Rush - A Farewell to Kings

Enviado por TenzaZangetsu el Jue, 03/07/2014 - 22:00
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1. A Farewell to Kings - 5:53
2. Xanadu - 11:07
3. Closer To The Heart - 2:53
4. Cinderella Man - 4:21
5. Madrigal – 2:35
6. Cygnus X-1 - 10:25

Muchas veces, para alcanzar la cima del éxito, no debes demostrarle nada a nadie; sólo basta con que te lo demuestres a ti mismo. Pues el legendario triunvirato de Rush, en 1977, no tenían que demostrarle nada a nadie. A partir de ahora, sólo debían probarse a sí mismos.

El año anterior publicaron, tal vez, su álbum más icónico en la forma de 2112; una oda al Rock Progresivo con tintes de Hard Rock más elegante y que rebosaba una excelencia musical sin igual. Los canadienses veían de tú a tú a entes como Genesis, Yes, King Crimson y otros combos inhumanos que acechaban por ese vasto terreno de genios que fueron los años 70s. Ya eran un nombre sólido y el directo de esa gira, All World’s a Stage, patentaba el gran nivel que siempre han ostentado Geddy, Neil y Alex en los escenarios. ¿Qué se vislumbraba en el futuro de Rush en 1977? Pues demostrarse a sí mismos que podían repetir el gran momento de forma de 2112; A Farewell to Kings nació, según mi punto de vista, como el álbum de consolidación de Rush. Hecho para que nadie tuviera duda de su calidad.

El quinto trabajo de los canadienses nació para triunfar desde su incepción. Lo sé: es un comentario bastante atrevido e intrépido de mí parte; sin mencionar algo partidista y parcial. Pero desde su concepto, que es una diatriba a la monarquía y cualquier tipo de actitud feudal que puedan imaginar, hasta su arriesgada y potente –para la época- propuesta musical, A Farewell to Kings es una escucha plácida y disfrutable para los amantes del Rock más directo y aquellos que buscan algo más virtuoso. Grabado en el Reino Unido, específicamente en Gales y luego en Inglaterra, el trabajo continua la estela más técnica y característica de la banda que se estableció en 2112: arreglos complejos y cambios de ritmo trepidantes, pero sin dejar de lado las melodías y estructuras más acordes al Hard Rock. Aún tenemos los riffs tan elásticos y versátiles de Lifeson, la voz tan peculiar de Geddy Lee y la catedra en batería por parte del maestro Neil Peart; todo sigue como debe estar y tal vez éste álbum cumple su rol como pocos en la década.

Ya con su referencia a la novela de Ernest Hemingway en el título (A Farewell To Arms) y una portada que ilustra el concepto de reyes destronados y donde la susodicha realidad de las monarquías había llegado a un abrupto final, podemos sentirnos bienvenidos en otra odisea por parte del grupo más grande que ha parido Canadá. Saltando de temas más directos a composiciones más complejas y extensas, hay una gran variedad en el álbum para que uno no se sienta aburrido por lo repetitivo pero lo suficientemente conciso para no sentirse atrofiado. Y lo digo con la certeza de que estamos tratando con algo especial. Si quieres ser realmente grande, tienes que traer más que una sola obra magna; debes codearte con la aristocracia rockera a punta de trabajos icónicos. Escuchemos a Rush en su apogeo, nene. No te van a defraudar.

Y es que empezar esta epopeya Progresiva con ese monolito a la música rockera y técnica que es el tema título, podemos entender que la banda no estaba siendo dubitativa con sus paradigmas musicales o la falta de ellos. Ya el inicio tranquilo hacia uno más energético denota una banda en estado de gracia; cuando va in crescendo podemos atestiguar que estamos ante un clásico sin contemplaciones. Un tema repleto de matices y cambios de ritmo pero que aúnan la locura de la instrumentación del combo con un sentido de gancho y calidad que los diferencia de los demás grupos de esta índole. Las vocales setenteras de Geddy (que suenan a que pasó horas inhalando helio) pueden llegar a ser amadas u odiadas; no hay término medio. Destaco los memorables riffs de Lifeson y el ritmo trepidante de la canción en toda su duración. ¿Las letras de Peart? Intelecto y una prosa exquisita encuentran su punto de unión con la pluma de este genio silencioso que dice más que mucho hablador que anda por ahí suelto. Clásico instantáneo.

Como mencioné con anterioridad, las piezas más largas pasan luego de algunas más concisas y directas como el tema título que acabamos de disfrutar. Xanadu, una composición de muy buen gusto y que está diseñada para enamorar con una atmósfera trabajada y que sólo podía ser fabricada en esos irrepetibles 70s con esa magia tan peculiar. A pesar de su longitud –es el corte más largo del álbum-, no aburre en ningún segundo. El tema es una amalgama genial y exuberante de todo lo que era Rush en esos años. Desde un comienzo apaciguado hasta secciones donde se alcanzan cuotas de majestuosidad e intensidad como pocas piezas en su vasto catálogo se te engancha como oyente. Soy de los primeros en defender las diferentes épocas de la banda, pero es imposible negar el nivel de leyenda de este período de la agrupación. Sólo escuchen cómo esos pasajes tranquilos donde canta Geddy transmutan a partes más galopantes; tal como aquella hímnica Bastille Day de ese a veces olvidado Caress Of Steel de 1975. Una obra maestra dentro de otra. Esto es música del más alto calibre, señores.

Como si de contrastes se tratara la cosa, luego del tema más longevo llegamos a uno de los temas más cortos de la obra: Closer To The Heart. Lifeson siempre ha sido partidario de esos pasajes acústicos donde deja demostrar su lado más meloso en la guitarra; aquí podemos contemplar eso mientras que Geddy, aun sin ser un fenómeno en las vocales, entona con propiedad y se le escucha bien en estas tesituras. La canción, tal como las anteriores, va ascendiendo hasta que toma esa forma tan Hard Rock a la que nos tiene acostumbrado el triunvirato canadiense. La única queja puede ser la corta duración del tema; apenas llegando a tres minutos.

Más variada y energética es Cinderella Man puesto que inicia más movida y es entrelazada con esas partes acústicas –aunque éstas más vividas y rebosantes de energía-, para volver a momentos más trepidantes y con cambios de ritmo a los cuales Dream Theater les debe el 80% de sus cuentas bancarias. Neil Peart, como en todo el álbum, está inmenso y demuestra por qué es uno de los mejores bateristas de todos los tiempos. La voz de Geddy, amada u odiada, sigue la misma línea que las anteriores piezas. Oído a ese pedazo de solo carente de estructura de Alex pero que no evita llegarte; una muestra de cuando conceptos tan contradictorios como la técnica y el feeling pueden congregarse por el bien común que es hacer buena música. Eso se deja muy en claro con esta Cinderella Man. Más como un interludio se muestra Madrigal; una balada preciosista y con una leve, levísima, influencia medieval en su composición. Aquí los principales protagonistas son los encantadores punteos de Alex y las vocales de Geddy, que comienzan a asemejarse a como sonaría en años venideros. En comparación a las demás canciones, podríamos decir que es el corte más flojo pero yo creo que es buena para relajarse y bajar las revoluciones antes del gran final.

Niños, recuerden esto: hay que acabar los álbumes, los que son de antología, con la mejor canción o al menos la más ambiciosa. Rush, ya sin un pelo de tontos, te lanzan un behemoth de canción en la forma de la soberbia e irrepetible Cygnus X-1; una canción de lo más compleja e intensa que ha parido la banda desde su nacimiento en 1974. Comenzando con esa oscura voz programada y unas tenues líneas de bajo que van ascendiendo (un patrón común en toda la obra), la canción gana peso con los ritmos interrumpidos de Geddy y Neil hasta que Alex se une a la fiesta para quedarse con su parte del festín. Y lo que viene a continuación es una de las mejores demostraciones de talento, clase y calidad que he podido escuchar de estos caballeros. ¿Cómo tres sujetos pueden hacer un sonido tan vasto y completo? ¡Genios es lo que son! Hay un pasaje acelerado en la canción que es de lo más intenso y metalero que la banda ha hecho, con un despliegue vocal incendiario por parte de Geddy –quien está pletórico en esta canción-, denotando una locura tan necesaria para demostrar la brillantez de la obra maestra que estamos escuchando.

Y así como disfrutamos como enanos, así termina el álbum. Seis temas; ni más ni menos. No se necesita más; nos damos cuenta de eso cuando Lifeson suelta esos embrujados punteos al final de la última canción para despertarnos de éste sublime sueño que nos han causado estos canadienses. En una década repleta de competencia y donde el menor error te podía sepultar en los balcones del olvido, Rush se sacaron de la manga una bestialidad de álbum que complacerá a los más exigentes e incrédulos de la música Rock. Repleto de buenas letras, melodías trabajadas y bien hechas, baterías inhumanas y guitarras variadas, A Farewell to Kings es uno de los mejores álbumes de Rush y, por ende, de nuestra música.

Cinco cuernos (¿qué otra nota se merecía?) para A Farewell To Kings. Rush demostraron.

• Geddy Lee – Vocales, bajo, guitarras, sintetizador de pedales de bajo, teclados
• Alex Lifeson – Guitarra, sintetizador de pedales de bajo
• Neil Peart – Batería, percusión
Invitados:
• Terry Brown – Introducción hablada en Cygnus X-1

Sello
Mercury Records