Resurrection Fest XI (7, 8 y 9 de Julio de 2016)

Enviado por MetalPriest el Mié, 10/08/2016 - 22:39
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Jueves 7 de Julio:

Crisix
Rotting Christ
Bring Me The Horizon
Fleshgod Apocalypse
Brujería

Viernes 8 de Julio:

Rise Of The Northstar
Hatebreed
Gojira
Dark Tranquillity
Turisas
Abaixo Cu Sistema

Sábado 9 de Julio:

Enslaved
Iron Maiden
Abbath

La llegada:

Acababa de presentarme al último examen, me encontraba al fin libre para poder asistir a ese festival al que venía yendo desde hacía unos años. El año pasado (2015) me tuve que perder el Resurrection Fest a razón de unos exámenes a fechas extremadamente tardías y el propio festival a unas también tempranas de más. En esta undécima edición, aunque las fechas del ya famoso festival de Viveiro no cambiaron mucho respecto al año pasado, parece que nos sonrió más la suerte con las de los exámenes, y a un mes o dos del evento, decidí asistir y darme el placer de volver a ese precioso pueblo. Era la apertura del verano, de MI verano, y llevaba casi dos años sin traspasar los recintos del Resurrection Fest. En 2015 me perdí a bandazas que me interesaba mucho ver como Behemoth, Cannibal Corpse, Dark Funeral… Era una espina clavada que exigía una satisfacción: Llegaba la revancha.

Recuerdo que las dos semanas previas al evento en nuestros ratos libres habíamos grabado música en un pendrive de ocho gigas a partes iguales entre tres: yo, Samuel y Patricia, las dos personas que me acompañarían en la aventura. El primero de ellos: ex-compañero mío de la universidad, ferviente defensor del hard rock clásico y el stoner (entre otras cosillas) y la chica, una cuasi-doctora en la facultad de Química, amante del melodeath, el metalcore, metal chandalero “of steel” y... ¡novia de mi colega! Era un simpático popurrí de gustos lo que iba sonando en el coche de camino al festival; Dissection, AC DC, In Flames, Burzum, Combichrist… el ambiente se iba creando, había buen rollo y, para añadir un toque de humor absurder, de por medio iban sonando extrañas intervenciones como "I Will Survive " de Gloria Gaynor, "Hit The Road Jack” de Ray Charles o el clásico “Hadouken!” del Street Fighter. Veníamos el propio día que daba comienzo el festival (Jueves 7), con el tiempo justo para montar la tienda de campaña (este modelo) y hacer botellón para luego ir a los primeros shows que nos interesaban.

Una vez llegamos al campamento C, que estaba situado en frente de una preciosa playa y al lado de un hotel, comenzó la humillante parte de montar la tienda de campaña; y digo humillante porque tras ver dos veces cómo montar y desmontar mi tienda en vídeo (en la página de Decathlon), y ojear unas instrucciones que venían en la bolsa de la tienda, fuimos incapaces de montarla bien hasta que un anónimo vasco sin camiseta y uno de sus compinches se prestaron a ayudarnos (a Crom gracias). Una vez montada y completado el traslado de equipaje a nuestro recién construido cuartel general, llegó el bebercio y nos despachamos dos botellas: de licor café y licor de hierbas, que a propósito: eran caseros. Se trataba de una dote proporcionada por el padre de Patricia para el grupo. También formaban parte de dicha “dote” otras dos botellas de crema de orujo y aguardiente (pero para hablaros del aguardiente hay que esperar al sábado, que tiene tela). Mientras nos relajábamos en nuestros asientos (porque llevamos sillas para el campamento), y comíamos y bebíamos, apareció el cuarto jinete del apocalípsis; otro colega de la facultad y compañero de laboratorio de Patri: Xiao. Ya estábamos todos, y en breve, los néctares de Baco comenzarían a surtir su efecto.

Primer día: Euforia.

A lo tonto, el tiempo pasaba rápido, y además ya se sabe: cuando uno comienza a hacer botellón, las horas vuelan, y ya iba siendo la hora de arrancar para el recinto ¡Había que ver a Crisix! Ya nos habíamos perdido a los andorranos Persefone; una de las propuestas más interesantes de la jornada porque tocaban algo temprano para nosotros (17:00-17:35), que habíamos llegado algo tarde y nos liamos con la dichosa tienda y el bebercio. Como andábamos animados, nos fuimos andando desde el campamento hasta el festival. Al acercarnos al recinto parecía que ya habían comenzado Crisix, fue tiempo de meter prisa a la concurrencia y llegar cuanto antes, echando una carrerita incluso. Al menos, pudimos disfrutar de medio show de puta madre, con unos Crisix crujientes, técnicos y pletóricos y presenciar como el frontman Julián Baz, le pedía matrimonio ante nuestra incrédula presencia a su pareja ¡Y dijo que sí! Joder, el primer show al que asistimos, y llegando tarde y... ya se convierte en un momento inolvidable del festi.

Al rematar Crisix, nos tomamos algo, ya que no nos interesaban mucho Bad Religion y volvimos para Rotting Christ, que por alguna razón, no intenté convencer al personal de meterse en las primeras filas, ya que era un grupo que me interesaba mucho, así que me tuve que conformar con estar sentados a una distancia moderada del escenario donde (eso sí) se les escuchaba que atronaban. Totalmente limpios y cristalinos, luciendo un repertorio muy actual y demostrando que son una de las bandas más grandes que parió Grecia, o la mayor. Hasta Samuel, que no tira nada por el metal extremo, me pidió que le pasase el set-list y algún disco de los griegos cuando volviésemos a casa. Seguidamente, tuvimos que ir a ver a Bring Me The Horizon, banda de la adolescencia de Patri y que había que ir a ver por cojones. Me impresionó la enorme cantidad de gente que se congregaba para este show, la pena fue ver que BMTH no le hicieron justicia a sus fans ni remotamente, tirando de su material más modernete y melódico. De hecho, hasta recuerdo de ir en cierto momento del show con Samuel a por unos chupitos de Jaggermeister a la barra, dejando a Patri y a Xiao disfrutando del show, que a ellos al menos les agradaba. Una vez terminado el recital de los ingleses ultra-tatuados, los italianos Fleshgod Apocalypse comenzaron a atronar, haciendo una poderosa demostración de death metal y confirmando que aunque su último álbum no sea “la gran cosa” del año, sí que tiene sus temazos. Excelente puesta en escena con sus prendas “de época” y su manera de motivar al público. Lo que sí, es que los esperaba más neo-clásicos, más... virtuosos, y sonaron bastante más burros de lo esperado, una sorpresa, vaya… no diría que fuese algo estrictamente malo. Eso sí: pudieron sonar algo mejor en lo que a ingeniería de sonido se refiere.

Tras un paréntesis en el que nos fuimos del concierto de Volbeat, nos fuimos a cenar, mirar las tiendas de ropa y discos y a seguir bebiendo, volvimos para ver Brujería. Esa extraña banda de México que canta sobre drogas, satanás, cárteles y mafias con un lirismo… discutible. Curiosamente, aunque los había escuchado con anterioridad un poco y me habían espantado, me divirtieron mucho y animaron para meterme en el pogo cosa mala. Cuando quise darme cuenta estaba en segunda fila en medio del escenario jugándome el tipo junto a otros espectadores claramente más fans de los mejicanos que yo. Toda una aventura, de la cual salí con un par de moratones en los brazos y con un empape de sudor interesante. Increíble ver la cantidad de público latino que se congregó para la ocasión, es en estos shows donde se ve que en latinoamérica, y en especial en México, se cuida mucho la escena nacional. Estuve casi todo el show rodeado de los compatriotas de Brujería. Muy bonito todo, a parte que los dos frontmans sabían entretener.

Una vez terminado ese concierto, nos fuimos de regreso al campamento, muy emocionados por los grupos que pudimos ver, por el buen ambiente, las risas y… no se, todo. Recuerdo que en el camino de vuelta le propiné un calvo a Samuel y Patricia, y negocié con Xiao el darnos un chapuzón con nocturnidad en la playa (que por supuesto se dio). Esa noche dormimos como angelitos.

Segundo Día: Providencia.

Lo malo de los festivales y de acampar, es que en cuanto sale el Sol, no duermes más, por cojones. Y si a esto le sumas que estás lleno de arena porque el día anterior te pareció buena idea darte un chapuzón en el mar antes de meterte en la tienda… pues peor. Total, que ya era otro día. Nos duchamos, comimos, compartimos opiniones sobre el día anterior y volvimos a privar, con mucha más moderación. Bueno, es lo que tiene el calimotxo, que tiene menos graduación que los licores caseros. Nos fuimos al festival para ver Rise Of The Northstar (que tocaban a la vez que Angelus Apatrida). Una vez más, nos vimos fuertes y tiramos hasta el recinto andando, esta vez con una buena botella repleta de mocho para el camino, y un vaso para servirnos. El camino como es de esperar… se alargó, y cuando llegamos (una vez más) ya habían comenzado a tocar. Nunca olvidaré los pogos de Rise Of The Northstar. En diez minutos salió un tipo sangrando de un labio y otro se desgració el brazo y tuvo que irse, a enfermería, supongo. Por supuesto, esto no fue óbice para seguir entrando a machacarme junto el resto de gañanes del mosh. El show pasó volando, seguidamente tocó ir hasta el escenario en el cual tocaban Hatebreed, banda que nunca me interesó mucho y que vi en mi primer Resurrection Festival. Jum… juraría que aquella vez hicieron playback en las voces. En esta ocasión me dejaron un agradable sabor de boca. Sonaron potentorros, bailables, y por muy hardcoretas cuasi-nu-metaleros que fueran, se disfrutaron bien. Salimos a tomar algo, yo aproveché para comprarme el CD del Somberlain de Dissection y una camiseta (otra más) de Emperor y luego reunirme con la peña. Luego, nos dirigimos al escenario grande: Tocaban Gojira.

Con los franceses me pasa una cosa, y es que sus discos se me hacen largos a pesar de lo mucho que me atrae su sonido. El show fue potentísimo, arrancaron muy fuerte y sonaron tremendos, limpísimos, impecables… en su sitio: como los amos del directo que todos dicen que son. Hasta recuerdo que se me puso la piel de gallina con ciertos pasajes de L'Enfant Sauvaje. Lo que en cambio me decepcionó fue la ausencia de Ocean Planet y que de cara al final metiesen una o dos canciones del nuevo álbum, flojeó algo el desenlace del recital por culpa de eso, pero vamos: que a grandes rasgos fue de sobresaliente. Me alegró mucho poder quitarme la espinita de ver a Gojira en directo. En la novena edición del Resu (2014 creo) vinieron a tocar el tercer día, pero resultó que tuve que ir a un funeral esa jornada de festival, había perdido a una tía-abuela así que tuve que retirarme un día antes. Del mismo modo, también me perdí de ver a Obituary, Carcass y a Testament.

Volviendo al Festival de este verano, proseguimos con Dark Tranquillity, unos clásicos del death melódico que me moría por ver. Fue sorprenderte ver a sus integrantes peinando tantas, tantísimas canas… y es que los tipos tienen ya una edad. Curiosamente, yo, que sólo conozco el Gallery y el Skydancer de su repertorio, me vi bastante saturado por un material que deduzco que viene siendo de sus últimos años, más… goticoso, a veces sinfónico directamente. Aún con todo, no dejó de ser un show bastante memorable por el excelente trabajo de los suecos, en especial de Mikael Stanne, que sabía cómo moverse y evocar lo que nos cantaba. Una curiosa anécdota sobre el concierto, es que mientras disfrutaba de los escandinavos, se me rompió el colgante de la Estrella del Caos, ya saben: ese símbolo con las ocho flechas saliendo hacia fuera. Es mi colgante favorito, adquirido en mi anterior Resurrection. Al sentir que la cadena se me rompía (en mitad de un mosh en el cual no tomé parte), mis reflejos solo me permitieron rescatar la cadena al vuelo, la Estrella saldría disparada. Siempre me pareció que mi Estrella del caos era de un metal muy maleable, excesivamente fácil de deformar, y hasta tenía la impresión de que era frágil, con lo que a las dos o tres canciones, dejé de ojear el suelo, después de todo, le estaba robando atención a un show bastante bueno. Lo gracioso fue que, ya dando por perdido mi colgante, me fui con Xiao al pogo (donde había un vikingote de casi dos metros y mucho cuerpo repartiendo empujones), a los cinco minutos, tras una buena descarga de adrenalina, bajé la mirada y ahí estaba. Entera, mirando al cielo, esperando por su dueño… la puta Estrella del Caos, que además estaba como dos o tres metros más adelante de donde se me había caído, en el medio y medio del círculo del pogo… impagable. La alcé como si fuese una hostia en la consagración, en mitad del fragor de la batalla, y se la mostré a mis amigos, boquiabiertos y tan eufóricos como yo. Sonaba Therein en aquel momento, creo.

El resto del conci se disfrutó con renovados ánimos y con una extraña sensación de ser el puto “chosen one”. Vimos un poco de The Offspring al finalizar Dark Tranquillity, pero en seguida, al igual que con Volbeat, nos dimos cuenta de que a ninguno le estaba interesando el asunto. Offspring siempre se disfrutan, pero no era el momento para eso. Era el momento de brindar con algo de bebercio y cenar. Tras una buena hamburguesa de carne de buey (por mi parte), regresamos para ver a Turisas, bandita que al menos a mí, no me ilusionaba en exceso. Al final, nos vino bien el show, en el cual los finlandeses hicieron una incesante demostración de poderío, vitalidad y buen rollo. Una especie de versión folkie o… bathorizada de Manowar. Y lo que fue ya la leche, su versión de Rasputin de Boney M. Mucha coña, muchas risas, bailes monger… una excelente velada, vaya. Cuando terminaron Turisas, hay que decir que ya eran las tres menos cuarto de la madrugada, estábamos todos cansados, pero todavía faltaba una cosa más: faltaba el grupo tributo a System Of A Down: Abaixo Cu Sistema. Un tributo más que bueno: sobresaliente. En este show, que se extendió hasta las cuatro y media aprox, cerrando con el segundo día de Resurrection Fest, se congregaron un montonazo de nostálgicos seguidores de los armenios. Y juntos, cantamos todas las canciones clásicas del combo y las bailamos, of course. Un final muy tierno, que nos tocó a todos en la adolescencia, en mayor o menor medida.

La vuelta al campamento esta vez sería más civilizada, disfrutando de nuestras cuantiosas vivencias, discutiendo sobre los mejores directos y poco más. Esta noche sin duda nos costaría dormir un poco más, a pesar del cansancio acumulado.

Tercer día: Etanol.

A veces sucede que nos puede el orgullo. Que queremos hacer o conseguir algo y que, aunque lograrlo sea una victoria pírrica con todas las letras, seguimos adelante, porque al final es eso: una cuestión de cabezonería. “¡Voy a hacerlo por cojones!”.

Tras tomar un buen desayuno en la cafetería del hotel (al igual que el viernes 8), y hacer la compra, nos volvimos a reunir los cuatro en frente de la tienda. En esta ocasión, íbamos a explotar la última botella que beberíamos de la dote del padre de Patricia: el aguardiente. El dato que omití del primer día de festival es que sí: probamos la botella. Y sí: era intragable a palo seco, ni rebajándola con agua tres o cuatro veces mejoraba la cosa. Por esa razón recurrimos al Monster (bebida oficial del Resurrection Fest). Decidimos mezclar el Monster con el aguardiente, a ver si así se podía dar mate a la botella. A dicho brebaje lo llamamos “Monster In Flames” ¡Al fin se podía beber! Y como venía introduciendo con el primer párrafo de este tercer día, sí: nos emperramos en acabar la dichosa aguardiente ¿Tres hombretones hechos y derechos y una dama con su buen saque también, derrotados por una botella de 70cL de aguardiente? ¡Los cojones! Íbamos a acabarla costase lo que costase. Y nos saldría caro… ya lo creo.

Para cuando se acabó la botella, llevábamos un pedal épico, no existían secretos entre nosotros, la confianza daba asco ya. De esta vez íbamos con el tiempo justo para ver a Enslaved. Habíamos sacrificado ya a Obsidiam Kingdom y a Shining a favor de pasar esa excelente velada en el campamento, así que iríamos por una vez en autobús hasta el recinto. A mí me tocó compartir asiento con un hombre-cebra bastante simpático, que nos contaba una trifulca que había sucedido instantes antes de que subiésemos entre el conductor del vehículo y un amigo suyo que se quedó sin montar. Según parece el chaval quedó fuera del autobús por sentarse en el asiento del piloto y tratar de arrancar y tirar para el recinto. Supongo que le vendría la prisa de golpe a aquel muchacho anónimo. Bueno, eso y el alcohol supongo.

Una vez llegamos al recinto, recuerdo haber agarrado a Samuel, Patri y Xiao y comentarles con un inusitado derroche de lucidez: “Bueno, ya llevamos una buena moña encima, ahora si no bebemos nada más hasta la noche, todo irá de puta madre”. Entramos. Samuel y yo nos pusimos a ver a Enslaved, los cuales nos ofrecieron un espectáculo cargado de crudeza, salvajismo y un saborcito a black noventero old-school la mar de delicioso. Yo, iba tan borracho que cuando al fin me metí un poco en el mosh (formado por adolescentes entre 16-18 años en su mayoría) me llegué a caer al suelo la friolera de tres veces. Ni con Brujería me había caído los anteriores días. Samuel, que es un chico bastante tranquilo, se animó con Enslaved para meterse por primera vez en un pogo. Resultó muy gracioso ver como agarró a un chaval y lo lanzó a fuera, como si de un saco de patatas se tratase. Y es que mi buen amigo Sam está cuadrado; muy cuadrado, y como es tan tranquilo, a veces en circunstancias como esta no controla su fuerza… según parece. Tras entrar por primera (y única vez, creo) en el pogo, Samuel se vino arriba, y se desinhibió mucho, daba gusto estar juntos codo con codo haciendo headbanging. Cuando finalizó el recital de los noruegos, nos encontramos con que Patri y Xiao estaban con dos litros de cerveza, luego nos enteraríamos de que tras dejarnos en Enslaved, se habían ido a un bar fuera del recinto a por unos cubatas y que tras acabarlos, entraron de nuevo y se cogieron las jarras de cervezas. Vamos, que lo de ser prudentes y no beber más… nos lo pasamos por el forro de los cojones a partir de ahí.

Estuvimos en la barra gran parte de la velada desde ese momento, a Jaggers y litros. Vimos desde ahí casi todo el concierto de Maiden, yo por mi parte, aquí comienzo a tener lagunas bastante serias. Menos mal que no me interesaba en demasía la Doncella. Eso sí: recuerdo que sonaron muy bien. El problema fue que tocaron muchas canciones de su último disco. Los mejores momentos fueron Children of the Damned, The Trooper, Hallowed Be Thy Name y Fear Of The Dark, que también es de lo poco que recuerdo. De hecho se que hubo partes en que no estaba con nadie del grupo. Iba por ahí haciendo “eses” sin rumbo.

Creo haberme re-encontrado poco después con Samuel y Patricia, y que esta me contara que habían hecho amigos por ahí; unos tres chavales muy majos que les ofrecieron unos tragos de sus jarras insistentemente, sobre todo a Samuel. Patricia les explicó que a su chico no le gustaba mucho la cerveza, pero pronto perdieron peso sus palabras cuando echó la mirada sobre Samuel (chaleco de Sons of Anarchy enfundado y pañoleta en la cabeza) alzando una de las jarras en alto y gritando “¡Odííííííín!” y ala, p' adentro. Para cuando comenzó Abbath, que era lo que más ansiaba ver de la jornada, a penas me acuerdo de mucho. Recuerdo ir recorriendo el campo de batalla haciendo air guitar, recuerdo darlo todo en la primera fila en determinado momento, cantar Tyrants junto al noruego… y hacerle fotos a mis acompañantes. En algún momento, Samuel llevó a Patri al campamento, ya que ella se moría de sueño, y yo, supongo que me quedé con Xiao un rato más. De todos modos una vez acabado el show del ex-Immortal, no estábamos nada lúcidos y nos fuimos para el campamento también. Demasiado jarabe.

Cuando ya quedaba poco para llegar al campamento, nos re-encontramos con Samuel, que iba en nuestra busca, remontando el camino hacia el recinto. Fue un momento épico, y... llamadlo emotividad, pena porque el festival se acababa o el alcohol, pero vuestro narrador se puso muy nostálgico. Xiao se fue a recoger la tienda y a dormirla en el coche, ya que se iría por la mañana temprano… y yo me quedé unas horas con Sam, sentados en la playa hablando de cosas transcendentrales hasta el amanecer. Sobre todo recordando lo especial que había sido todo esto, los tres días que acabábamos de vivir.

Cuarto día: El regreso.

Decir que al día siguiente teníamos dolor físico, quemaduras solares y una resaca espantosa, es decir poco. Estábamos destrozados, en la mierda, amigos míos. Nos levantamos y vestimos como pudimos, desayunamos juntos y tratamos de rellenar las lagunas del sábado (día 9) entre los tres que quedábamos y tras eso, comimos lo que encontramos por la tienda y desmontamos el campamento de la forma más ordenada posible. Fue una tarea agotadora, acabamos sudando la gota gorda, y cuando al fin nos fuimos, le regalamos a unos vecinos nuestros de fuera de Galicia la última botella de la dote, la de crema de orujo. Montamos en el coche y nos encaminamos a Santiago de Compostela de vuelta. Casi puedo recordar toda la música de sonó de regreso a casa: Kathaarsys, Rammstein, Bathory, Lost Horizon, Judas Priest, AC/DC… y cuando ya estábamos cerquísima del hogar, sonó la canción de La Comarca (The Shire), de la BSO de El Señor De Los Anillos. Muy oportuno.

La historia acaba como las grandes historias, gente: con un “continuará”. Con la promesa que los cuatro nos hicimos de para el año que viene poder repetir, a no ser que suceda algo de fuerza mayor, claro.

Al final, haciendo un poco de análisis y auto-crítica, está claro que hubo cosas que faltaron o sobraron. Por ejemplo: me habría gustado haber visto a Persefone, Entombed A.D., Obsidian Kingdom, Minicipal Waste y a Shining (que tengo entendido que se marcaron uno de los mejores directos del festival), pero estas cosas pienso que casi siempre pasan. Siempre hay algún problema de compatibilidad de horarios. Del mismo modo, habría venido bien estar más lúcido el sábado, que era el día fuerte con Abbath, Maiden, Entombed, Enslaved, Municipal Waste, Graveyard… sin duda lo pasamos de puta madre ese día pero pudo ser mejor. En fin, a veces toca conformarse con cómo fueron las cosas y no con el hipotético “y si...” y… ¿saben qué? Para mí fue el mejor Resurrection Fest de toda mi vida.

¡Cinco cuernos! Pudimos asistir a más conciertos pero no demostrar más actitud y desenfreno. Gracias Resurrection Fest, gracias Viveiro.

Alfonso
Samuel
Paricia
Xiao