Strapping Young Lad - City

Enviado por Hawkmoon el Mié, 01/12/2010 - 05:50
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1. Velvet Kevorkian
2. All Hail the New Flesh
3. Oh My Fucking God
4. Detox
5. Home Nucleonics
6. AAA
7. Underneath the Waves
8. Room 429
9. Spirituality
10. Centipede

Existen, a veces en la vida, unas alineaciones de lo más bizarras que dan por nacidos momentos de los más extraños, creativos, anonadantes y carismáticos que uno se pueda echar a la cara. El ábum que voy a reseñar, "City", es una pieza extraña, deforme, de belleza abstracta y directa, que pese a no ser comprendido, si que puede ser amado. Extraña sentencia, lo sé. Extraño como el sonido y la carrera de Strapping Young Lad, pero abismalmente colosales.

Strapping Young Lad son el proyecto musical de esa mente maestra y extraña que es Devin Townsend, quién antes de crear la citada banda, se dió a conocer como la voz del "Sex and Religion" del gurú del mástil, Steve Vai. Una carta de presentación excelente, que le dió a conocer y le mostró todo un mundo de influencias y bagaje de cara a crear su propio proyecto. Su propio mensaje, y menudo mensaje. Un primer disco le puso en el ojo del huracán underground y especializado, y era el momento de dar una segunda hostia a la parroquia, sedienta de nuevas sensaciones.

Imagina el genio concentrado de maestros en el género como Tomi Iommi, Steve Harris, Glenn Tipton, The Misfits, Slayer, The Who, Hypocrisy, Fear Factory, Sepultura, Tool, Alice in Chains, The Exploited, Soundgarden, Jeff Waters y ponlo en el cuerpo de un friki medio calvo, con gafas, y una Esp Explorer negra. Ése es Devin, ése el gurú, en la sombra, que en 1997, cambió las cosas sin que nadie se diese ni cuenta. A veces, los cambios no son perceptibles, pero si retrocedemos al año de edición del trabajo, alucinaremos de lo moderno, innovador, agresivo y cañero que suena todo el tinglado. Strapping no suenan actuales, no, suenan a Metal puro del año 3000.

Devin, que no tiene ni un pelo de tonto, escogió a lo mejor de cada casa y estableció una formación de puro lujo: Gene Hoglan a la batería, Byron Stroud al bajo y Jed Simon a la guitarra rítmica, mientras que él, se haría cargo de los teclados, la guitarra, la voz, la composición completa y la producción. Lo dicho, el Robert Rodriguez del Metal esquizoide, yo me lo guiso, yo me lo como.

Strapping Young Lad son unos dioses esquizofrénicos, futuristas y nihilistas que claman por hacerse oir, y gracias a éste "City", su estruendo no se apagará jamás. Nada es lo mismo después de Strapping Young Lad, todo te sabrá a poco. No indagues si quieres seguir pensando que Megadeth, Slayer, Machine Head o Fear Factory es lo más cañero que puedes oir. Éstos tios harán papilla a tus dioses y te vas a cabrear, pero bueno, tú mismo, entra conmigo en ésta "ciudad" y flipemos juntos. Avisado quedas, nada será lo mismo.

Una portada futuristílla en plan "plano de ciudad diseccionado a modo diapositiva", simple, parca, pero efectiva, nos da la bienvenida a ésta nueva orden de Metal de las galaxias.

"Velvet Kevorkian", una entrada de lo más atípica, a modo de intro plagada de un discurso totalmente taladrante y avasallador, arropado por riffs crudos semilindustrilaoides y puro ruido orgánico-metalero, nos presentan "All Hail The New Flesh", un fiero y demencial ataque bizarro lanzado a toda mecha. Baterías a velocidad luz, bajos que queman púas y distorsión a discreción para un tema que contrasta la melodía futurista (muy en onda "Demanufacture") con el puro riffeo Deather o Thrasher. Ambientes New Age golpeados por un martírio de cambios de ritmo y pegada descomunal. Un tema celestialmente perverso. Tanto te produce ira, miedo, terror, como asco, épica o desolación. Menudo vaivén de sentimientos a patada de riff y escupitazo de "CyberThrash". Obra magna de cinco cuernos sólo por el tema. Así de enorme es "All Hail the New Flesh". David Cronenberg estaría orgulloso de éste temazo sobre la Nueva Carne. Alucinante.

"Oh my Fucking God", el segundo temazo, con una producción intencionadamente cruda y directa se establece, ella sola, como la locura total hecha canción. Hardcore, Thrash, Death...yo que sé a qué suena ésto, pero te digo que si tú me lo sabes decir, yo te hago un monumento, por aplicado. Un delírio agónico la mar de cojonudo, eso si. Atención al sonido de las guitarras, ufff, cada rascada parece un eructo de Belcebú, y sobretodo, al temblor que ocasiona cada baquetazo del maestro Hoglan. Vértigo tengo ya, y sólo llevo dos temas. Me hago mayor, pero sonrío como un gilipollas.

Llega la hora de la máxima afrenta, llega la hora de "Detox", o lo que es lo mismo, el tema más complejo, bestial, innovador, salvaje y cañero que me he echado a la cara en muchos años. Atmósferas oscurísimas, con una banda dispuesta a todo, quemando amplis y no dejando títere con cabeza. Sólo los genios pueden componer un tema como "Detox", y cada segundo extra que avanza el tema lo tienes más claro. Pasas de la máxima avalancha riffera y Thrashmetalera a unos coros de Tool o Alice in Chains, para ir a parar después a una realidad alternativa donde Pantera, The Police y Morbid Angel son un solo ser. Joder, si hay referencias hasta al "Follow the Blind" de Blind Giardian, lo dicho, un pasote. La parte final del tema, con ese Townsend desgañitándose con los teclados ampulosos como fondo y la banda al límite, emocionan hasta extremos no conocidos antes. Tres temas ya dejan claro, que independientemente la gente lo crea o no, Strapping Young Lad son los mesías del nuevo Metal. Algo no conocido hasta el momento. Algo que sólo saben hacer ellos.

"Home Nucleonics", que parece un hijo bastardo de los Pantera de 1994, quema, pica, huele mal y atolondra de tanto blast beat, fúria y locura Hardcore. Si Steve Vai llega a ver en que se ha convertido el dulce chavalín del "Sex and Religion" se queda en coma de un pasmo. Que bestialidad, que entrega. Death Metal a lo Morbid Angel, "Thrasheado", manipulado, vomitado, y vuelto a comer, eso es "Home Nucleonics". Aberrante y, a la vez, exquisito delirium tremens, nacido a base de distorsiones y asesinado a base de lineas de guitarra mortales.

"AAA" tiene un inicio raspante que poco a poco, va puliéndose como himno de tremendo poder rítmico. Escuchando ésto no entiendes donde está la novedad en todo lo hecho en la escena desde que Devin cantó su "City" al mundo. Mueves la cabeza sin parar con el temita, así no hay quien escriba...

"Underneath the Waves", se aplica en no quedar atrás frente a lo anteriormente escuchado, y desde luego, aprueba con nota. Impagable la ascendencia vocal de Townsend, que navega desde el puro Growl a unos agudetes extraños y curiosos. La onda épico-futurista-Grunge-Thrasher que hemos vivido con "Detox", la volvemos a vivir ahora, pero con una tonalidad diferente, con más feeling Groovie y mucha mecha de la que te hace sudar la camiseta. Teclados espectrales conjugados con maquinária metalera a alto volumen y más gancho que el malo de Peter Pan. No quiero que éste disco acabe jamás.

"Room 429", un cover de Cop Shoot Cop, baja algo el nivelón, pero es sólo un momento, la cadencia del tema, pronto vuelve a subir grados y, hasta con una melodía de lo más preciosista, los Strapping meten su propia zarpa y ensúcian (eso sí, de forma genial y genuína) la canción. Versionar es dar tu propia versión y a Devin no hay quien le gane en eso de reinventar. Un buen momento de relax épico y astral. Ideal para un porrete.

"Spirituality", con un marcadísimo aura industrial da comienzo, levemente, como si nos quisiese preparar, paulatinamente, para pegarnos la hostia del siglo. Los martillos de los dioses, convertidos ahora en dos guitarras infrahumanamente distorsionadas, al final no atacan como preveemos y sirven de colchón para la celestial voz de Townsend, que no duda en alternarla con sus tesituras más oscuras o eclécticas. Nunca una definición como tormenta de watios le fue mejor a un tema que a éste "Spìrituality". Jim Morrison convertido en Terminator y camino del cielo, para exterminarlo. Así suena. Magno hasta decir basta.

"Centipede" (que en realidad es un bonus track para Japón) emana una fuerza total, aunque no parece que termina de arrancar del todo, y justo cuando digo ésto, el tema empieza a cobrar vida y a irse por donde le da la real gana. Como último tema la cosa no queda nada, pero que nada, mal. La voz a lo Burton Bell de Fear Factory le queda de lujo al tema, eso si, el tener un timbre similar al esclavo de Dino Cazares no es lo único que hace grande al ex-Steve Vai, no, tonalidades llenas de garra rockera, reminiscencias del Power americano, Death , Thrash, Pop...todo cabe, y de todo sale, en la garganta del nuevo señor, por lo que a mí respecta, de la vanguardia musical.

Enorme pieza de culto. Intocable, intachable, inmachacable, puro descontrol.

5 Cuernazos ( medios) para la maravilla de Devin. El disco que cambia vidas.

Devin Townsend : Voz, guitarra, teclados y efectos.
Jed Simon : Guitarra
Byron Stroud : Bajo
Gene Hoglan : Batería

Sello
Century Media