Concierto Deafheaven - Myrkur. Sala Apolo 2 (Barna). 2/03/2016.

Enviado por Betrayer el Vie, 11/03/2016 - 23:53
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SORPRESON con mayúsculas, así definiría yo el pedazo de show que pudimos disfrutar el pasado dos de marzo de 2016 en la sala Apolo 2 de Barcelona. Un sorpresón que ya comienza de inicio cuando uno se encuentra con una considerable cola para acceder al recinto. Y es que pese a haber sido una de las bandas revelación del pasado 2015, se suponía que “Deafheaven” entraban todavía en el círculo de bandas de culto underground para los amantes de propuestas un tanto “especiales” por así llamarlo. Y la realidad fue bien distinta, ya que unas 350 personas abarrotaron una sala Apolo 2 que se quedó pequeña para la ocasión. Un diez pues para la promotora catalana To Be Confirmed que se encargó de traernos a los americanos aquí.

Si consideramos algo fuera de lo habitual la propuesta de “Deafheaven”, que decir de los teloneros (o la telonera mejor dicho) “Myrkur”. La vocalista danesa, acompañada por miembros de “Nidingr”, dejó al público atónito con su particular visión del Black Metal, donde se mezclan dulces momentos cuando (Myrkur echa mano de su voz angelical), con violentos ataques blackers a toda pastilla. La puesta en escena de la delgada vocalista no dejaba para nada indiferente, sencillo vestido blanco, piel más blanca todavía, pelo rubio y ojos azules, vamos el estereotipo de niña buena de los países nórdicos que se comportaba como una santa cuando tiraba de voz limpia, y que se transformaba en un diablo cuando arrancaba con el shriek blacker, cambiándole incluso las facciones del rostro, todo ello mientras era capaz de tocar el piano o la guitarra, según se terciase. Además la banda consiguió crear, con muy poco artificio, una atmósfera envolvente y oscura muy especial.

Tras tan solo estos teloneros llegaba el turno de Deafheaven, que salieron dispuestos a convencer al más pintado. Sus armas quedaron claras desde el principio, basando su show en un sonido y ejecución técnica descomunales, a la vez que George Clarke aportaba el contrapunto agresivo con su abrasivo shriek y su total entrega sobre el escenario. ¿Parece sencilla la fórmula no? Pues la verdad es que, al igual que la música de Deafheaven, de sencilla nada, porque la propuesta de los americanos, sin haber inventado la sopa de ajos, está todavía lejos de tener una definición exacta y plasmarla en directo con la maestría que lo hicieron, dejó boquiabierto a más de uno.

Y no era tarea fácil, porque la mezcolanza del público allí presente solo es comparable a la fusión de estilos de la que hacen uso los americanos. “Post-Black” los definen los medios especializados como etiqueta generalizada, pero la verdad es que no hay etiqueta exacta que defina la música de estos fenómenos. Podemos hablar de Black, de Shoegaze, de Indie Pop, de Screamo, de Progresivo y aún así no daríamos con la tecla exacta. Deafheaven son…Deafheaven valga la redundancia. En un momento en que casi todas las bandas suenan demasiado parecidas, aparecen estos tíos y se cascan el enorme e inclasificable “New Bermuda”, precisamente el disco en que estuvo basado la mayor parte del set list del concierto.

Tanto es así que los tres primeros cortes fueron los mismos y en el mismo orden que su aclamado disco de 2015. Arrancaron con “Brought to the Water” y ya quedó claro que los americanos iban por faena, nada de medias tintas. Black viperino de buenas a primeras con Clarke rugiendo y cabeceando como un poseso mientras el resto se concentraban totalmente en la ejecución de sus instrumentos, para deleitar a los allí presentes con una sesión de profesionalidad y perfeccionismo espectaculares. ¿Podemos quejarnos del poco movimiento y agresividad de todos los instrumentistas? Seguro que sí, pero está claro que Deafheaven prefieren sonar cercanos a la perfección a desfasarse como posesos.

Y como si unos Dream Theater del Post Black se tratase, por ahí siguieron los tiros. “Luna”, el corte más ambicioso de “New Bermuda” volvió a ser un claro ejemplo del preciosismo en la ejecución, y aunque su arranque es demoledor, no consiguió arrancar al público. Aquí entramos ya en un punto y aparte que se repitió durante el resto del show (a excepción del último corte “Dream House) y que da pie a un interesante debate un tanto difícil de escenificar, a ver si soy capaz de explicarme.

La propuesta de Deafheaven, pese a sus etéreos impases preciosistas cercanos al Indie Pop, goza de muchos momentos cañeros donde predomina el riffeo blacker y el balst beat a todo trapo, pero aun así la banda no fue capaz de mover al público en ninguno de esos momentos digamos más agresivos. En cambio cuando venían las partes más “suaves” y machaconas, la peña sí que se desfasaba a gusto. ¿Culpa de Deafheaven? No lo creo. Yo más bien achacaría dicha descompensación a la mayoría del público allí presente, el cual se notaba a la legua que no se había curtido en mil y una batallas metaleras. Emulando a nuestro extinto Hawkmoon podría hablaros de que el noventa por ciento del público allí presente era una mezcla entre hipsters, culturetas, semi emos y gafapastas, así de claro. Heavys, metalheads de a pie, con greñas, tatuajes y derivados, habíamos cuatro contados. Y a toda esta gente al igual habría que enseñarles un poquito de cultura metalera, que comprendieran lo que es un headbanging, un mosh, levantar los cuernos de Dio o ensalzar un espontáneo “Hey!” si la canción lo requiere. Hielo, quilos de hielo es lo que detecté yo en todo este público demasiado ensimismado por la perfección técnica de estos chavales como para dejarse llevar y darse algún que otro encontronazo con sus coetáneos. Así que si tenemos que buscar un culpable del poco movimiento en la sala pese al notable aforo, lo dividiremos a partes iguales entre un treinta por ciento para la banda y un setenta para los inexpertos fans. La realidad fue tan cruda tal cual os la cuento, y el que lleva años y años en la brecha como un servidor, sabe perfectamente de que estoy hablando. Y espero que la cosa se solucione de caras a próximos eventos, porque a poco que Deafheaven sigan por el inspirado camino de “New Bermuda”, su próximo show ya está pidiendo a gritos una sala con aforo para unas mil personas.

Apuntado el detalle seguimos con “Baby Blue” y esa entrada de exquisito buen gusto capaz de transportar a cualquiera hasta el infinito, pura magia acústica hasta el zarpazo distorsionado pasado los tres minutos. Se ocupó el maestro Kerry McCoy de deleitar al personal con la impecable ejecución del pedal wah-wah, como también lo hiciera posteriormente con el Slide (tubito de acero incluido) de “Come Back”, sin duda uno de los momentos álgidos de la noche con ese aroma hawaiano tan embelesador.

Tiempo hubo de intercalar su tema del single de 2014 “From the Kettle onto the Coil”, y cerrar así la primera parte del show con el “New Bermuda” ejecutado al completo. Como bises tuvimos “Sunbather” y la mencionada “Dream House” para despachar una velada musical perfecta que desgraciadamente se comenzó a calentarse (del público hablamos), a última hora. Por lo demás, chapeau por Deafheaven, por lo cuidadoso de su directo, por la entrega de su frontman, por intentar aportar algo de aire fresco a la repetitiva escena metálica y por hacernos disfrutar de una velada perfecta. Y solo dejaré un apunte; ojito con estos tíos que en un futuro (que ya es presente), van a dar mucho pero que mucho que hablar. Palabra de Betrayer.

Deafheaven
Myrkur