Destruction - The Antichrist

Enviado por Hawkmoon el Dom, 19/12/2010 - 16:12
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1. Days of Confusion
2. Thrash Till Death
3. Nailed to the Cross
4. Dictators of Cruelty
5. Bullets from Hell
6. Strangulated Pride
7. Meet Your Destiny
8. Creations of the Underworld
9. Godfather of Slander
10. Let Your Mind Rot
11. The Heretic
12. Curse the Gods (bonus track)

Destruction volvían, con el nuevo milenio, y trás un largo silencio discográfico, al redil del Thrash Metal salvaje y directo. La formación, con Schmier a la cabeza, editó en 1989, "Cracked Brain", y con semejante discazo, se despidieron de la escena por multitud de factores, como la lucha de egos, los problemas de drogas y alcohol y las decisiones financieras equivocadas. La banda, sin Schmier, funcionó durante los noventa con otro vocalista y con el apelativo de Neo-Destruction, pero desde luego, todo fan de la banda, sabe que la cosa se acabó en 1989. Lo restante, solo fueron estertores de muerte, o un eco disipado de un legado inmortal, pero poco más.

Un retorno a los escenarios en 1999 (en el festival de Wacken, al que tuve el placer de asistir) calentó los animos y se vió claro que la escena Thrasher necesitaba de uno de sus máximos baluartes para seguir dando guerra de la buena. El mundo del Thrash Metal sin Destruction es como una Playmate sin tetas ni culo. Intolerable.

Un disco lanzado en el 2000, de título "All Hell Breaks Loose", nos ganaba el corazón a base de buen riffeo, armas cortantes en forma de temas y el aura intacta de los ochenta, eso si, con el sonido de los nuevos tiempos. Producción de lujo para la caña de siempre. Destruction volvían a su terreno y la escena, como por arte de magia, se volvía a armar y a concretar. En cuestión de meses, formaciones añejas que ya hacía años que habían enterrado las armas, resucitaban de entre los muertos, para seguir extendiendo su mensaje oscuro, nihilista y riffero, como si no hubiese pasado más que un par de meses desde la edición de "Reign in Blood", "Master of Puppets", "Peace Sells" o "Endless Pain".

Al resucitar Destruction, no sólo se volvió a insuflar vida a una de las bandas más completas, viscerales y auténticas del feudo Thrash, no, al volver los de Schmier al ruedo de la muerte, parece que la envidia se apoderó de todo el mundo y, ni cortos ni perezosos, los músicos de una generación pasada se ponían las pilas con más electricidad que nunca. Incluso sus amigos-némesis, Kreator, pasaron del rimmel y la mariconada gótica, a volver por sus fueros salvajes, thrasheros y extremillos. El Thrash Metal nunca murió, únicamente estaba en coma, y era hora de hacerlo volver. El Death y el Black reinaron en su ausencia, bien, era hora de reclamar el trono.

"The Antichrist" es el segundo paso en el nuevo devenir de una banda que jamás dejó de estar, realmente, en el corazón de los fans. En pleno revival del Thrash, en el 2001, los teutones iban a por la cima. Y ni Dios ni el Diablo se iban a interponer en su camino. Faltaría más.

Una portada, que actúa como una especie de nueva versión de la de "Infernal Overkill", más plagada de fuego, belicismo y devastación (por cierto, una de las mejores del combo, y eso es mucho decir, viendo como se las gastan en dicho terreno) nos enseña que el regreso de la banda con "All Hell Breaks Loose", no fue algo testimonial. Destruction vuelven a la música porque alguien tiene que decirles a los jóvenes metalheads que el mundo es una soberana mierda. Nadie como ellos para hacer llegar el mensaje de forma directa, clara y concisa.

"Days of Confussion", una instrumental acústica y de naturaleza levemente misteriosa, actúa de antesala para la furiosamente rítmica, "Thrash till Death", una pieza de artillería malsana, nacida al amparo de un riffeo devastador y una batería sin descanso y sin piedad. La voz de Schmier, incluso, ha mejorado, como el buen vino, y el tema, además de traernos los recuerdos de los mejores tiempos de la banda, nos enseñan que quién tuvo, retuvo. Impagable primera llamarada. Llama la atención la poderosa producción, que sin mucho alarde, hace sonar a Destruction como al mismo Diablo. Furia decibélica bien armada y construida. Que gustazo, señores. Otro himno de la banda para la colección.

"Nailed to the Cross", la segunda patada en nuestra columna vertebral, sigue por los mismos derroteros de máximo riffeo y devastación rítmica de campeonato. Se nota que la banda ya tenía ganas de demostrar sus cojones en un disco, y a pesar de que en su anterior "All Hell Breaks Loose" ya demostraron que tenían mucho fuelle, ahora suenan a amos del cotarro. Con unos Slayer sonando a Bad Religion furiosos y Metallica dando penita de la buena, parece que ya tenemos nuevos reyes, o almenos sabemos ya, quien cojones merece el puesto. La melodía del bajo de Schmier navega, amenazante, bajo la tórrida y férrea pista de guitarra de su inseparable Mike y nos quitamos la camiseta, pues vamos a sudar de lo lindo.

"Dictators of Cruelty", con un sabor total a 1985, despega y no se molesta en tomar prisioneros. La armonía veloz y sacrílega del tema contrasta con el feeling vacilón de cada segundo. Rapidez y locura, sí, pero tocada como maestros. Motörhead y Venom fueron los referentes de los teutones cuando empezaron, y desde luego, flaco favor se le haría a esas legendarias formaciones, si ahora mismo, nos diese por actuar de promotor cabrón y ponerlas juntitas, a las tres en tour. Se nota que Peter Tagtgren, productor del trabajo, siempre ha sido un megafan de la bandaza, pues realiza su labor de manera abrumadora, haciéndolo sonar todo compacto, durísimo, puro Destruction.

"Bullets from Hell" (con cierto aroma a los Slayer ochenteros), "Strangulated Pride" y "Meet your destiny", siguen la tónica del trabajo, y arropados con tanta técnica, como mala baba y agresividad imbatible, nos hacen avanzar por éste tremendo campo de batalla, en el que parece que no va a quedar ni el apuntador. Hay trozos de carne por todos lados.

"Creations of the underworld", tiene un poso levemente modernista en su composición, pero no se puede negar que éstos tios crecieron musicalmente con deidades como Priest, Slayer o Metallica, y eso se nota. Vaya si se nota. Poderoso riffeo y ultraviolento Schmier, que parece que tiene ácido, en vez de saliba y cuerdas de titanio en vez de vocales. La batería de Marc Reign, que hace un trabajo enorme en todo el disco, no se queda atrás, y arremete con tanta fuerza como sus compañeros. Obvio es que si tocas en una banda como Destruction, no puedes ser una nenaza. Lo mejor para los mejores, ni más ni menos.

"Godfather of Slander" y "Let your mind rot" cortan como diamantes ardientes y a pesar de que la mayoría de los temas tienen un sonido unificador (o unificado), cada tema tiene una naturaleza distinta, dentro de ser temas, neta y puramente, Thrash.

"The heretic", que culmina el trabajazo de 2001, pone toda la carne en el asador, y regala el tema más técnico, eso si, no se priva, en absoluto, de seguir martilleando al personal con esas guitarras tan límpìas como extremas, ese bajo tan veloz y marcado y esa batería que parece el latido de corazón de alguien que cae desde un avión, y sin paracaidas. Pedazo de tema y pedazo de cierre, no por la puerta grande, pues han volado todo el castillo, pero pedazo de cierre que queda grabado.

4 cuernos altotes para el auténtico regreso de la banda. Caña, Thrash, maravillas a toda hostia y un regreso como pocos se han visto.

Hay bandas que nacen con un destino determinado, y sin duda, muchas han nacido para conquistar el mundo, pero Destruction no ha nacido para tal mariconada. Destruction no conquistan, arrasan. Así de simple.

Schmier : Bajo y voz
Mike : Guitarra
Marc Reign : Batería

Sello
Nuclear Blast