Tahúres Zurdos - La Caza

Enviado por El Marqués el Sáb, 18/06/2011 - 22:13
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1. La caza
2. Miedo
3. Que entre la luz
4. Piedras
5. Metamorfosis
6. Lo peligroso (directo)
7. Quiérete
8. Rabia
9. Solos contra el mundo
10. Fundidos como cera

Mes de noviembre de 1996. Los originales Kiss reunidos y maquillados van a tocar en el Palacio de los Deportes. He comprado hace meses la entrada, una pasta para la época, y cuando llega el día, me desplazo en metro al Palacio en la calle de Goya. No sabría explicarlo, pero durante toda la jornada no he tenido el feeling, no he sentido esa excitación previa a un acontecimiento de semejante importancia.

Salgo del metro, y una extraña calma se percibe en la zona. No se ven destellos de los coches de la policía desviando el tráfico, no han cortado las calles, del vagón no ha bajado una horda de heavies con sus camisetas de las Criaturas de la Noche. Llego al Palacio y lo encuentro silencioso, solitario, sumido en tinieblas, cerrado a cal y canto. En una de las puertas un escrito informa de que, debido a una huelga de transportistas, la flota de camiones que traslada por carretera toda la parafernalia escénica de Kiss no ha podido cruzar Los Pirineos, y el concierto ha sido suspendido.

Entonces uno se enteraba así de estas cosas, nadie te enviaba un sms al móvil, ni existían las PDAs, ni ibas por la calle con un portátil para conectarte con una tarjeta a Internet. Las huelgas, los conflictos laborales en cambio, son tan antiguos como la necesidad de retirarse al “excusado”, vaya.

La organización garantizaba que el grupo de Stanley y Simmons iba a volver más pronto que tarde, en la misma gira de reunión, y te ofrecían la posibilidad de conservar la entrada, o devolverla. Opté por la segunda vía, porque necesitaba las cerca de cinco mil pesetas que me había costado, unos 30 euros/dólares de ahora, que todos sabemos cundían mucho más.

Como a veces los sueños se hacen realidad, en junio del 97 Kiss volvieron y ofrecieron el concierto más espectacular que he visto en mi vida. Los dos jefes, junto a los controvertidos Ace Frehley y Peter Criss, arrasando con el repertorio de los 70, una mezcla de sus seis primeros e históricos discos como no han vuelto a realizar.

Allí estaban los cuatro, bajo la lluvia de confeti y fuegos artificiales, exhalando glamour y carisma como para parar un tren, Paul Stanley especialmente, con aquella guitarra transparente que parecía de cristal, y percibí el aura que desprendían de verdaderas estrellas del Rock.

Una semana antes, el mismo día, si no recuerdo mal un jueves, había captado otro tipo de aura de un grupo distinto según salió a un escenario mucho más humilde. En La Sala de Carabanchel, en la Avenida de Virgen de Fátima, tocaron para un centenar de personas, Tahúres Zurdos, el grupo de rock pamplonica de los hermanos Aurora y Lolo Beltrán, que aterrizaban en Madrid tras una larga temporada sin tocar en el foro, en la presentación de su disco “Azul”, editado en la segunda mitad del 96, más o menos cuando se suspendió el primer show de Kiss.

Los Tahúres también transmitían un aura: la de los trabajadores, los currantes del rock and roll. Me parece estar viendo al bajista Juanma Ugarte delante de mí con ese aspecto tan sencillo, la camisa por fuera y unas bambas verde militar. El paseo desde el backstage, el ritual de colgarse los instrumentos, sonreír a la selecta audiencia y comenzar a tocar.

“Azul”, como he dicho, era su lanzamiento más reciente, pero en 1994 habían editado “La Caza”, que en mi opinión ha quedado como su obra más completa.

Tahúres Zurdos se formaron en una pequeña localidad minera navarra llamada Potasas, en la segunda mitad de los ochenta. Sus primeros trabajos les otorgaron cierta fama, gracias a temas como Una noche de amor, Lujuria, “El chico de la mirada asustadiza”…Se atrevían incluso con una versión del Five Years de Bowie.

Los discos “Nieve Negra” y “Árido” consolidaron a una banda asentada, profesional, con una trayectoria que comenzaba a despertar admiración en público, crítica y colegas del negocio. “Chicas Fuertes”, Tocaré, la homónima Nieve Negra –qué momento, cuando Aurora cantaba aquello de “Hoy ha nevado/Y he venido a verte/Y solo quiero/que me abraces”-, eran temazos que daban prestigio al rock duro español.

Y con “La Caza”, título de enigmático tinte cinéfilo –me recuerda a aquellas impactantes obras sobre la España más negra que filmaron Carlos Saura, Ladislao Vajda o Mario Camus-, entregaron su obra mejor producida y elaborada hasta ese momento, que supuso un antes y un después en su carrera.

Desde un principio, el punto fuerte en la música de Tahúres Zurdos fueron las interpretaciones de Aurora Beltrán, que exorcizaba sus demonios y dejaba fluir sus sentimientos a través de las canciones, rock contundente, en ocasiones ligero, sin demasiadas pretensiones, pero si un notorio interés en evitar los pasos en falso, en dejar todos los cabos atados y en hacer las bien las cosas.

Ni era una letrista excepcional ni una gran cantante, aunque en los siguientes discos se atreviera a versionar, y muy dignamente por cierto, a Janis Joplin, pero tenía una personalidad interpretativa impresionante, la podías sentir dejándose el alma en cada verso, en cada nota que tocaba.

Y el resto de la banda era igual: Tal vez no llegaran al sobresaliente en ninguna de sus capacidades, pero obtenían un notable alto en todo: Composición, interpretación, puesta en escena.

Todas esas virtudes brillan de manera especial en “La Caza”, un disco que se abre con el tema título, trallazo rockero que cuenta con un trabajo rítmico extraordinario, una percusión que recuerda al clásico “Who do you love”, del pionero Bo Diddley, y las habituales confesiones de una Aurora enfurecida, que termina el tema aullando como un felino.

Y es que, por si no lo había dicho todavía, esta mujer une a sus muchas virtudes una belleza inigualable. Aquí nos ponemos berracos hablando de Doro, Angela Gossow y demás, pero la Sra Beltrán ha tenido siempre estilazo, clase, elegancia, unas piernas y unos ojos claros preciosos. Y ha sido íntegra como ella sola, que tras el éxito de este disco, la compañía EMI le propuso lanzarse en solitario ya en 1995, pero ella continuó con el grupo de su vida durante casi diez años más.

Además del comentado “La Caza”, tenemos canciones espléndidas, como la pegadiza y ligera “Que entre la luz”, las cañeras “Quiérete” y “Lo Peligroso”, que contó con la intervención de Rosendo Mercado, un tema machacón llamado “Miedo” que siempre me pareció el más flojo, y las exposiciones de sentimientos, los lavados de conciencia a los que se sometía la vocalista dándolo todo, en temas a medio tiempo irresistibles, cargados de pasión, como pueden ser “Piedras”, “Metamorfosis”, la final “Fundidos como cera”, y sobre todo la maravillosa “Solos contra el Mundo”, la mejor sin duda del lote, con su bello y sentido solo de guitarra, y una Aurora que desnuda su alma tocándonos la fibra sensible con eficacia pasmosa.

La citada “Metamorfosis” tiene un intermedio instrumental pausado que demuestra la madurez compositiva alcanzada por el cuarteto, y “Rabia”, la última que me quedaba por nombrar, es la otra joya de este disco, un fabuloso tema muy duro, donde la rubia pamplonesa se nos cabrea de nuevo e interpreta con una fuerza capaz de tumbar a Mike Tyson.

Tras la edición de “La Caza”, llegaron “Azul”, “Tak” y “El tiempo de la luz”, entre el 96 y el 2000 todos ellos. Eran discos de rock sin etiquetas, siempre muy estudiados y pulidos, con buenas canciones en todos ellos, pero el gancho y la frescura de los primeros años se fue perdiendo.

Tal vez hastiados de una industria poco interesada en la honestidad y el verdadero talento, terminaron por dejarlo tras un disco en directo en 2004 que quedó como su nota de despedida. Pero aunque llegaron después que los más grandes del heavy rock español, son uno de los mejores grupos que ha dado este país en las tres últimas décadas.

Aurora Beltrán: Voz, guitarras acústica y eléctrica
Lolo Beltrán: Guitarra eléctrica
Juan Manuel Ugarte: Bajo, armónica
Javier Lizarazu “Puntxes”: Batería

Con la participación de:

Pablo Novoa: Teclados
Rosendo: Solo de guitarra en “Lo peligroso”

Sello
EMI