Saint Vitus - Saint Vitus

Enviado por Spaggiari el Mar, 21/10/2014 - 03:08
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1. Saint Vitus - 04:49
2. White Magic / Black Magic - 05:27
3. Zombie Hunger - 07:22
4. The Psychopath - 09:26
5. Burial at Sea - 08:39

La mayoría de personas cree, y casi estando bien seguros de lo que dicen, que gran parte de bandas de los 80’s eran grupos heavy’s, algunos un poco más desharrapados que otros, unos cuantos se caracterizaron por ser rápidos, fórmula que dio cuerpo al Thrash Metal en su momento. Sin embargo, otros grupos tenían un itinerario distinto; cuya mayor cualidad fue ser opuestos a su generación. Lo que hoy se concede en palabra a decir que los famosos adelantados generacionales, esos, y sin llegar a dar una confusa explicación, fueron lo que se apelotonaron lejos del centro de atención, de la tentación, y, supieron incrustar un tipo de influencias, que ya de por si eran inestimadas a su música, donde dejaba, por lógicas y entendidas razones, a esos marginados lejos de los mismos marginados.

Porque en pleno 84’ aún se vivía a flor de piel esa efervescencia roñera, muy apta del heavy metal de bandas como Maiden y compatriotas; pero sin lugar a dudas, en ese mismo año corría, por parte del Hardcore, una facción de metaleros que no estaban contentos con la nueva ola británica de metal. Para ello, como dije hace unas líneas, insertaron en su “Metal” una corriente muy ajena y a la vez apegada: aquí nacía lo que muchos especialistas llamaron en su momento “Doomcore”
Etiqueta que recapitulaba lo que Sabbath había emanado en su momento, y, continuaba, uniendo esas dos piezas esenciales y motrices, junto con la habilidad y simpleza de grupos como Black Flag.

Era, pues, un poco contradictorio y a su vez ordenado porqué nacería esa categoría de Doomcore. ¿Pero por qué bandas como Saint Vitus tuvieron que buscar una vena, por decirlo de alguna manera, más extrema del mismo camino que Black Sabbath, que ya décadas atrás había inaugurado con reparo y pleitesía de sobra? ¿Por qué? ¿Por qué no quedarse en el mismo territorio? ¿Acaso ir tras la búsqueda de ese exordio que diera musculatura a la idea, los iba enajenar del aparente mundo del Proto-Doom de los años 70’s? Y pues, claro está que los muchachos no sabían que mierdas estaban haciendo; pero lo poco que sabían de esa aleación peligrosa, más extraña que los ajolotes, era que lo que sonaba les gustaba. Y vaya que a mí también me pirró ya años después cuando salió ese innominable debut de los californianos Saint Vitus.

Dicho sea, pues, que entre tanto y tanto los paralelismo se angostan cuando la comparación entre los californianos llega a oídos de los The Obsessed, ya que ésta se alinea con Saint Vitus en ser las primeras que experimentasen ese insólito y espeleológico género: Doom + Hardcore. Y para se más claros tenemos las pruebas que confirman de cierto modo esto; se da el caso con las dos primeras demos de “Obesessed”, tituladas rupestremente como ‘Demo 1980’, ‘1982’, en ellas se encuentra la dosis más nata y larvaria de esa ofuscada fusión de dos géneros opuestos; pasa lo mismo, entonces, con la Demo del ’83 de “Vitus”; esos sonidos aún brujériles y porcos que sonaban tan insalubres como lo fue toda la ola del punk más execrable y acerbado, aunque el especial ingrediente solidificaba toda la proyección del mismo género, y dado que eran brutales pero, consigo, LENTOS. En cierta forma, esa potenciación encarnizaba los riffs básicos del Thrash o Heavy convirtiéndola en una supurada y caliginosa aura de pasos milimétricos.

Entonces lo que ocupa hoy es un pedazo, por no decir la porción más primitiva (Con el permiso de los paleolíticos Bedemon) del género del Doom metal; y ni los catedráticos del fangoso y la “pringosidad” más sofocante, como Candlemass, estuvieron siquiera en ese año con dicha idea. A Saint Vitus le debemos casi por completo y descontado la creación de uno de esos géneros míticos, que hasta el día de hoy su propagación ha sido en calidad de abandono y destierro. Los únicos que podrían competir con éstos, son los olvidados Trouble, y aún así los creadores del ‘Psalm9’ no se acercan a la bestia que Dave Chandler y camaradas bautizaron con el nombre del baile de “San Vito” aludiendo a la misma enfermedad que imposibilita las extremidades a movilizarse sin sentir un agudo y zozobrado dolor.
Y está de más identificar, también, que el nombre del grupo fue homenaje por la canción de Sabbath: “St. Vitus Dance”, cuya pieza se encuentra en el fantasmagórico ‘Vol. 4’ de los ingleses. La banda tuvo origen como Tyrant, cuando aún tocaban ese molde desabrido y pantanoso, después ocupó el nombre ya dicho. ¿Y exactamente que significa lentitud para Saint Vitus?

Pues, parar radicalmente todas las guitarras, pulsar agónicamente la batería, y entonar, con ello, un canto ahogado y aprensivo, cuya cualidad escuece toda ambientación u operación trabajada con suma antelación. Primero lo primero; resta decir que el punto culminante y provisto está en las guitarras del barbón Dave Chandler, el desmangado y callejero estilo desgarbado del Guitar hero de Saint Vitus es el que crea esos torbellinos desarreglados junto con esos escabrosos Walls of sound de intervalo en intervalo, que van creando la isorritmia más áspera de los riffs. ¡Qué maneje!

Y eso, esas cualidades aversas pueden notarse en la primera e hímnica entrada: ‘Saint Vitus’ (4:50) donde el principal encuentro lo tiene las guitarras, marcando el tiempo árido entre el inagotable aire de falsete de Scott Reagers, más, cuando entona el bufado estribillo inicial. Destacar el buen manejo de batería; el sobrio tambalear de ésta crea junto con Mark Adams, bajista, el maremágnum del álbum y el principal ritmo de la agrupación. Es bien conocido que mantengan ese medio tiempo aún; es más irrisorio que tengamos la madurez de un ‘Born Too Late’; esas letanías llegarían cuando la fórmula se acrecentara todavía más de lo normal No por ello, se puede, menoscabar el primitivismo de los tempos.

‘White Magic/Black Magic’ contiene esa poesía oscura, siempre atronadora y aflictiva en las liricas de la banda. Esas pruebas que el sonido oscilaba entre el andar de gusano y el paso de caracol, se da cuando la pieza llega a su ocaso, en este punto se hacen con la suya el maestro Chandler como bien merece. Pero por el contrario, las piezas siguen alargándose, una a una.

Es por eso que la llegada de ‘Zombie Hunger’ hace que identifiquemos más el sonido que querían mostrar: piélago del Stoner 70’s, y mucho sintonía con el Hard rock oscuro, resollando las guitarras más que nada. Aunque, si bien hay dos claros conceptos que pueden distanciar este sonido de ‘Saint Vitus’ (Lp) con la colonizada escena de los 70’s de grupos cruentos y hostiles; todo está en que los californianos ocupan el seccionar rítmico como pilotaje y no como aderezo de pavo, tampoco dejan los interludios e improvisaciones de cuerdas en los entramados “solísticos” bandas de aquella época saturaban a veces este medio por un recurso muy común, y que llegaba, por infortunio, a ser muy cansino.

Aunque se puede sobreentender que estos puntos fluctúen unos con los otros, ya que son géneros que nacieron congénitamente, tanto el Stoner como el Doom tienen una asimilación indudable. Lo que separa todo vestigio del “Doomcore” (Qué etiqueta más repulsiva) es la canción que se lleva 5 estrellas. Hablo de la abrumadora ‘The Psycopath’ 9 minutos que pueden arredrar a cualquiera, puesto que ahora ese andar de lagarto enfermo se hace notorio en toda la ejecución de la misma pieza. Increíble y bello sigue siendo cuando, y como por arte de poderes oscuros, una melodía guitarresca contonea todo el esqueleto flemático del “psicópata” “¿ha escapado, hay que huir, anda suelto, dónde puede estar ese asesino? Un extraño y lívido ser anda por la calles, hay que temer”. Todo esto resulto atrapante, escalofriante y sublime a la vez.

Pieza clave para entender el prehistórico y tosco Doom Metal del primer lustro de los 80’s. Más que ello, también recomendar el solo de dicha canción… ¡Ya no se hacen así! La guitarra habla por sí sola. ¡Pieza corrupta! Advertencia de última hora: Si no se puede con ella, mejor dejar el álbum, porque sería imposible comprender lo demás sin el germen maligno que yace aquí. Dejo la última canción para los inadvertidos (Burial At Sea)

En un día sombrío, como está aquí en mis tierras, es perfecto sentarse y dejarse atrapar por la celsitud y el collado terroso que levanta dicho álbum: un enigma dentro del género, y, como pocos que nos han dado: muy avanzado para su época, muy malo para ser malo y muy bueno para ser verdad. Así es cuando se conoce a SAINT VITUS: La vida se hace oscura y terrible.

Dave Chandler: Guitarra.
Mark Adams: Bajo.
Scott Reagers: Voz
Armando Acosta (R.I.P. 2010): Batería.

Sello
SST Records