Cinderella - Heartbreak Station

Enviado por El Marqués el Lun, 14/03/2011 - 20:31
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1.The More Things Change
2.Love´s got me doin´time
3.Shelter Me
4.Heartbreak Station
5.Sick for the Cure
6.One for Rock anr Roll
7.Dead Man´s Road
8.Make your Own Way
9.Electric Love
10.Love Gone Bad
11.Winds of Change

Lo siento por Don Dokken, que se dejó parte de sí mismo al escribir y cantar “Alone Again”. Lo siento por Poison, que grabaron “I Won´t Forget You” y “Every Rose has its Thorn”. Lo siento por un genio tan alejado de nuestro rollo como Willy DeVille, que consiguió en una canción antiquísima llamada “Heaven Stood Still” el mejor sonido de cello que yo he escuchado. También lo siento por Scorpions, que se ganaron el cielo al escribir “Always Somewhere” y “Lady Starlight”. Y por Van Halen, que se salieron con “Love Walks In”. Como los Gunners de “Don´t Cry”, los Whitesnake de “Love ain´t no Stranger”, o los Mötley de “Home Sweet Home”.

Aquí no se libra nadie, y también lo siento por Maiden, excepcionales en “Prodigal Son”. Como los Nazareth de “Love Hurts”. Como los KISS de “Reason to Live”, los Purple de “Wasted Sunsets”, o los Warrant de “I Saw Red”. Venga, incluso Bon Jovi me tocó la fibra en “Bed of Roses”.

Y lo siento por todos ellos, que compusieron esa relación de baladas maravillosas, porque aquí, damas y caballeros, el honor de haber escrito la mejor canción de amor/desamor que jamás se ha compuesto corresponde a Cinderella. Se llamaba “Heartbreak Station”, y puso título al tercer larga duración de la Cenicienta del Rock& Roll.

Fue concebida en 1990, y se aupó al primer lugar del podio, desplazando a otra canción, casualmente firmada por la misma banda dos años antes, un tema en el que Tom Keifer nos recordaba una de las grandes verdades universales: que no sabes lo que tienes hasta que lo has perdido.

Ya comenté cuando hablamos de “Long Cold Winter”, que el segundo trabajo del cuarteto de Filadelfia fue un salto evolutivo para el Metal. Una banda inicialmente encuadrada en el glam metal, que había debutado con un estupendo trabajo repleto de hit singles hard rockeros, revolucionó la escena al entregar la continuación, ofreciendo al público heavy la oportunidad de escuchar sonidos casi inéditos en el Reino de los riffs salvajes, las voces agudas como cuchillas de un sicario cantonés, el doble bombo o los solos de guitarra inspirados en el Clasicismo.

En “Long Cold Winter”, Cinderella se internaban en los pantanos del Delta, pulían las cuerdas de sus Slide Guitars, enjuagaban las armónicas y se dejaban poseer por el espíritu de bluesmen pretéritos como Elmore James, Big Mama Thornton o Son House. Incluir este tipo de nombres en una reseña no es señal de erudición alguna. Es sólo interés por escarbar en las raíces. Y el que esté cansado, por saturación, de “Fucking Hostile”, “Roots Bloody Roots” o “Symphony of Destruction”, que pruebe a oxigenarse con el riff de “Dust my Broom”.

En el tercer disco, la banda de Tom Keifer se internó aún más en la jungla de los sonidos tradicionales. Las guitarras acústicas, el pedal steel, las mandolinas y los pianos de pared con las teclas empapadas de aguardiente, las secciones de viento y los coros femeninos tomaron el control, y Cinderella dejaron para la posteridad un nuevo trabajo inolvidable, fronterizo, lleno de vida, de distintas vidas, del aullido de un coyote o el canto de la lechuza, de esos que te puedes perder en el bosque en plena noche con el walkman –paso de encajonar esta joya en un Mp3 de sonido plano, junto a otros treinta millones de temas sin personalidad-, y no tener claro si el sonido que estás oyendo pertenece a las canciones o a la naturaleza dormida que te rodea.

¿Exagero? No señor. Escuchad la introducción de “Dead Man´s Road”, por tirar de un ejemplo sencillo.

En “Heartbreak Station”, Cinderella alternaron una serie de temas potentes, de puro rock eléctrico, como el pistoletazo de salida que es “The More Things Change”, “Make your Own Way”, “Love Gone Bad” –glorioso el cierre-, o ese diamante de feeling stoniano llamado “Shelter Me”, con canciones que se alejaban totalmente del Heavy Metal, pero que ocultaban matices suficientes como para no pasar jamás de moda ni perder el interés. A este segundo nivel pertenecen “Sick for the Cure”, con ese intervalo pianístico fabuloso hacia el final, “Electric Love”, la comentada “Dead Man´s Road”, “Winds of Change” y “One for Rock and Roll”, puro country rock que ya quisieran para sí muchos intérpretes de Nashville.

“Heartbreak Station”, la canción, es, por supuesto la obra maestra del conjunto. Las guitarras acústicas y eléctricas suenan como si un coro de ángeles hubieran, finalmente, aprendido a tocar la música del Diablo, y la línea vocal, ese “She took the last train/Out of my Heart…” ¡Por los clavos de Cristo, si alguien es capaz de subir un tema más emotivo, le regalo mis títulos nobiliarios!

Este disco está entero enlazado en “iutuv”, así que yo sólo voy a poner un par de enlaces, para que no os disperséis demasiado. Quedaos con lo esencial. Y si alguien está deprimido, que le de al play dos docenas de veces y se empape del vídeo de “Shelter Me”, con intervención de una leyenda como Little Richard, y recuerde en qué consiste este maravilloso invento llamado Rock and Roll.

Tom Keifer: Voz, guitarra acústica y eléctrica, slide, dobro, mandolina, piano
Jeff La Bar: Guitarras
Eric Brittingham: Bajo
Fred Coury: Batería

Sello
Polygram