Sherpa - Leyendas del Rock 2015, Villena, Alicante

Enviado por El Marqués el Mar, 11/08/2015 - 20:43
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1. Guerrero en el Desierto
2. Flor de Invernadero
3. Son como Hormigas
4. Campo de Concentración
5. Al Centro del Corazón
6. Concierto para Ellos
7. Siempre estás Allí
8. Se está haciendo tarde
9. Ajedrez Mortal
10. Hijos de Caín
11. Los Rockeros van al Infierno

Quisiera contar que el encuentro entre el Barón y el Marqués tuvo lugar en un palacio con suelos de mármol, escalinatas, columnas de alabastro y jardines poblados de exóticas plantas traídas de ultramar y pavos reales luciendo su colorido plumaje entre fuentes borboteantes y alegóricas estatuas de seres mitológicos, pero no, esto es Rock and Roll y la cita tuvo lugar en el escenario Mark Reale del polideportivo de Villena (Alicante) el pasado sábado, en la jornada de cierre del festival Leyendas del Rock, que acaba de cumplir diez años.

El polideportivo está situado al este de la población alicantina, a unos 50 kilómetros del mar, y para acceder es necesario dejar el coche cuanto antes y surcar un “animado” complejo de viviendas sociales pobladas de lugareños que visten sus mejores galas para recibir a la horda heavy que se desplaza a la comunidad valenciana, se aposentan en sus sillas a la entrada de casas –sin puerta algunas de ellas- de dos o como mucho tres alturas y te ofrecen de todo, agua, bocadillos, mecheros, ¡la posibilidad de ducharte!, o maría, mientras asisten curiosos al peregrinaje metalero que se dirige al festival.

Un vistazo al cartel este año nos hacía echar de menos la presencia de grandes nombres internacionales, en recientes ediciones han tocado grupos de primera como Accept, Michael Schenker o W.A.S.P., pero siempre terminan componiendo una oferta variada y atractiva, junto a la habitual presencia de un sinfín de grupos “estatales”, como gusta tanto decir en este país.

Mi asistencia se ha visto limitada esta vez por circunstancias extramusicales, con lo que no puedo narrar gran cosa. Me hubiera gustado ver a Kreator, Suaves, Blues Pills, Within Temptation, Asfalto, Zarpa o Rosa Negra, y comprobar el estado actual de unos viejos conocidos como Backyard Babies, de los que hace ya tiempo pasó su mejor momento, pero no pudo ser.

A cambio disfruté de parte del concierto de Sodom, que me encantaron, vi a Orphaned Land que estoy seguro han tenido mejores días y en mejores condiciones que abrir el viernes bajo un sol de martirio a las cuatro de la tarde, unos Refuge mejor incluso que en el Rock Fest de Barcelona, y Rock Icons con el dueto de vocalistas Eric Martin/Joe Lynn Turner que nos arrancaron las lágrimas. Martin en acústico disfrutando con el recuerdo de “To be with you” y Turner sentando cátedra como siempre con “Death Alley Driver”, “I Surrender”, “Spotlight Kid”, “Can´t Let you go”, “Stone Cold” y el medley final de “Man on the Silver Mountain/Smoke on the Water/Long Live Rock´n´Roll” bajo un aguacero que convirtió el césped en un barrizal en un momento para el recuerdo, ya anocheciendo y con la gente corriendo hacia las carpas de los puestos de cerveza y el mercadillo mientras unos cuantos botábamos de felicidad.

Excepcionales también The Darkness con un Justin Hawkins espectacular que terminó el show a hombros de su hermano Dan entre el público mientras cantaba “Love on the Rocks with no Ice”. Hacia esta banda tengo un sentimiento especial, creo que son el último grupo que me pilló en una época en que aun creía en la Industria y me emocionaba de descubrir a un grupo que auguraba una larga carrera a la que habría que seguir los pasos. Signo de los tiempos, se quedaron a medio camino, pero tenían y tienen madera de Rockstars y lo demostraron en el Leyendas el otro día. “Permission to Land”, su inolvidable debut sonó casi entero, junto a algo del segundo disco, y temas de su segunda etapa tras la separación que saben a poco comparado con las bestiales “Get your Hands off my Woman”, “Black Suck”, “I Believe in a Thing called Love” y demás.

Con una Doro algo chillona y menos melosa que en otras ocasiones pero igualmente brutal, que descargó su habitual repertorio en el que siempre destacarán los himnos de Warlock despedimos el viernes (momentazo de la Metal Queen cuando se estaba despidiendo con una cinta musical grabada de fondo y en el escenario contiguo comenzó Rafa Basa a presentar a Saratoga a voces, provocando que la alemana retomara el micro para hacerle callar), y del sábado solo vi como he comentado algo de Sodom, Obús y Epica, y la descarga completa del antiguo bajista de los Barones.

José Luis Campuzano se presentó en el escenario pequeño en torno a las dos de la mañana, acompañado como de costumbre por Hermes a las baquetas, su hijo Marcelo Calabria y Sergio Rivas a las guitarras. La verdad es que Sherpa a nivel de imagen luce un aspecto un tanto desmejorado, aunque da igual, él nunca necesitó ser Jon Bon Jovi o Bret Michaels, solo que hay algo en él, en su lenguaje y sus gestos, que irradia una especie de perenne amargura, de resentimiento y hastío, como quedó probado en el par de puyitas que dejó caer a los hermanos De Castro y sobre todo en ese momento en que se acercó a la tarima de la batería -bañado por más sudor que luz- y al no tener nada con que secarse dijo “A las viejas leyendas no nos ponen toallas”. Alguien se la pasó luego –tras buscarla entre la multitud-, y él hizo un chiste diciendo “menos mal, toalla de felpa/toalla de Sherpa” o algo parecido, humor en la adversidad, demostrando que por encima de todo es el tío más brillante e inteligente que jamás dio la escena.

Arrancó con “Guerrero en el Desierto” y “Flor de Invernadero”, los dos temas que iniciaban el que fue su primer disco en solitario, “Guerrero en el Desierto” (2004), seguramente el mejor de los tres que ha grabado como Sherpa (completan “El Rock me Mata” de 2007 y “Transfusound” de 2013, ambos dobles y repletos de momentos aprovechables, en un caso parecido al de Bruce Dickinson en la segunda mitad de los 90, cuando sus discos en solitario eran mejores que los de Maiden). El embarullado sonido impedía percibir la prueba de esa brillantez perpetua en la mente de este pequeño y barbudo genio: Las letras, las metáforas de su condición de ángel caído tras el derribo de su avión/ruptura de los Barones originales en “Guerrero”, y las invectivas contra el infame planteamiento del programa “Operación Triunfo”, cuyas flores de un día no pueden compararse con la resistencia del viejo árbol de rugosa corteza que aguanta erguido las inclemencias del tiempo.

Su capacidad poética, enriquecida desde siempre por el aderezo de su esposa Carolina Cortés se conserva intacta, al igual que su mala leche, de la que repartió unas cuantas dosis con la mítica “Son Como Hormigas”, adaptando su profética letra a los tiempos actuales (ese “De lo contrario…Te desahuciarán” en lugar del “Te acusarán de antisocial”). Pese a todo estaba a gusto, y jugueteó tarareando el estribillo del “I Was made for lovin´ you” de KISS al final del tema.

También en “Al Centro del corazón” cambió la sentencia final, el reivindicativo “Seré siempre un Barón” por “no seas maricón”, que a saber a quién o quiénes tendría en mente. Lo de cambiar las líricas al antojo de las circunstancias es algo que han hecho siempre todos los grandes autores de canciones, desde Bob Dylan a Leonard Cohen o Lou Reed, y es que Sherpa debe más a esa escuela de dioses que a las grandes bandas de Hard Rock de los 70, aludidas también en la no menos histórica “Concierto para Ellos”.

En un festival en que predominan formaciones al estilo Sonata Arctica, Turisas o Satirycon es grandioso poder recuperar aunque solo sea por unos minutos el espíritu de aquellos Whitesnake, Rainbow, Bon Scott y por supuesto la hilera de nombres del estribillo, los Janis, Lennon, Allman, Hendrix, Bolan, Bonham, Brian y Moon.

Un tema reciente, “Se está haciendo tarde” del “Transfusound”, y “Ajedrez Mortal”, la única representante de “El Rock me Mata”, con esa entrada de la guitarra zumbando que recuerda tanto al “Murder in the Skies” de Gary Moore, se intercalaron con las dos baladas por excelencia del Heavy español, “Hijos de Caín” y la infaltable “Siempre estás Allí”. Bien las dos, mientras Sherpa nos recordaba que sólo tenía cincuenta minutos y que aquello estaba llegando a su fin. No sonó “Resistiré”, pero viví algo con lo que no contaba, el viaje definitivo en el tiempo al corazón de los 80 en el Madrid de la Emisión Pirata, el Canci, el Barrabás, el alcalde Tierno Galván, la Heavy Rock de Mariscal Romero y los shows multitudinarios en el pabellón de deportes del Real Madrid: La posibilidad de corear los gritos de la jam vocal final de “Los Rockeros van al Infierno” tal como quedó registrado para la posteridad en el legendario “Barón al Rojo Vivo”, el mejor doble en directo de la historia del Heavy Metal en este país.

Mención especial para la extraordinaria “Campo de Concentración”, que incluyó en el set a petición de un chaval en el concierto acústico que había ofrecido en una plaza de Villena por la mañana. Si lo se me presentó ahí y le hubiera mareado pidiéndole tantas joyas como las que ha escrito, en especial más temas de “En un Lugar de la Marcha” y “Tierra de Nadie”, que lo tiene bastante olvidado.

Despedida un tanto rara una vez más pues no les dejan tiempo para hacerse la foto final, y un detalle divertido cuando nos recomienda que salgamos del recinto con cuidado, pues hay controles de alcoholemia. Recordando que de las dos mejores bandas de aquella escena, Barón Rojo representaban de alguna manera la intelectualidad y Obús el gamberreo, me descojoné con el contraste entre esas palabras de Sherpa y el posterior “Vamos muy Bien/Borrachos como cubas/ Y qué?”, que escucharía cantar a Fortu una media hora después.

Y es que puestos a terminar con algo de simbología, dos de los Barones y dos de los “Obuses” (Fortu y Paco, de la formación original) tenían que coincidir en horario, perpetuando su rivalidad rockera, pisándose y obligando a elegir entre unos y otros.

Así que de lo poco que vi de Obús (los cuatro últimos temas básicamente) me agradó ver cómo siguen preocupándose por montar un gran show, con apañado montaje escénico –intimidantes telones con un diablo que recordaba la portada del disco homónimo de los thrashers Rigor Mortis del 88 y un batería en las alturas idéntico al capitán Spaulding, el aterrador feriante asesino de las películas de Rob Zombie-, y un frontman, el inconmensurable Fortu, al que sueles ver en la tele cuando menos te lo esperas haciendo el payaso pero que sabe perfectamente cómo dejar de lado esa faceta para meterse en el papel de líder de una banda de Rock y convencer y mover a las masas como hizo una vez más en la madrugada del sábado, mientras cantaba con absoluta convicción y arrolladora fuerza “Dinero Dinero” y “Va a estallar el Obús”.

Antes he mencionado a Turisas y voy a cerrar con otra alusión a ellos: Musicalmente no pueden interesarme menos, pero hay que reconocer que tenía su punto ver a tantos chavales y chicas jóvenes ataviados con las pinturas de guerra rojinegras, las faldas escocesas y los cuernos de los que bebían cerveza, convirtiendo la explanada de césped semiseco del polideportivo en un campo de batalla a medio camino entre el paso de Glencoe, allá en las Highlands, y las llanuras del Valhalla. Impagable ver a la gente apuntándose a competiciones de duelos con escudos y espadas de goma que afrontaban con absoluta seriedad y concentración, árbitros y todo ¡que les descalificaban si se salían del círculo! Qué grande es el Heavy Metal.

José Luis Campuzano@Sherpa: Voz, Bajo
Hermes Calabria: Batería
Marcelo Calabria: Guitarra
Sergio Rivas: Guitarra