Running Wild - Pile of Skulls

Enviado por stalker213 el Mié, 17/04/2013 - 22:02
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1. Chamber of Lies (2:21)
2. Whirlwind (4:52)
3. Sinister Eyes (5:06)
4. Black Wings of Death (5:17)
5. Fistful of Dynamite (4:06)
6. Roaring Thunder (5:56)
7. Pile of Skulls (4:39)
8. Lead or Gold (5:07)
9. White Buffalo (5:17)
10. Jennings' Revenge (4:18)
11. Treasure Island (11:14)

Supongo que llevar a cabo según qué tipo de esfuerzos se antoja cuanto menos estúpido, y la verdad que me parece una pena. Una grande. No obstante, yo entiendo perfectamente la mierda, porque sinceramente reconozco el cómo ya también pequé antaño; Ahora eso sí, absolutamente nada de eso altera el discurso: RUNNING WILD (omitiendo, no es necesario aclararlo, su última diarrea del año pasado) han sido, son y serán recordados por los restos ya no solo como una inmarcesible leyenda de nuestro rollo, sino igualmente como una de sus instituciones más sagradas, poseedora de uno de los legados más ricos, extensos y preciados jamás aglutinados. ¡Y es que no en vano estamos hablando de piratas, cojones! (Que no piratones) Y como no podría ser de ningún otro modo, aquí el botín es de los gordos, pero gordos, rollo Bud Spencer en crisis ansiosa total, encerrado en un histérico burger y tragando todo lo que se cruza a su paso. Ahí es nada la cosa, grumetes…

Y posiblemente resulta ya muy cansino el volver a insistir en esto, pero las cosas que de verdad son importantes -cuando no capitales- nunca deben dejar de ser recordadas para que nadie jamás las olvide, y a propósito de ello, yo hoy, aquí y ahora quiero volver a señalaros el cómo concluyentemente en 1992 prácticamente nadie sujetaba con firmeza (o sin ella) las riendas de un reino que por largos años gobernó con mano de hierro, pero que al punto contemplaba entonces como sus más representativos heraldos zozobraban sin remisión, bien por sangrías internas motivadas por egos irredentos, por puro agotamiento o simple y llana incapacidad.

Sin embargo, justo también en esas mismas fechas es exactamente cuando unos tipos como RUNNING WILD (esos mismos que algunos personajillos toman a broma…) forjan con pulso de acero las que han sido y siguen siendo sus mejores obras, cuando ya las que llevaban colgando del cinturón eran las que eran, y ante eso… Pues ¿Qué queréis que os diga? Pues que no hablamos de una casualidad o siquiera de una palabra tan absurda y estúpida como personalmente se me antoja “suerte”, sino bastante antes de un pequeño colosal milagro, llevado a cabo merced al incalculable esfuerzo y notable genio de un capitán que por más que se empeñe en embarrar su legado con retornos absurdos, jamás en la vida podrá derrocar el indiscutible mito que a mis ojos sigue siendo el señor Rolf Kasparek.

Porque viniendo de una retahíla criminal de discos, dentro de la cual los tres últimos cañonazos habían sido nada menos que ‘Port Royal’, ‘Death Or Glory’ y el tremendo ‘Blazon Stone’, no se me viene la valiente panda de hijosputa estos con otro que si no los sobrepasa es por cosa de milímetros?¿?¿? Sea como fuere, el milagro es de todas, todas incontestable; Y es que los 90’s empezaban a cernirse pestilentemente sobre nuestra amada música y los WILD iban a estar ahí –solos, como quien dice- partiéndose el pecho, haciendo lo de toda la vida, sino mejor, mientras la aristocracia del lugar se iba a pique, viendo como sus estandartes de guerra giraban inexorablemente por el desagüe del jodido wáter.

Y es que a todos nos mola ‘Be Quick Or Be Dead’ o por qué no decirlo, aquél otro tema de quien cojones sea por los motivos que procedan, pero yo afirmo sin el menor rubor el cómo en 1992 ABSOLUTAMENTE NADA sonó como la letalmente electrizante ‘Whirlwind’, donde Rock’n’Rolf da un paso al frente, liberando a los perros de guerra que van a dejarse el pellejo hasta el último resoplo para dejar al jodido nombre del Speed Metal en lo más alto, y para ello ¡Claro! Nada como una antesala de esas que engrosan el mástil hasta el escozor, ‘Chamber of Lies’, que indiscutiblemente puede apestar a muchas cosas, pero las más gorda de ellas es la gloria.

De ‘Whirlwind’ me puedo tirar largando lo que sea necesario (que nunca lo será), pero remitiéndoos tan solo a su arrancada en (00:13) ¿Para qué íbamos a esperar más? Deja ya a las claras el cómo el Capitán Rolf no iba a andarse con mierdas a hora de hacer volar por los aires con sus jodidos cañones al menor atisbo de gilipolleces o alternativismo groovielano.

‘Sinister Eyes’, por su parte, es el típico medio tiempo de poso Wildiano con un estribillo de esos de fermentar la bragueta hasta el más severo rigor, aunque claro, sabiendo incluso a poco al lado de la automáticamente ganadora e incendiaria ‘Black Wings of Death’ y su segabolsas rítmica en la parte de los versos. La producción de ‘Pile of Skulls’ es otra de las bazas ganadoras del mismo, no hay duda, pero lo que definitivamente lo convierte en el megapepo que es, es sin lugar a dudas la granítica cohesión y pasmosa sucesión de una seguidilla de once certeros proyectiles que ni de coña conoce por ni tan solo un segundo el menor atisbo de tedio o bajón.

No se han olvidado nuestros corsarios todavía de su vena más zafia y macarrona ¡No! Y como prueba fehaciente de ello, ahí atruena orgullosa y altanera ‘Fistfull of Dynamite’, aunque de nuevo el barril de pólvora que la sucede, ‘Roaring Thunder’ (en una onda mucho más ‘Blazon Stone’) la deja algo en entredicho, por su innegociable naturaleza ganadora.

Ahora bien, apártense todos a babor, jodidos ectoplasmas, porque llega la puta joya de la corona bajo el nombre del tema-título, y es que aquí los WILD sí que no toman prisioneros, lanzando todos sus garfios sobre la nave enemiga para abordarla, merced a uno de los asaltos sónicos más acojonantes que me he echado jamás a la cara cuando el rollo que trabajamos es el Speed Metal (Sin palabras lo de Stefan Schwarzmann a los parches). Brutalizer sin paliativos el temazo, mequetrefes, pero es que de lo que emerge en (02:39) ya ni intento decir nada, porque sencillamente no encuentro las palabras. La pasarela en (03:03) es otro momentazo de gloria absoluta de los que prensa la bolsa lo suyo; Y es que ya os lo he advertido, guacamayos: Aquí apesta a winner que te pesh…

Justo a continuación el nivel decae, como resultaba inevitable, aunque mejor nadie se precipite en su juicio, porque se nos está sirviendo otra selecta carga de profundidad bajo el nombre de ‘Lead Or Gold’, y es que nadie como los germanos ha trabajado esos medios tiempitos que, parece que no, pero te dejan las cervicales hechas unos zorros. El balance de potencia y melodía está metódicamente calibrado a partes iguales, aunque mejor todavía si cabe en la siguiente ‘White Buffalo’, donde las visiones que ésta evoca no hace sino remitirnos a su increíble y magnánima portada (enésima joya del artesano Marschall), justo como más tarde sucediera con su todavía superior, y añado: LEGENDARIO, ‘Black Hand Inn’.

‘Jennings' Revenge’ no baja el piñón ni a garrotadas, y es que lidiar con las huestes de Rolf es hacerlo al punto con alguien más duro de lo que muchos pueden resistir. Hablamos de una cenozoica banda de Heavy/Speed Metal que en sus inicios incluso influenció a muchos de aquellos que años más tarde iban a portar orgullosos la maligna y negra bandera del movimiento Black Metal. Así que pocas bromas o mierdas con RUNNING WILD ¿Estamos?

Toca ya el fin y la solución nunca puede ser otra ¿O qué? ¡Afirmativamente NO! ¡Cacharrazo de dimensiones épicas al canto! ¡Once minutacos, tú! De modo que sacamos al jodido loro de la jaulica para llevárnoslo al hombro, nos ataviamos con el parche, la pata palo y el sombrero emplumado, le hacemos una perdida a Jim Hawkins, y pa’ la Isla del Tesoro que nos vamos de la mano del inmortal “Long” John Silver ¿Qué no? ¡Y es que hasta el viento se siente soplar en la cara, bellacos! ¡Qué huevos más gordos tienen los Wild, joder! Prólogo de marras ¡Hala! ¡Que no falte, hostias! ¡Piezas de a ocho por aquí y ron del más barato por allá, pero que nunca nos falte la gloria de los WILD para jamás se nos olvide lo grande que ha sido el Heavy Metal! Nuevamente las rítmicas sobre los versos son de las que cercenan cojoneras sin calcular las consecuencias, del mismo modo en que la testosterona y la épica más formidable salpican exuberantemente del estribillo, pero lo más grande de todo es la coherencia y la inexistente gratuidad de su extensión o menos todavía el inverosímil genio para engarzar unas secciones con otras. Parón en seco a los siete minutos clavados, para coger carrerilla y a quemar las naves que nos vamos. Ridículo el debatir si ésta se pone a la altura de ‘Rime of the Ancient Mariner’ que evidentísimamente que NO, pero todavía más ridículo si cabe el colocarle al lado a ‘Alexander The Great’, ‘Afraid to Shoot Strangers’ o la que se os ocurra post ’88. ¡Himno de altura, oíd!

Inapelable. Una de las mayores joyas de los 90’s y así de carro: Una de las primeras espadas en el impagable catálogo de los WILD. Demasiado bueno, os digo. Demasiado, incluso como para que más de uno, dos o tres jamás entiendan en su puñetera vida el porqué. Aunque eso no altera el producto, muchachos. Maremoto innegociable.

Solo los más grandes marcan ciclos y el de los alemanes ha durado más de una década. ¿Nos ponemos a establecer comparaciones? No. Mejor no, no fuera que alguno saliera trasquilado…

Valoración: 9.3

Rock 'n' Rolf: Voz & Guitarra
Axel Morgan: Guitarra
Thomas "Bodo" Smuszynski: Bajo
Stefan Schwarzmann: Percusiones

Sello
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