Sigh - Infidel Art

Enviado por MetalPriest el Dom, 12/10/2014 - 01:04
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Con el transcurso de los años, en mayor o menor medida, la gente llega al lugar al que le corresponde, o al menos eso es lo que siempre nos han intentado vender a lo largo de nuestras vidas ¿no?

Los japoneses Sigh fueron una banda bastante interesante porque participaron en la revolución del black metal, en su expansión digo... y nada menos que firmando su debut bajo el sello de Euronymous: Deathlike Silence. Con todo esto, uno comprende lo largo del brazo del noruego si este podía convocar a bandas del otro lado del globo, el caso es que en comienzos y mediados de los noventa también había black metal en Japón, y no del todo malo en realidad. De hecho, en el disco que nos ocupa hoy (el Infidel Art nada menos) Sigh comenzarían realmente a descubrir su verdadero yo, el más vanguardista y elegante. Con esto, irían poco a poco dejando de lado su sonido crudo y cacharrero propio de Venom y los primerísimos Mayhem para llegar más allá. Esto aún a día de hoy sigue siendo black metal y seguramente nunca dejará de serlo pero la cuestión es que tiene algo más... y ese "más" siempre tuvo una constante: la originalidad.

Si cualquiera de ustedes conoce a Sigh ya sabe a lo que me refiero, sabe a dónde quiero ir a parar y espero que también comprenda por qué estoy mareando tanto a la perdiz. Esto es simple: Estamos hablando de una de las agrupaciones de avant-garde black metal por antonomasia, por derecho propio... por cojones, vamos. Y aunque Sigh vieran su nacimiento como banda en 1990 (antes que los mismísimos Emperor o Enslaved), su verdadero bautismo como los genios del vanguardismo tuvo lugar con el nacimiento de este Infidel Art, en 1995. No está nada mal señalar este trabajo como un primer escalón a algo más profesional y refinado porque... las guitarras de Shimichi siguen siendo prácticamente igual de modestas que las de su debut, y... si aquí hay algo que hace completamente diferente la atmósfera del Infidel Art respecto a su antecesor son los teclados de Mirai Kawashima. Este hombre (claramente la cabeza pensante de la banda), tuvo los bemoles de componer las pistas de teclado más épicas, elegantes y dramáticas del black metal amigos... al menos dentro de los noventa. Y digo esto sin olvidar la emotiva labor atmosférica del In The Nightside Eclipse o del Kali Yuga Bizarre o el Aspera Hiems Symfonia. A lo que voy es que de haber tenido Shimichi una experiencia más dilatada con su instrumento lo más seguro es que estuviéramos hablando de uno de los cinco álbumes más grandes del género, y así de claro lo digo. Sin coñas.

Tal como salieron las cosas... tampoco les fue mal a Sigh, queda claro que sacaron un álbum magistral de todas todas, y además lograron prosperar a nivel ventas (y más aún a nivel compositivo). En resumidas cuentas: calificar a los nipones como artistas no es un gesto de vanidad humana, es un auténtico ejercicio de realismo, y ahora mismo les voy a explicar con más profundidad el por qué.

Izuma es lo primero que percibimos al darle al "play" a este Infidel Art, que tal vez de primeras no parezca muy vanguardista pero a lo largo de su desarrollo va tomando aires más obvios; no solo por la locura de las guitarras, lo desquiciado de las voces de Mirai o... por la ecléctica batería... No... Más bien es por la forma con la que los teclados se van haciendo con la hegemonía del track, aportando fantasía y surrealismo. Uno de mis temas predilectos de este Infidel Art, y es que a partir del minuto seis no puede evolucionar de un modo más sensacional. Glorioso. Tal vez The Zombie Terror sea de todas formas el track más artístico a pesar de su estribillo cutrón y poco serio. Y es que su arquitectura roza lo celestial. El manejo de los breaks calmos y teclados iguala o incluso supera a mi amada Izuna. Cerca de alcanzar el séptimo minuto de duración por cierto, llegamos a un pasaje puramente Pink Floyd, el cual no nos deja duda alguna acerca de las múltiples influencias de estos japos cuando se encierran a componer.

El mágico viaje continúa. Es una travesía larga y reveladora que no hace otra cosa sino ir recorriendo distintos horizontes, ricos en detalles y matices. En este momento de la aventura, Desolation nos abre un mundo barroco a la vez que extravagante, lleno de armonías... o eso parece de primeras, pues... cuando dejamos correr un poco más la pieza descubrimos la cruda verdad. Un tétrico y desgarrador track de black-doom; paisajista... sobrecogedor. Mi parte favorita viene cuando de cara al desenlace el tema va tomando un cariz de réquiem. The Last Elegy abre con gloriosas orquestaciones, como festejando algo con una flauta juguetona, pero al igual que en Desolation, el ambiente se va tornando doomico. En esta ocasión también se debe mentar un deje oriental en las melodías y una mejoría en los estribillos muy notable. Suenan fantásticos de veras:

"I... Have... No Fear of... Death!
The Ravens... Are waiting... For my final... Breath!"

Suicidogenic es la canción más breve del Infidel Art y para los más profanos en el black experimental creo que puede ser la opción más acertada para así no saturarse y de paso ver toda la capacidad de los nipones para enloquecer en pocos minutos. Tiene más de lo mismo pero... también con un deje a los primeros Slayer, muy buena mezcla. Acabando con nuestra travesía Beyond Centuries cierra lo más dignamente posible, plagando de solemnidad los últimos (casi) diez minutos de álbum que restan. Los órganos pueblan las partituras embelleciendo el resultado final y adornando las austeras guitarras de Shimichi y los cantos de Mirai.

Según parece, mirando la metallum (por ejemplo), o compartiendo opiniones por ahí con algún iluminado del Portal este disco es uno de los más impopulares de la banda. Cosa que jamás entenderé. Será que es el primero que caté o que esta clase de adornos que cubren el trabajo son los que más me llenan en el black, pero... ¿quién sabe? Yo seguiré contra corriente, contra la mayoría de los fans y calificaré de masterpiece a este Infidel Art, que... ¡cojones! ¡Es del 95 y menudo nivel se gasta en las composiciones!

Cinco cuernos flojos para el álbum que comenzó a lanzar a la estratosfera a Sigh... un trabajo que destila black, doom, progresivo, enormes momentos sinfónicos y no poco vanguardismo en su metraje. Un 9 sobre diez. No será del todo perfecto por la falta de intensidad en las guitarras pero... se compensa bien con otros alardes y virtudes.

Mirai Kawashima: voz, bajo, teclados.
Shimichi Ishikawa: guitarras.
Satoshi Fujinami: batería.

Sello
Cacophonous Records