Svartidauði - Flesh Cathedral

Enviado por Mendoza M. el Dom, 07/04/2019 - 02:58
4390

1. Sterile Seeds
2. The Perpetual Nothing
3. Flesh Cathedral
4. Psychoactive Sacraments

La siempre cautivadora Islandia nos ha obsequiado en Svartidauði un proyecto íntegramente hercúleo y lóbrego. Tras una tripleta de importantes demos y un split con los chilenos Perdition, la agrupación liderada por Sturla Viðar se tomó su tiempo para crear un autentico monstruo sonoro, una pavorosa manifestación de ingenio y espanto titulada "Flesh Cathedral", un álbum que nos relata su propia visión sobre la descomposición de nuestra sociedad, empleando para ello un marcado estilo conceptual que descuartiza los sentidos muy lentamente hasta rozar la desazón absoluta.

He aquí un disco complejo, con un sonido amurallado por los cuatros costados e inexpugnable. Los nórdicos nos toman de la mano y nos sumergen en un engorroso viaje hacía las entrañas del Black Metal más cáustico y abrasivo, de corte casi espiritual. Una producción difusa, totalmente corroída por las capas de distorsión que se superponen entre sí, nos revela a un conjunto muy sólido que ejecuta a conciencia cuatro auténticas odas a la depravación, y que no evidencian ningún amago de fragilidad. Estas canciones constan de densos párrafos que no sólo desconocen de estrofas o versos, sino que incrustan sus pezuñas en la grima, abordando sin mucho pudor temas como la adicción a las drogas, tópicos teológicos, cósmicos o simbólicos, todos recitados a modo de insidioso discurso para elaborar un ambiente caótico donde ni el más mínimo rastro de luz puede colarse.

Ningún instrumento sobresale por encima del otro, pero aun así el trabajo de composición se manifiesta bondadoso. Porque a pesar de que todos trabajan de manera uniforme e indetenible, cada músico dispone de su momento para lucirse. La guitarra de Thorir Gardasson danza en una terrorífica penumbra, esparciendo sus desesperanzadoras melodías en la difuminada base que le proporciona Nökkvi Gylfason. La percusión del escalofriante Magnús Skúlason acaricia la perfección, obsequiando mortificantes pasajes a medio tiempo e implacables blastbeats que te despellejan vivo. Por su parte, la voz de Sturla nos agrede con angustiosos berridos de ultratumba, siempre inquietantes y ahogados por la infinidad de detalles y efectos chirriantes que nos cuelan en cada compás, en cada puente y en cada locución.

La inicial "Sterile Seeds" nos habla de un escenario apocalíptico donde el mundo como lo conocemos ha llegado a su fin y donde nada crece, nada se sostiene, todo es sinónimo de demencia y pecado bajo una muy convincente estela de pudrición. El tema comienza lento, se hace desear. La distorsionada guitarra de Gardarsson entra pausadamente, deambulando a ciegas entre la vorágine y esparce su melodía lastimera a lo largo y ancho del tema, diseminando un riff tan afligido y apenado que se incrusta como un sollozo directo en el alma.

La galáctica y muy satánica "The Perpetual Nothing" arremete con un inicio quizás más disonante y voraz, pero sorprende rápidamente con un arpegio maldito que introduce el tema a un medio tiempo solemne, de una profundidad instrumental temible y sombría. Sturla ejecuta un trabajo vocal amenazante, entonando silaba a silaba las letras siempre bajo la protección que le ofrece Skúlasson y su versátil percusión, la cual brilla por luz propia dentro de semejante desconcierto. En cambio, la homónima y excesivamente simbólica "Flesh Cathedral" irá transmutando entre diversos pasajes de hipnosis cíclica y otros que abrazan sin miedo el Black tradicional y ortodoxo. Aun en los intervalos más inarmónicos, los islandeses se mantienen impávidos. Expectorando alarmantes melodías a quemarropa que gozan con el llamativo y demencial protagonismo que posee el bajo de Sturla, uno de los puntos altos a tomar en cuenta y que colabora para redondear un tema de excelente factura interpretativa.

La última, "Psychoactive Sacraments", viene a finiquitar el asunto con casi veinte largos y tortuosos minutos de devastación y catástrofe. La banda se muestra cada vez más sólida y atruena como si el volcán Eyjafjallajökull ese estuviese en plena erupción al lado de tu casa. La letra hace claros guiños y referencias al consumo de drogas, y las esconde tímidamente bajo metáforas un tanto perversas. El dominio que ejerce el cuarteto sobre su creación es sublime, déspota, moviendo los hilos a placer y voluntad. Los imprevisibles cambios de ritmo se cruzan con dilatados tramos instrumentales de hipnotismo total que se atreven a atesorar pequeñas gratas sorpresas, como el pesimista solo de guitarra que reposa a mitad de tema y nos encamina, a su ritmo, hacia un final que se adivina tétrico y melodramático.

Poco sobra por decir. Svartidauði ha dado a luz a un trabajo excepcional, muy austero y que inspira profundo respeto. Con un cuidado artwork, los islandeses logran hilar un estupendo lienzo a punta de avinagradas composiciones que no le hacen asco ni a las sutilezas ni a los ambientes. Una obra que bebe de todas las influencias continentales que te puedan venir a la mente y las destila para crear una placa devastadora, única en su especie y contexto. "Flesh Cathedral" logra sostenerse por méritos propios, presumiendo de un encomiable trabajo de producción, una amplia gama de detalles y una oscuridad embriagadora. Un disco que sentó precedente y permitió abrirle el camino a toda una generación dorada de bandas que nos darían muchísimo de que hablar. Cuatro cuernazos de roca volcánica.

Sturla Viðar: Voz, bajo
Þórir Gardasson: Guitarra
Nökkvi Gylfason: Guitarra
Magnús Skulasson: Batería

Sello
Terratur Possessions