Septic Flesh - Communion

Enviado por Cuericaeno el Vie, 23/10/2009 - 21:35
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1. Lovecraft's Death (4:08)
2. Anubis (4:18)
3. Communion (3:25)
4. Babel's Gate (2:58)
5. We, The Gods (3:50)
6. Sunlight/Moonlight (4:09)
7. Persepolis (6:09)
8. Sangreal (5:17)
9. Narcissus (3:59)

Es alentador que la escena metálica siga sorprendiendo, demostrando día a día que es un ser viviente y creciente, más complejo y amplio de lo que la caja mediática pueda abarcar, ignorante ésta de la capacidad de este vigoroso árbol del que no han parado de brotar nuevas ramas. Y es en las más nudosas, entre ellas las del Death Metal, donde en los últimos años se han experimentado unas mutaciones realmente atractivas.

Desde que At The Gates practicara su sublime orfebrería sobre los esquemas del Death primario, con la que forjaría el sonido Goteborg, otros más llegaron desde la misma Suecia para restaurar tal doctrina, desde Dark Tranquillity o los primeros In Flames hasta ese último fulgor de innovación que trajo Scar Symmetry a nuestros días. Y en planos más oscuros y cercanos al elegante Doom, no olvidemos la labor de los fineses Amorphis en su primera época de despertar melódico.

Paralelo a todo lo acontecido en la escena Death en sus vertientes más amables, de la Grecia de los grandes dioses y mitos llegó Septic Flesh, con una propuesta que desde el inicio de su carrera (1990) ya era interesante de por sí, fundiendo un suculento surtido de ambientes y estilos, siempre bebiendo de las ramas más oscuras y ambientales del Metal, progresando con los años hasta cobrar su arte dimensiones monumentales gracias a su último disco hasta la fecha, el conceptual Communion que aquí nos ocupa, donde procuraremos adentrarnos bien hondo en su sonido, su concepto, sus canciones…

Su sonido…

La épica y grandilocuencia que aportaron grupos como los compatriotas suyos Rotting Christ o los polacos Behemoth a la escena Black, estos griegos la elevan a la máxima potencia desde la corpulencia del Death, erigiendo con su música amplios escenarios sonoros de gran fuerza y solemnidad, oscuras sinfonías de naturaleza homérica, fastuosas a la vez que atronadoras, contando para ello en este álbum con nada más y nada menos que la Orquesta Filarmónica (de 80 piezas) y Coro (32 miembros) de Praga.

Esa filarmónica junto a su coral son dinamizadas y reforzadas por un esqueleto rítmico único en su especie, tanto por lo inesperado de sus movimientos como por la contundencia de sus sacudidas, donde cada pieza, cada golpe de timbal, cae con un alto tonelaje que sólo una magistral producción como de la que goza puede lograr. Tales escenarios ambientales necesitaban una cimentación consistente, y ello lo consigue, además de esa producción de cine, Fotis Benardo a las baquetas junto a su densa sombra Seth al bajo, sin olvidar esas guitarras que no suenan, sino truenan, a cargo de Christos y Sotiris, siendo a veces ese dúo de seis cuerdas una mera pero certera comparsa que acentúa la labor de la orquestación, más prominente ésta en casi toda la obra.

Sumado a la instrumentación, el rigor y fragor con el que cada palabra explota en las fauces de Seth te impone, te turba, te hace casi creer que existe Anubis, interpretando con pujanza este vocalista unas letras que sin ser del calado barroco de genios de la pluma espina como Dani Filth (Cradle Of Filth) o Nergal (Behemoth), son efectivas por lo hirientemente rotundas y profundas que son, la poesía justa para invocar a esos demonios arcaicos y que éstos se materialicen en todo su esplendor. En cierto modo, es de ello de lo que se habla…

Su concepto…

Conociendo ya la atmósfera y terreno en la que Septic Flesh nos adentra con su música, tan epopéyica, la temática que tratan no puede ser más apropiada. Ellos toman dioses y enclaves de las culturas y mitos más fascinantes de la Humanidad y los hacen converger hacia una sola idea, esa inclinación del Hombre por mirar al cielo y buscarle un creador a todo lo que conoce, además de sumar al cóctel mitológico una idea más contemporánea que pone en manos alienígenas la autoría de las mayores maravillas del Mundo, tales como esas pirámides imposibles de Egipto.

Los héroes, dioses, demonios y bestias de las grandes culturas pretéritas son pasadas por los rayos X del cuarteto griego, en una radiografía litúrgica de oro y plata sobre negro (como muestra su tan artística edición limitada en digipack, diseñada por Seth) que viste de cruenta gala a esas entidades para este evento, sin precedentes en la tan inspirada historia del Death Metal moderno.

Y ese evento es el que aúna todo lo expuesto en un anhelo, un anhelo milenario, la búsqueda de contactar con esos entes extraterrenos que alguna vez pisaron donde ahora nosotros pisamos, para lograr un nexo con el que compartir cultura y conocimientos. Esa idea es la principal y la que da nombre a esta obra, una Comunión cuyo contenido ufológico (muy abordado por la banda en anteriores lanzamientos) no estropea en nada el halo de misticismo que ostenta esta obra, escrita con poética mesura para mantener indemne ese hechizo arrollador que la hace tan interesante, individualizando cada idea en común corte a corte, canción a canción…

Sus canciones…

El disco comienza con un mito más tardío, aún coetáneo nuestro, el del abominable Cthulhu que versaban las páginas del Necronomicón, pero volcando el interés hacia el literato que dio vida a esa pesadilla, el eterno Howard Phillips Lovecraft (Sí, ya deberíamos saber que no fue aquel ‘moro loco’). Emotividad desde la severidad, eso expresa el estribillo de Lovecraft’s Death, esos truenos hechos verbo de Seth, que descargan pausadamente el texto de este abrupto réquiem dejando reflexivos silencios, para que responda la orquesta con su oleaje de adagio trágico. La estrofa final me fascina, pues fantasea con la idea de que Lovecraft murió porque ya sabía demasiado, castigándole el Destino por haber abierto puertas a dimensiones prohibidas, descubriendo peligrosas entidades más antiguas que el Universo a las que incluso osó darles nombre:

“Tu tiempo ha acabado, viste demasiado.
Usaste la llave de plata.
Tú sabes demasiado bien que mentes como la tuya
Nunca pueden descansar en paz.”

Tras el tañer de campanas que clausura esa suntuosa misa a un mortal, la liturgia sube de nivel, dejando al de Providence para recibir a Anubis, el Señor de la Necrópolis, el Guardián de los Muertos, esa entidad con cabeza de chacal que según la cultura egipcia guiaba tu espíritu al Más Allá, pesando en su balanza tu alma para comprobar y decidir tu lugar en el otro plano. Aquí la banda evita caer en el cliché de “ahora toca ponernos arabescos”, logrando dosificar muy bien ese aderezo moruno fundido a la más prominente oscuridad Gothic/Death que siempre abrazó al combo griego, siendo en este tema donde por primera vez en el álbum se asoma la segunda voz de Septic Flesh, el registro limpio de Sotiris V (también primer guitarra), que toma el testigo del acre Seth para el estribillo, recordando a las tesituras de los suecos Tiamat en la segunda mitad de los noventa.

Coros de hecatombe fluctúan sobre una poderosa base percusora, es la hora cumbre del ansiado nexo… Communion se abre a nosotros titánico y arrollador, marcando a fuego una de las pocas veces en las que una voz gutural pone los vellos de punta por su expresividad, en esa negra llamarada que vomita y vocaliza con saña Seth en el estribillo, rebosando en nosotros el nombre de la pieza bajo los destellos de la coral y la M61 que dispara el baterista. Deliciosamente apabullante, pues no por usar orquesta va a amansarse esta fiera séptica de la Grecia trágica.

Y si en el tema-título el estribillo era usado para avasallarnos, en Babel’s Gate estalla para emocionarnos, pero no empleando menos fuerza para ello, centelleando de nuevo el orfeón checo esta vez con una cantata de suntuosidad más celestial, de fogonazos silábicos que acompañan al vocalista para tejer uno de los momentos más intensos, más grandes de toda la obra. Y como si fuera una adaptación más bestia de aquel Pictures Of A City de King Crimson, la percusión se echa una carrera progresivo-extrema con una orquesta que aunque veterana y magistral, seguro que nunca experimentó nada igual, que nunca se vio en el papel de ser dictada por semejante convulsión en sesiones como la que nos ocupa de este Babel’s Gate o al comienzo de los temas 5 y 7. Muy interesante, al igual que el mini-solo que se marca el invitado Marios Iliopoulos (Exhumation, Nightrage), que pronto es interrumpido por el retomar de ese pasional tifón que genera esta cuarta pieza, “Babélica” pese a su brevedad.

En We, The Gods los dioses se presentan, y las baquetas se hacen batutas para dirigir la orquesta praguense, que será ésta el nimbo de los redobles sobrenaturales de Benardo, para luego impulsarse el tema como un cometa jaleado por la poesía rugida de Seth, hasta ofrecernos pasajes más pausados y orquestales, de una pompa inmensa y tenebrosa. Los dioses derramaron su ira, con violencia pero con divino equilibrio.

Y como los Crematory de aquel Illusions (1995, Massacre Records), los de Atenas afloran su lado más Doom/Gothic para Sunlight/Moonlight, una delicada pieza, la más benigna de la obra, cuyo estribillo (cantado por Sotiris) se grabará en tu memoria por su melosa y concisa accesibilidad, trazando esta canción uno de los picos más vistosos de un álbum de fuertes contrastes, que no se encorseta en un estilo fijo.

Persepolis se yergue con todo su misterio y mística, un sinuoso medio tiempo que logra erigir en nuestra imaginación aquel vasto imperio como a vista de águila, con una música robusta como sus muros y gloriosa como su legado arqueológico, meciendo la orquesta sus tenues notas sobre el borrascoso cauce lírico de Seth. Lejos de seguir escarbando en el ya tan trillado Egipto faraónico, es apasionante ver cómo las bandas de Metal de hoy día buscan más culturas antiguas por explotar, como hicieran también Melechesh con los mitos mesopotámicos. Todo un placer ser espectador de algo así, pues la labor didáctica en Historia, Literatura, Arte y Filosofía que tiene el Metal no la alcanzará jamás ninguna otra música. Y estamos hablando en este caso de la corriente más violenta del movimiento, por lo que ahora digo: ¿Hay que darle más ventaja aún a la música masivamente aceptada para que nos alcance?. Ni aún así lo logra, ni lo logrará…

Deconstruyendo el nombre del Santo Grial, en Sangreal es donde cobra más presencia la tan personal voz de Sotiris V, que comanda la canción mientras que los antes reinantes guturales de Seth se limitan a ser su maligno eco (vuelven a mi mente Crematory), con un breve protagonismo del ‘guturalista’ en su tempestuosa segunda mitad, culminando un corte que no destaca mucho en el álbum, menos brillante que bombas anteriores, pero atractivo por el aderezo neogótico que le da esta segunda voz del conjunto, moviéndose en casi todo momento a un mid tempo de humor variable, que con un leve gesto igual nos ilumina (verso) que nos sume en las tinieblas (estribillo).

Cerrando el álbum, la elegante dinámica de Narcissus, donde sentimos un reflejo que la banda ateniense toma de sus coterráneos Rotting Christ, con una música deliciosamente gótica que abraza al abrasivo bramar de Seth Siro Anton, ensamblando un yin-yang exquisito que pocas veces se ha logrado en esta vertiente de la domesticación de lo extremo. No puedo pasar por alto el punteado melódico que en el minuto 1:39 usan de acompañamiento para el también magnífico solo, todo de gran sentimiento casi maidenesco. Y sentimental también el tema a tratar, contando el mito de Narciso, una historia de desamores y poéticas maldiciones, una trama impensable viniendo de un grupo que se hizo llamar ’Carne Séptica’ en sus inicios. He ahí lo maravilloso de la evolución en la música, y las sorpresas que puede esconder una banda tras su nombre.

Gran gesta, mítica y olímpica, la de éstos de Atenas, creando su propia Ilíada al son y sentir del mejor Death atmosférico, conglomerando con tacto todos los subgéneros oscuros del Metal y poniendo a una orquesta clásica al servicio de la música más extrema, pues los polos opuestos se atraen, y en este álbum, Septic Flesh lograron una divina Comunión entre ellos.

Seth Siro Anton - Voz gutural/Bajo
Sotiris V - Voz limpia/Guitarra
Christos Antoniou - Guitarra/Samples
Fotis Benardo - Batería

Marios Iliopoulos - Solo de guitarra en "Babel's Gate"

Sello
Season Of Mist