Sonata Arctica - The Ninth Hour

Enviado por Marcapasos el Dom, 09/10/2016 - 23:04
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1. Closer to an Animal (05:25)
2. Life (05:06)
3. Fairytale (06:38)
4. We Are What We Are (05:25)
5. Till Death's Done Us Apart (06:06)
6. Among the Shooting Stars (04:10)
7. Rise a Night (04:28)
8. Fly, Navigate, Communicate (04:27)
9. Candle Lawns (04:32)
10. White Pearl, Black Oceans (Part II: By the Grace of the Ocean) (10:13)
11. On the Faultline (Closure to an Animal) (05:34)

Siempre hay cierta incertidumbre a la hora de aguardar un nuevo lanzamiento de Sonata Arctica. El 7 de octubre de 2016 ha salido a la venta el que es su noveno álbum de estudio, y muy pocas veces habían asaltado tantas dudas como con este trabajo.

Yo siempre he seguido ciertas pautas personales a la hora de engancharme y desengancharme a la discografía de ésta, una de las bandas de Metal melódicas insignes de Finlandia. Como fervoroso seguidor del Power Metal y las ramas esporádicas de nuestro ruido favorito, sé lo que busco y lo que me gusta en un disco de estos chicos.

Parece que, con ellos, el gallo canta cuando quiere. O te toca la lotería o no, según el estado de ánimo y los desvaríos varios de Tony Kakko. Sin ir más lejos, me encantó el álbum que sacaron en 2014, Pariah’s Child, el primer disco de Sonata Arctica que disfrutaba de verdad desde Reckoning Night. Cierto, no era, ni mucho menos, una vuelta a las raíces que tan grandes les hicieron, pero sí que era un trabajo que rezumaba energía, belleza y emotividad. Era como en los viejos tiempos, y eso fue lo que conectó conmigo, fue la manera perfecta de no abandonar el estilo de los últimos años y poder demostrar que, aun así, pueden hacer música a la altura de lo que se espera de ellos.

En resumidas cuentas, fue un disco que mereció llevar el viejo logo en su preciosa cubierta.

Sonata Arctica da su noveno paso en su vida melómana con su nueva entrega, The Ninth Hour, y, con ella, la hora de averiguar qué se traen en esta ocasión.
Una buena pregunta es, ¿cómo suena el CD? Ante todo habría que decir que su sello está, más o menos, ahí, en su sonido, aunque la propuesta no posee los suficientes atributos Power como para ser correspondido con su etapa clásica, ni suena tan duro y oscuro como Unia, ni pretende ser tan pomposo como The Days of Grays o tan experimental como Stones Grow Her Name. A su vez, también se aleja un tanto de Pariah’s Child, aunque bebe lo suyo del mismo.

Escuchar este nuevo trabajo ha sido una experiencia extraña, y muy equitativa entre lo mejor y lo peor que puede dar la banda, literalmente, por lo que no es un LP fácil ni de degustar ni de analizar. Así, como detallaré más adelante, son muchas y variopintas las impresiones aquí encontradas.

Aunque, antes de partir la tarta, he de decir que lo que sí que me ha encantado en su totalidad han sido la grandísima portada y el concepto que rodea al álbum, acerca de las acciones del ser humano sobre la naturaleza y el mundo que le rodea. Asimismo, la magnífica portada (obra del artista Janne Pitkänen) fortalece bien el argumento, describiendo perfectamente que, según nuestros actos como especie más de este planeta, todo puede acabar en un mundo envenenado por nuestra ambición, bien un mundo con el hombre extinto y una naturaleza libre y dominadora; o, por el contrario, una hermosa utopía en la que hombre y natura conviven en armonía. De las mejores portadas que ha tenido Sonata Arctica, eso hay que reconocerlo.

Adentrándonos dentro de lo musical (que es lo que más importa), lo primero que nos encontraremos será Closer to an Animal, el cual baja un poco los humos a la hora de encararlo como single que es, aunque, en cierta manera, no falla en su planteamiento. No es un tema que me toque del todo el interior (y cuesta mucho encontrarle el sabor), y sus bases decadentes y oscuras (acordes con el concepto del que hablamos previamente) no casan nada mal con el ambiente característico de la banda.
Life sí que es un poco más fácil de asimilar. Las guitarras dan un poco más de ritmo y calor en un tema que gira entre el Pop y el Metal Melódico, lo cual no está nada mal (incluso con aquél tarareo de Kakko y cursilerías varias).

Seguimos con Fairytale, pieza que no presenta demasiado percance en su abertura (cercana al Power Metal), aunque, al pasar los minutos va decayendo cada vez más y más en su postura… y ese estribillo sacado de la primera chistera a mano… Simple y basto para lo que es Sonata Arctica… o lo que fue.
Auméntese la pesadez con la balada We Are What We Are, soporífera y con un Kakko cantando sobre salvar al mundo mientras adormece al personal… Tema con poco que rescatar, salvo la jugosa intervención del invitado Troy Donockley a la flauta.

Till Death's Done Us Apart, por su parte, sí que me convence más. Aun sin hacerme ese tilín idóneo que busco, sí posee ciertos elementos que recuerdan a los viejos Sonata, además de lanzar un buen armamento de guitarras, teclados y melodías verdaderamente pegadizas.
Y volvemos a bajar el listón de forma desmesurada. Among the Shooting Stars se trata de un tempo lento y acústico en buena parte, y desarrollado más tarde a base de riffs eléctricos y coros. Y pese a toda su condecoración… poco, o casi nada, me dice.

Ciertamente, sí que hay un track que ha sabido hacerme sentir sin problema, y ese es Rise a Night, Power Metal Melódico directo y sin más concisiones, veloz y sin reparos a la usanza de The Cage y Victoria’s Secret. No consigue alcanzar el estándar de los clásicos, pero es un gustazo saber que Sonata Arctica aún puede engrasar esta clase de engranajes. Y aún así… no consigo quitarme de la sesera que esta canción, metida cual calzador, solamente cumple para callar las bocas de sus seguidores que pedían su tuerca genética. Cumplir para contentar un momento, parece que esa es la cuestión…

Mientras, Fly, Navigate, Communicate parece directamente sacada del Reckoning Night, sonido calcado tal cual, pero demasiado artificiosa y que no parece encontrar propósito alguno durante la escucha.
Y bueno, quitando un poco de lo claroscuro, he de reconocer que no me esperaba encontrar una balada como Candle Lawns. Lejos de ser una Tallulah o Last Drop Falls, es bastante bonita y cumple con un buen estribillo y un muy correcto solo de guitarra de Elias Viljanen.

Consecuentemente, llegamos a un punto más interesante de todo la obra… Y es que toca la secuela de la que es, en opinión personal, una de las composiciones más bellas y narrativas de Sonata Arctica: Black Pearls, Black Oceans. La continuación susodicha marca su turno con el subtitular By the Grace of the Ocean, tratándose de una de las canciones que más ansioso esperaba de The Ninth Hour. Y nunca he sido demasiado partidario de las segundas partes musicales, sobre todo cuando el listón queda tan alto. Al final, poco se ve del encanto y la magia de su secuela, y queda más como una versión descafeinada y lenta de Larger Than Life que otra cosa. A pesar de no tener un mal comienzo con sus minutos iniciales de balada, al final se pierde el rumbo con tanto teclado, coro y cargantes orquestaciones. Y no, eso de meter de golpe la melodía de su precursora… no cuela. En conclusión, no creo que la bella historia del farero que desvanece su vida por un amor no correspondido haya llegado al cauce que debiera. Decepción total…

Termina el álbum con la balada (efectivamente, otra más) On the Faultline, un desenlace que toma la melodía y la letra de Closer to an Animal, algo no demasiado original, pero que adquiere un énfasis de inquietud y unos toques retro bastante interesantes.

The Ninth Hour es un album cuya opinion puede llegar a ser de lo más divergente para con el público fan de Sonata Arctica, gustando más o menos según el sector que se trate.
En mi caso, me he encontrado con un disco que no ha logrado conectar del todo conmigo, y que, pese a tener ciertas ideas interesantes y buenas intenciones, lo he notado falto de chispa e inspiración. A ratos da gusto ver qué está sonando, y otras tantas uno desea pasar página para descubrir si hay deslumbramiento más adelante, por lo que estamos ante un track list considerablemente equitativo, en ese sentido.

Otro punto que hay que considerar es el de su apartado sonoro, el cual se presenta muy, muy mejorable. Tengamos en cuenta que el CD ha sido auto-producido por la banda, y eso se nota, sobre todo, cuando la batería y el bajo tapan a las guitarras y los teclados, cosa que sucede más de lo que me gustaría reconocer. Esto es una pena, ya que se nota que los instrumentistas, a nivel general, se han portada con cada papel. Por su parte, Tony Kakko sigue desenvolviéndose estupendamente como cantante, notándose, como siempre, que cuida mucho sus fuerzas vocales.

En resumen, The Ninth Hour es la historia de otro álbum de Sonata Arctica que envío derechito al viejo baúl del olvido. Ojo una cosa, pues, no obstante, recomiendo fervientemente la escucha de este disco a todo aquél que haya disfrutado de todo lo que haya significado Sonata Arctica, sin importar etapa alguna, aunque sí en especial trabajos como Unia o The Days of Grays. Creo que es un álbum que buena parte del público recibirá con los brazos abiertos. Espero que tú, estimado lector, seas uno de ellos y que tengas más suerte que el presente servidor.

Dos cuernos medios (5/10) para la novena hora de los finlandeses.

Buen intento... en fin, supongo que en otra ocasión será.

Elias Viljanen / Guitarra
Henrik Klingenberg / Teclado
Pasi Kauppinen / Bajo
Tommy Portimo / Batería
Tony Kakko / Voz

Sello
Nuclear Blast