T.Rex - Electric Warrior

Enviado por berniwhiteriot el Sáb, 16/09/2017 - 13:00
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1.Mambo Sun
2.Cosmic Dancer
3.Jeepster
4.Monolith
5.Lean Women Blues
6.Get It On
7.Planet Queen
8.Girl
9.The Motivator
10.Life’s a Gas
11.Rip Off

Cuando jugaba a fútbol sala en el equipo del barrio tuve un entrenador que una vez me dijo que puedes revolucionar las cosas sin que nadie se diera cuenta. Se trata al fin y al cabo de hacer el trabajo sucio. Pues al final el mérito se lo llevaría otro. Sí, se refería en mi caso al jugar de lo que en vocablo técnico llamamos ‘cierre’, que vendría ser el central de toda la vida del fútbol once. Esta era la posición que un servidor ocupaba. Y la verdad que no lo hacía mal. Por eso mis aspiraciones eran jugar más avanzado. Pero después de esa charla me dí cuenta que importaba un comino ser el máximo goleador, salir en todas la tablas y que las chicas vinieran a verte única y exclusivamente a ti si uno podía hacer algo mejor. Sí, amigos, ser la estructura que sostenía el equipo y dejar en bandeja el trabajo para que otros lo remataran. En silencio. Y estuvo muy acertado el míster pues esto casaba a la perfección con mi carácter. Pues bien, en éste nuestro rollo de nombre rock me da la sensación que a menudo pasan fenómenos similares al que un servidor padeció. Y hoy quiero traerles un grupo y una obra en concreto que sentaron unas bases para que posteriores solo tuvieran que rematar el balón a puerta vacía (qué poco le gusta el fútbol al chalado que les escribe…). Hablamos nada más y nada menos que de los británicos T.Rex, uno de los conjuntos más sumamente infravalorados de la historia y más si vemos el resultado que han tenido posteriores que cogieron el testigo una vez la revolución ya estaba hecha al fin y al cabo. Formados en la capital británica en 1967 bajo el nombre inicial de Tyrannosaurus Rex los de Marc Bolan iniciaron su andadura musical con cuatro álbumes que se movieron en la onda que reinaba en el momento. Movidas psicodélicas, tintes folk y demás. Nada nuevo de momento. Al contrario de cuando en 1970 deciden cambiar no solo su nombre a T.Rex sino que, sin saberlo, el devenir de la historia del rock. Y me temo que no estoy exagerando ni pizca. Así que el nuevo nombre les viene que ni pintado y en el mismo año setenta vuelven a la palestra con un nuevo debut homónimo en el que se sacan de la chistera una nueva fórmula de hacer música que más tarde se popularizara como glam rock. Casi ná, tíos. Un álbum sublime, innovador, de los que crean escuela a pesar de ser poco laureado (aunque eso en el futuro fue cambiando progresivamente...al final desvelaremos por qué). Como un central, vaya. Construye y equilibra el juego. Pero recuerden, remata el delantero.

Llegamos pues al material que nos ocupa. Su segundo asalto “Electric Warrior” es prácticamente insuperable. Solo lo pueden hacer esas grandes obras del rock que se les puedan venir a la cabeza. Apunten alto, quemen naves al pensar, pues para batirse con él no basta con ser un muy buen álbum. Tan siquiera lo que nos gusta denominar como masterpiece. Para estar por encima del segundo maldito trabajo de T.Rex debes ser una obra estratosférica, extraterrestre, de las que se pueden contar con los dedos, ya no diré de una mano, pero sí de las dos. Esto vaya por delante. Estamos delante de un álbum absolutamente necesario para el devenir del denominado como glam rock, pero también del rock duro. Aquí se definieron aspectos técnicos, musicales y estéticos, que no es poco. Ya no estábamos en los sesenta. Los setenta se abrieron como una puta apisonadora en todos los aspectos. Y “Electric Warrior” se debe poner en paralelo a “Sticky Fingers” y “Master of Reality”. La santísima trinidad de ese ya lejano año ‘71. Tres obras completamente distintas pero claves en su esencia para entender por donde fueron yendo los tiros que se dice de forma coloquial en tales respectivos subgéneros de nuestro querido rock (“Meddle” de Pink Floyd es que sencillamente come a parte, es otra galaxia). Así pues, cojan su sombrero de copa, los pantalones coloridos o de cuadros, una camisa, una americana y una buena Gibson porque hoy cogemos los derroteros del glam a mucha honra, oiga.
Y a mi ya de buenas a primeras la movida se me antoja de maravilla. No puedo evitar ser una maníaco de los artworks y, perdónenme, pero el que nos ocupa es una puta delicia. Me apasiona esa sobriedad elegante que reza en la portada, toda negra con el nombre de la banda y el disco muy austeros y una genial ilustración oscura e intimista con la silueta de Bolan en plena acción con solo su mítica guitarra y el amplificador. Impagable. Sin duda se encuentra entre mis favoritas en dura pugna con “London Calling”, “Jailbreak”, “Exile on Main Street” y “Taken by Force” (lo siento, lo tenía que decir).

Y en el interior, pues qué queréis que os diga. Para el que les escribe esta obra es simplemente perfecta. Ni más ni menos. Un trabajo equilibrado como pocos, de los que no tienen bajón alguno. Once temazos que no tienen desperdicio alguno, un álbum que si pinchas lo tienes que acabar. Que sí, que esta regla se debería aplicar a cualquier trabajo que uno se digne a poner en el tocadiscos o lo que cojones tengáis. Pero si hiciésemos una lista de obras que quitarlas sin terminar es un sacrilegio extra, ésta sería una sin lugar a dudas. Vale que en su momento la movida tuvo una recepción normalita -no lo negaré-. Pero señores, aquí estamos para analizar las cosas con perspectiva. Tenemos la suerte de observar los fenómenos musicales desde la lejanía y con los datos necesarios para poder determinar si tal o cual invento fue decisivo o no y, ya me perdonarán los que discrepan pero...este segundo asalto de los T.Rex deberia ser digno de estudio.
Hablamos de una pieza que su repercusión y consecuencias fueron absolutamente impresionantes. Vale que no negaré que por gran parte del público el disco podrá ser recordado como el portador de “Get It On”, tema que aún suena en mil y una emisoras y repetido hasta la saciedad. Pero detrás de esto hay muchísimo más. Y, ojo, que estamos hablando de un señor tema que pasará a los anales de la historia del rock sin lugar a dudas, pero oiga, que reducir a T.Rex a una sola canción como se hace a menudo es simplemente un error.
Aquí de “Mambo Sun” a “Rip Off” nos encontramos con una lección magistral de cómo revolucionar el panorama y que se enteren cuatro gatos. Personalmente mi predilecta de siempre será “Jeepster”. Para la posteridad, la mítica escena del bar en “Death Proof” (2007) de Quentin Tarantino. Pero si de una cosa me alegro por Bolan y los suyos es lo siguiente. Decía que muy poca peña se dio cuenta de la magnitud de la banda en su momento más allá de un par de singles. Bien, esto no se podrá negar jamás. Pero hay veces que la aclamación y el mérito reconocido vienen a posteriori. Es tremendamente injusto pues al fin y al cabo “Electric Warrior” debió merecer una mejor coyuntura. Pero aquí, tal y como inicié estas líneas, hablamos de trabajo sucio, subterráneo, discreto y silencioso. Y claro, colegas, como a más de un artista (que seguro que os vienen a la cabeza) le pasó, T.Rex fue reconocido como lo que fue alguna que otra generación de músicos más tarde.
Sentaron unas bases y tuvieron que pasar algunos años para que gente como Bowie o Slade -primero- y más tarde Guns n’ Roses y Oasis afirmaron en entrevistas varias que una de sus más grandes influencias fueron precisamente los glammers londinenses. Casi ná, colega.

En definitiva, Bolan y sus T.Rex crearon escuela. La escena los infravaloró en su momento. Pero la venganza es un plato que se sirve en frío. Y la satisfacción que merecen tener Bolan y los suyos con ellos mismos es incontestable. Se sacaron de la manga todo un estilo musical y estético. Ahí quedó. Hicieron toda la faena y, por contra, han quedado como banda de culto snob mientras que si la vida fuera justa y hubieran podido continuar su andadura en el rock Bolan podría ser un tótem a la altura de Keith Richards, Tommy Iommi o Phil Lynnot y la banda estaría llenando estadios por todo el mundo en giras interminables. Ya me lo dijo mi entrenador, y el muy cabrón no iba errado. “Puedes revolucionar las cosas sin que nadie se de cuenta”.

Cinco cuernos innegociables.

Marc Bolan: Voz, guitarras
Mickey Finn: Congos, bongos
Steve Currie: Bajo
Bill Legend: Batería
Howard Kaylan: Coros
Mark Volman: Coros
Rick Wakeman: Piano en “Get It On”
Ian McDonald: Saxo en “Get It On

Sello
Reprise Records