Wendy O. Williams - Kommander of Kaos

Enviado por Bloodbath el Mié, 19/09/2012 - 13:23
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1. Hoy Hey (Live to Rock)
2. Pedal to the Metal
3. Goin´ Wild
4. Ain't None of Your Business (directo)
5. Party
6. Jailbait (“Cover” de Motörhead)
7. Bad Girl
8. Fight for the Right
9. (Work that Muscle) F**ck that Booty

Posiblemente, sólo los perros viejos, los viejos “perros”, recuerden a esta gran dama del Rock, de cuya música hablaremos a continuación. Para ello, habrá que retroceder en el tiempo y señalar a “The Plasmatics”, banda neoyorkina de tendencias Punk, formada en 1978, año en el que lanzaron su primer single. Tras varios trabajos que iban perfilándose musicalmente, editan una obra “atemporal”, que daba un paso definitivo en su propuesta musical, acercándose claramente al terreno del Heavy Metal: “Coup d´Etat” (1982). En esa época, nuestra artista (vocalista de la agrupación), todavía lucía una cresta en toda regla, pero con su nueva música jugaba la liga con las bandas de Metal más puro, introduciéndose de forma inteligente en un terreno en el que, a fin de cuentas, era donde mejor podía “navegar”. Dos años después, e intentando aprovechar la potencia de sus cualidades artísticas según las tendencias del mercado (así como su imponente imagen, que a nadie escapaba), Gene Simmons produce su primer disco en solitario, denominado “WOW” (1984), mostrando las siglas de su nombre. Es difícil tener un padrino mejor en el mundillo del Rock, y más en esos tiempos. Las canciones se movían dentro de los límites del Hard y Heavy Metal americano, mostrando un aire comercial, mucha calidad y dignos resultados.

Cuando este trabajo salió a la luz (1986), el Metal estaba dividido en múltiples “tendencias”. Lejos de la apuesta anterior pero conservando aspectos básicos muy funcionales, el presente disco actúa como una nueva transición, antecesor a la cumbre definitiva en el sonido de Wendy Orlean Williams, pues con “Maggots: The Record” (grabado un año más tarde y de nuevo con “The Plasmatics”), daría otra vuelta de tuerca en cuanto a dureza extrema. “Kommander of Kaos” es un disco de Heavy / Speed Metal (principalmente), donde la violencia sónica campa a sus anchas, y no solo por la rapidez de algunos temas, su fuerza, contundencia, o la rugiente voz de la esta mujer, sino por su propia actitud, la pasión y furor plasmado en cada sílaba, sumada a las descarnadas interpretaciones de los músicos que lo grabaron. Es cierto que en este año que nos ocupa (y tras unos cuantos discos, muy en concreto los dos anteriores, de gran repercusión en el entorno “Heavy”), su influencia ya se hizo notar en el panorama. Mujeres de voz leonina como Debbie Gun (Sentinel Beast), Dan Crosby (Detente) o Sabina Classem (Holy Moses) aparecían ese año en el mercado con sus correspondientes trabajos, todos ellos a nivel “debut”. Y aunque casi todas llevaban años en el mundillo, con numerosas demos en su haber, su éxito, sonido y carisma distaban del de la gran guerrera Mohawk. Por decirlo de alguna manera, Wendy estaba primero, y además, en esa época, ya había grabado con personajes como Lemmy, Gene Simmons, Ace Frehley, Eric Carr, Paul Stanley… y por supuesto, el elenco que constituyó cada una de sus formaciones (no precisamente aficionados), donde militaron músicos como Ritchie Stotts, Jean Beauvoir, T.C. Tolliver o Junior Romanelli.

El presente disco muestra a Wendy O. Williams en plena madurez de facultades, pero lo más importante es que la onda plasmada en sus surcos se ha pulido, reflejando un Metal sin concesiones, aplastante (a pesar de contener algunos cortes más relajados, canciones directas y simples, pero siempre dentro de los parámetros del Rock). Su imagen había sido relanzada dos años antes, mediante el abandono de la cresta, luciendo melena rubia con flequillo y coleta, muy escasa de ropa (así apareció en la portada de “WOW”). Para esta nueva ocasión repetía look, pero apareciendo enfundada en un pantalón de cuero y cinturón de tachas, sobre el enorme morro de un coche sin capota (aparentemente tuneado), de grandes proporciones y empotrado en una especie de habitáculo. Ella misma actúa de jinete, mediante unas sogas a modo de riendas, sujetando una fusta con su mano derecha. Tras el volante se adivina una figura, difuminada por una ligera capa de polvo. La portada (realizada por Butch Star, por medio de una fotografía de John Michaels) muestra una etiqueta de “Parental Advisory” (Explicit Content). Todo parecía encajar como un guante, respecto al concepto general.

Y hacia esa tendencia de música realmente dura, cada vez más rápida, también condujo las riendas el avispado Rod Swenson (con Wes Weech, como productor asociado), mediante la producción de esta obra. Una producción cavernosa y asesina, que parece introducirnos en un terrorífico show y que lleva mucho más allá los aspectos básicos forjados en el trabajo anterior (muy basado en el sonido americano), aunque manteniendo cierta esencia de la que era conveniente no “huír” demasiado. Los músicos que grabaron esta pieza de nueve canciones muestran un talento innegable, así como el nervio y fiereza necesarios para llevar a cabo semejante acción de violencia sónica. El listón estaba bastante alto y había que mejorarlo (o como mínimo igualarlo): de nuevo T.C Tolliver (batería), y un fichaje llamado Michael Ray (guitarras, que ya colaboró en su disco en solitario). En el bajo, un jovencísimo Greg Smith se muestra pleno de facultades. Los tres se hicieron cargo de las bases, y la prueba fue ampliamente superada. Juntos plasmaron un material que puede definirse como Metal bañado en la base del sonido Kiss (en parte) pero mucho más Heavy, que no desentonaba ante propuestas de tipo Hard, Glam, Heavy, Speed, Thrash, Rock´n´Roll o Hardcore… Wendy estaba en el terreno más duro, pero en “tierra de nadie”, y ya se las sabía todas. Cualquier aficionado a estos estilos podría disfrutar de este bocado, sin ningún tipo de problemas, si bien para el personal de gustos más suaves y melódicos, la voz de Williams podría ser una pequeña traba. Una voz que se constituía en el arma definitiva, complemento ideal para un auténtico animal de escenario que se dejaba la piel en su trabajo… y además motosierra en mano, espectáculo asegurado. No hacía falta verla para sorprenderse de aquella fiereza indómita, lanzada a través de sus fauces, que taladraba los oídos del más pintado y que dejaba las voces de enormes personajes como Cronos, Tom Warrior… en la categoría de "mera anécdota".

“Hoy Hey (Live To Rock)” actúa como apertura del disco. Comienza con los rugidos y gruñidos de alguna fiera… de alguna forma anticipando la inminente y aplastante batería de T.C. Tolliver, con un vertiginoso doble bombo atravesando el espectro. El afilado comienzo nos hace intuir que aquí no se tercian bromas de tipo alguno. Cuando la voz entra en juego, las cartas están expuestas sobre la mesa, no hay vuelta atrás, arrasa. Esta partida está ganada de antemano, fiereza indomable en los surcos, a golpe de látigo. Las guitarras y el bajo desgranan los riffs de forma concisa y agresiva. Unos coros que simulan cierta lejanía (pero perfectamente presentes y definidos), ofrecen el contrapunto melódico, antes del corto solo de guitarra, rápido y al más puro estilo americano. Más coros de pregunta/respuesta, de corte Hardcore, dialogan hasta terminar el tema.

“Pedal to the Metal” es un tema menos rápido, pero que continúa dentro de los parámetros Speed. Sin ser tan oscuro como el anterior, muestra una faceta más comercial, con una voz de corte más melódico, dentro de las “posibilidades” de esta tigresa (Wendy sabía cantar y entonar perfectamente, pero el hecho de abusar del registro más bestia y crujiente era, a buen seguro, la baza que la diferenciaría del resto del mundo). El riff de guitara es juguetón, acompañado por un efectista y escueto solo introductorio. Al subir tono y medio respecto al tema anterior, la voz se torna más aguda, sin perder peso en ningún momento. Una frase doblada, entre guitarra y bajo, segura y definida, nos muestra gran complicidad y sobrada técnica por parte de los músicos. El estribillo vuelve a estar apoyado por coros, contestados por una Wendy exasperada, que llega a gritar, rugiendo por lo alto. El solo de guitarra es una nueva muestra de virtuosismo, nervio y mala uva, y es que por algo Mr. Ray aprobó el examen para conducir esta nave (por si hay dudas al respecto o alguien tiene interés en el asunto, es recomendable el DVD “Live Bump’n’ Grind”, que presenta un concierto grabado por este cuarteto en el Camden Palace Theatre de Londres, en octubre de 1985). La parte posterior al solo es muy funcional, actuando como una especie de melodía rítmica para introducir el último estribillo, donde de nuevo aparece el juego de coros y voz , terminando el tema en seco, con un arreglo derivado de la frase doblada (citada anteriormente).

“Goin´ Wild” se nos presenta como una especie de “Children of The Damned” (en sus primeros compases), aunque mucho menos comedido. Mediante un riff cargado de reverb, la guitarra inicia el tema, con cortes de la banda y un redoble introductorio. Un tema que mantiene la velocidad del anterior, portador de una guitarra cortante y un bajo cabalgador, en la más pura onda Mike Davis de Lizzy Borden (que ese mismo año lanzaron “Menace to Society”), pero mucho más ácido, adornando el tema constantemente, cual Steve Harris con ataque de “deditis” aguda, pero más a lo bestia. La canción se mueve en la tonalidad de Re menor, mostrando a una vocalista cómoda y desgarrada. Entre estrofas y puente, nos sirve de esos breves alaridos en forma de “guau”, pero que realmente son rugidos de leona... este efecto felino también hace acto de presencia durante los estribillos. Antes de la intervención solista de Michael Ray, se produce una parte instrumental donde Greg Smith continúa explayándose, a placer, mientras T.C. Tolliver destroza los parches en frenético Speed. Potente solo de guitarra, bastante lejano en la mezcla, da paso a los últimos estribillos, con las palabras “Goin´ Wild” como única consigna. El bajo no para de frasear, serpenteando hasta el final. Realmente, el tema no desluce ante semejante derroche, y a buen seguro, esta grabación subió el caché de Smith, que nueve años después llegaría a grabar, tocar y hacer coros para el mismísimo “Man in Black”, en el último disco de Ritchie Blackmore´s Rainbow (“Stranger In Us All”, 1995), haciendo además la correspondiente gira.

“Ain´t None of Your Business”, pieza del disco anterior, es mostrada aquí mediante una ejecución en concierto. Para la ocasión (24 de noviembre de 1984, L´Amour, Brooklyn, NY), se invitó al guitarrista Wes Beech (co-productor del disco, antiguo y permanente miembro en “The Plasmatics”). Un tema de aires rebeldes pero melancólicos, desarrollado sobre un medio tiempo que “roza” los límites de la rapidez y que fue compuesto por Gene Simmons, Eric Carr y Vinnie Vincent, para su disco en solitario. Tras una extensa parrafada al público, con el que conecta a la perfección, comienza el tema, ciertamente un poco más ligero y vivo que en la versión de estudio. La voz trabaja sobre un riff en Si menor, es casi recitada, con la melodía justa, enfatizando ciertas frases o palabras con su rugir. El aire punk impregna el tema, y los coros, nada forzados, buscan precisamente ese efecto casi hablado (aunque la melodía está bien definida) actuando como contestación de las frases lanzadas por la cantante, mediante ese recurso anteriormente citado que impregna casi todo el disco. La caja suena cargada de efecto, implementada en un simplísimo ritmo machacón (tu-pa-tutu-pa). “Esto no te incumbe, no es tu negocio”… podría ser la traducción de lo que Wendy repite obsesivamente, en este sencillo y comercial corte que trata sobre la importancia de “ser uno mismo” (con crítica social), donde la instrumentación es correcta y el fugaz solo de guitarra se produce sobre unos cortes de batería. Antes de terminar, un alarido bestial se nos muestra en primerísimo plano (4:51), casi a modo de cierre.

“Party” es pura tralla. Comienza con risas entrecortadas de la propia Wendy, bañadas en ese efecto cavernoso que domina este trabajo. Un riff rápido de guitarra nos recuerda a los Kiss post “Lick it Up”. Esta vez, el bordón es el que sufre la acometida, con la nota Mi como base. Sobre un Power Chord en Do (interesante y repentino cambio), comienza a desarrollarse la letra, mediante una de las interpretaciones más bestias del disco. El doble bombo, cual “Overkill” particular, trabaja sin parar. Greg Smith hace de las suyas, esta vez doblando el riff de forma cómplice con la guitarra, en los estribillos, donde la voz roza la crispación. De nuevo, el recurso de introducir el solo mediante una parte instrumental. Los dedos de Ray despiden chispas, haciendo arder el diapasón mediante una interpretación frenética, y siempre dentro de los límites del buen gusto. El tema retoma estrofa y estribillo, para culminar con otro solo (más corto), y el potente rugido de la vocalista.

“Jailbait”, versión de Motörhead, suena de lujo. La voz es melodiosa, dentro de los límites que su naturaleza ofrece. El “Cover” es defendido con una solvencia fuera de toda duda. Una interpretación más que correcta, sin pretensiones, que tal vez no aporte nada nuevo salvo la solidez y soltura que demuestran los intérpretes, pero que refleja el intenso respeto que Wendy sentía por Lemmy y sus Motörhead.

El tema “Bad Girl” actúa como un contrapunto perfecto para la escucha y respecto al resto del trabajo, mostrándose desenfadado, con un riff lineal y una forma de cantar bastante suave, casi sin forzar. Típico tema de relleno, muy Simmons, que bien podía haber conformado la cara B de algún single de “The Plasmatics”, en su época post Punk. Aparte del obsesivo y contundente ritmo, destacar el solo de guitarra. Sin ser (ni mucho menos) de lo mejor del disco, se desarrolla en la tonalidad inicial, pasando a introducir un sencillo cambio mediante la subida de un tono (un recurso muy Priest), proporcionando el color suficiente para diferir de lo ya expuesto en las estrofas y el estribillo. La base rítmica cumple su papel, mientras Smith se apoya en ciertos adornos de vez en cuando, como bajista inquieto. Un berrido final cierra el track.

“Fight for the Right” (casi el mismo título que el de la canción que Mötley Crüe lanzaron el año anterior, como cierre de su “Theatre Of Pain”), nos anticipa que esto se va acabando. Tema comercial, con una base rítmica casi plana donde el bajo destaca por su férreo ataque, adornando con la batería entre estrofas y puente, y sin dejar de cimbrear en todo el tema. La guitarra emite un riff sencillo, Rock sin pretensiones, bien realizado y sin nada que demostrar a estas alturas. La voz vuelve a mostrarse bastante tranquila (aunque rasgando el aire) durante estrofas y puente, para desaparecer completamente en el estribillo: “Luchamos por nuestros derechos, luchamos para el Rock´n´Roll”. Tema en medio tiempo que goza de un solo de guitarra correcto, donde Ray muestra una distinta faceta al disparar y enlazar ciertas frases, como siempre con energía y feeling. En el último estribillo, la voz asoma mediante tres contestaciones puntuales, para doblar la última frase en registro completamente grave, creando un efecto bastante curioso.

El disco se cierra con “(Work That Muscle) F**ck That Booty”. De nuevo, la velocidad domina la escena, mediante un corte que si bien no ofrece novedades importantes respecto a los anteriores, se muestra como un potente himno de la rugiente felina. Con la batería predominante, la guitarra y el bajo trabajan sobre riffs graves. La voz es agresiva pero sin rozar altas cotas, y se desarrolla mediante una estrofa corta, que da paso a un puente donde el trío instrumental dobla una frase bastante rápida. Los coros, que recitan literalmente el título del track, son realizados sin forzar, mediante voces bastante limpias y careciendo del apoyo de Williams. Una interesante parte instrumental que realiza guiños al estribillo (en otra tonalidad) precede al riff principal, tocado de nuevo, pero presentando antes un potente redoble de enlace entre ambas partes. El solo de guitarra vuelve a ser furioso y se compone de licks bastante clásicos. La última estrofa hace presencia, para desembocar en puente y estribillo final. Wendy ya ha dejado el “escenario”, y los músicos corean hasta cerrar el veloz número. Pero antes añaden una frenética frase doblada, instrumental (como arreglo final), culminando en una nota que va perdiendo “Pitch”, en un efecto absolutamente moribundo. Fin de fiesta.

Como se expone casi al comienzo, tuvo que pasar un año hasta el próximo proyecto de Wendy O. Williams. Pero el presente “Kommander of Kaos” dejó claro que esta diosa metálica supo adaptarse a los tiempos, ofreciendo un trabajo con altas dosis de adrenalina y gustando a casi todos. Su música siempre estuvo sellada con una magia especial, única. A día de hoy, Wendy (increíble, irrepetible y revolucionaria artista) es "conocida y reconocida" por muy pocos, y quizás su “olvido” pueda deberse (en parte) a su triste desaparición en 1998, sumado a que llevaba una larga temporada alejada del mundo del “espectáculo”, muy disconforme con todo el entorno de la más “absoluta hipocresía”. Inevitable el otorgar cuatro cuernos (aunque realmente le pondría cinco bien plantados a cada uno de sus discos), por ser uno de los trabajos que desde siempre me han enganchado, que más admiro y disfruto, cañero como pocos, realizado a placer… además de pertenecer a una época irrepetible.

Wendy O. Williams: Voz
Michael Ray: Guitarras, coros
T.C. Tolliver: Batería, coros
Greg Smith: Bajo, coros
Wes Beech: Guitarra, coros (artista invitado en "Ain´t None of Your Business")

Sello
Giga Saurus Records