en la tienda esperándome lo último de Judas, Dickinson, Manowar, Cradle of Filth, Manson, Rob Zombie… Vamos, para que me echaran de mi país en pelotas y con una papa hirviendo metida en el culo, pero así era.

Ni que decir tiene que el cerebro evoluciona, y sus nódulos van dejando entrar por sus recovecos ondas sonoras de más variado tipo para traducirlas a gloria. Pero antes, en esos tiempos difíciles de acné y sumo pavo, la única banda española que supo venderse para enamorarme fueron los madrileños Hamlet. Pero no los del Jodido Facha, pues ese himno ya lo conocía y tan sólo me gustaba a secas, ya que tenía esa tara de chabacanería propia del Metal de mi país (así lo veía y en parte lo sigo viendo). El flechazo vino cuando en un día de 1998 la radio de mi salón vomitó la cólera anti-nazi de Dementes Cobardes (digno sucesor del citado J.F. pero un poquito más maduro), eso poco antes o poco después de que el mismo dial dejara caer también el demencial crescendo de Tu Medicina, un firme alegato que te va levantando del asiento con su ira diestramente gradual, que te mece al principio y te lincha al final. La mínima duda que me quedaba para rascarme el bolsillo la disipó un single que calló en mis manos por gentileza del mismo programa de radio (el extinto Electroshock de Radio Camas), y ese single no era otro que el acongojante/acojonante Antes y Después. Y como no podía ser de otra forma, ese tema marcó un antes y un después en mi primitiva forma de sentir la música, y marché a la tienda enfilado a por Insomnio, el álbum que le dio un giro proverbial a mi psique metalera, y el álbum del que tengo el sumo placer de hablaros por lo que significa para mí.

Ya célebres en el panorama patrio y por ello muy esperado su próximo movimiento de ficha, Hamlet subían su caché con creces, producidos esta vez por nada menos que Colin Richardson (Sepultura, Fear Factory, Machine Head…), y además aprovechaban sobradamente esa mejora en el sonido por semejante ingeniero con una madurez compositiva que contrastaba positivamente respecto a su Revolución 12.111 del ’96, su anterior CD, haciendo pasar esos dos años atrás como lustros. Además de unos musicazos los que se cuelgan en ristre o se sientan frente a su respectivo aparato de truenos (genial Paco Sánchez a las baquetas), el que lleva su instrumento en el interior que es Molly mostraba aquí una evolución en su forma de cantar muy notable, afilando a machete su torrente gutural de siempre y alternándolo con unos recursos melódicos impensables entonces en aquél que con voz de niñato insatisfecho gritaba que quería ser irracional. Mucho más racional, ya lo que decía Molly se tomaba más en serio.

Un mayor respeto ganado también por mejores letras, ya que aquí el frontman evolucionó su expresión, encontrándose ya a un sólo paso de sublimar definitivamente su pluma, meta ubicada justo en la próxima obra del combo, El Inferno (2000), siendo mejorada en adelante de forma asombrosa, disco a disco. Pero no es para que nos pongamos tiquis-miquis con el plástico del ’98, ya que la grosería barriobajera heredada de anteriores discos seguía aquí patente (y que no falte, oiga) pero salpicada de forma residual sobre unos textos de una poesía más trabajada, emotiva y profunda, superior en número respecto a la descalificación directa y que sin embargo hace el mismo daño que ésta, pero con más clase. Aunque Molly haga lo propio cagándose en la puta madre del neonazi en Dementes Cobardes, luego lo contrarresta con creces incluso en pasajes del mismo tema, y mucho más en otros cortes donde algunas estrofas, muchas, son para enmarcarlas en oro dentro de la antología lírica del Metal ibérico.

En Insomnio dieron comienzo a las letras intimistas, aún codeadas con el politiqueo de siempre, con la temática social como eterna denuncia, y esa especie de manía persecutoria, justificada o no, que empujaba al grupo a dedicar “amables” tonadas a aquéllos que los envidian o que los han insultado por medio de fanzines (nunca por la prensa, ellos siempre dijeron que ésta los trató bien).

Yo no leo la correspondencia de Hamlet, pero algo de razón tendrían (o una psicosis del copón) cuando casi en cada uno de sus discos hay una canción o más dedicada a ese menester. No faltando esa pista final llamada Odio que plantea prácticamente lo mismo, Tu Medicina era en Insomnio la elegida de modo oficial para ser emisaria de la misma misiva, pero convirtiéndose desde su creación en uno de los manifiestos más ensañados, contagiosos y egóferos que nos han metido en el cuerpo estos madrileños. Clásico absoluto de Hamlet. Su comienzo como a gatas, musitado, va subiendo la tensión poco a poco hasta cristalizarla, rompiendo de forma magnífica, a viva voz y rugiente riff. ”Frustrados pero armados de ilusión […] Existir, creer en mí fue la única manera de sobrevivir”… consignas a uñas y dientes, frases clave y música idónea para canalizar toda aquella lucha del grupo, con zancadillas incluidas, hasta llegar adonde estaban en aquel momento, una posición bastante notable ya, y esperándoles tiempos aún mejores.

Bien fuera real o imaginario el enemigo, o más bien esos estúpidos piques entre grupos (muy familiar en el Hip Hop), la venganza dialéctica de Tu Medicina siempre me sentó muy bien, siempre me liberó endorfinas sin necesidad de guantes de boxeo ni sacos de arena. Me enciende de una manera brutal ese colofón de cien megatones, esos “¡PRUEBAAAAA, es tu medicina!, ¡PRUEBAAA, tu propia medicina!” tan acertados como remate a lo expuesto (y de camino bautiza el invento. Mejor imposible). En la música como en el cine, si eres joven y te gusta la acción, cuando haciendo zapping te encuentras a Stallone dándole una paliza a uno, da igual si te has perdido el comienzo, sabes que ese tío es el malo y disfrutas del espectáculo. Quien headbanguea otorga, y si no, que se defienda la otra parte con otra canción. Guerras de bandas, no te metas, aunque nadie te prohíbe aplaudir.

Además de clásicos como Tortura-Visión (el que abre poniendo a la caja tonta en su sitio, y eso que por entonces no sabíamos que iba a empeorar y con más canales…) o el ya mentado Dementes Cobardes (con un main riff atronador, y estribillo inesperadamente bello en contraste con los brutales versos), todos los cortes de este compacto son soberbios, unos tomando más relieve que otros como es normal, pero todos tienen su propia seña de identidad, su momento de clímax que te hace recordarlos, y en presente disfrutarlos cada vez que te los truenas.

Difícil obviar ese pasaje en la canción Mal, cuando ésta entra en uno de esos sopores ya especialidad de la casa: ”La conciencia duerme en su mente brutal, vergüenza al creer en un hombre de paz”. Y como es tradición, ese susurro se transforma en grito, rematando esa denuncia a los poderes establecidos, que por dinero acaban dañando todo lo que les rodea, siendo el pueblo el que siempre paga por ello. Riffs cortantes para un estribillo cortante, usando Molly la monosílaba del título como un arma blanca contra nosotros.

De chorus muy Crossover, brincón y pegadizo, tampoco me olvido de esa carta al Tío Sam escrita por una víctima de las minas antipersona en Tan Simple Como Decir No, donde me impactó especialmente un fragmento: ”[…] Ahora me voy a presentar, aunque mi nombre no importa, hay muchos miles más. Sólo hay un dato que debes saber: Corrí con diez años por última vez”. El desamparo de los sin techo es presentado en Dónde Duermo Hoy con uno de los mejores y más apabullantes riffs de la obra, preludiado en solitario por el bajo de Augusto Hernández. Y es que, el trabajo guitarrístico de esta banda nunca tuvo taras, sólido como su propia carrera y en continua mejora como sus letras, amparadas tales hachas por una producción que aquí las hizo rugir, crujir, cortar y martillear como nunca hasta la fecha, producción que no logró ser superada ni por el siguiente álbum, El Inferno, el saturado y difuso trabajo con el que Hamlet estrenó milenio, una obra maestra después de todo aunque no a nivel de sonido.

Avasallando con su ritmo frenético y su tics enfermizos, Quién Cree Que Raquel Se Suicidó ponía sobre la mesa de nuevo la eterna persecución que ha sufrido nuestra música, siendo usada como perfecto chivo expiatorio para esconder la molesta y comprometedora verdad. Hamlet tratan bien duro la cosa, con una nota de suicidio inicial que nos catapulta al flashback de la historia, recreando con detalles el abuso sexual de un padre a una hija para luego la banda pedir la palabra en el juicio: “¿Quién cree que Raquel se suicidó sólo por escuchar aquella canción?”. Uno de los cortes más intensos y tralleros de Insomnio.

Mucho más gráfico se muestra Muérdesela, y el título ya lo dice todo, pues todos sabemos que no está hablando de la Revolución Industrial ni de El Jardín de las Delicias, sino de la violencia machista. Y por si la mujer no se ha leído bien el prospecto, Molly se encarga de repetirlo una y otra vez para que pille el dato. Hamlet aquí miraban con nostalgia a su cáustico Revolución 12.111, no se podían desapegar del todo de él e hicieron lo propio, con éste y con Lacabra, himno anti-militar de turno con mucho gancho y buen galope; y es que el muro de sonido que crean como brusco cambio de tercio en ese ”Humillación como intención, vanidad como valor” me sigue levantando el ánimo y apretando la quijada.

Y en las antípodas de eso, la exquisitez de esos nuevos tiempos que traía Insomnio se ponía de manifiesto al 100% en el tema 1998, basado en “experiencias personales” según apuntaban Luis y Molly en una entrevista, pero escuchando la pieza se puede saber a ciencia cierta que trata una mala experiencia con las drogas, una experiencia cercana a la muerte, para ser exactos. Aquí uno se ha de parar bien en el análisis porque este corte es emocionante, y razón de sobra que puso a Hamlet por encima de todas las bandas estatales que yo por entonces conocía, porque ninguna me dio lo que aquí ésta irradia nota por nota y palabra por palabra. Clase, emotividad, no exenta de fuerza por esa lucha, esa búsqueda de la salida tras aprender del fatal error, y ese triunfo final gracias a la fe en uno mismo. No falta su moraleja: ”Nunca vayas más allá. Nunca, si no sabes dónde vas. Nunca.” ¿Quedó claro?, pues algunos siguen sin enterarse.

”Muchas veces vemos la cara exterior de las personas, pero no sabes lo que de verdad les está ocurriendo por dentro, y a veces no prestar atención a algunos detalles hace que luego sea demasiado tarde para poder arreglar las cosas.”
Molly respondiendo acerca de la temática de “Antes y Después”.

Uno de los emblemas del sonido Insomnio era sin duda el citado 1998, pero ese nuevo lenguaje musical y lírico traía a un portavoz más insigne si cabe, el elevado Antes y Después. Una canción que en su tiempo y a su manera, sacando mi propio contexto de la letra en ciertas frases clave, me ayudó a superar ciertas cosas serias de mi vida cual si fueran palabras mágicas, y eso no lo puedo decir de ninguna otra canción. Ni de ninguna otra banda. Hamlet desde entonces se ganaron todo mi respeto. El mántrico tono y son de este corte es toda una terapia de reflexión, y en lo estrictamente musical una prueba fehaciente de que Hamlet ya no eran unos pataletas anti-sistema, pensaban como adultos, escribían como maestros y componían como dioses. Con su nueva cadencia y dicción, Molly en este disco empezó a desarrollar un don con el que cualquier palabra o frase, por simple que fuera, él la hacía tan grande… Y a las pruebas me remito, pues esa ansia contenida con la que repite el título de la canción en la recta final, no sé a ustedes, pero a mí me traspasa el alma.

Riffs como el que abandera Dementes Cobardes o Donde Duermo Hoy eran sólo el comienzo de un catálogo venidero de órdago a cargo de Luis Tárraga, pues gran parte del sonido Hamlet reside en ese riff que escarba fuerte en ti, la guitarra musculosa al servicio de la bipolaridad del cantante, midiendo intensidades, una de cal y otra de arena, una de haz y otra de sombra, una caricia seguida de un puñetazo. Pero lo mejor de todo fue cuando lograron que ambas facetas se compenetraran al unísono, llegando a la perfección de su fórmula. E Insomnio fue un importante, determinante paso hacia la perfección.

Así eran, son y serán Hamlet, nunca satisfechos, siempre mutando, cada disco un mundo pero todos girando en el mismo universo de su propio e inigualable dialecto musical. ¿Hardcore Melódico?, ¿Crossover?, ¿Metal Alternativo?, yo jamás lo tuve claro, ¿será porque su sonido es inclasificable?, ¿será porque aún no hay banda ni habrá que suene como ellos? No hace falta respuesta, sólo postrarse ante su música.

J. Molly: Voz
Luis Tárraga: Guitarra solista
Pedro Sánchez: Guitarra rítmica
Augusto Hernández: Bajo, coros
Paco Sánchez: Batería

Sello
Zero Records