Yngwie Malmsteen´s Rising Force - Live ´85

Enviado por El Marqués el Sáb, 26/03/2011 - 14:05
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Yngwie Malmsteen nos ha demostrado con su reciente grabación que no es cierto eso de que cuando un artista se mete en un terreno que no es el suyo los resultados tienden a ser discretos. “Relentless” le ha servido para lograr un viejo sueño: convertirse en el séptimo miembro oficial de los Monty Python. O en el sexto de los hermanos Marx, que siempre pensé que eran tres y resulta que fueron cinco. Su nuevo Cd, repleto de instrumentales y cantos gregorianos, le ha garantizado un puesto en el Paseo de la Fama de los grandes cómicos a través de la historia.

Mucho tiempo atrás, este tío identificó los estudios de grabación con un campo de batalla sobre el que desplegar su avasallador ejército de acordes, progresiones, escalas y arpegios, con un empuje y una digitación como no se habían visto hasta entonces.

Graham Bonnet, un hombre que venía de trabajar con Ritchie Blackmore y con Michael Schenker, se fijó en aquel prodigio sueco de apenas veinte años con hambre de gloria y le fichó para su banda Alcatrazz, legando uno de los discos de Hard Rock más puro y arrollador que se han escrito.

Desde que fundara Rising Force en el 80 junto a Marcel Jacob y un batería llamado Zepp Urgard, antes de integrarse en Steeler y en los Alcatrazz de Bonnet, el guitarrista, admirador de Blackmore y de Jimi Hendrix, llevó escrita en el rostro su condición de líder, y en el 84 dejó de depender de otros músicos para volcarse en su propia banda, con la que publicó los históricos “Rising Force” y “Marching Out”. Este último, en mi opinión, permanece como su obra cumbre, junto al “Odyssey” de 1988.

Del concierto de presentación de “Marching Out” en Tokyo el 24 de enero del 85, se editó este vídeo en directo, del cual existe también una versión en audio, algo más difícil de encontrar. Nos encontremos en el 85, en el 95, en el 2011 o en 2035, recuperar al mejor Malmsteen que una vez pisó los escenarios, es el ejercicio más saludable que se me ocurre recomendar.

No tuve acceso a la filmación en vídeo hasta muchos años después de que se editara, pero la grabación del concierto en cassette, con excelente sonido para tratarse de un producto pseudo oficial, es de esos tesoros que aún conservo y que, milagrosamente, nunca saltó en pedazos pese a haberle dado al play varios millones de veces en todos estos años. A veces pienso que si cambiara los neumáticos de mi coche por cinta de cassette de heavy metal eightie´s, no tendría que ir tanto al taller a reparar pinchazos.

La tarde de aquel 24 de enero, los organizados japonesitos acudieron a la sala Nakano, en el Sun Plaza de Tokyo, y disfrutaron durante noventa minutos de un sonido de guitarra cuya capacidad de innovación tenía poco que envidiar a lo que Hendrix o Eddie Van Halen habían ofrecido décadas atrás.

Las influencias de Malmsteen siempre fueron obvias, pero, como dijeron de él las revistas especializadas al incluir la instrumental “Black Star” en una relación de los mejores sonidos de guitarra jamás grabados: “Inspiró a un millón de guitarristas a meterse en el estudio para registrar un millón de notas”.

Y, a diferencia de muchos de sus discípulos, se preocupó por encima de todo de entregar buenas canciones, nunca exhibiciones gratuitas. Al menos en aquella primera etapa. Él admiraba a Ritchie Blackmore por su genialidad a la guitarra, de acuerdo. Pero también porque había escrito “Burn”, “Stormbringer” o “Smoke on the Water”.

En la gira del 85 contó con los hermanos Anders y Jens Johanssen, con quienes seguiría trabajando de modo alterno a lo largo de toda su carrera, con su viejo colega el bajista Marcel Jacob, y con un vocalista extraordinario llamado Jeff Scott Soto, que también nos ha dado grandes momentos de buen hacer musical, ya sea en solitario, o colaborando con otros guitar - heros como el germano Axel Rudi Pell.

Los cinco ofrecieron en Tokyo una interpretación soberbia de los temas de los dos discos de Yngwie al frente de sus Rising Force, más algunos rescates del “No Parole from Rock ´n´ Roll” de Alcatrazz.

Siempre me entusiasmó el arranque del show. Muy buena la llegada del público en las imágenes del vídeo, ordenados, joviales como siempre los nipones. Espléndido ese ambiente excitante pre-concierto, con las chicas de la organización repartiendo octavillas de futuros shows, donde se puede leer el nombre de Quiet Riot.

Y magnífico el arranque del set, con esos teclados enigmáticos, y la salida del quinteto como una jauría de lobos salvajes, sobre todo ese delgado y juvenil Malmsteen que ataca las notas introductorias de “I´ll see the Light Tonight” con una furia y una pulsación que llegarían a asombrar a todo un Steve Vai, que admitió que jamás podría tocar con esa fuerza en los dedos.

Este es un concierto que yo, repito, no me he cansado de escuchar en veinticinco años. Aquí no sobra ni un solo momento. Las canciones de Yngwie son increíbles: “As Above, So Below”, “I´m a Viking”, “Disciples of Hell” y su riff asesino, la más melódica “On the Run Again” –siempre me ha encantado el parón hacia la mitad, cuando se suaviza el tempo y Scott Soto canta esa melodía-, las dos instrumentales –“Black Star” y la tremenda “Far Beyond the Sun”-, “Don´t Let it End” con unos agudos espléndidos del vocalista…

De las tres piezas de Alcatrazz, me quedo con la excepcional “Jet to Jet” con que se despiden –ESO ES HEAVY METAL, SEÑORES-, pero ahí están también “Kree Nakoorie” e “Hiroshima Mon Amour”.

Siempre he disfrutado más del audio, pero la versión en vídeo tiene también infinidad de momentos interesantes: La efectividad de esa puesta en escena carente de artificios, el entusiasmo del público, la entrega de los cinco músicos…Sólo me sobran esos recursos de realización tan típicamente ochenteros, como es el dividir la pantalla en cuatro imágenes, a veces incluso en más. Pero son pequeños detalles sin importancia.

La factoría de Mike Varney produciría en la segunda mitad de esa década a docenas de guitarristas corremástiles, pero la piedra filosofal está aquí. En el solo neoclásico, y heavy a más no poder, de “Disciples of Hell”, por poner un ejemplo. En ese orgiástico alargue al final de “Jet to Jet”, por poner otro ejemplo. Posiblemente el amigo Blackmore no sabía aún del alumno aventajado que le había salido, pero seguro que Graham Bonnet no dio crédito a sus oídos.

Este es el mejor Malmsteen, es decir, esto es parte de la mejor música heavy/hard que se ha escrito. Se queda en cuatro cuernos porque ponerle cinco sería equipararlo a otros live albums míticos como "Strangers in the Night" o "Made in Japan", y a ese nivel no llega, pero es otro imprescindible.

Cerraremos dedicando un recuerdo al bajista Marcel Jacob, que se quitó la vida en 2009.

Yngwie J Malmsteen: Guitarra
Jeff Scott Soto: Voz
Marcel Jacob: Bajo
Anders Johanssen: Batería
Jens Johanssen: Teclados

Sello
Polygram