UFO - High Stakes & Dangerous Men

Enviado por El Marqués el Sáb, 21/01/2012 - 10:56
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Decía Woody Allen que para él era fundamental que la escena inicial de una película tuviera el suficiente interés y calidad para atraparte. Que te hiciera sentir desde el primer minuto que habías acertado, y te encontrabas ante un producto que te iba a dejar satisfecho. Acertó de lleno al abrir “Manhattan” con aquellas escenas de los rascacielos en blanco y negro, coronados por fuegos artificiales, y la música de Gershwin. Y estuvo mejor aún en “Delitos y Faltas”, que arranca con la escena del discurso del Doctor que está recibiendo un premio, ante sus colegas y su esposa, mientras su amante escribe en soledad una carta que amenazará la estabilidad de ese farsante al que todos aplauden y ven como un triunfador.

Phil Mogg y Pete Way pintaban muy poco para los organizadores de galardones en la industria musical en 1992, llevaban parados desde 1988, y su último long play databa de 1985, pero se las arreglaron para regresar con un disco, cuya primera canción, la poderosa “Borderline”, es uno de los mejores temas de Rock Duro jamás compuesta. Al estilo del inefable Woody, abrieron con un temazo que hacía imposible deshechar el enésimo trabajo de las viejas glorias británicas.

Cuando Schenker abandonó, encontraron cierta estabilidad con el buen hacer del guitarrista Paul Chapman, y la nave siguió su travesía, sin la brillantez de los 70 pero con dignidad, alternando buena música con una suicida afición al alcohol por parte del vocalista, y de Pete Way. Chapman acabó siguiendo al bajista en Waysted, y a partir de 1985 Mogg, único integrante ya de la formación original, sólo dio palos de ciego. Indefinición, trabajos más mediocres con sonido AOR mal asimilado, elección errónea de nuevos miembros...Hasta que, por sorpresa, y mientras el mundo entero presta atención a “Angel Dust”, “Badmotorfinger”, “Nevermind”, “Blood Sugar Sex Magik” o “Ten”, Pete Way se pone de nuevo el traje de astronauta y sube al platillo volante.

Don Airey, que antes que teclista debió ser bombero, dada su afición a entrar en casas en llamas –Deep Purple aun no repuestos tras la salida de Blackmore y la pérdida de Lord, el Ozzy más desquiciado-, se une a la aventura, para la que también cuentan con el batería Clive Edwards, y la guinda la pone el guitarrista Laurence Archer, que había militado en los Grand Slam que fundara Phil Lynott tras la disolución de Thin Lizzy.

Juntos, sabedores de que en 1992 ni siquiera los Heavies, que andan flipando al ver como sus mitos se derrumban uno tras otro, les van a prestar atención, entran al estudio y facturan “High Stakes & Dangerous Men”, del que me atrevería a decir que es el mejor disco de UFO después de los cinco trabajos históricos con Michael Schenker en los 70. Desde luego, puede mirar de igual a igual a los dos primeros discos con Paul Chapman y a los que han grabado con Vinnie Moore en los últimos años, y es mejor que alguno de los que ha grabado Michael en su baile de entradas y salidas desde que regresara para el siguiente, “Walk on Water”, en 1995.

La citada “Borderline” es un pepinazo que se inicia y se cierra con guitarras slide, templanza rockera con un grado de pureza inalcanzable por muchos de los pepinillos que dominaban la escena, y un estribillo que recoge todo lo que es grande desde hace sesenta años en el Rock and Roll –ese “...one step closer to the Devil/One Step further from the law...”-, y un Phil Mogg en un estado de forma capaz de mandar a la guardería a todos los vocalistas de Seattle cuyas bandas coronaban los charts, y mira que eran buenos.

La misma tónica, aunque sin un nivel tan alto, seguirán varios de los temas: Hard Rock vibrante de impecable ejecución técnica, con grandes punteos y voces, como podemos comprobar en la siguiente “Primed for Life”, en la energética “Ain´t Life Sweet”, que tiene un ritmo fabuloso y unos resbalones por el mástil de la guitarra brutales, o en la final “Let the Good Times Roll”, con el mejor Mogg, el más elegante y vacilón, al estilo Coverdale.

“She´s the One”, por su parte, es el típico tema de Hard suave y de muy fácil escucha, más cercano a Foreigner o Journey que a Led Zeppelin, claramente concebido para triunfar como single, solo que diez años después. En aquellos días el público estaba más interesado en atender al tormento relatado por Layne Staley en “Dirt”, y su infernal relación con la heroína.

Y algo parecido puede decirse de “Don´t Want to Lose You” o “One of Those Nights”, más pastelonas todavía. Escucharlas hoy día es una gozada, da gusto oir a un Mogg tan relajado y contento dejando arropar su maravillosa voz por esos cálidos coros femeninos, y esas líneas de guitarra tan light, pero no era el momento. Tal vez por tenerlo tan claro pasaron de todo y les salió un disco tan apetecible.

A medio camino entre las mas ligeras y las duras tenemos “Burnin´ Fire”, con otro buen solo de Archer, “Revolution” y “Love Deadly Love”. Una pena que no metieran cuatro o cinco temas más como el primero, pues ahora estaríamos hablando de una verdadera obra maestra.

Lo único que no me gusta es que incluyeran tantos temas con títulos muy manidos: “Running Up the Highway” –tremendo de nuevo el lead guitar-, “Back Door Man” –muy bueno ese tempo reptante-, “Let the Good Times Roll”... aunque es un detalle menor, todas ellas merecen la pena.

Al estilo los Sabbath de “Cross Purposes”, de la gira extrajeron un Cd sencillo en directo, “Lights Out in Tokyo”, que pasó totalmente desapercibido y ha sido redescubierto con la proliferación de cajas con material en vivo de todas las épocas de muchas bandas clásicas que inundan el mercado.

El mes que viene tendremos nuevo álbum de la banda, “Seven Deadly”, del que ya se conocen el set list y la portada: un esqueleto con sombrero mejicano que a mi no me ha gustado mucho. Es igual, ahí está Vinnie Moore, y junto a Phil Mogg estarán de nuevo los legendarios Paul Raymond y Andy Parker, por lo que no hay nada que temer. Ya se pueden esmerar con sus lanzamientos en 2012 Black Sabbath y Judas Priest, que el Hard británico de toda la vida tiene unos Reyes, y no lo van a poner nada fácil.

Phil Mogg: Voz
Laurence Archer: Guitarra
Pete Way: Bajo
Clive Edwards: Batería
Don Airey: Teclados

Sello
Razor/Griffin