X Japan - Dahlia

Enviado por Heartbolt el Sáb, 13/04/2019 - 20:07
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Amor en la hambruna. Amor en los momentos difíciles. Amor en la tristeza. Amor en el aislamiento. Amor en la frustración. Amor en la desesperanza…

Donde sea que te lo imagines, en las situaciones más complejas por las que atravesamos constantemente… en todas partes florece el amor.
Y creo que en la música el amor puede tener sus maneras de entenderse. Cada quien expresa este sentimiento de un modo completamente distinto. Aunque no lo parezca, puedo afirmar que en sí la música ya es una gran parte del amor que sentimos por algo en la vida.

Personas como nosotros, cinco hombres, en los años que se mantuvieron escribiendo y escribiendo… ¿qué estarían haciendo realmente? Sólo sonidos. Pero no eso que está en el ambiente y muchas veces confundimos con ruido. Sino esa increíble riqueza espiritual que se desborda fascinantemente cada vez que respiramos y decimos “wow, esto es como nacer de nuevo”.

Música. Música para todos. X JAPAN y cinco álbumes, cada uno mejor y más profundo que el anterior. La definición pura y pulcra de la motivación, el deseo, la perseverancia y el sentimiento latente en todas partes. Y es, llegado este punto, donde decimos: “Lo han hecho más que bien”.

Un Metal a secas. Sin otra manera de entenderse. Una musicalidad donde todos reposamos y habitamos. La banda sonora del día al día. Puede que muchas veces suene triste entre esos arpegios de piano y los melodiosos y llorosos solos entre Hide y Pata, pero dentro de esa pesadumbre emocional y esas lágrimas que nunca caen, reside la belleza que le da a X JAPAN la fragilidad de una rosa azul, enterrada entre rosas rojas.

Una vez que estamos aquí, tirados en el suelo, viendo nuestras flores en el piso y en medio de otros individuos que se mantienen el día al día sólo para respirar, ¿qué puedo agregar yo? ¿Qué se puede explicar cuando sientes que el corazón se te hace grande y entre las personas más importantes de tu vida encuentras el consuelo a tus penas?

Y así como la música se balancea y conecta directamente con ese frío constante, palabras de apoyo, escritas por una mano igual de afectada emocionalmente que todos en momentos complicados, brotan y llegan a tu oído para decirte que no estás solo. Que lo experimentado también fue hecho de ese modo antes, y que si muchos pudieron, tú podrás más.

No quieres más. No quiero más. Nadie quiere más. Vaya… son ellos. Son X JAPAN cabalgando entre sus tesituras profesionales y rabiosas, pero que se encuentran en un constante cielo gris y el silencio perpetuo de una condena. Son X JAPAN cuando ya el maquillaje no importa. Cuando el dinero no importa. No importa más que decirte: “el amor está dentro de ti. Porque aunque te duela no ser entendido, siempre habrá alguien detrás de ti empujándote para seguir el camino”.

Porque lo evidenciado en Dahlia (1996) no hace más que llevarnos a un mundo de esos pintados por Claude Monet. Una belleza apaciguada, escondida tras melodías y melodías sentimentalmente estridentes. Mejores o peores, a nadie le importa eso. Estamos en el teatro, escuchando la sensibilidad dialéctica y el aullido de cinco bestias heridas de muerte. Donde se mezcla el frío, el desamor, la soledad, la falta de motivación… ¿qué puede florecer y cómo ese resultado puede mantenerse en el tiempo?

Sin embargo, ya en Dahlia la orquestación y la ambientación orquestal se hace enteramente recurrente. Aspecto musical de siempre, pero ahora introducido de lleno en la composición. Claro, con menos valor que en Art of Life (1993), pero resaltando la mixtura entre los elementos.

Cuesta hablar de los X JAPAN musicales sin tener que hacer un excelente y excitante resumen de todo el despliegue emocional que regalan sin cobrarte apenas el disco. Nunca han sido la banda de los mejores en cada instrumento. Es más, puede que Toshi nunca haya cantado en realidad y todos creímos que sí lo hacía. Pero lo que en conjunto hace estos cinco ángeles negros (nunca olvidando la aportación de Taiji, el exbajista), especialmente para estos cortes sin vacilación… puede medirse sólo como una simplicidad muy compleja.

Bueno, ¡puede que nos enredemos! Pero, andemos con cuidado, que ese tema homónimo que abre el disco ya es una declaración total de intenciones. Es un beso directo en la llaga. Es la furia evidente. El descontrol. La pasión rota y ahora convertida en un arma de tres piezas. X JAPAN no iban jamás a dejar esa tralla espectacular ni en su disco más entramado y profundo. Si bien no hacen Death Metal, la pesadez y la emocionalidad son escopetazos directos a tu corazón.

Dahlia no se caracteriza por ser mucha balada y poco Metal intenso. Si a eso nos pusiéramos, ni deberíamos oír el disco. Bien, es bastante cierto que aquí el estilo ya de excesos y sexualidad caótica se reduce a cortes específicos donde la violencia sonora es desquiciante (estilo Wriggle y Drain, con su posmoderna técnica)… sin embargo, una vez que nos metemos de lleno de en la composición del álbum, poco podemos reclamar sin sentarnos y sentir que nada de lo que hacemos es en vano.

Para Dahlia la música y las letras están organizadas como si hablásemos de la última cena. Cada tema complementa a la obra y, sin tener que mencionar estrictamente cada plato, podemos comentar que la sección principal, el plato fuerte, va en el medio. Ya por los últimos violines que lloran como niños en su propio funeral, entendemos que análogamente podríamos hablar de Dahlia y creer que llorar no tiene el sentido suficiente para hacerlo.

Dahlia es como una película tan triste que es en sí hermosa. Tan delicado es este álbum (pero también bastante hosco) que los detalles más finos no desentonan en absoluto con la tónica habitual del grupo. Si pusiera un ejemplo más claro, sería el que mencioné hace ya siglos. Tristeza por sufrir las penurias más intensas… pero, de pronto, y casi sin ningún motivo, ver al cielo y sentir que vale la pena estar vivo.

Que vale la pena seguir luchando.

Y es aquí donde sentimos que ese amor tan poderoso y radiante, del que siempre hubo abiertamente en el grupo, se convierte en la nostalgia repetitiva… hasta hacerse una motivación para el mañana. Puede que oyendo esa Phantom of Guilt, del primer disco de estos japoneses, uno no se sienta tan identificado con estos X JAPAN filosóficos, vestidos con batas de antaños y con ojos sumergidos en el paisaje. Pero si cierras el volumen de todos los tiempos con Forever Love (la canción insignia del grupo, no por nada), es como si dijeras “lo que importa, evidentemente, es lo que está por venir”.

Lo mejor está por venir.

El grupo ese de los japonesitos, sí, estos mismos son. La banda del odio y el amor. La que muchos adoraron y la que otros bastantes despreciaron. A partes iguales… comprensible. Lo verdaderamente trascendental son estos discos plagados de emociones intensas siendo revividas eternamente por la vertiginosa capacidad de mezclar virtuosismo descarado con una retroalimentación sólo comprensible entre almas que piensen como un solo cerebro conectado a un telégrafo, produciendo cada segundo millones de letras y melodías que, en su conjunto, constituyen la cuatrilogía (y el especial Art of Life, que podríamos considerar un bombón de más en el pastel) de X JAPAN.

Si algo le faltó a X JAPAN, fueron más discos y haber sido británicos, alemanes o americanos para ser más apreciados en occidente. Pero… ¿importa acaso? A todos los que valoramos a X JAPAN nos parecen trivialidades que no vale la pena ni mencionar. Corazón, elegancia, integridad, talento y más y más adjetivos que nunca serán suficientes para explicar por qué X JAPAN son una leyenda viva. Porque, repito, su fama (bien merecida, vale la pena acotar) es sólo un tapiz donde pisa el perro en comparación con todo el aporte musical, lírico y explosivamente rockero que en cada entrega lanzaron. Siendo capaces siempre de reinventarse y superar a la crítica moribunda que cada tanto los tachaba de vendidos. ¿Vendido por hacer un tema como Tears que sobrepasa fácil los diez minutos? Sí, ya les creímos.

La transición de X JAPAN es más que coherente: del Thrash primitivo al Speed/Power, luego al Power/Heavy y luego al Power/Heavy con incorporaciones sinfónicas y progresivas. ¿Traición? ¿A quién? Hermanos: aquí sólo vemos una evolución perfecta, a la que sólo pueden acceder los seres más capaces. Como, innecesariamente alargo aquí, X JAPAN.

Que en paz descansen Hide y Taiji. Músicos que entregaron más de lo que muchos otros lo harían.

Que vivan Toshi, Yoshiki, Pata y el no menos increíble Heath.

Y que el amor esté siempre entre nosotros… para siempre.

Cuando te sientas solo, recuerda los buenos momentos
Recuerda que lo más bello siempre será lo menos vistoso
Y cuando sientas que no puedes más…
cierra los ojos, y deja que tu mente vuele por nuestro mundo.

Grita con fuerza hasta que esa lluvia infinita se lleve todas nuestras penas. Todos nuestros dolores. Todo eso que nos hace ser… menos seres humanos.

Y que el amor... viva para siempre.

Toshi - Voz.
Hide - Guitarra.
Pata - Guitarra.
Heath - Bajo.
Yoshiki - Batería y Piano.

*Colaboración*

American Symphonic Orchestra - Orquesta Invitada.
Y&D Orchestra - Orquesta Invitada.
Gilles Apap - Violín (solo).
Ron Leonard - Cello (solo).
Dick Marx - Arreglos orquestales.
Shelly Berg - Arreglos orquestales.
Tom Halm - Dirección.

Sello
East West Japan