Rick Ernst - Get Thrashed. The Story of Thrash Metal

Enviado por El Marqués el Mié, 13/06/2012 - 23:51
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Tiene ya algunos años este documental, pero, al igual que el Thrash Metal, cuya historia se nos narra con empatía, conocimiento y agilidad, nunca perderá su vigencia. Al estilo Sam Dunn, el director Rick Ernst elaboró en 2008 este profundo e interesantísimo análisis de una serie de historias que no por conocidas dejan de ser apasionantes. Vidas paralelas, vidas cruzadas, vidas marcadas por la gloria o el infortunio, de todo ha habido en el movimiento más revolucionario y auténtico de la música que nos apasiona.

Ernst sitúa el nacimiento oficial del Thrash en 1983, y certifica su defunción tal como fue concebido en 1991. Lo ubica en tres áreas geográficas, New York, Los Angeles y por supuesto la Bahía de San Francisco, sin olvidar su reflejo en Alemania, y su extensión a otros países como Brasil o Canadá.

Se trata de un documental dividido en capítulos, 100 minutos que se pasan en un suspiro, con las inevitables declaraciones, entrevistas, imágenes de conciertos, homenajes y muchos recuerdos, por parte de músicos, fans, productores, directivos de sellos discográficos hoy día legendarios que pusieron las primeras piedras al apoyar las primeras demos de bandas punteras como Metallica, Slayer o Exodus…Un completísimo repaso a aquel periodo irrepetible, su auge, caída y descendencia.

El primer episodio, centrado en los comienzos de las tres bandas mencionadas junto a Megadeth, es impresionante. No tiene precio repasar todas aquellas imágenes, la memorabilia, las portadas, camisetas o fanzines, los cassettes con portadas fotocopiadas que aquellos músicos imberbes destinados a comerse el mundo repartían en las tiendas de discos, el sentimiento de fraternidad entre todos ellos…

Colosal el encuadre elegido por los miembros de Exodus, en un día soleado que contrasta con sus sudaderas y melenas negras, ante el puente colgante de San Francisco, mientras recuerdan a ese gnomo borrachín e irrepetible, a esa especie de John Belushi del Thrash que fue Paul Baloff, un tipo que dejó una huella indeleble al frente de la banda.

Tampoco está nada mal recordar a los imbatibles Metallica de “Kill´em All”, aunque parezca mentira hubo un tiempo en que eran reales, sentían al máximo lo que hacían, y se erigieron en estandartes de una escena que se vio convulsionada por la repentina muerte de Cliff Burton. Los recortes de los periódicos nos muestran como la notica alcanzó una dimensión social, más allá de los círculos thrashers, e hizo comprender a todos los miembros de aquella comunidad que, después de todo, no eran indestructibles. Bonitas esas dos tomas de las lápidas de Baloff y de Burton.

Si hay un artista que sale especialmente bien parado en este documental es nuestro hombre, Dave Mustaine, alabado por miembros de bandas actuales y antiguas como el cerebro de aquellos primeros Metallica. Scott Ian llega a decir literalmente que sin Mustaine, probablemente no hubiera existido el Thrash Metal. Interesante ver el alto grado de estima en que tienen al pelirrojo sus colegas.

De la Costa Oeste, donde también hemos escuchado menciones a Death Angel, Dark Angel, Heathen o Vio-Lence, y una simpática alusión a la supuesta rivalidad con las bandas de Hair Metal, cruzamos la Tierra de la Libertad, el Hogar de los Valientes, como dicen ellos, y nos situamos en la Costa Este, en New York. Allá por los distritos de Brooklyn o Queens, el Metal extremo contaba con unos protagonistas absolutos: Los Anthrax de Joey Belladona, Ian, Frank Bello, Dan Spitz y Charlie Benante, dinamita en estudio y en directo.

Entre las tendencias de ambos extremos de los Estados Unidos de América, se incide en la principal diferencia: Los astros de la Bay Area bebían principalmente de las grandes bandas europeas, Motörhead y Venom sobre todo, solo hay que ver esa camiseta de Michael Schenker que luce Mustaine, mientras que en la Gran Manzana las fuentes eran el Metal, el Hardcore y el Punk, dando lugar a un sonido más callejero.

Al hilo de los autores de “Indians”, recordamos a otros neoyorkinos ilustres como Nuclear Assault, S.O.D. o M.O.D., y entramos directamente en el ámbito del Crossover, la fusión entre el Thrash y el Hardcore, elevada a la categoría de arte en manos de Suicidal Tendencies.

Varios episodios después, la cinta se fija en los alemanes, en su distinta idiosincrasia como europeos, orgullosos de su condición de marginales, puntas de lanza de la corriente radicalizada de un estilo, el Heavy Metal, por si solo marginal, expresándose en un idioma que no era el suyo, supliendo las deficiencias con entrega, actitud y arrestos como para derribar el Muro de Berlín a base de guitarrazos y embestidas de doble bombo. Los favoritos para el realizador son Kreator, pero impresiona ver también a los miembros de Sodom y Destruction con su aspecto de veteranos guerreros bárbaros.

Antes hemos podido disfrutar de diversos temas relacionados con esta maravillosa historia: Los fans, viscerales, cafres y apasionados como ellos solos, profesionales del stage diving, mosh pit, headbanging, crowd surfing, y demás terminología anglosajona. Impagable ese primer plano del chaval de la perilla apoyado en las vallas, sangrando con orgullo por la nariz, y todo un acierto incluir el testimonio de chicas fanáticas del Thrash, y lo que supuso la irrupción de las mujeres en un entorno tan aparentemente hostil y masculino.

El momento “baladístico” del documental llega con el capítulo sobre la vida en la carretera, los inevitables excesos con el alcohol, la hierba y sustancias mas fuertes, la dureza, inseguridad y sacrificio del estilo de vida de grupos modestos en muchos casos, y un nuevo recuerdo a Burton y Baloff, así como al batería Andy Galeon, de Death Angel, que sufrió un grave accidente en 1990 que llevó a la banda a la separación durante toda la siguiente década.

En la parte final se incluye un llamativo acontecimiento, expuesto simbólicamente como el fin del Thrash. En 1991, Anthrax, Slayer y Megadeth giraron juntos, en el tour conocido como “Clash of the Titans”, claro precedente al Big Four, e intervino como estrella invitada Alice in Chains. Se nos sugiere que el Grunge se introdujo por la puerta grande, que llegó para quedarse, y las Compañías dejaron de apoyar a todos los Testament u Overkill de este mundo para volcarse en las bandas de Seattle. A su vez se nos indica que ambas corrientes podrían haber convivido juntas, y como detalle vemos un ticket con un triple cartel de Soundgarden, Faith No More y Voivod.

¿Admitieron los Thrashers un descendiente válido, un heredero para el Imperio de los cinturones de balas? Pues no sabemos si el director quiso también homenajear a Dimebag Darrell, pero lo cierto es que todos reconocen en Pantera un digno portador de la Antorcha Olímpica.

No salen tan bien parados los grupos de Nu Metal en la percepción de la Vieja Guardia, pero tampoco importa. El Thrash Metal nunca morirá.

Venga, ahí lo lleváis. Al que no le guste este estilo, que aproveche para mejorar su inglés:

http://youtu.be/0xh06d1HQOE

Rick Ernst: Director, Productor
Rat Skates: Productor

Sello
Vivendi Entertainment, Lightye