Roger Waters: The Wall

Enviado por MetalPriest el Lun, 29/07/2019 - 13:39
2033

1. In the Flesh?
2. The Thin Ice
3. Another Brick in the Wall (Part 1)
4. The Happiest Days of Our Lives
5. Another Brick in the Wall (Part 2)
6. The Ballad of Jean Charles de Menezes
7. Mother
8. Goodbye Blue Sky
9. Empty Spaces
10. What Shall We Do Now?
11. Young Lust
12. One of My Turns
13. Don't Leave Me Now
14. Another Brick in the Wall (Part 3)
15. The Last Few Bricks
16. Goodbye Cruel World
17. Hey You
18. Is There Anybody Out There?
19. Nobody Home
20. Vera
21. Bring the Boys Back Home
22. Comfortably Numb
23. The Show Must Go On
24. In the Flesh
25. Run Like Hell
26. Waiting for the Worms
27. Stop
28. The Trial
29. Outside the Wall

Todos conocemos (en mayor o menor medida), de qué trata The Wall. Algunos dirán que es la historia de una depresión, otros… los más simplistas, te dirán que sencillamente es la vida y problemas de Roger Waters plasmados en un doble cedé y… algunos cachondos mentales afirmarán que The Wall (al igual que el Quijote) “va de un jambo fumao que va loco y al que le dan venazos ”. A ninguno de ellos le falta razón. A ninguno de ellos le sobra razón. Pero si me preguntáis a mí, creo que el mejor modo de condensarlo es que The Wall es un retrato del condicionamiento humano en base a sus experiencias y vivencias. Y es más: creo que va más lejos de la depresión, el sentimiento de soledad o del distanciamiento de un individuo con respecto al mundo. Creo que aborda también el sistema en el que nos criamos, lo cual incluye los conflictos internacionales, la guerra, la educación, las relaciones interpersonales, la muerte (generalmente asesinato) de los sueños, los miedos que heredamos y arrastramos con nuestra madurez y la llegada a una apatía en determinado momento… que mucho nos dista de lo que idílicamente se esperaría del ser humano. Por tanto, The Wall es la historia de la vida y de su falta de misericordia. De las injusticias que nos embisten y nos rodean, de cómo la mierda de nuestros padres nos salpica y, de algún modo, hará que salpique a nuestros hijos… o de cómo el sistema nos ceba, mastica y escupe como si no fuésemos nada.

El caso es que yo, que siempre oí hablar de Pink Floyd desde chaval, tardé mis años en adentrarme en sus universos y más aún en entender sus mensajes. Tanto es así, que lo mismo hasta hace muy poco no fui capaz de digerir (ni mucho menos entender) al The Wall. Todo cambió cuando alguien en su momento muy importante me insistió en que me viera la película de The Wall (1982). A partir de ahí, comencé a entender por dónde iban los tiros… a comprender de qué estaban hablando los Floyd (y en especial Roger Waters) cuando el disco de la pared blanca sonaba. Y entendiendo el mensaje tanto parcial de cada tema como el global, comencé incluso a disfrutar de la música íntegra del álbum. Porque veréis: a mí antes solo me interesaba la etapa ’70-’77 de los británicos. Es curioso ver cómo cambia el gusto y las percepciones… el caso es que con la dichosa película (dirigida por Alan Parker), terminé de viciarme por el afamado y archi-conocido álbum de 1979. Poco después me acabé visualizando el documental/concierto/película Roger Waters: The Wall (dirigida por Sean Evans)… y ahí ya no hubo marcha atrás de modo alguno. Y por eso, amigos míos, hoy en esta ocasión tan especial me estáis leyendo.

Algunos tuvieron la suerte de ver esta película del 2014 en el cine, y otros (todavía más afortunados pienso yo) pudieron ver la gira de The Wall de Roger Waters en sus putas propias carnes. Pero yo ni una cosa ni otra. Me enteré de cuando salía la peli pero como por aquel entonces el disco y Waters me daban igual… me lo perdí. He aquí una de las cosas de las que en la actualidad más me arrepiento. Y eso vaya por delante. Ahora bien: me siento tan putamente afortunado y agradecido de haber visionado esta película, que de verdad, no tengo palabras que definan el torbellino de emociones que me genera. Porque veréis: de hace unos años a esta parte, me noto más y más desligado de todo y cada vez todo parece tener menos sentido, de verdad que aún a día de hoy me cuesta encontrarlo. Pero The Wall y en concreto esta revisión de Roger Waters me dieron la vida… ánimos. Me dieron una lección muy valiosa que entre 3.600 y 3.700 españoles al año no llegaron ni llegarán nunca a aprender: y es que de la depresión se sale. Que siempre se puede volver a empezar y derruir esos muros de miedo, complejos inseguridades y amargura que inconscientemente vamos construyendo a nuestro alrededor.

Lo se… hoy estoy siendo muy “abierto”; muy… sentimental si se quiere. Pero creo que estoy hablando de mierdas que todos entendemos, que todos sufrimos en mayor o menor medida, en primera o segunda persona… y no es nada “sin importancia”. Es un tabú que The Wall condensa en sus más de ochenta minutos con un feeling, intimismo y crudeza inconmensurables, sin en momento alguno caer en lo pueril. Y esto último… no es moco de pavo, y más jodido aún, es el reconocer esta historia como tuya y representarla delante de decenas de miles de personas día sí, y día también; abriendo tu corazón y aireando tus vivencias más jodidas frente a ellas. Para mí, eso no tiene precio. Eso es valor. Y creo que la película Roger Waters: The Wall de 2014 da una nueva profundidad al directo de su respectiva gira ¿Por qué? Porque Waters termina de abrirse todavía más si cabe en un montón de escenas que completan el a veces críptico mensaje que condensa The Wall. Es una película que a juicio personal… consuma aquello que ya entendíamos pero que… quizá carecía de ciertos detalles de relevancia y/o interés, aun habiendo visto la película de 1982.

Podría resumirse que Roger Waters: The Wall ofrece sobre todo un directo bestial, con un sinfín de recursos, parafernalia, músicos de la hostia, extras, vestuario, iluminación, atrezo y una música descomunal ejecutada a la perfección. Tenemos todo eso, sí… pero de manera intermitente, tenemos también a Roger Waters solo con sus pensamientos, recordando a su abuelo, a su padre, viajando hasta Anzio donde su padre Eric Waters murió en combate. Es como si nuestro Floyd favorito tratase de llevar más allá el nivel de intimismo que arrojaba la opus de 1979, con conversaciones existencialistas, místicas, vivencias desgarradoras (propias, de familiares y amigos) pero… bien traídas. Sobre todo bien traídas. Quiero decir: nada de esto queda en absoluto forzado, es más: se retroalimenta con la música.

De hecho, a pesar de que Roger Waters: The Wall es un directo, también es una historia; con una amarga catarsis que pretende enseñar algo a sus receptores. Cosas básicas como las atrocidades y tragedias de la guerra (que siempre hay que intentar evitar), que la clase política es miserable por naturaleza ya… pero también otras cosas más profundas y sutiles. Porque como iba diciendo: esta obra audiovisual es una catarsis; la enésima catarsis de Roger Waters, y creo que en cierto modo y hasta cierto punto, lo es de todos nosotros.

A nivel técnico, la fotografía e iluminación es impecable, los planos… también. Realmente vale la pena verla tanto a nivel visual como sonoro (estamos ante un The Wall 3D y envolvente, si ustedes me entienden). Y además, Waters y el resto del equipo aparecen en un estado de forma envidiable, dando la talla sin echar por tierra el trabajo original, y esto tiene un especial mérito teniendo en cuenta que para cuando esta gira se realizó Waters ya andaba cerca de los setenta tacos… y aquí lo vemos como un auténtico frontman que no desfallece, ni pierde el aliento ni desafina ni leches. Cumple en todo momento como la leyenda viviente que es.

Mis canciones favoritas en este documento, son “In the Flesh?”, “Another Brick in the Wall (Part 1)”, “Empty Spaces” / “What Shall We Do Now?”, “Nobody Home”, “Comfortably Numb” y la tríada final “Stop” / “The Trial” / “Outside the Wall”. No es que estén más logradas que las demás, es que sencillamente me alucina lo bien que suenan y lo emotivas que resultan. De todos modos, me gustaría recomendar encarecidamente a los que me estén leyendo que se las arreglen para ver con atención (y en óptima calidad) este Roger Waters: The Wall. Porque creo que puede conmover a más de uno y… quizá cambiarle la vida a quien lo necesite. Porque sí: The Wall es de esos discos que pueden cambiar vidas, y donde digo “cambiar”, puedes interpretar también como “salvar”.

La nota no hace falta ponerla porque la duda (al menos a mí) me ofende. Pero para los menos espabilados… esto es un diez. No hay palabras para definir este material, esta… opus de lo audiovisual.

Roger Waters: bajo, voz principal, guitarra acústica en “Mother” y trompeta en "Outside the Wall".
Graham Broad: batería, percusión y ukelele en "Outside the Wall".
Jon Carin: teclados, lap steel guitar, programación, high-strung guitar en "Comfortably Numb", guitarra acústica en "Outside The Wall", guitarra eléctrica en "Run Like Hell", "Bring The Boys Back Home", "Comfortably Numb" y " Another Brick in the Wall (Part 3)".
Dave Kilminster: guitarras, banjo en "Outside the Wall" y bajo en "Mother".
Snowy Whit: guitarras y bajo en "Goodbye Blue Sky".
Harry Waters: órgano Hammond, teclados y acordeón en "Outside the Wall".
G. E. Smith: guitarras, bajo y mandolina en "Outside the Wall".
Robbie Wyckoff: voz líder (canciones y partes de canciones originalmente cantadas por David Gilmour), coros y percusión.
Jon Joyce: coros y percusión.
Kipp Lennon: coros y percusión.
Mark Lennon: coros y percusión.
Pat Lennon: coros y percusión.

Sello
Picturehouse Entertainment