Twisted Sister - Rock Fest, Barcelona, 2015

Enviado por El Marqués el Mar, 28/07/2015 - 13:05
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1. What You Don't Know (Sure Can Hurt You)
2. The Kids Are Back
3. Stay Hungry
4. The Beast
5. You Can't Stop Rock 'n' Roll
6. I Believe in Rock 'n' Roll
7. We're Not Gonna Take It
8. The Fire Still Burns
9. The Price
10. Burn in Hell
11. I Wanna Rock

Bis:

12. S.M.F.

El Rock Fest 2015 ha sido el mejor festival celebrado en España desde aquel Metalmania que tuvo lugar en Villarobledo (Albacete) en 2003. La lista de grupos clásicos del mejor y verdadero Heavy Metal incluidos quitaba el hipo, pero es que además la mayoría de los artistas han rendido como si estuviéramos en 1984, hemos presenciado por primera vez en nuestro país a un grupo como Loudness, disfrutado de nuevo de leyendas como Status Quo, que se ha prodigado poco por nuestros escenarios en estas últimas décadas pese a ser un grupo nacido para el directo, redescubierto a ilustres segundones como Krokus y sentido el calor de la nostalgia (además del medioambiental) con las dignísimas recreaciones que Riot V o los Guardians del Pont nos han ofrecido del legado y espíritu de Riot y de los catalanes Sangtraït.

Pero por encima de todo, hemos contado una vez más con la presencia de varios de los miembros más destacados de esa raza de gigantes que es el Metal, de varios de los Dioses del Olimpo que afortunadamente tenemos muy presentes pues suelen visitarnos en cada una de sus giras, y que una vez más han respondido como los genios que son. Accept, Saxon y W.A.S.P. triunfaron una vez más sin necesidad de salirse de sus parámetros. A un peldaño por debajo de ellos, Europe, Helloween y Nightwish también cumplieron, y en un nivel superior Scorpions volvieron a arrasar y Judas Priest nos elevaron hacia el cielo poblado de nubes de Santa Coloma.

Además contamos con la presencia de clásicos menores en comparación pero a los que desde luego se estima, como Primal Fear, Peavy Wagner a través de su actual proyecto Refuge y Ángeles del Infierno (la banda más genuinamente heavy de nuestra escena en los 80), más la presencia de unos Twisted Sister gravemente heridos por la pérdida de su eterno batería AJ Pero. Los neoyorkinos merecen una reseña aparte, y la van a tener.

Hasta aquí, si no me fallan las cuentas, las bandas que presencié. Problemas de horarios me dejaron sin ver a Rosendo, Destruction, Angelus Apátrida, Venom o Nuclear Assault, lo cual por sí solo da idea de la categoría del festival. Si dentro de un tiempo anuncian otro con la inclusión de estas cinco bandas todos sabemos que merecerá la pena ir. Y yo tuve que descartarlos, por motivos diversos.

Comenzamos. Tras una tórrida jornada de trabajo en la capital, desplazamiento en Puente Aéreo el pasado jueves a la Ciudad Condal. La línea 9 del metro llena de camisetas negras en dirección a Can Zam, el recinto en que se desarrollarían las tres jornadas. Y primera alegría al bajar del tren para ascender hacia el exterior por las escaleras mecánicas, cerca ya de las nueve de la noche, escuchando en la distancia ¡el “Caroline” de Status Quo! Con semejante bienvenida supe que nada podía salir mal.

Como comenté el otro día, esperaba ver a la formación clásica de los 70 que ha girado en los dos últimos años. El cuarteto autor del incendiario y mítico “Status Quo Live” del 77, pero no fue así. No estaban Coghlan ni Lancaster, pero si Andy Bown y John Edwards frente a un nuevo batería y los dos monstruos Parfitt y Rossi.

Es igual, para sorpresa de muchos estos tíos dejaron su rúbrica con su acostumbrada lección de lo que son el Boogie Rock y el Rock and Roll. Temas más o menos jóvenes como “Beginning of the End” o “Creepin´up for you” junto a apoteósicas lecturas de “Rain”, “Roll Over Lay Down”, “Down Down”, o una devastadora “Big Fat Mama”, con Rick Parfitt desatado frente al micro en el centro del escenario. Deliciosas esas infaltables “Whatever you Want” y “Rockin´all over the World”, y por supuesto “In the Army Now”, que no es que sea la hostia, pero vaya, en una cita en la que también habrían de sonar “Still Loving You” y “The Final Countdown” no podía faltar otro de esos temas que debe tener como cincuenta millones de reproducciones en youtube.

Scorpions, bueno, leo por ahí algunos comentarios sobre el set list, preparado para su audiencia más suave y tal. Yo creo que para nada. Es más, el repertorio de 2014 que les llevó dos días a Madrid y otro a Vitoria era más pastelón, y además ahora tienen un nuevo disco que es mejor que “Sting in the Tail”, con lo que el concierto fue mejor incluso. Fabulosas como siempre “Coast to Coast”, “Dynamite”, “Big City Nights”, “Blackout” y demás, sorprendente el medley de los días de “Tokyo Tapes”, precioso el interludio baladístico con esa sorpresa que fue el fragmento de “Always Somewhere”, un Klaus Meine que sigue cantando como si fuera Caruso, y eso sí, Kottak, que o bien no ha aprendido nada de su estancia en una prisión árabe, o quizá ha aprendido demasiado y se le ha ido definitivamente la pinza, porque sigue tan pasado de revoluciones como de costumbre.

¿Sobre la proyección de las siluetas de los cinco músicos recortadas sobre una bandera española? Pues bueno, ¿y qué? En un contexto tan grandioso como el que hemos vivido estos tres días atrás, me parece una anécdota tan irrelevante como la despedida que hicieron LGP ondeando la Senyera entre gritos (tampoco muy numerosos) de “Independencia”.

Tenía más interés leer la carta de bienvenida incluida en la guía que te daban al entrar escrita por la señora alcaldesa (que por cierto es muy guapa), orgullosa de que seguidores de al menos 50 países diferentes habían comprado entrada para asistir al RockFest en Santa Coloma. Es Rock, se trata de integrar y no de dividir.

Unos tíos bastante más inteligentes que los que se toman tan a pecho ese tipo de asuntos del Nacionalismo y demás, y que siempre han expresado su amor a sus raíces y sus ancestros, son los británicos Saxon, y sin salirse del guión ofrecieron lo que se esperaba de ellos: “Motorcycle Man” de apertura, “Sacrifice” en segundo lugar, y a continuación la mayoría de sus himnos de los 80. Biff es como Lemmy, nunca dejará de ser el amo, y siempre será una maravilla cantar con él “Strong arm of the Law”, “Wheels of Steel” o “Crusader”, hacer headbanging con “Denim and Leather” y sentir como se eriza el cabello mientras Paul Quinn introduce la inmortal “Princess of the Night”, por siempre el mejor de sus temas.

¿Blackie? Pues lo mismo. Otro ídolo, con mejor voz que en otras ocasiones y otro repertorio netamente ochentero. Puede venir todos los meses a cantar “Wild Child”, “On your Knees” y demás, que nunca nos cansaremos de oírle, aunque se eche de menos a sus viejos escuderos Randy Piper, Johnny Rod o el inefable Chris Holmes.

Annette Olzon no hubiera resistido un embate cervecero con ninguno de ellos, la maravillosa Tarja tampoco, pero ahora Nightwish tienen la fortuna de contar con una vocalista a la que sí veo echando un pulso en un garito cargado de humo y licores desparramados con cualquiera que haya pasado por W.A.S.P. o por Saxon. Los actuales Nightwish cuentan con una intimidante pantera negra en la persona de Floor Jansen, que ha amansado a la bestia Holopainen y domesticado al bufonazo Hietala, demostrando que esta banda necesitaba una frontwoman que fuera capaz de plantar cara a los dos líderes, con un aplomo del que carecen sus dos antecesoras, y con ella aparte de que han grabado un muy buen álbum han ganado un montón de cara al directo. Espectáculo visual y auditivo, pirotecnia por fin, y un buen concierto en el que por desgracia solo entraron “Stargazers” y “Ghost Love Score” de su enorme pasado. Eso sí, la belleza en las líneas vocales de esta canción fue lo más perfecto, lo más purificador que se pudo oír en todo el Rock Fest.

Segunda jornada, llego avanzada la tarde y me dirijo al escenario izquierdo para ver a Ángeles del Infierno, con quienes aún no tenía el placer. En la caseta de firmas posan Helloween para los fans, Markus Grosskopf ejerce de auténtico clown demostrando que todo aquello del Happy Metal lo debió inventar él (Weikath no tiene mucha pinta de cachondo, la verdad), y el que mola en persona es el guapito de Sascha Gestner. Parece uno de esos estudiantes modélicos de la Alemania de entreguerras absolutamente respetuoso cuando va a recoger a su novia en la campiña de Baviera un domingo, para ponerse su uniforme nazi el lunes por la mañana y dirigirse al cuartel de la Gestapo a firmar la sentencia de muerte de unos cuantos judíos sin torcer su agradable gesto.

Pero estábamos hablando de los donostiarras Ángeles del Infierno. De aquel quinteto oscuro que daba miedo en los días de “Pacto con el Diablo” y “Diabolicca” solo quedan Juan Gallardo y Robert Alvárez. Se me hace raro verles con un teclista y dos guitarristas más además de Robert, uno de ellos con pintas sleazy que desentonaban a nivel de imagen. La música de Ángeles era furiosa y directa, y siento que pierden pegada con una formación tan numerosa, pero bueno, les vi desde las primeras filas, y ¿quién puede resistirse a “Sombras en la Oscuridad”, “Maldito sea tu Nombre”, “Rocker”, “Prisionero”, “Con las Botas Puestas”, “Fuera de la Ley” o la espectral “Al Otro Lado del Silencio”? “A Cara o Cruz”, “666”…ya no me llegan tanto, pero vaya, dieron un buen show, la gente coreó y aplaudió himnos ya tan añejos, y aunque el exceso de luz solar restó espectacularidad creó que el resultado global fue positivo.

Helloween comenzaron sonando fatal, en “Eagle Fly Free” ni los instrumentos ni la voz sonaron con claridad, pero poco a poco el tema se fue arreglando, y alternaron las consabidas “Dr Stein” y demás con un par de nuevas, el medley que abrió con “Helloween” y terminó con “Keeper of the Seven Keys” (¿a quién no le puede gustar ese estribillo?), y para los bises la traca infalible con “Future World” y “I Want Out”, bajo un aguacero que al final no fue tan terrible como presagiaban los negrísimos nubarrones que habían encapotado el recinto, y que me hicieron temer un desenlace similar al que vivimos en Zaragoza en 2008 con aquella tormenta que arruinó el Monster of Rock/Metalway, dejándonos sin ver a los Maiden del “Somewhere back in time world Tour” y a formaciones que tal vez ya nunca vendrán como Rose Tattoo.

Vuelta al escenario situado a la izquierda de la audiencia para presenciar a Twisted Sister. Desde su regreso en 2003 es otro de los combos que no ha dejado de girar, han tenido el detalle de no editar material nuevo de estudio en todo este tiempo, con lo cual puedes estar seguro de que no vas a tener que oír canciones recientes de esas que estás deseando que pasen para saltar al siguiente clásico, como ocurre en los shows de bandas como AC/DC, y puedo asegurar que Dee Snider ha terminado alcanzando en cuestión de carisma y presencia escénica el status de frontman legendario al estilo de los grandes de verdad, los Mick Jagger o Iggy Pop, con quienes además comparte torso musculoso y definido inusuales en un tipo de casi setenta años.

Tal como ocurriera en su anterior visita a España, en el Azkena 2012, se presentaron sin maquillaje. Sin maquillaje pero con una importante baja en sus filas. La muerte de AJ pero les ha afectado profundamente, y desde antes de saltar al stage, con esa imagen en la pantalla dedicada a su ex batería con la leyenda “El Sonido del Trueno” que he utilizado como imagen para esta reseña, quedó bien claro que los cuatro badass motherfuckers supervivientes que conforman ahora la banda iban a encargarse de que el espíritu de su colega del alma estuviera presente.

Son tan grandes que hasta consiguieron que Mike Portnoy me cayera simpático. El todo terreno batería de Dream Theater se ha ofrecido para ocupar el trono de AJ Pero, y cumplió con su profesionalidad habitual, mostrando absoluto cariño y respeto por el fallecido drummer hispano, llenando ese puesto que ha quedado vacío ocasionando un intenso dolor a sus compañeros, en especial a Jay Jay, como después podríamos comprobar.

El set list fue más o menos el de siempre, con alguna ausencia importante como la de las bestiales "Under the Blade" o “Come Out and Play”, pero desde el comienzo con la habitual “What you don´t Know…, las infaltables “The Kids are Back”, “Stay Hungry”, “You can´t stop R´n´R”, la aterradora “Burn in Hell” con la performance de Snider arrastrándose por el suelo iluminado por la diabólica luz escarlata como si fuera un incubo, el mega hit “We´re not gonna take it” y su penosa coda con la bromita de los huevos con aceite (¡y limón!), todo funcionó a nivel musical como debía funcionar. Una maravilla, por supuesto.

El problema vino por la inexplicable intervención de un roadie de John Norum. Al estar dispuestos los dos escenarios uno junto al otro, no como solía hacerse antaño en que estaban enfrente separados por unos 200 o 300 metros, es inevitable que mientras una banda está tocando los técnicos de la otra tengan que probar el sonido, lo cual en ocasiones da lugar a que en un silencio de la banda que actúa se perciban rumores de las pruebas de sonido de la banda de al lado. Pero es que lo del otro día fue diferente. Es que desde que Twisted Sister comenzaron, el roadie de marras de Europe, quienes habrían de tocar a continuación en el escenario a la derecha del público, estuvo llamando la atención haciendo aspavientos y tomando fotos con el móvil a banda y audiencia tras la batería de Portnoy. En una de las canciones salió al escenario mientras Sister actuaban y se dirigió a la gente de las primeras filas situada a la izquierda, esto es, en el lado opuesto de donde se supone que él tenía que estar trabajando, haciendo gestos como si reclamara un selfie o algo así. Viéndole llegué a preguntarme si sería Andy Deris, ya que con la frente despejada y larga melena rubia tenía un cierto parecido, y es que no me entraba en la cabeza que un roadie pudiera atreverse a montar semejante numerito sin venir a cuento en un show de Twisted Sister, una de las bandas camorristas por excelencia en los viejos tiempos del Heavy Metal, que llegó a citar en los 80 a Manowar en Central Park para solucionar un problema a puñetazos, sin que Adams, Demaio y compañía se atrevieran a presentarse.

Precisamente por ese carácter peleón de Twisted Sister pensé que igual habían tenido algún encontronazo con Helloween, y que tal vez Deris estaba dispuesto a tomarse la revancha tocándoles los cojones a base de bien, pero no, resulta que era un roadie de Europe, con una toalla blanca sobre el cuello, al que no impresionaban los gestos de disgusto de los americanos al pedirle que dejara el escenario. Jay Jay fue el primero que le pidió que se apartara, que dejara de distraer la atención de la audiencia, pero el tío pasaba. No sé, tenía que llevar un colocón de campeonato, porque si no no se entiende esa actitud. Le pedían que se marchara y él seguía a un lado del escenario con su toalla y haciendo fotos, hasta el punto que Snider reventó y en mitad de “I Believe in Rock and Roll” gritó: “Hold on a second, please!”, abandonó su puesto, se coló en el escenario de Europe y le pegó un broncazo al menda a micrófono abierto, mientras la banda no dejaba de tocar. Por un momento pensé que el iracundo vocalista nos iba a ofrecer un homenaje al cuentecillo “La Historia de la liebre que perdió sus gafas” escrito por Ian Anderson en “A Passion Play” en versión “La historia del roadie que perdió sus dientes de un guantazo”.

¿Creéis que el gesto intimidó al colega? Pues no, ahí siguió semiescondido entre los bafles con su toalla blanca, inmortalizó tras la batería de Portnoy con su móvil la foto final que la banda se hizo de espaldas al público, como es costumbre, y mientras Snider presentaba al grupo en “I Wanna Rock”, Eddie Ojeda no estaba presente ¡porque estaba detrás de la hilera de Marshalls tratando de entenderse con el tipo! Esto lo vi claramente desde mi posición, y lo que me cuesta entender es que ninguno de los componentes de Europe interviniera para hacerle parar de una vez.

Fuera como fuera, no logró robar el protagonismo a la gran estrella ausente de la noche, el bueno de AJ Pero, el Alfredo Landa (por el físico) de los baterías del Rock, que nos dejó la primavera pasada de un ataque al corazón motivado por su mala vida de rockero. Y lo digo así porque el propio Snider le ha maldecido por ello, por no cuidarse, al estilo cuando treinta años atrás Ted Nugent se enfureció con Phil Lynott por el mismo motivo.

Impresionante como Jay Jay French tomó el micro y nos contó que habló con AJ el día antes de su muerte, que el batería le dijo que no iba a estar con ellos en los shows del verano, y que French trató de convencerle de lo contrario. Dentro de la elegía global a su memoria que fue el concierto destacó esa extraordinaria “The Price”, en la que Dee Snider pidió a la gente que bajara los móviles consiguiendo lo inimaginable: Que el arenal se llenara de mecheros, como si de verdad hubiéramos retrocedido en el tiempo, mientras Jay Jay rasgueaba su guitarra totalmente ausente, apoyado en los Marshalls. Esa imagen me tocó la fibra. Un autor español, Sergio Linares, acaba de editar un libro sobre Twisted Sister, y contaba en Popular1 que cuando contactó con ellos, French le dejó claro que no pensaba colaborar si de ello no obtenía ningún beneficio económico. Esa actitud no deja en buen lugar al guitarrista, da una imagen hasta rastrera, y sin embargo ahí le teníamos, a escasos metros pero seguramente con la mente a miles de kilómetros de distancia, jodidísimo por haber perdido a su amigo (no me preguntéis por qué pero os juro que se percibía, en la mirada baja tras las gafas, la cabeza agachada, la desgana con que sostenía el mástil, lo que fuera).

De hecho fueron él y Dee quienes más expresaron su enfado por la actitud del roadie, y en otro momento se acercó al micrófono y dijo “Don´t fuck with the other bands”. Más contundente fue Dee en la despedida, agradeciéndonos a todos por haberles seguido y apoyado durante tantos años, con otro momento para el recuerdo: Se dirigió a la gente que llevaba toda la actuación colocada en la primera fila del escenario de Europe, y les dijo: “También a vosotros, gracias, sois cool, pero el roadie es un gilipollas”. Todo esto ocurrió, y supongo que irán apareciendo filmaciones en la Red sobre ello, porque fue la hostia.

Y hablando de música, cuando pidió a la gente que repitiera lo de “I Wannaaaa…”, el público soltó un “Rooooock” que le dejó noqueado. Dijo algo así como “guauuuu”, cuando lo habitual, y todos los que vamos a conciertos lo sabemos, es que te tengan que decir: “Bueno, no ha estado mal pero para la próxima quiero algo más fuerte”. Es decir, los típicos “Loudeeeer” o “Scream for meeee…” que llevan usando Ozzy o Dickinson toda la vida.

A continuación Europe empezaron fuerte con esos temas duros de su última etapa, pero el show desembocó en las clásicas “Superstitious”, “Sign of the Times”, “Rock the Night”, una potente “Ready or Not” y naturalmente el “Final...”. Bien todos ellos, se agradece que nos ahorraran escuchar “Carrie”.

De ahí al sábado, último día. Visita por la mañana a Tallers, y en la tienda Revolver suena a toda pastilla el “Unleashed in the East”. Lo cojo por “Running Wild”, y ya me quedo revisando cubetas de Cds hasta el final, hasta “Starbreaker”. En mi mente ese álbum cerrará siempre con “Tyrant”, que es como lo conocí, pero todo él suena de maravilla, y me hace ser consciente de que horas después voy a poder disfrutarlos una vez más.

Antes veré un rato a una joven banda llamada Battle Beast con vocalista femenina killer al frente, a los Refuge de Peavy que cumplen, y a Primal Fear, con su conocida y resultona interpretación del ABC del Metal europeo. Lo mejor es ver a Scheepers con esa arrolladora presencia escénica, te lo puedes imaginar armado con una M60 en plan Rambo matando zombies tras el Apocalipsis.

LGP lo forman ahora los ex Sangtraït Quim Mandado al bajo y voces, el barbudo batería Martín Rodríguez, y el excelente guitarrista gerundense Joan Cardoner. Atraerán a unos cuantos incondicionales a las primeras filas, y ofrecen un buen show con ese heavy metal caballeresco que te hace sentir como si estuvieras viendo una recreación del mundo de Tolkien en versión ampurdanesa. El calor con el sol de frente a esa hora de la tarde espantoso, eso sí.

Los Krokus de Marc Storace y el bajista Chris Von Rorh cambian de registro y nos ofrecen una espléndida dosis de Hard Rock con tintes Boogie y el toque aussie que siempre les asoció con AC/DC. No en vano, el carismático Storace, que conserva una voz aguardentosa irresistible, representa la pura imagen de lo que sería Bon Scott hoy sobre un escenario si siguiera vivo. Reverberaciones ante el micrófono, chulería, y puesta al día de los viejos temas de aquellos discos tipo “HeadHunter” o “Metal Rendez-vouz” que muchos nunca pudimos comprar, pese a hartarnos de ver sus portadas en la Heavy Rock o en el boletín de Discoplay, como me recordó Gargamel.

A la izquierda comenzaban Warcry, mi enhorabuena a la organización por colocar a esta banda justo antes del rush final Loudness/Accept/Judas/Riot V porque era el momento de retirarse a cenar y reponer fuerzas para lo que se nos venía encima.

Loudness espectaculares, intercalando sus temas más conocidos y tarareables (la entrada con “Crazy Nights”, “Let it Go”…) de sus míticos “Thunder in the East”, “Hurricane Eyes”, “Lightning Strikes” y demás con verdaderas andanadas de Heavy proto Speed Metal, imponiéndose al final la vertiente más salvaje y veloz, y por suerte nada de su errática etapa posterior más experimental, solo el “The Sun Will Rise Again” que da título a su reciente Cd. Takasaki como un Dios de la vieja escuela con las seis cuerdas, creo que ni siquiera un George Lynch o un Eddie Van Halen podrían interpretar con esa fiereza y precisión semejante exhibición de virtuosos punteos a la velocidad de la luz.

Accept han perdido al batería Stefan Schwarzmann y al guitarrista Herman Frank, lo cual me duele más, pero bueno, ahí estaban de nuevo ante nosotros el cumplidor Mike Tornillo y esas dos instituciones del Metal (¿cuántas se citaron en Barcelona? ¡Por Dios!) que son Baltes y Hoffmann. Conscientes de que solo tenían una hora fueron al grano con “Stampede”, “Stalingrad”, “Final Journey” con el cachondeo de la parte instrumental en que meten “La mañana” del compositor clásico Edvard Grieg, y naturalmente “London Leatherboys”, “Restless & Wild” y “Princess of the Dawn”, de la que suprimen la jam intermedia en que guitarrista principal y bajista se batían en duelo con sus instrumentos. Inicialmente me joroba que para el poco tiempo que tienen cuelen “Pandemic”, buen tema pero sin comparación posible con tantos clásicos de la primera época, pero la interpretación de Hoffmann lo convierte en sublime. Hay que ver como se divierte tocando este tío, una auténtica fuerza de la naturaleza.

“Fast as a Shark” suena demasiado pronto, anunciando que estamos llegando al final, que se compondrá como de costumbre de “Metal Heart”, la demoledora y canonizada como nuevo clásico “Teutonic Terror” y un “Balls to the Wall” que ya presencio a mucha distancia, colocado frente al stage derecho para presenciar a Judas Priest. La gente por cierto más pendiente de grabar con el móvil la cancioncilla inicial de “Fast…” que de hacer pogo, pero en fin. Es lo que hay, solo que de esta generación dudo mucho que vayan a surgir tipos con los huevos de Hoffmann, Snider o Marc Storace.

Sobre Judas ya comenté en la reseña de Artemis, un show sobrio adornado solo por el colorido juego de luces, un set interesante que me permitió oír en vivo por vez primera “Jawbreaker” y la grandísima “Devil´s Child”, un Tipton que tardó en meterse en el concierto y que parecía más cómodo junto a Ian Hill que junto a Halford y Faulkner, y por encima de todo un Metal God que empuñó el Martillo de los Dioses con fuerza y lo golpeó en el yunque forjando una nueva espada a decorar el respaldo del trono de Odín en el Valhalla. Que me pilló por sorpresa lo bien que cantó, vaya. Que en sus ojos se apreciaba el inhumano esfuerzo que estaba haciendo, y que si encima leo que al día siguiente en Madrid cantó igual de bien es que definitivamente tiene sangre de dragón en sus venas.

Y poco más que contar, amigos míos. Riot V de fábula también centrándose, al igual que Loudness, en su faceta más speed desde el “Thundersteel” con que abrieron, sonido punzante de agudísimas y también virtuosas cuerdas, otro cantante magnífico, y el bonito detalle de enseñarnos una funda descascarillada que sin duda portaba una de las guitarras de Mark Reale.

Ya para esperar a Venom me faltaron las fuerzas, me había surtido también de buen material en el mercadillo metalero y estaba cansado de portar bolsas entre tanto bullicio. Otra vez será, y como nos despedían en la guía: Nos vemos en 2016.

El domingo, ya en el avión, con el eco de cientos de canciones resonando en mi cabeza, me asomé por la ventanilla y contemplé el mar frente a las costas de Barcelona primero y Tarragona después. El sol mañanero hacía brillar algunos bultos en la superficie. Uno de ellos parecía un tablero. Aunque puede que fuera el cuerpo inerte del roadie que se atrevió a jugar sucio con Twisted Sister.

Dee Snider: Voz
Jay Jay French: Guitarra
Eddie “Fingers” Ojeda: Guitarra
Mark “The Animal” Mendoza: Bajo
Mike Portnoy: Batería