Gong - Flying Teapot

Enviado por Shelterer el Sáb, 20/10/2018 - 17:25
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1. Radio Gnome Invisible (Daevid Allen) - 5:32
2. Flying Teapot (Daevid Allen, Francis Moze) - 11:51
3. The Pot-Head Pixies (Daevid Allen) - 3:02
4. The Octave Doctors and the Crystal Machine (Tim Blake) - 1:51
5. Zero the Hero and the Witch's Spell (Daevid Allen) - 9:37
6. Witch's Song: I Am Your Pussy (Daevid Allen) - 5:08

La psicodelia de los años 60 representa un nuevo axioma en el mundo de la música popular: todo está permitido. De esta especie de "rotonda todas direcciones" del rock surgen varios caminos, siendo uno de los más ricos el del rock progresivo. Si bien muchas bandas progresivas tienen en el fondo una causa, o al menos una condición, en aquel movimiento (pues sólo bajo ese axioma que permitía tan abiertamente romper el corsé de las cancioncillas de dos o tres minutos estrofa-estrofa-estribillo-estrofa-estribillo podía plantearse Jethro Tull componer una canción de 45 minutos, por ejemplo), muchos de sus resultados posteriores están bastante alejados del sonido puramente lisérgico, cuando no despojados del todo del mismo. Sin embargo, la psicodelia dio lugar a importantes idas de olla en su auge que salpicaron fuertemente el sonido progresivo en un inicio. Es el caso de Gong. Solo que la olla es una tetera, y no es que esté ida; es que vuela.

Gong incluye elementos claramente progresivos, pero se empeña en mantener la psicodelia, no tanto en la inclusión de elementos cuanto más extraños mejor como en la composición de melodías, digamos, bastante colocadas, un poco al estilo de ciertos discos de Frank Zappa pero dirigidas exclusivamente a ser lo más pegadizas posibles. Secciones de este tipo darán paso con más o menos frecuencia a otras instrumentales más convencionales y propiamente progresivas, a veces incluso a jams muy efectivos, como en el segundo corte.

Pero no sé qué hago esforzándome en describir con palabras lo que se ve con los ojos. ¿Veis esa carátula? Pues ASÍ es la música. Y especialmente en la canción que abre el trabajo, que empieza con unos balbuceos emitidos por un ser al que ya percibimos bastante perjudicado y que abre paso a una sucesión de melodías cada cual más exageradamente psicodélica. Durante los primeros tres minutos las melodías dejan paso a otras nuevas pero todas guardan un mismo tono, y después se reiniciará la canción repitiéndolas desde la primera que sonó. Esto último denota que al fin y al cabo la canción tiene una estructura, lo cual es, junto con algunos arreglos bastante cuidados que aparecen en segundo plano (de los cuales me gustan especialmente esos lejanos coros femeninos que suenan al terminar el primer minuto), un bálsamo tranquilizador, porque por lo demás la canción puede espantar en una primera escucha, no por ser una psicodelia especialmente lacerante o inasible, sino porque puede sonar demasiado... ¡estúpida! No obstante, pienso que a las dos o tres escuchas estas y otras melodías del disco se revelan como muy adictivas, y eso es un valor que tampoco puede ignorarse. Además es una canción que funciona mejor cuando ya se ha oído el disco entero y se le ha cogido el tono. Cualquiera que sea la primera impresión, recomiendo no abandonar la escucha por el momento.

La segunda canción es una de mis favoritas. Es cierto que empieza con una sección atmosférica no muy brillante que digamos, pero cumple un buen papel creando un ambiente de "caos espacial" donde se abre hueco poco a poco un riff trepidante de bajo al que es imposible no subirse. Siempre que lo escucho me imagino la nave de la carátula apareciendo en medio del espacio y al gnomo invitando a entrar, imagen que encaja perfectamente con la canción, porque el riff se repite todo el rato a ritmo de tetera espacial y el gnomo piloto va cantando una melodía que sigue muy de cerca a la del bajo, de tal manera que al poco de empezar prácticamente se convierte en parte de la base rítmica, y subidos a ese riff y en compañía de esa melodía podemos asomarnos a las pequeñas florituras que van soltando la guitarra, el saxo y otros instrumentos. El jam va subiendo en intensidad y es elegante, sumamente entretenido y prueba de que Gong saben tocar. Puro progresivo de los 70. A unos minutos del final todo se frena y ocurre lo que me parece un accidente de la nave: el trayecto ha terminado y nos encontramos en el siguiente corte.

Y si el anterior tema tenía su fuerte en lo instrumental, sirviendo la parte más popera de conductor, el tercer tema cambia de cara y lo apuesta todo a lo psicodélico. El reclamo principal de la canción es su melodía principal. En un primer momento puede resultar muy chocante, pero déjala crecer: para mitad de canción uno está deseando que vuelva a repetirse el contagioso "I AM- YOU ARE- WE ARE... CRAZY!". Y se repite. Todas y cada una de las veces. Puede sonar tremendamente estúpido pero cuidado, que se pega.

Después tenemos un interludio de corta duración (2 minutos) y largo título ("The Octave Doctors And The Crystal Machine") de sintetizador que en mi opinión funciona bastante bien, siendo mejor que otros pasajes ambientales del disco. Da paso perfectamente a la quinta canción, "Zero The Hero And The Witch's Spell". Curioso que empieza con una sección bastante seriota e incluso solemne, un poco crimsoniana o floydiana, que no encontraremos en el resto del disco, y por ello mismo es una sección muy destacada no solo de la canción sino del conjunto. De hecho es un inicio que pone tono al jam que sigue, con inicial protagonismo del saxo, irrupción de melodías psicodélicas más al estilo de los primeros Pink Floyd, intersección atmosférica bastante etérea... Siendo de destacar la valiosa presencia del sintetizador. En resumen, un jam más pausado que el de "Flying Teapot", con un sonido más jazzístico, y de hecho la canción más seria de todo el disco que, si bien no está para nada exenta de calidad, evidentemente no puede ser el broche del trabajo que veníamos escuchando.

Y es que el disco termina por todo lo alto. Sin previo aviso el jam nos coloca abruptamente en la última canción. El que llega aquí lo hace probablemente absorbido por el mundo loco de Gong, a punto para entrar en el último tramo del disco, cantado por una inquietante y atrayente voz femenina, que suelta una letra extrañísima en cuyo significado prefiero no pensar. La canción es una especie de alucinación que le hace preguntarse a uno: ¿por qué no quiero bajar de la tetera? Por lo demás, es un gran cierre por ser uno de los cortes más particulares del disco y además aunar de forma equilibrada todos los elementos destacados del mismo.

Cabe mencionar como dato que el término “flying teapot” (en español, “tetera voladora”) es un concepto utilizado por el filósofo Bertrand Russell (por ello se lo conoce también como “la tetera de Russell”) para referirse a las teorías infalsables, es decir, aquellas teorías que se apoyan sobre todo en que es imposible demostrar que están equivocadas. Según él, si afirmase la existencia de una tetera orbitando alrededor del Sol y pretendiera demostrarlo simplemente apoyándose en el argumento de que nadie puede demostrar que no exista, no estaría en realidad demostrando nada. Pues bien, al margen de discusiones filosóficas, resulta que la tetera voladora sí existe y no orbita alrededor del sol, sino que gira sobre su propio eje en forma de disco. Un disco que, si bien no es una absoluta obra maestra, se enfoca en unos pocos elementos clave con gran acierto y eficacia, consiguiendo ser adictivo, tremendamente entretenido y con un carisma fuera de serie.

Daevid Allen - Guitarra, Voz
Gilli Smyth – Voz, Coros
Tim Blake – Teclados, Sintetizador, Voz
Steve Hillage – Guitarra
Christian Tritsch – Guitarra
Francis Moze – Bajo, Teclados
Laurie Allen - Batería
Didier Malherbe – Saxofón, Flauta, Vientos

Sello
Virgin Records