Type O Negative - Life Is Killing Me

Enviado por Antipoeta el Sáb, 27/03/2021 - 20:28
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1. Thir13teen 1:07
2. I Dont´ Wanna Be Me 5:08
3. Less Than Zero (<0) 5:25
4. Todd's Ship Gods (Above All Things) 4:10
5. I Like Goils 2:35
6. ...A Dish Best Served Coldly 7:13
7. How Could She? 7:35
8. Life Is Killing Me 6:35
9. Nettie 4:46
10. (We Were) Electrocute 6:38
11. IYDKMIGTHTKY (Gimme That) 6:20
12. Angry Inch 3:39
13. Anesthesia 6:41
14. Drunk In Paris 1:27
15. The Dream Is Dead 5:07

Peter Steele, dueño de una voz grave y profunda, quien de seguro al despertar fuera capaz de rivalizar con la resonancia subterránea de un sismo. El símil probable de Manolo Otero y Barry White, pero en el metal. El hombre que con solo pronunciar la primera frase conseguía ser identificado y nunca confundido. En fin, el creador de una banda singular, original y descollante, la inolvidable portadora de la oriflama del metal gótico, del lamentoso doom: La legendaria Type O Negative ¿Quién no escuchó Bloody Kisses, con aquellas mujeres calenturientas emitiendo esos gemidos empina nepes? ¿Quién no reprodujo – aunque fuera en parte – el October Rust en un rinconcito, a media luz, mirando la lejanía o con los ojos cerrados, dejándose llevar por sus pasajes tenebrosos y románticos? Peter Steele era el sujeto detrás de todo, pero también al frente, dando cara e intentando espantar las sombras, sus sombras… y las nuestras.

Luego de varios buenos discos, era el turno del sexto: Life is Killing Me, una especie de contrasentido, un oxímoron demoledor que no era otra cosa que una cruda manifestación de lo que por ese entonces, el espigado pelilargo de mirada profunda y algo psicópata sentía.

Sus creaciones, inclinadas hacia el erotismo sadomasoquista, hacia el nihilismo irredento, hacia el humor negro, retorcido, pero imaginativo, lo ponían sobre la tarima de los más iconoclastas representantes del rock. Se ganó su espacio y mucho más, cómo no: nadie olvidará su aparición en “Playgirl”, exhibiendo la erecta extensión de su anatomía. Cipotonazo e irreverente el hombrón.

Musicalmente siempre tuvo algo que decir, o más bien, mucho que aportar. Ahí está su contribución al thrash con Carnivore en los ya remotos años ochenta. Pues bien, en los noventa la cosa cambiaría y se orientaría con fuerza hacia un estilo que, si bien radica en un nicho más específico, le permitió echar afuera sus inquietudes compositivas. Type O Negative significó un hálito de frescor en el panorama metalero que por aquellos años, vivía los sinsabores del desinterés por muy buena parte de la parroquia.

La historia la sabemos, el lamentable devenir de Peter también. Nos queda su música, articulada en gran concomitancia con su partner Josh Silver, maestrazo en el teclado. Y este disco es prueba de lo mucho que ofrecieron para deleite de la audiencia.

La introducción no es otra cosa que una caricia sabbathiana con “thir13teen”, el ritmo de “I don´t wanna be me” te lleva por una montaña rusa que configura un gran augurio para lo que viene. “Less than zero (<0)” y el bajo inicial de Steele al que se une el teclado de Silver, fomentan el relajo (¡Qué pareja de lujo, huevón!), la fina elegancia para acompañar de cerca el mensaje dirigido nada menos que al creador, dolorosamente, por cierto.

Recuerdos de la niñez en “Todd´s ship gods (above all things)”, con ese riff que alterna con la atmósfera espacial del teclado ¡Temazo de la puta madre, señores!; “I like goils” con sus imágenes sexuales de annilingus y demases navega acelerada, rauda, pero precisa en su intención.

Las clásicas melodías marca de la casa toman cuerpo con la nihilista “…A dish best served coldly”, que nos remonta a la época del Bloody Kisses. Nos queda claro que no perdieron su sello, lo robustecieron. “How could she?” prosigue el derrotero con la mención de una serie de personajes femeninos animados o caracterizados en clásicos de la TV de todos los tiempos.

El tema título parte con un despliegue del doom clásico que tanto nos gusta a muchos. El ritmo pesado y parsimonioso que nos evoca los orígenes de todo este asunto, para pronto derivar en pasajes más enérgicos. Y el moribundo que anhela el final en clara protesta contra los esfuerzos por mantenerlo vivo y facturar el costo de atención. El coro es un reclamo rabioso, una manifestación de protesta y de impotencia. Alta cota alcanzada en el ecuador del disco.

“Nettie”: vozarrón cavernoso en competencia con el bajo para conseguir la reciprocidad del consuelo. Más alternativa aparece “(We were) electrocute” para dar paso a “IYDKMIGTHTKY (Gimme That)” cuyo bajo prominente haya complicidad con la entonación de subsuelo con que canta Steele, con el teclado minimalista pero evocador de Silver y con los riffs distorsionados de Hickey. “Angry Inch”, asoma luego, rabiosa y potente para relatarnos las sensaciones de una fallida operación de cambio de sexo (¿Humor negro? Más que eso... humor de alquitrán nocturno). “Anesthesia” contribuye con el gothic metal que conocemos, ese que nos hace soñar o “pesadillear” a costa de una cadencia exquisita, donde otra vez Silver flanquea con precisión quirúrgica el peso de las cuerdas y de una lírica poética y depresiva.

Ya finalizando esta memorable entrega, la intimista “Drunk in Paris” es el brevísimo instrumental que sirve de puente para el corolario del disco: “The dream is dead”, que alude al período en que Steele se sumergió en el alcohol en medio de las concavidades en que lo arrojó su propia personalidad. Título que pugnó con “Life is killing me” para sellar el nombre del álbum. Cuál de los dos más derrotista… aun así, grandes opciones propias de un genio creativo, de un poeta maldito que tuvo la sapiencia como para dar utilidad a su desdicha, a sus ambiciones y a sus fantasías, dejándolas plasmadas en cada una de las creaciones con que nos sedujo hasta el embelesamiento.

Me había propuesto ser más breve con la elaboración de mis reseñas y si fallé en la tentativa, lo hice por la debilidad que me subyuga tratándose de este disco. Baste decir que tienes ante tus narices un gran resultado, un “producto” que se aleja de este concepto comercial y mercantilista, para adherirse a la definición de arte, señores.

Cuatro cuernos altos, alcanzando a rozar el quinto (¡Con la erección de Playgirl!) para el penúltimo poemario gótico de un adelantado que, de tanto serlo, se nos fue muy pronto.

Peter Steele: Voz, bajo, guitarra y teclado adicionales.
Kenny Hickey: Guitarra.
Josh Silver: Teclado.
Johnny Kelly: Batería.

Sello
Roadrunner