Thin Lizzy - Fighting

Enviado por Stoned el Dom, 17/10/2010 - 19:29
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01. Rosalie
02. For Those Who Love To Live
03. Suicide
04. Wild One
05. Fighting My Way Back
06. King's Vengeance
07. Spirit Slips Away
08. Silver Dollar
09. Freedom Song
10. Ballad Of The Hard Man

Estamos a mediados de los 70’. Las bandas de hard rock endurecen cada vez más su sonido, alejándose cada vez más del blues, que actuó de pilar básico durante años para este tipo de formaciones. Estamos hablando de Led Zeppelin, Deep Purple, Black Sabbath, Grand Funk Railroad… y tantos y tantos grupos que hicieron de esta mágica década la edad dorada del rock.

Cuando el otro día hablaba del genial guitarrista irlandés Rory Gallagher, expliqué como los años habían acabado por enterrar en el olvido su talento e influencia, cosa que también sucedió con sus compatriotas Thin Lizzy. En la escena hard rock que comentaba, se hallaban entre los grandes. Es decir, miraban de frente, sin rubor y con la cabeza bien alta, a montruos de la talla de Led Zeppelin o Black Sabbath. Aunque la historia, a día de hoy retuvo la magnificiencia de estas dos bandas, entre tantas otras, y no la de los irlandeses, Thin Lizzy jugaban en su misma liga y, no contentos con eso, ocupaban la primera posición en bastantes jornadas.

La discografía de los irlandeses es impoluta, desde el primer LP homónimo, lanzado en 1971, hasta su último “Thunder And Lighting”. El talento de Lizzy, así como nivel de los instrumentistas, está al nivel de los ya nombrados Led Zeppelin, Black Sabbath y todas las vacas sagradas del género. Las guitarras solistas dobladas, la característica voz de Phill Lynott, las poéticas letras, los mastodónticos riffs, su particular folk-rock electrificado, cortesía de la influencia musical de su amada Isla Esmeralda… todo es mágico en esta banda, y nadie puede decir que conoce el rock, nisiquiera puede afirmar que lo ama, sin conocer, admirar e idolatrar a Thin Lizzy.

Después de cuatro magníficos trabajos, Lizzy sube un peldaño más en 1975, año en el que ve la luz “Fighting”. El año siguiente, el del lanzamiento de su obra más conocida, “Jailbreak”, fue también el que los catapultó a la cima del rock mundial, aunque es con “Fighting” cuando se define como banda. Ya en este disco encontramos todas las características que hubieron de llevar a Thin Lizzy al estrellato y a los corazones de sus fieles fans, los que no olvidan el legado de una banda única.

El anterior “Nightlife” (1974) contó por primera vez con la mítica dupla guitarrera que definiría el sonido y la personalidad de la banda, Brian Robertson y Scott Gorham. Si bien en “Nightlife” hacen un papel notable se les nota tímidos y algo cohibidos, actitudes que corregirían en “Fighting”.

Si para abrir un disco eliges una versión como es “Rosalie”, de un grande como es Bob Seger y la mejoras hasta ridiculizar la original, es que tienes talento, y Thin Lizzy lo tenían a mares. Riffs, solos, punteos, la voz de Lynnot… hacen el tema suyo desde la primera nota. Si esta canción no te alegra el día y te hace mover el pie, preocúpate: quizá estés muerto.

“For Those Who Love To Live” es el segundo corte. Las características guitarras dobladas abren el tema, que cuenta con cambios de ritmo y de pulso sutiles y perfectos, y la voz de Phil lo llena de feeling por los cuatro costados.

“Suicide” demuestra a los incrédulos que Thin Lizzy era una máquina de crear increíbles riffs a la altura de Led Zeppelin. No es una exageración ni una opinión, es un hecho. Las guitarras dobladas continúan a lo largo del tema.

Phil se pone un tanto nostálgico, y nos regala “Wild One”, otra vez las mismas guitarras, el mismo sonido, el mismo feeling a la voz. Como compositor, Lynott estaba, como mínimo, a la altura de ciertos grandes que no mencionaré para no desatar polémicas. Negarlo es simplemente de sordos o de necios.

Más hard rock y más riffs en “Fighting My Way Back”. Si Lizzy rockeaba, pocos les podían toser. Simplemente, no podían, porque los irlandeses eran una perfecta máquina de rock, implacable en el estudio y mortal en el directo, tanto que cuando giraron de teloneros de Queen por EEUU, Freddie se acabó mosqueando por el listón demasiado alto que dejaban en sus actuaciones, y que apenas podían rebasar los todopoderosos ingleses.

“King’s Vengeance” es otro tema rockero con ciertas influencias folk. Tanto la composición como la voz de Phil van dando leves giros a lo largo de esta, y el precioso y melódico solo del final hacen que sólo pueda calificarse este tema como perfecto.

El oscuro “Spirit Slips Away”, con aire nostálgico y mucho sentimiento, nos demuestra de nuevo el talento de la banda para adaptarse a otros sonidos alejados del hard rock más puro.

El octavo tema lleva por título “Silver Dollar”, y es algo así como country con sonido Lizzy. De nuevo, queda fuera de toda duda la versatilidad de la banda y el talento de sus guitarristas.

“Freedom Song” es otra preciosa composición de Phil. De nuevo, las guitarras solistas se entrecruzan y le dan al tema ese sonido tan distintivo y tan inexplicable, pero que cuando lo escuchas se te cuela dentro y no puedes vivir sin él.

Para cerrar el disco, los honores recaen sobre “Ballad Of The Hard Man”. Escuchar el riff y flipar es todo uno. De nuevo los irlandeses hacen ver al más ciego su talento rockero. ¿Por qué diantres hay gente que no sabe ni de la existencia de este grupo? Amigo, si aspiras a tocar la guitarra eléctrica en un grupo de rock, escucha esto.

Como dije, la discografía de esta inolvidable banda es excelsa y recomendable, pero me quedo especialmente con este “Fighting”, seguido de cerca de “Jailbreak” y “Black Rose”, con Gary Moore a la guitarra, y del que hablaré debidamente en otro momento.

¿Qué no lo has escuchado todavía? Corre. Yo me he puesto este discazo mientras escribía la reseña y, visto lo visto, lo mejor que puedo hacer es darle al play otra vez.

Phil Lynott: Bajo, voz
Brian Downey: Batería
Scott Gorham: Guitarra
Brian Robertson: Guitarra

Sello
Mercury