Deathcrusher Tour 2015 - Carcass - Obituary - Napalm Death - Voivod. Sala Razmatazz 1 (Barcelona).

Enviado por Betrayer el Jue, 03/12/2015 - 00:11
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Pocas veces se tiene la oportunidad de disfrutar de cuatro leyendas vivas de la historia del Metal Extremo a un precio tan razonable, perderse dicho evento venía a ser casi un sacrilegio para todo metalhead que se precie y el lleno absoluto de la sala Razmatazz 1 así lo demostraba. ¿Hablamos pues de la gira del año? Para un servidor rotundamente sí, y una vez disfrutado el show aun más, porque todos sus participantes estuvieron a un nivel estratosférico, como si el hecho de juntar a tantos maestros juntos hubiese servido para que cada uno de ellos intentase dar lo mejor de sí mismo en una alocada pero sana competición de Metal.

Arrancaron Voivod a toda pastilla, tirando de material añejo. A sabiendas que en un tour de estas características no acababa de encajar su material más progresivo, los canadienses atacaron directos a la yugular mostrando su faceta más “thrasher”. Con Snake y Away sobreponiéndose a la deserción de Blacky el año pasado, demostrando que aún les queda carisma y energía para rato, haciendo vibrar a una sala que ya estaba a reventar a esas horas, y es que se nota cuando un evento hace hervir la sangre azul de los metalheads o es simple morralla.

Su actuación, breve pero intensa, dio paso a la apisonadora de Birmingham que salió a cuchillo desde el minuto cero. Pese a atacar con un solo guitarra, Napalm Death demostró por enésima vez que son los putos amos del Hardcore Punk/Grindcore, pisoteando a la peña con un set list basado en los agresivos temas de su nuevo trabajo “Apex Predator – Easy Meat” más algún que otro clásico como “Scum”, “Deceiver” o “Suffer the Children”. Un (mucho más delgado que últimamente) “Barney” Greenway, que parecía haberse caído en una marmita de cafeína (por no mencionar otra substancia excitante de escritura similar), anduvo todo el show súper activo con su peculiar forma de bailar y su habitual soplido para levantarse el flequillo, a la vez que demostraba que el estado de forma de sus cuerdas vocales es eterno. El mosh, que ya venía calentito con los canadienses, acabó de implosionar con estos salvajes, una bandaza con la cual siempre tienes diversión asegurada.

Pasado el vendaval británico, venía el cataclismo americano. Al igual los hermanos Tardy y su inseparable Trevor Peres llevan bastante tiempo sin la inspiración suficiente para volver a fabricar una “satánica trinidad” como la formada por “Slowly We Rot”, “Cause of Death” y “The End Complete”, pero volvieron a demostrar que en directo tienen tablas para competir con los más grandes. Si a ello le sumamos que el “amigo” de la tabla de mezclas estaba sembrado, ahí lo tienes, Obituary lo petó. Así de simple y así de coloquial, hasta el punto que para muchos fueron los mejores de la noche. Una vez calentadas las cervicales con su apertura habitual “Redneck Stomp” del “Frozen in Time”, cayeron “Centuries of Lies” y “Visions in My Head” de su nuevo trabajo “Inked in Blood”. De ahí en adelante fueron cayendo toda clase de despiadados mazazos de sus primeros tiempos, que se hacían más fuertes y dolorosos a cada segundo que transcurría. “Intoxicated”, “Dying”, “Find the Arise” (¡que bestias!), “’Till Death”, todas sonaron aplastantes y dejaron claro una cosa que todos ya sabíamos de antemano, allí no habían teloneros, si no cuatro titanes que habían juntado sus fuerzas con el único objetivo de destrozar las cervicales de todo bicho viviente que se atreviese a entrar en la sala.

Antes del show de Carcass aparecieron a escena Absolute Power, una broma pesada a forma de versión metalera de los Village People que no tuvo ni puñetera gracia, al menos así lo entendí yo y buena parte del respetable, que ya andaba un poco mosca por el excesivo espacio de tiempo que había transcurrido desde el final del show de Obituary, viendo que hasta el momento los cambios entre banda y banda habían sido muy ágiles.

Y por fin, dos décadas después, cantidad de metalheads que hemos escuchado hasta la saciedad toda la discografía de Carcass, podíamos disfrutar de los de Liverpool en directo. ¿Un sueño hecho realidad? Para un servidor sí, pues con esta son ya pocas las vacas sagradas que me quedan por disfrutar en directo (Death (por desgracia ya imposible), Pantera y Sepultura con Max).

Quizás su inicio no fue todo lo impactante que esperábamos. Después de la intro “1985” tenía que venir a la fuerza la poderosa “Thrasher’s Abattoir” y en vez de eso cayó “Unfit for Human Consumption”, un buen tema pero demasiado ligerito para competir con la demoledora exhibición que habían dado Obituary unos minutos antes. Poco tardaron en reaccionar los de Walker y compañía haciendo uso de uno de los mayores éxitos de su carrera, hablamos como no de “Buried Dreams”, el primer tema del magno “Heartwork”, y continuando con “Cadaver Punch Conveyor System”, temazo de su último disco que define la esencia de Carcass al cien por cien, velocidad, potencia y grandes dosis de melodía.

Siguió el festival con un sonido ya mucho más acertado y con otro de sus grandes clásicos, “Incarnated Solvent Abuse” hizo las delicias del respetable con ese inicio tan exquisitamente afilado. Pero Carcass no había venido con la intención (ni necesidad) de tirar exclusivamente de clásicos, como les viene ocurriendo a muchos de los titanes de los ochenta y noventa, y conscientes del buen material desarrollado en su último disco “Surgical Steel”, no dudaron en cascarse varios temas más de dicho disco, de los cuales solo puedo ofrecer una queja, y es que en el inicio de esa maravilla llamada “Noncompliance to ASTM F 899-12 Standard”, no se atrevieron a ejecutar esa escala imposible tan espectacular. Por lo demás todo estupendo, se disfrutó enormemente de la melódica “The Granulating Dark Satanic Mills” como de la asesina “Captive Bolt Pistol”.

No iba a quedar ahí la cosa, y cuál fue la sorpresa cuando Bill Steer cambió los papeles con Jeff Walker y se puso a berrear como un poseso mientras aplastaban al personal con el momento más intenso del show, descargando sin descanso dos piezas tan brutales como “Exhume to Consume” y “Reek of Putrefaction”, demostrando los británicos que si se querían poner en plan burro, todavía tenían arrestos de competir con el más pintado, y por si acaso no quedaba suficientemente claro un “Corporal Jigsore Quandary” para rematar.

Estaba claro que Carcass no había venido para dejar a nadie indiferente, y lo que ocurrió a continuación así lo demostraba. Los británicos son posiblemente la única banda de Metal en el mundo que puede vanagloriarse de haber sido pioneros de tres géneros metálicos distintos. Grindcore en su primera etapa, Melodic Death Metal en el intermedio de su carrera, y Death ’n’ Roll en su controvertido “Swansong”. Y esa amplitud de miras se vio reflejada, no tan solo en la camiseta de Death que lució Walker durante todo el show, sino también en cómo después de varios cortes atronadores, fueron capaces de presentar orgullosos unos primeros compases de “Black Star” para posteriormente cascarse entera esa preciosidad melódica llamada “Keep on Rotting in the Free World”, y encima hacerla cundir de mala manera (momento cencerro incluido), y demostrando lo que un servidor ha defendido en mil y una ocasiones, y es que el “Swansong” es un excelente trabajo (al cual la producción en su día no hizo suficiente justicia), que algunos trues de papel mojado han defenestrado como si fuera una lacra en su carrera, cuando en realidad es una parte igual de importante en el grandioso puzle metálico de nombre Carcass.

Tocaban los bises y para ello echaron mano de “Mount of Execution”, un corte demasiado pausado para la parte final a mi entender, pero que enmendaron de nuevo al finalizar el show con la acojonante “Heartwork”, un temazo en los altares que se encarga de demostrar que brutalidad y melodía pueden ir unidas de la mano si se tiene el suficiente arte para conjugarlas.

Y se acabó la velada, con una marabunta sudada y exhausta que desfilaba hacia las puertas de salida con la sensación de haber asistido a un show único y especial que será recordado durante mucho tiempo, y el cual al rememorarlo con los colegas años después, uno se podrá sentir orgulloso de decir eso de “yo estuve allí”.

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