Rush - Presto

Enviado por kuarox el Dom, 30/06/2019 - 16:08
1095

1. Show Don’t Tell (5:01)
2. Chain Lightning (4:33)
3. The Pass (4:51)
4. War Paint (5:24)
5. Scars (4:07)
6. Presto (5:45)
7. Superconductor (4:47)
8. Anagram (For Mongo) (4:00)
9. Red Tide (4:29)
10. Hands Over Fist (4:11)
11. Available Light (5:03)

No es nada fácil hablar de una leyenda como Rush, y probablemente lo sea aún menos tratar una de sus épocas más controvertidas: la década de los 80. La banda, exhausta después de entregar el monolítico Hemispheres (uno de los mejores trabajos de la historia para el que aquí escribe), decidieron que a partir de ese momento iban a simplificar su estilo, y a producir algo que no les exigiera tanto como la susodicha obra del 78. Las grandes suites desaparecerían, si bien aún habría tiempo de escuchar la soberbia Natural Science en el sucesor de Hemispheres, Permanent Waves, o la no menos espectacular The Camera Eye en el archiconocido y venerado Moving Pictures.

Sin embargo, estos dos últimos trabajos mentados, sobre todo el segundo, fueron los grandes artífices del cambio que Rush estaba buscando. Las canciones se acortaron, se hicieron más “radio-friendly”, y desde luego la popularidad se disparó, sobre todo con el trabajo del 81 y los impresionantes siete cortes que lo componen. De esta forma, Rush demostró al mundo, y quizá también a sí mismos, que habían sabido reinventarse y adecuarse a los tiempos que se avecinaban.

Tras Moving Pictures, los teclados que aparecían en ese disco se irían haciendo cada vez más frecuentes en los venideros, alcanzando su cima en Power Windows (posiblemente el mejor trabajo de la década ochentera de Rush para el que suscribe junto al Moving Pictures), y luego ya perdiendo algo de protagonismo en los discos posteriores, aunque siendo aún importantes. Al Power Windows le siguió Hold Your Fire, continuado con A Show Of Hands, un directo en el que mostraban esa época ochentera de su carrera. Y tras estos dos vino ya, en 1989, el trabajo que hoy nos ocupa, Presto.

Lo que encontramos en este disco son retazos de la época más “tecladística” de la banda, pero también vemos un trabajo más orientado a la guitarra que los anteriores. Este paso es algo que iría dando Rush en los años siguientes, perdiendo los teclados a favor de la guitarra y volviendo a sus raíces, hasta que en Vapor Trails, en el 2002, no se escuchaba ni un solo teclado. Pero eso es otra historia.

En cuanto a Presto, a pesar de acercarse ya al año 90, aún es un disco bien inmerso en la década ochentera, y el sonido del álbum lo confirma. No obstante se ve, como se ha apuntado, cierto grado de evolución hacia el Hard Rock, orientándose también más hacia el sonido de ese género. Aunque aún contiene una carga relevante de sintetizadores, se ve algo reducida en comparación con los trabajos predecesores. Los dos discos posteriores, Roll The Bones y Counterparts apuntalarían esta evolución, sobre todo el segundo, que es el disco más “grungizado” de Rush. Este Presto, por consiguiente, conforma la antesala del siguiente cambio que estaría por llegar y que fue efectivo dos álbumes después.

El disco comienza de una gran forma, pues “Show Don’t Tell” viene a mostrar un tema que puede considerarse típico de los Rush ochenteros, con su pegadizo estribillo como ley, aunque hay más. Mucho más. El riff, Hard Rock puro, donde la guitarra está bien presente, es de esos que puedes estar tarareando según piensas en el nombre de la canción, y eso ya vale muchísimo. Los tres músicos conducen perfectamente la canción a lo largo de sus cinco minutos, sin bajar el nivel, destacando el interludio a los tres minutos, con la genial línea de bajo de Geddy Lee. Y es que, estimados lectores, se ha dicho ya por activa y por pasiva, pero lo repetiré una vez más: estamos ante uno de los (al menos) Top 10 mejores bajistas de la historia, es un hecho innegable.

“Chain Lightning” comienza con la habitual presencia de teclados, y rápidamente un arpeggio diabólico, que aparecerá posteriormente en otros pasajes, nos lleva al riff del tema. La estrofa se canta sobre un rockero riff de guitarra, junto a una juguetona y algo compleja línea de bajo. Todo ello perfectamente comandado por la batería de Neil Peart, que al igual que su colega Geddy es uno de los mejores de la historia en su instrumento. El estribillo también es ciertamente pegadizo, y quizá sea donde más resalta la parte ochentera de la pieza.

Turno ahora para “The Pass”, uno de los temas más interesantes del trabajo. Con un comienzo tranquilo y simple, que entra muy bien, se desarrolla la primera estrofa. Se trata de un tema estilísticamente algo más reposado que los anteriores, pero con carga de guitarra también, como se demuestra en el melódico solo de Alex Lifeson. Esta pieza tiene asimismo algo más marcada la herencia de lo que habían hecho anteriormente en la década que lo que se venía escuchando. Así como he mentado antes a sus compañeros, es justo que hable ahora de Alex. Un grandísimo músico que suele ser injustamente olvidado al hablar de las guitarras históricas del rock. A lo mejor no demuestra ser un corremástiles como muchos que comenzaron a destacar en esos 80s (que tampoco es manco en estos aspectos), pero desde luego no lo necesita. Que me disculpen por lo que digo ahora, pero me dan a elegir entre algún solo de Lifeson y otro de Batio (por ejemplo), y estoy convencido que en un 80% de las ocasiones aproximadamente elegiría el de Alex. Puede que este punteo de “The Pass” sea más sencillo, sí, pero la elegancia que destila no la suele tener un sweep-tapping a 250 bpm. Y aclaro, en ciertos contextos me gusta también mucho el estilo shred bruto.

“War Paint” es el tema que sigue, no aporta una diferencia relevante estilísticamente hablando con lo ya escuchado. Sin embargo, sigue siendo un buen tema, algo esperable viniendo de quien viene. Se trata de una pieza agradable, mayormente relajada, aunque también con riffs cañeros, un buen solo de guitarra (recalco lo dicho en el párrafo anterior); y que como el resto del disco se deja escuchar muy bien. El estribillo, el solo y los coros del final son los puntos más destacables.

Una línea de bajo secuenciado muy juguetona nos da la bienvenida a “Scars”, tema en el que se coquetea en cierto punto con el funk, como muy bien se aprecia en ese bajo protagonista, una característica de dicho género. Es una excelente canción, donde Rush, una vez más, y no será la última, hacen gala de su exquisito gusto a la hora de componer y su infinita elegancia. Tema que entra sobradamente bien, y que es algo diferente al resto del disco.

El tema-título entra en el saco de los ítems más relajados del conjunto. Para un servidor tampoco es de lo más destacado del disco, pero eso no implica que no sea un tema notable y elegante, como muy bien supieron hacer Rush. Pieza de importante influencia ochentera, comienza con una guitarra acústica que acompaña muy bien la voz de Geddy Lee durante las estrofas, mientras que durante el estribillo se une el sintetizador. Tiene también algunos pasajes con riffs hard rockeros, y un solo corto y sencillo, siguiendo así una estructura similar a “War Paint”. Estas partes hard anuncian hacia dónde quería la banda llevar su estilo a partir de este trabajo y los siguientes.

Anuncio que en el tema que sigue ahora es perfectamente claro. “Superconductor” es otra de las bazas más ganadoras del trabajo. Estamos, ahora sí, ante un temazo de puro Hard Rock, riffs grandiosos y un estribillo con muchísimo gancho. A destacar el jugueteo que se cascan al final del tema cambiando dos veces la tonalidad al estribillo. Sencillamente soberbio, y desmostrando una vez más de lo que son capaces estos genios. El riff guitarrístico de gran altura también. Temazo memorable, de los más duros del disco.

“Anagram” es otro tema con influencia del período ochentero de la banda, con esos sintetizadores que marcan el inicio. No obstante, rápidamente entra en la estrofa otro riff hard-rockero, dando el protagonismo y la responsabilidad de acompañar las vocales de Geddy a la guitarra de Lifeson. Peart, muy correcto como es habitual, sosteniendo los cortes con su buen hacer tras los elementos de percusión. Este tema, al igual que otros ya escuchados, muestra nuevamente las dos caras que tenía Rush en ese instante, la época synth y el nuevo período más rockero hacia el que iban.

“Red Tide”, otro tema de buen hacer, pero que tampoco aporta una diferencia sustancial respecto a lo ya escuchado anteriormente, aparte de que está más próximo a la época anterior que la media del trabajo. Tema de fácil escucha también, aunque posiblemente con menor carga rockera que otros del álbum.
“Hands Over Fist” comienza de nuevo con guitarra acústica, similar a “Presto”. Rápidamente, Geddy recita el estribillo, y a continuación hace su aparición un buen riff rockero, que queda algo disimulado. El estribillo es la parte más relajada, aunque tiene gancho, y en él aparecen asimismo sintetizadores. El tema es de muy agradable escucha, aunque tampoco aporta excesiva diferencia estilística. A destacar los punteos de Lifeson hacia la parte intermedia y en el final.

“Available Light” es el tema que cierra el disco del 89, y lo hace siendo un corte relajado en líneas generales, con un comienzo cuasi baladístico. Este inicio da paso a un pasaje más familiarizado con el estilo del álbum. Algunos riffs potentes vuelven a aparecer también, pero no conforman la base de la canción. En la segunda estrofa vuelve la parte “baladística”, acompañada esta vez de punteos “bluesy” de Lifeson, que le dan color al asunto. La pieza mantiene el nivel, con otro buen solo de Álex, para encaminarse al fade out final y completar este disco, el primero entre los mundos 80’s-90’s de Rush, y que muestra hacia dónde querían llevar su música en ese entonces.

Esto es todo lo que da de sí el decimotercer trabajo de los canadienses. Un disco que, sin ser lo mejor de su discografía, sí que es un muy digno trabajo y merecedor de al menos ser escuchado, aunque no contenga excelsas y complejas piezas de 20 minutos como sucedía en la década setentera. Un placer al oído meterse cualquier rompecabezas ideado por estos tres extraterrestres, con una profesionalidad a prueba de bombas, un saber estar formidable y una altura como seres humanos excepcional a lo largo del viaje de 50 años en activo que nos brindaron.

Cuatro cuernos bien puestos (8,2/10) para un disco en el que, si bien siguen dentro de los patrones de la década en que estaban inmersos, que estaba dando sus últimos coletazos, no es menos cierto que los temas presentan un cambio de tendencia; y también, algo muy habitual en ellos, rebosan calidad y elegancia por todos los costados.

Todas las épocas de Rush merecen mucho la pena, incluida la ochentera.

Geddy Lee – Voz, Bajo, Sintetizadores.
Alex Lifeson – Guitarras Eléctrica y Acústica.
Neil Peart – Batería y Percusión Electrónica.
Rupert Hine – Producción, Sintetizadores y Coros.

Sello
Atlantic Records