Smash - Glorieta De Los Lotos

Enviado por Stoned el Dom, 23/08/2015 - 13:37
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Poca gente sabe que la legendaria actuación de Jimi Hendrix en el Festival de Woodstock (del que se acaba de cumplir su 46 aniversario) fue ante unas 80.000 personas, una cifra relativamente baja en comparación con las aproximadamente 400.000 personas que abarrotaron aquel prado a pocos kilómetros de Nueva York. El día anterior –domingo- había caído una tormenta de proporciones bíblicas terminando ya el concierto de Joe Cocker (otro de los grandes momentos del festival) con el consiguiente retraso, haciendo que Jimi Hendrix, encargado de cerrar el evento, demorase su aparición hasta las ocho y media de la mañana del lunes, con gran parte del público ya de vuelta para casa o el trabajo.

Y lo que menos gente aún sabe es que entre el público, disfrutando como tantos otros con la Stratocaster de Jimi echando fuego al son de “The Star-Spangled Banner” se encontraba un joven sevillano llamado Gualberto García. Gualberto, conocido músico de la escena sevillana underground, estaba pasando unos meses en Estados Unidos y se trajo de vuelta a España el espíritu hippie y contracultural norteamericano de finales de los sesenta y un sitar, uno de los símbolos de la psicodelia y la experimentación sonora popularizado por George Harrison a partir del álbum de The Beatles “Rubber Soul” (1965).

Gualberto García pertenecía por ese momento a la banda Smash, una entre tantas de la efervescente escena musical sevillana que vino a denominarse con el simple apelativo de “underground” y que resulta, incluso a día de hoy, sorprendente que se pudiese llegar a producir en aquellos años (últimos sesenta y principios de los setenta) en plena España franquista. Pero fue el propio régimen el que, de alguna manera, propició el inicio de la escena con el establecimiento de bases militares norteamericanas (en una de las primeras medidas que hicieron al país abandonar la autarquía) en diferentes puntos de España, entre ellas Morón, a pocos kilómetros de la ciudad hispalense.

Este hecho nutrió a la ciudad casi a tiempo real de las principales tendencias musicales estadounidenses. Encontrar discos, instrumentos o incluso drogas como el LSD se convirtió en algo sencillo para los jóvenes melenudos que empezaban a verse por la ciudad, que terminó por convertirse en uno de los puntos de peregrinación hippie (el otro fue Ibiza, ciudad en la que Jimi Hendrix llegó a actuar en 1968), llegándose incluso a dar los que seguramente fueron los primeros casos de okupación en España, mezclándose en el casco antiguo sevillano una extraña y maravillosa amalgama de flamenco, pelos largos, religión, LSD, Semana Santa y The Doors atronando por el altavoz en un añejo patio andaluz.

El establecimiento de dichas bases fue también determinante para otros aspectos de la historia musical española: el hip hop aterrizó en la península a través de la base de Torrejón y Pepe Risi, inmortal guitarrista y cantante de Burning le compró su mítica “Negrita” (una Gibson Les Paul Custom negra) a un soldado afroamericano músico de R&B destinado en dicha base.

Smash son quizá nuestra primera banda de rock de verdad, en mayúsculas. Hasta ese momento, la escena musical del país se nutría de elementos más bien folclóricos (copla, flamenco) y algunas bandas de música ligera que fueron denominadas “yé-yé” como Los Bravos, Los Brincos, Los Sírex, Los Salvajes (y un largo catálogo de bandas con el artículo “Los” delante, influencia de las bandas de la “British Invasion”) que si bien fueron pioneros a la hora de colgarse una guitarra eléctrica y soltar algún rebelde “Yeaaah!” se trataba de formaciones muy convencionales e inocentes, sobretodo comparándolas con las bandas internacionales de esa época.

El único triunfo de nuestra historia musical hasta el momento de la aparición de Smash fue el éxito internacional en 1966 de los citados Bravos con “Black Is Black”, grabado en Londres y que alcanzó el número 1 en diversos países europeos y un más que meritorio número 2 en las listas británicas en plena era del efervescente Swinging London. Como curiosidad, el guitarrista de esta canción es un joven Jimmy Page que, antes de crear Led Zeppelin, era uno de los guitarristas de sesión más prestigiosos de Inglaterra.

Antes de la públicación de su álbum debut “Glorieta De Los Lotos” (1970), Smash habían grabado varios singles de espíritu hippie, aunando psicodelia y blues rock que ya anticipaban lo que aparecería en él. Y es que si Smash es la primera banda de rock genuina de nuestra historia musical, éste su primer álbum es el primer disco rock de verdad publicado en España, y además siendo infuidos a tiempo real por las grandes bandas internacionales de la época. “Glorieta De Los Lotos” no es un álbum rockero en el sentido de potencia (les corresponde a los también sevillanos The Storm el título de pioneros en el campo del hard rock español) pero sí con presencia de guitarras rockeras llamadas así con justicia por primera vez en la historia del rock español, algo de folk, blues en vertiente eléctrica y acústica y sobretodo mucha experimentación.

Y es que hay muchos momentos influenciados por los Beatles más experimentales y psicodélicos como en “Forever Walking”, tema que abre el disco y recuerda algunos de los momentos más barrocos de la banda británica a mediados de los sesenta, o en el homónimo de apenas de un minuto algo bizarro por las voces corales del inicio con un clavicordio que recuerda al tema beatle “In My Life” tocado por George Martin, o en las armonías vocales de “Love Millionaire” sobre un colchón de guitarras acústicas, o en “Ottenos”, una corta pista experimental reproducida del revés, como ya hicieron los de Liverpool en "Revolver" (1966). El medio tiempo rockero “Tove And All That” suena también a Swinging London, melódico, arires experimentales y arreglos con más clavicordios.

El blues viene representado en la maravillosa “Light Blood, Dark Bleeding”, un blues acústico, del Delta; pero del Delta del Guadalquivir. A modo de epílogo le sigue “Free As The Green Little Men” también acústico, de una duración que por desgracia no alcanza el minuto y con una producción intencionadamente pobre, a la manera de las viejas grabaciones de los años treinta de bluesmans como Robert Johnson o Big Bill Broonzy. También tiene cabida el blues rock estilo Cream como “It’s Only Nothing”, con grandes punteos y cambio de ritmo incluído, sonando a puro blues británico de los sesenta.

“Nazarin Again” introduce el folk al más puro estilo Bob Dylan, incluso las inflexiones de la voz se aproximan al tono nasal del cantante norteamericano, dando como resultado uno de los mejores temas del disco. También folky suena “Ahimsa”, en la onda de CSN&Y, cuyo exitoso “Deja Vu” se edito también en este mismo 1970, y cuyo tema “Teach Your Children” solían tocar Smash en sus conciertos.

El rock más puro se da en “Sitting On The Truth”, con distorsión al estilo Cream y mucha psicodelia. También el tema que cierra el álbum es un tema rock ‘n’ roll años cincuenta en plan Little Richard, aunque no es un tema de verdad, si no una especie de ensayo dónde escuchamos a la banda discutir sobre como enfocar la grabación. Es sólo eso, un ensayo puro y duro, en el que escuchamos los amplis y el micro acloparse, el bajo haciendo vibrar el bombo de la batería y ellos equivocándose y desafinando. Que está bien como curiosidad, pero hubiese sido más interesante meter la grabación ya refinada y dejar un bonito rock ‘n’ roll para terminar.

Al año siguiente Smash edita su segundo albúm en el que se da el hecho de que, por primera vez, acercan el flamenco al rock. En 1973 la banda se separa, pero antes graban temas (editados sólo como single) como “El Garrotín” o “Tangos De Ketama”, en los que la fusión con el flamenco es ya patente, siendo pioneros también en términos como “nuevo flamenco” o “rock progresivo andaluz”, del que bandas como Triana fueron punta de lanza.
De hecho, Smash son más conocidos hoy en día como pioneros del rock andaluz y la fusión flamenca que por el puro rock, que es lo que nos dejaron en este “Glorieta De Los Lotos”, y que yo entiendo que es el primer disco de nuestra historia que puede ostentar con orgullo ese honor. Porque en una época de censura, cultura perseguida y opresión, dónde llevar el pelo largo era casi un crimen, colgarse una guitarra eléctrica e intentar ser -que no imitar- los Beatles, Jimi Hendrix o The Doors es meritorio. Es de auténticos pioneros.

Gualberto García: Guitarra, sitar, clavicordio
Henrick Michael: Guitarra, violín
Julio Matito: Bajo, voz
Antonio Rodríguez: Batería, percusión

Sello
Phillips