Van Halen - 5150

Enviado por El Marqués el Mié, 16/02/2011 - 15:07
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Resulta interesante comparar la marcha de David Lee Roth de Van Halen con las huidas que posteriormente protagonizaron Mr Dickinson y Mr Halford de los grupos de sus vidas. Mientras ambas bandas británicas tardaron años en encontrar lo que necesitaban para sustituir a sus voces, Michael Anthony, Alex y Eddie Van Halen, reclutaron a Sammy Hagar, “el rockero rojo” y, antes de que prensa, fans e industria en general tuviéramos tiempo de empezar a añorar al showman rubio de Indiana, publicaron el magnífico “5150”, séptima obra de estudio del cuarteto, primera con “The Red Rocker” a la voz.

Lo de Red Rocker no significa que este hombre fuera invitado cada año a las convenciones del Partido Comunista Soviético ante la tumba de Lenin en Moscú. Simplemente es que, desde sus días en la banda de Ronnie Montrose, vestía completamente de rojo, y ha quedado como una de sus señas de identidad.

La ruptura entre los hermanos Van Halen y David Lee Roth supuso inicialmente un shock para la comunidad hardrockera. Desde su debut a finales de los setenta, el cuarteto americano había liderado la escena, con seis lanzamientos entre los que se cuentan al menos tres auténticas obras maestras –“VH I”, “VH II” y “Women and Children First”-, junto al bombazo comercial que fue “1984”, con todos aquellos hits inolvidables –“Jump”, “Panama”, “Hot for Teacher”-, junto a otras piezas menos conocidas e igualmente irresistibles: “I´ll Wait”, “Top Jimmy”…

El desgaste entre la relación del frontman con los dos hermanos, la lucha de egos, el individualismo de Roth, incluso algún que otro lío de alcoba, finiquitaron un matrimonio musical que había hecho felices a millones de fans durante siete años. El divorcio no fue agradable, durante años ambos bandos se cruzaron declaraciones poco elegantes a través de los medios de comunicación, y las heridas no se han cerrado del todo, por mucho que en 1997 los cuatro miembros originales se juntaran en el estudio para grabar dos canciones nuevas, y en estos últimos años hayan vuelto a reunirse con el hijo de Eddie Van Halen en el puesto de Michael Anthony al bajo.

Ver juntos sobre un escenario a Eddie Van Halen y a David Lee Roth es uno de mis sueños. Tal vez sea la unión que más deseo presenciar, junto al regreso del escocés Fish a Marillion, y la reunión de los Rainbow originales con Ritchie Blackmore y Ronnie DIO que ya no va a poder ser. Sin embargo debo decir que de la unión musical entre Sammy Hagar y los hermanos Van Halen salieron una serie de apetitosos frutos –“5150”, “OU812”, “F.U.C.K.”, y en menor medida “Balance”-, que nos alegraron el oído según se iban publicando.

Como a su vez David Lee Roth formó un supergrupo con Billy Sheehan, Steve Vai y el batería Gregg Bisonette, y grabó los maravillosos “Eat´em and Smile” y “Skyscrapper”, pues al final lo que hicimos fue “ganar a un hijo en lugar de perder a una hija”, como dicen con la boca pequeña los padres el día de la boda de su retoña. Dos grupazos en lugar de uno.

“5150”, que era el nombre del estudio de grabación, es un disco que consta de nueve canciones, y suena tan fresco como el día de 1986 en que vio la luz. Desde ese “Hello Baaaaaaby” con que Hagar nos saluda al comienzo de “Good Enough”, un temazo lleno de alegría y vitalidad, asistimos a una transición suave y nada forzada entre los Van Halen anteriores y los nuevos. Se había perdido la espectacularidad y el toque de locura que aportaba Mr. Roth, pero la calidad seguía omnipresente y Eddie Van Halen reaparecía relajado, entusiasmado con el cambio y con la presencia de su nuevo vocalista, competente y profesional como el que más, y un soplo de aire fresco tras la tensión de los últimos tiempos y el continuo choque de personalidades con el divo de Indiana.

Años después Sammy Hagar también saldría de la banda echando pestes de los dos hermanos, pero en 1986 ambas partes vivían un idilio que se tradujo, repito, en excelentes resultados musicales y grandes giras por Estados Unidos. Recuerdo las crónicas de los shows que durante el verano del 88 disfrutaron los afortunados yanquis en un tour itinerante que reunió a Metallica, Dokken, Scorpions, Kingdom Come y los nuevos Van Halen, todos ellos en los mejores momentos de sus carreras.

En “5150” tenemos un single algo pastelón, casi poppie, pero muy digno y disfrutable, como es “Why Can´t this be Love”, piezas dinámicas y optimistas, llenas de vida y de ritmo, como corresponde al mejor rock ligero americano –“Best of Both Worlds”, el tema título, o esa desmadrada “Get Up” con magistral solo de guitarra-, un tema AOR maravilloso, “Dreams”, con deliciosa introducción de Eddie a los teclados; la balada de turno, “Love Walks In”, extraordinaria, de las mejores de toda aquella década, seguramente la mejor que compuso esta banda; y dos muestras del estilo Van Halen de toda la vida: “Summer Nights”, perfecta, con sabor a cocktail y olor a playa, terrazas veraniegas a la luz de la luna, camareras con escotazos y sensuales cuerpos de go gos en movimiento, y la final “Inside”, una vacilada más que una canción, y el tema donde más planea el espíritu Roth, como sólo Van Halen eran capaces de ofrecer.

Sammy Hagar abrió una cadena de restaurantes, el Cabo Wabo cantina, y hace poco ha lanzado su propia marca de tequila, como Vince Neil. A ver si organizamos un viajecito a USA para completar estas reseñas con experiencias propias.

Sammy Hagar: Voz, Guitarra
Eddie Van Halen: Guitarra, teclados
Alex Van Halen: Batería
Michael Anthony: Bajo

Sello
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