The Rolling Stones - Some Girls

Enviado por House el Dom, 13/07/2014 - 20:47
1760

«No mearía sobre Keith Richards aunque estuviera envuelto en llamas» afirmaba con una mueca de asco y desprecio un malencarado Sid Vicious. En realidad, pese a lo vulgar de la afirmación, esta reflejaba a la perfección el sentir de miles de jóvenes hacia las bandas consagradas de la música Rock a mediados de los setentas. Era comprensible. ¿Cómo iban a identificarse los hijos de la clase obrera británica que pasaban hambre y buscaban rebelarse contra el sistema con el mensaje de unos multimillonarios que empezaban a estar algo entrados en años? Hacía falta un cambio radical. El 27 de octubre de 1977 Never Mind the Bollocks, Here’s the Sex Pistols llego a los escaparates de todas las tiendas de discos londinenses dando el pistoletazo de salida para una revolución que se extendía mucho más allá del contexto musical y que amenazaba con jubilar de forma inmediata a bandas como Led Zeppelin, Pink Floyd o los propios Rolling Stones.

Mientras tanto, al otro lado del atlántico, un drogado y desorientado Keith Richards estaba a punto de ser envuelto en llamas —en sentido figurado, claro— tras ser arrestado en un hotel de Toronto, Canadá, bajo una acusación de posesión de heroína con intención de distribución. Hasta entonces la banda había sido capaz de mantener el equilibrio, pese a estar al borde del abismo en más de una ocasión, pero con la amenaza de varios años de cárcel revoloteando sobre la cabeza del guitarrista parecía que solo era cuestión de tiempo que los Rolling Stones terminaran por despeñarse precipicio abajo. Tampoco ayudo el escándalo mediático que se organizo cuando la primera dama canadiense, Margaret Trudeau, fue vista yéndose de marcha con Richards y compañía tras uno de los dos conciertos que la banda dio en Toronto pocos días después del arresto del guitarrista. Al final debió ser difícil discernir si el verdadero motivo por el que las autoridades canadienses querían meter a Keith entre rejas se debía más al caballo incautado que al hecho de que Ronnie o Mick se lo estuvieran montando con la primera dama en las narices del presidente de la nación con la bandera de la hoja de arce.

Bajo estas circunstancias es comprensible que gran parte del peso compositivo recayera sobre los hombros del frontman. Evidentemente esto no quiere decir que Richards estuviera ausente en las composiciones pero dada la precaria situación por la que atravesaba el guitarrista durante las sesiones de grabación es justo reconocer que Some Girls es en muchos sentidos la criatura de Mick Jagger. Así, desde el primer segundo, la mano del vocalista y su gusto por la música de baile quedan reflejados en el super hit Miss You, una autentica bomba de música Disco conducida por la aplastante línea de bajo de Wyman, que junto a las correspondientes rayas de cocaína en los cuartos de baño de turno y emparedada entre canciones como That’s the Way (I Like It) o Disco Inferno debió provocar verdaderos estragos en las pistas de baile de todo el mundo. When the Whip Comes Down es —líricamente hablando— un Rock and Roll à la Lou Reed en donde Mick Jagger se pone en el lugar de un joven homosexual que viaja desde la soleada California hasta la cosmopolita Nueva York buscando ser aceptado («yo era un gay en Nueva York / lo que es un maricón en Los Angeles»).

El punto controversial lo pone la misoginia caricaturizada del tema titulo. Desde los peligros de la fama que dejan a la estrella de Rock expuesta a todo tipo de cazafortunas («te comprare una casa en Zuma Beach / y te daré la mitad de lo que tengo») hasta las atrevidas afirmaciones sobre la libido de las afroamericanas («las chicas negras solo quieren ser folladas toda la noche») el frontman comparte con el oyente consejos sobre mujeres desde el punto de vista de la estrella de rock que se ha recorrido el mundo de cabo a rabo y las ha visto de todos los colores y nacionalidades. En realidad no era nada nuevo. Dos años antes el humor picante de la banda ya había provocado que los grupos feministas de medio mundo saltaran a la yugular de Jagger y compañía a consecuencia del célebre cartel promocional de Black and Blue en el que aparecía la modelo Anita Russel atada de pies y manos, con el vinilo entre las piernas y moretones en el cuerpo.

La influencia del movimiento Punk del momento queda plasmada en Lies y Respectable que recrudecidas por la inclusión de una tercera guitarra —la de Jagger— se mantienen hasta el día de hoy como dos de los temas más duros en el catalogo de la banda. Musicalmente eran una indirecta a todos esos punks que desde Londres gruñían anarquía, se burlaban de la reina y se jactaban de que ya nadie más les iba a tocar los cojones. Pero también hay concesiones al Soul más clásico en la perfecta Just My Imagination (Running Away with Me) de los míticos Temptations —¡Motown, baby!— y a la música Country en la maravillosa Far Away Eyes con Mick Jagger cantando con un acento sureño que roza lo ridículo y en la que queda patente la enorme influencia que tuvo sobre la banda su colega Gram Parsons —escuchar sino la preciosa Sin City de los Flying Burrito Brothers y me contáis—.

El autoanálisis de Before They Make Me Run representa quizá el momento más profundo de todo el disco. Es la canción definitiva de Keith Richards. Una despedida en toda regla al estilo de vida Rock and Roll. Es la voz rota y honesta del salvaje guitarrista admitiendo que la fiesta ha terminado, que se ha divertido pero que es el momento de dar un primer paso hacia un cambio antes de que las cosas se pongan demasiado feas («voy a caminar antes de que me obliguen a correr»).

La adorable Beast of Burden es una irresistible balada hecha a punto por guitarras de seda; otro himno más de la banda inspirado en Anita Pallemberg que Richards escribió a modo de agradecimiento a Jagger por haber sido la bestia de carga que tomo las riendas de la banda en el momento más vulnerable del forajido guitarrista. Shattered es un retrato de la Nueva York de los setentas, a medio camino entre el Rock and Roll más frenético y el Punk, que estaba inspirado en las vivencias y la fascinación del vocalista con la ciudad de los rascacielos, en donde la delincuencia y la violencia son el precio a pagar por vivir en la capital mundial del glamur.

Finalmente la portada pone la guinda al pastel con una brillante ilustración de Peter Corriston que casi le costó a la banda una demanda por incluir sin permiso los rostros de estrellas como Judy Garland o Marilyn Monroe entre los caretos travestidos de los cinco músicos y que fue rediseñada poco después eliminando los semblantes de las celebridades femeninas. Por otro lado, para cuando el álbum llevaba algo más de un año en las tiendas, el juicio contra Kieth Richards se saldo con unas palmaditas en la espalda del guitarrista y un par de conciertos benéficos. Con todo esto Some Girls se convirtió en un rotundo éxito que volvió a posicionar a los Rolling Stones por enésima vez como una de las bandas más relevantes del momento y que ha quedado a día de hoy como su último clásico indiscutible.

Mick Jagger: Voz, guitarra
Keith Richards: Guitarra
Charlie Watts: Batería
Ronnie Wood: Guitarra
Bill Wyman: Bajo

Sello
Rolling Stones Records