Cradle Of Filth - Thornography

Enviado por Cuericaeno el Jue, 25/06/2009 - 22:01
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1. Under Pregnant Skies She Comes Alive Like Miss Leviathan (1:40)
2. Dirge Inferno (4:53)
3. Tonight In Flames (5:55)
4. Libertina Grimm (5:51)
5. The Byronic Man (5:03)
6. I Am The Thorn (7:06)
7. Cemetery And Sundown (5:37)
8. Lovesick For Mina (7:00)
9. The Foetus Of A New Day Kicking (3:43)
10. Rise Of The Pentagram (7:02)
11. Under Huntress Moon (6:58)
12. Temptation (3:47)

Ilustrado en gamas de verde, un Cristo Varón de Dolores aparece, pero tan sólo figura su cabeza decapitada, que es abrazada con mimo y pesar por una fémina, quizá María Magdalena, esa prostituta que fue amante del mesías mártir, atraída aquí por el divino fetiche que descansa sin vida en sus brazos.

Ese tipo de imaginería no es nada sacrílega o blasfema, contando con que a Jesucristo se le ha pintado y tallado en situaciones no menos espantosas: Siendo flagelado, o llevando exhausto y malherido el peso de una inmensa cruz de madera, cruz en la que, como saben, acabó clavado de pies y manos, siendo esta última su más famosa ’performance’.

La iconografía cristiana siempre tuvo ese halo sádico y morboso con el que siempre salió airosa la Iglesia, con la excusa de la empatía y duelo hacia la figura de aquellos mártires que fueron torturados, sacrificados y luego santificados, entre ellos, el más importante, aquél que dicen que murió por todos nosotros. Los penitentes que se autoflagelan o incluso crucifican por ‘solidaridad’ con aquellas figuras bíblicas son a los que va dirigido el concepto que dio nombre a este álbum de Cradle Of Filth, donde la corona de espinas se convierte en fetiche, al igual que la fusta y la máscara de cuero en el sadomasoquismo.

Desplegando esa nueva bandera de bondage mesiánico, Dani Filth y sus músicos de presa volvieron a la carga para presentar su Thornography, un disco cuyo título nació de la fusión de esa espina ya mencionada (thorn) con la pornografía a la que es llevado ese elemento punzante, gracias a la retorcida mente del líder del grupo. Los que ya conocían el álbum anterior a éste, a simple vista y escucha notarían en este Thornography que estos ingleses se tomaron en serio esa idea de retrotraernos a la estética y carácter del Thrash de los ’80, terminando de definir el proyecto revivalista que emprendieron con su anterior trabajo (Nymphetamine) para volvernos a traer otro álbum a la vieja usanza, un álbum de canciones independientes entre sí, blindadas con el negro kevlar de unos más nefarios riffs que eran relevados de vez en cuando por sentidas melodías, unas de carácter Gótico y otras de personal mixtura ’Black & Heavy’. Como detalle curioso, ese capricho temporal de recapturar el feeling de aquella década se ve reflejado hasta en su portada, donde el logo de la banda era por primera vez desplazado hacia un lado, rindiendo culto a los cánones de diseño de los artworks de antaño.

Antes de indagar en sus canciones, decir que este álbum lo considero el menos bueno de toda la historia de esta banda británica, no sólo por la calidad en sí y ciertos detalles que me incomodan, sino porque en este álbum fue cuando más se distanciaron de lo que siempre fue Cradle Of Filth, tomando un rumbo y unos andares que desdibujaban su genuina figura y aura. De todas formas, es un buen álbum que además está cargado de mágicos momentos que sólo nos podía brindar esta banda… y ninguna más.

Pero empezamos mal, y por primera vez en su historia, pues su intro de rigor, compuesta esta vez por Chris Rehn de Angtoria, es tan farragosa como su título y tan prefabricada como la banda sonora de un videojuego obsoleto, careciendo de esa aureola épica y fundamento de orquesta casi real que siempre tuvieron sus antecesores, cimentados éstos por un dramatismo y pomposidad que te adentraban en la historia con mucha credibilidad, con una ambientación de misterio, tenebrismo y suspense que en este aséptico ’Under Pregnant Skies…’ ni se huele, pareciendo por su más que descarado tecleado un arreglo más de los benévolos Nightwish que de estos dioses de las atmósferas terroríficas; de hecho no está compuesto por la banda, como ya se ha dicho, sino por el ya mencionado de Angtoria a modo de participación en el álbum. Demasiado pronto para sacar invitados, ¿no?, y aún peor que éstos monopolicen el evento en su preludio. A ver, tuvo el beneplácito del anfitrión...

Menos mal que llega Dirge Inferno (ahora sí han llegado Ellos), que con su demoníaca condición nos mete en situación y nos hace olvidar de súbito a la orquesta de juguete que indignamente lo inauguró. Las púas de Paul Allender y Charles Hedger aletean como las langostas de las plagas de Egipto, para perfilarnos a dermógrafo ese tempestuoso infierno que vertebra Adrian Erlandsson a baquetazos y mazazos. Y tras los gritos preliminares con los que anuncia su presencia, ahí llega Dani con su artillería poética para dar voz a esta cruenta pieza:

”Carroña mi nombre
Para aquellos que escogieron pronunciar la maldición.
Una trágica serenata
Con Judas a mi zancada.
Los Góticos pasillos de la vergüenza,
Donde estatuas no sostuvieron fríamente cosas peores
Que los asesinatos que reclamé
Desde una oscura, abandonada época”.

Y ’tal y como las aguas se tornan burdeos y los satenes del Vaticano arden’, la pieza finaliza para dar paso a Tonight In Flames, prologado por esa voz en off ya tan familiar, la de un Doug Bradley que creo que ya tiene un colchón en el estudio de los británicos, y con un micrófono bajo la almohada para narraciones de urgencia. En esta canción, Dani Filth camufla con oscura épica y poesía la cruenta actualidad que azotaba a aquellos años, la de los atentados de Al Qaeda y la consecuente guerra de Irak:

”Esta noche en llamas,
Esta noche el Mundo temerá nuestros nombres.
Esta noche en llamas,
Aguanta mi débil corazón.
Nuestras muertes serán el comienzo
De algo glorioso y vano.
Esta noche en llamas”.

Ese estribillo arriba traducido, goza de una sección de voces que forzosamente hay que destacar, no habiéndose disfrutado desde hacía tiempo de un dueto vocal tan melódico y sublime entre Dani y Sarah. Volviendo a su texto, aclarar que esta canción no es una apología ni defensa al terrorismo islámico, pues en ella por una parte se interpreta el papel de aquellos lunáticos (en el estribillo) y por otra se les ataca (”No hay fanatismo tan viril como la fe/Para el ciego sus palabras son claras”).

Arrollador tanto en su fiera música como en su incendiaria letra, Tonight In Flames es uno de los mejores cortes de este Thornography, y ostentador de una poesía que se codea muy bien con el simbolismo y pomposidad de los antiguos textos árabes, como si en aquellas Mil y Una Noches su noche número 666 luciera en llamas. ”The Eastern sword must fall!”.

La instrumentación de Libertina Grimm irrumpe como un tanque hasta que alza el vuelo con una melodía Black muy emotiva. Disfrazada de oscuro romanticismo, su letra es una parodia a esas chicas góticas de hoy día, aquellas que profanaron todo un movimiento musical hasta simplificarlo en un “sombra aquí, sombra allá, maquíllate”. Caricaturizándolas con clase y haciéndoles creer que se les dedica una ’black-ballad’ de amor, el señor Filth desgrana su amorosa burla hacia esa ‘suma sacerdotisa disneyesca’, piropeándola con las mismas artes literarias que usó durante su carrera para sus diablesas mitológicas, vampiresas victorianas y ‘condesas sangrientas’, pero entremetiendo furtivamente sus chistes subliminales, que hasta éstos quedan bien y no desentonan con el resto. Todo un genio nuestro rapsoda, con su pluma de Meyrink y su voz de gremlin.

Y tras la sátira, llega el homenaje, no exento tampoco de cierto matiz simpático tanto en su mismo título como en las metáforas que lo salpican, pero muy compatible y respetuoso con el conjunto. The Byronic Man se basa en la figura de Lord Byron, aquel poeta inglés del Romanticismo que también pertenece al parnaso maldito de Poe y Baudelaire, siendo también deudor Dani Filth de su legado literario, de ahí esta ofrenda hecha canción.

Bajo un palio de siniestros teclados y a un compás de arrogante y grotesco desfile, el cantante pasea su crow range entre pérfidas guitarras para ilustrar a un Byron bohemio y romántico, pero macabro y subversivo en sus formas, un vampiro aristócrata que dispara a cisnes desde su góndola y que hasta que no da Dani la orden oportuna, no muestra su lado más seductor y conmovedor. Y cuídense de esa certera orden que da el vocalista, pues es con la que toda la canción se eleva a tintes que pueden hacer incluso llorar a aquellos que medio conozcan la insigne estampa de Byron en la literatura, al igual que su tortuosa vida.

Y el puente que nos hace cruzar a ese lado romántico lo va construyendo piedra a piedra la banda con un cauteloso pasaje de suave redoblar de caja, susurrando Dani las peripecias idealizadas de su ídolo literario, hasta que de un grito el cantante invoca a su fantasma en una especie de “¡Muéstrate y dime quién fuiste realmente!”, naciendo tras ello una melodía de guitarras de ensueño que acunará la respuesta: ”The patron saint of heartache”.

Ese Byron que se manifiesta es Ville Valo (HIM), el invitado de honor para encarnar con gran acierto el lado seductor y atormentado de aquel poeta mujeriego que encuentra su voz en nuestro siglo, aterrizando con otro cuerpo en la vertiente musical que mejor pudo traducir a presente lo que él fue en el pasado. Si en un principio la canción parecía arrastrarse con nocturnidad y alevosía, con Ville Valo se transforma todo en un emotivo retrato de aquella figura a la que se rinde homenaje, siendo este papel estelar del de HIM un papel breve pero intenso, decisivo, protagonizando uno de los mejores momentos de todo el álbum. Orgulloso debe estar el aludido, esté donde esté.

I Am The Thorn, una de mis predilectas del compacto, con unas sórdidas guitarras en su bridge que adoptan los descarados y pesados andares de una enorme tarántula, deambulando grotesca con sus patas de bordón mientras Dani vomita trémulo ese ”I smell the fleur du malcontent”, haciendo el tema honor por su contundente ejecución y mordiente locución a esa fascinante línea de ”El martillo de los dioses en los dientes del profeta”. Su estribillo benevoliza un poco la atmósfera por esa voz femenina como capturada en una burbuja de ectoplasma, siendo rematado su dulce bouquet fantasmal por los rancios ”I am the thorn” que gruñe ese pequeño gran diablo que da apellido a la banda.

Espeluznantes esos barridos de armónicos en mute con los que las guitarras nos rastrillan a partir del minuto 4:26, pareciendo que nos visita el fantasma de Dimebag Darrell en plena función filthiana, para enroscar en nuestro cráneo una eléctrica corona de espinas. Gran canción, que aglutina en su metraje una insana horda de riffs al cual más decadente, venenoso y… ‘espinoso’.

El optimista guitarreo que abre Cemetery And Sundown entrama los rasgos melódicos de aquellas bandas de Gothic y Doom que eclosionaron en la segunda mitad de los ’90, haciéndome recordar con sana nostalgia a las nuevas promesas que el sello Century Media lanzó en aquel ’97 que me vio nacer como heavy. Pero su feliz halo neogótico esconde una escabrosidad que más adelante libera mediante descarnados riffs, todos de infernal factura thrasher. Un festín de luces y sombras a la buena usanza Cradle, como está mandado.

De Lovesick For Mina, dedicada a ese amor mortal del conde Drácula, destacaría sin duda ese cañero estribillo (”Written in the dead of night - Dead of night…”), tan ochentero en sus formas y con tan contagiosa garra, enardeciéndonos más en su segunda vuelta, cuando lo impulsa ese vertiginoso tsunami de coros que parece colmarse fuera de la armonía tonal, pero que pasmosamente consigue sonar bien y elevarnos a sus extrañas corrientes. ’Cabalgar sobre el ardiente viento’ que emana esa coral cuidadamente desafinada y disfrutar de ello es algo que pocas veces se puede vivir en la música, pues normalmente el caos no es compatible con la belleza. ¡¿Cómo lo hacéis, malditos?!.

Después, un luciferiano feto es gestado, de músculo thrasher, sangre blacker y alma heavy. The Foetus Of A New Day Kicking es otro de los abanderados oficiales del álbum, un moderno himno de guerra de logrado estribillo gracias al magnetismo de los polos Jezebel y Filth, tan opuestos como compatibles, y con una doblada Maiden memorable por parte de la púa bífida que encarna el dueto Allender/Hedger, que arrastran elegantemente a su dimensión oscura el inmortal influjo de la Doncella. Siempre tan buenos customizadores de influencias clásicas, desde aquel Cruelty And The Beast hasta hoy.

Como es tradición, es turno para el instrumental, ¿otra pieza orquestal más?, sorprendentemente no, sino un instrumental como marca la antigua ley del Metal. Tras un prólogo entonado a capella por el líder cenobita de marras, Rise Of The Pentagram cobra vida a puro y duro riff, elegante y extenso como aquel Orion de Metallica, pero metalizado en negro y barroquizado por un más rico despliegue, gracias a los teclados y coros, sin olvidar a ese violonchelo tan vivo y exótico que a veces asoma su bello ramo de notas, dibujado por la fricción y digitación de Laura Reid.

”Be it sun to your moon
Be it moon to your sun
Together we promised to come…”

Luego quedamos abducidos por la majestuosidad de una Luna que ya ha recibido multitud de adjetivos y sobrenombres a lo largo de la historia de la literatura, pero parece que no tantos como los provenientes de Dani Filth. Under Huntress Moon pasea imperial con su riff vaporoso de inicio, una pieza donde Filth y Jezebel se reparten sus líneas con suma elegancia, para luego la banda emprender un suculento ataque sónico de múltiples cambios para ambientar esa atracción fatal entre un mortal y Diana, diosa de la Caza y después de la Luna según la mitología romana, de ahí esa ‘Luna Cazadora’ que da nombre al corte. Esta penúltima pista recupera el tratamiento de la canción extensa que hubo en álbumes como Midian, derrochando épica y contundencia ritmo a ritmo, riff a riff.

La bizarrada del disco llega con Temptation, una versión a Heaven 17 (una banda Synth-Pop de los ‘80). Su mezcolanza es curiosa, la retransmitiré como un partido de fútbol para que os hagáis una idea de semejante cóctel: El tema empieza con unos teclados a lo Depeche Mode, luego rompe a lo Lordi, acompañado Dani de una invitada, Dirty Harry, que es una especie de Doro Pesch en versión más macarra y con momentos guturales a lo Terrie B., sin olvidar los coros mezzosopranos a lo Nightwish que centellean en ciertos momentos. Decir que todo eso sale de una sola canción y de una banda como Cradle Of Filth es decir “¡Basta!”, siendo este tema la frontera peligrosa donde Dani Filth tenía una plataforma fuera y otra dentro de esa archicomercial dimensión. Menos mal que sólo fue una travesura del pequeñajo, y decir también que con las escuchas se gana tu simpatía este accesibilísimo corte, al menos a mí me ha ganado. Pero uno y no más, San Satanás, no vayamos a meter la… plataforma.

Concluida esa ‘tentación’ que los condujo hacia los extramuros sonoros de su negro feudo, los sajones terminaban su obra, siendo éste su álbum de máximo riesgo, también el álbum que más invitados reunió (el “secuestrado” Doug Bradley, el byrónico Ville Valo, la tentadora Dirty Harry, Chris Rehn para la descastada intro…), sin olvidar tampoco que éste fue el trabajo donde por primera vez escuchamos a Dani Filth entonar, consiguiendo por fin Sarah Jezebel Deva contagiarle algo de musicalidad a su compañero de estribillos góticos, escoltando el grajo humano a la corista con su registro de siempre, pero con ciertos acentos melódicos en algún que otro momento clave del álbum. A años luz de lo que eran, Cradle Of Filth llegaron a un límite que sonaba bien, pero si avanzaban más allá perderían ya definitivamente su esencia. Menos mal que con su siguiente trabajo reencauzaron por buena vía, y volvieron a defender con armas más dignas su ‘supremacía nocturna’ en la escena.

Terminando como empecé, con la portada, decir que la censura, tan graciosa como siempre, ordenó cambiarla, y ustedes dirán “Claro, por esa cabeza decapitada de Cristo”, pues no, fue porque la chica que aparece tenía la falda demasiado corta, ¿me creen?. Eso prueba que con tanta violencia que expone la Iglesia, donde Juan Bautista tiene el mismo fin que el Jesús de la portada (y ello ha llenado lienzos y tallado maderas), ese arte gráfico que diseñó Samuel Araya no hirió al sentimiento religioso por su carnicería, sino por su coquetería, así que no apostemos mucho por la salud mental de aquellos que arropan piernas y afloran heridas. La corona de espinas como fetiche no fue una idea tan descabellada, visto lo visto.

Dani Filth - Voz
Paul Allender - Guitarra
Charles Hedger - Guitarra
Dave Pybus - Bajo
Adrian Erlandsson - Batería
Sarah Jezebel Deva - Coros
Mark Newby-Robson - Teclados

Sello
Roadrunner