Sanctuary - The Year The Sun Died

Enviado por Antipoeta el Mar, 04/05/2021 - 16:57
1961

Arise And Purify 4:13
Let The Serpent Follow Me 4:46
Exitium (Anthem Of The Living) 4:53
Question Existence Fading 4:20
I Am Low 5:15
Frozen 5:46
One Final Day (Sworn To Believe) 3:30
The World Is Wired 5:08
The Dying Age 4:52
Ad Vitam Aeternam 1:30
The Year The Sun Died 5:33
Waiting For The Sun (The Doors cover) 3:50

Sanctuary, queridos amigos, estimados portaleros y metaleros ¡Rockeros Todos!... Este es uno de aquellos momentos que entrañan un deleite como pocos. Hablaremos de un disco publicado 24 años después de su antecesor y que fue motivo de grandes expectativas. Se trata pues, de una banda oriunda de Seattle (no es grunge, NO SEÑOR) que influyó en tantas otras y cuyo legado parece no ser lo suficientemente reconocido. Sus dos trabajos de estudio anteriores: Refuge Denied (1987) e Into The Mirror Black (1990) de gran acogida, sobre todo el segundo, los puso en un altísimo nivel compositivo y musical. Pero lo que parecía tener un futuro de esplendor y reconocimiento perennes, culminó con la rapidez de un puto rayo que escindió a la banda y gatilló su separación definitiva (por un cuarto de siglo, carajo). Las constantes presiones para que hicieran honor a su ciudad de origen y se convirtieran en otra agrupación de rebeldes y tristones depresivos, les hizo decir adiós de manera anticipada y lamentable.

Pero no todo fue taaaan malo, compadre: Nevermore surgió de esa separación, ya que Warrel Dane y Jim Sheppard optaron por mantenerse unidos y dar vida a esa notable banda. Por otra parte, aquellos dos discazos de Sanctuary gozan hoy de una reputación envidiable, pues son putísimas obras de culto, papá.

En la formación, casi original, solo faltó el guitarra Sean Blosl, por lo que se hicieron de Brad Hull proveniente de Forced Entry (¿nada mal, no?). En cuanto a la portada, a manos de un experimentado Travis Smith, tenemos una imagen alusiva al título del disco: Un sol desahuciado que se cae a pedazos, liberando sus llamaradas postreras, mostrando claros indicios de una inminente explosión. Mientras, abajo, yace un ceniciento planeta condenado a la desaparición.

El disco es una clara muestra de fuerza y calidad, apuntalado por la habilidad de músicos experimentados, con largas horas de vuelo y que mantienen, luego de tanto tiempo, el deseo juvenil de patear culos, pero ahora con la madurez que inexorablemente se aquilata como consecuencia del paso del tiempo. Es muy seguro que extrañes los agudos de Warrel. No los encontrarás, al menos no con aquella frecuencia con que los emitió antaño y en ese tono con el que constreñía sus cuerdas vocales para alborotar a los canes. Pero también podrás notar que el hombre sigue cantando de puta madre ¿Y la música? ¿Se amariconarían con el tiempo, ahora mayores e influenciados por los vaivenes de la industria? ¡Ni cagando, huevón! Sigue tan feroces como antes y – aunque ahora más oscuros – nutren de técnica a cada composición, demostrando que si bien, estuvieron separados por eones, la complicidad permanece intacta. Estos tipos son unos verdaderos monstruos del metal, amiguitos.

Desde el primer segundo quedas atrapado por la potencia sónica con que te envuelven los muy condenados. “Arise And Purify” es la férrea artillería con la que abren este trabajazo. “Let The Serpent Follow Me” toma el relevo y acelera el tranco, dándote un empellón de aquellos, lanzándote de hocico al piso. Warrel canta en tonos más bajos (comparados con el HalfordKingDiamonesco estilo que nos ofreció en aquellas pretéritas entregas), pero no pierde fuerza, ni presencia, ni contundencia. El tipo arroja sus frases con total propiedad. “Exitium (Anthem Of The Living)” reduce las pulsaciones, pero ya eres sujeto de sus intenciones: quieres más y más. Y si fue aquel un tenue momento de relajo, “Question Existence Fading” vuelve a sorprender con un riff thrasherote que alterna con pasajes más melodiosos. “I Am Low” es una bella balada en la que Warrel canta con sentimiento, exhibiendo una voz que – a mi modo de ver – ganó cuerpo con los años y que nos demuestra que no es necesario abusar de agudos y chillidos para gustar al público. “Frozen” es un pico nevado, una joya que deslumbra y que invita a azotar la nuca sin temor a lesiones ni dolorcillos ulteriores; si esperabas algo parecido a sus discos anteriores, acá está la muestra de que no olvidaron patear traseros con calzado reforzado con puntera de acero.

La segunda mitad del disco inicia con “One Final Day”, lenta y reflexiva pieza que va ganando fibra con el minutaje. “The World Is Wired” aporta un riffazo para animar hasta a los resacosos que en la víspera libaron como vampiros recién convertidos. “The Dying Age” nos demuestra lo versátil e interesante del trabajo, porque baja la intensidad una vez más, pero seduce, enamora y – casi sin advertirlo – te termina follando, la muy concupiscente. “Ad Vitam Aeternam” también respira lento, breve y luminosa, preparándonos para el final. “The Year The Sun Died” se suma al impulso de su antecesora y lentamente nos lleva por un viaje algo denso, aunque efectivo. Al final “Waiting For The Sun” irrumpe con un bajo de exquisita factura. La voz de Warrel explora sus tonalidades más bajas y nos regala, acompañado por el consistente cometido de sus compañeros, una honrosa y potente versión para el conocido tema de los Doors.

Como ya fue señalado, los músicos se lucen, por sobre todo el batero Dave Budbill, que suena bestial. Los riffs robustos nos recuerdan porqué se trata de una banda con tanto tonelaje y el bajo de Sheppard repta con soltura y categoría. Warrel Dane canta distinto al tenor de aguda tesitura con que antaño se lucía, pero su fuerza es incontestable.

Las opiniones fueron variadas para calificar este disco. Muchos, esperando la continuidad de sus dos obras anteriores, se sintieron defraudados. Otros, comprendiendo que resultaba razonable que el paso del tiempo se reflejara en nuevas ideas, aplaudieron el resultado. Tenemos acá un trabajo contundente, variado, rico en matices y que suena auténtico, no forzado ni pretencioso. Es más oscuro, “claro” está (por momentos suenan a doom metal). Denso y de lenta digestión, puede ser. Deja ver la influencia de Nevermore en ciertos pasajes, por supuesto que sí. Sin embargo, todo confluye para hacer de The Year The Sun Died, un digno sucesor de sus dos primeras entregas. Esperamos 24 años y el inquieto de Warrel no la cagó. Parió con sus compinches un álbum sólido.

Lo triste de este asunto, es que Warrel Dane nos dejaría tres años después debido a un infarto. Todavía lo lamentamos… 4 cuernos medios para el último disco de Sanctuary. Una despedida a la altura de su leyenda.

Warrel Dane: Voz
Jim Sheppard: Bajo
Dave Budbill: Batería
Lenny Rutledge: Guitarra
Brad Hull: Guitarra

Sello
Century Media Records