R.A.V.A.G.E. - On We Slay

Enviado por Cuericaeno el Jue, 19/05/2011 - 17:19
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1. On They Slay (4:06)
2. Brain Damage (4:49)
3. Undefiled Wisdom (4:30)

Es un inmenso placer jugar de vez en cuando al arqueólogo aventurero, para descender a los primeros estratos de un subgénero usando las propias raíces del mismo como escala. Merece la pena ir apartándose de los hombros las tijeretas y acercar la oreja a las galerías de la lombriz, para vislumbrar maravillas a través del cascado siseo de añejas y paupérrimas grabaciones.

Hoy quiero que me acompañéis para explorar en un movimiento muy interesante del que hace poco puse toda mi atención en su fosa, su falla repleta de herrumbrosos tesoros, tras forzar la máquina del tiempo hasta retroceder al confín de los albores del Death Metal. Ese movimiento fue llamado Death-Thrash, y no fue otra cosa que el mágico periodo de transición del Thrash al Death que en la segunda mitad de los ’80 fue gestándose por medio de muchas bandas que merecen cada una un buen análisis al microscopio. Y como era de esperar, dentro de aquel ecosistema extremófilo podemos encontrar el borroso pasado de bandas hoy insignes en el universo Death.

Muchos conocemos el trabajo del grupo Atheist, junto con Cynic, uno de los estandartes clásicos del Death Metal más técnico que conoció la aurora de los ‘90. Pero no todos saben que antes, en los ’80, se llamaban R.A.V.A.G.E. (”Raging Atheists Vowing A Gory End”), y hacían algo que nada tenía que ver con aquellas partituras galácticas que los hicieron célebres, sino más bien con barbaries sónicas como las que emprendían sus paisanos Mantas (pre-Death), aunque trefiladas por el mestizaje que aún mantenían con el Thrash, atisbándoseles reflejos de los teutones Destruction, pero más cercanos y bien paralelos a lo que empezaba a hacer Sadus al oeste, en el circuito californiano. Esa modalidad de “sonido de aserradero” claro está que ganaba en corrupción con la grafía floridiana de R.A.V.A.G.E., y es que, la sangre tira, y su destino les aguardaba.

En 1984 fue fundada la banda, justo un siglo después de que lo fuera su ciudad natal, Sarasota, vecina de la mítica Tampa que viera nacer a tantos otros grandes bajo el cielo de Florida. El grupo fue haciéndose camino a través de ese ritual de hermandad que fue el intercambio de cintas, también por esos fanzines que hoy son mosaico de la memoria colectiva del underground. Rotting in Hell (1985) fue su primera demo, y dos años después autoeditarían la maqueta protagonista de esta reseña, su incendiaria On We Slay

Mirando su insulsa carátula, parece que ésta no da más de sí como para merecer muchos renglones el explicarla. Pero es que esa portada me encanta, pues parece la pantalla de inicio de un videojuego del Spectrum. Nostálgico que es uno. Pero la diferencia está en que aquellos videojuegos de los ’80 mostraban mejor portada que gráficos, y el casete de estos pre-Atheist sin duda muestra algo mucho mejor en su interior que lo que reflejaba su rostro. Aunque a ojos del que ha mamado Metal desde antes de aprender a abrocharse los botines, ese horrible cráneo trazado en blanco sobre rojo recuerda antecedentes penales de nuestra música que hoy muchos no sólo perdonamos sino que alabamos, desde el mimoso hombre-foca de Riot hasta el demonio de “Carioca Joy sobre cartulina” que ilustraba el Show No Mercy de Slayer, sin olvidarnos de ese asustadizo primer Eddie del álbum que daba nombre a la banda de Steve Harris. Por ello, a ese muerto viviente que da faz a On We Slay puede otorgársele una minúscula plaza en nuestro pútrido corazonzito headbanger. Lo merece y mucho, todo sea por la era de los 8 bits.

Ese artwork es tan vindicador de su época que inspira una sensación mucho más hermosa que lo que sea capaz de abarcar el término “entrañable”, a la vez que en dicho cretinismo gráfico aflore otra sensación bien distinta, la de puro animalismo y maldad fuera de control que adivinamos impregnada en la banda magnética de la que es féretro tal carátula. En vez de ser un obstáculo que impida disfrutar la música que encierra, es un lustroso sello de garantía que nos asegura que lo que vamos a escuchar es de 1987, y de un grupo que con pocos medios y muchas ganas se abría paso, con sus cintas de mano en mano hasta ti para entregarte su música. Metamos pues la cintita en el aparato, no en el Amstrad o el Spectrum si nos queda alguno vivo, no vaya a ser que la cosa funcione, se ilumine de rojo la pantalla y la calavera salga de ella a mordernos la nariz, tipo film de terror ochentero de serie B. Hundamos hasta que cruja el Play del radiocasete, a ver qué clase de infierno nos abre On We Slay

”On they slay through clouds of death...”

El primer tema pone las cosas claras (más bien oscuras) desde el principio. On They Slay se recrea en su propia sordidez con su riff inicial, lento trote obsceno y malsano, y con el bajo de Roger Patterson gesticulando serpenteante en medio de tales empalizadas que riffean Mark Schwartzberg y Kelly Shaefer, siendo este último el mismo rubio zurdo que está al frente de los actuales Atheist, y el que aquí enrarece aún más el ambiente por la alta dosis de rasposa malicia con la que batallaba en reverb en el profundo núcleo de las canciones (su grito inicial se puja bien caro en el Infierno). Además de ese estegosaurio ríffico que en el primer verso va respondiendo a cada línea del frontman con su firme y coloso caminar (¡soberbio!), el tema recorre secciones trepidantes, como esos redobles frenéticos del genial Steve Flynn a los que se les pegan como lapas los demás integrantes, para puntear una acrobática y espinosa cenefa de notas que ya daba pistas de la maestría de estos jóvenes, que aún no habían advertido al Mundo de su “incuestionable presencia”. Vamos, ni ellos sabían de ella.

Esta canción es también un buen primer round donde los hachas medían sus mástiles y púas en la vertiente lead break, cruzándose para goce nuestro una acalorada discusión de endemoniados solos de gran factura. Hasta que la soledad de un pérfido riff nos pone en antecedentes para un significativo cambio de tercio [2:30], un mid-tempo ceñudo, desafiante como la mirada cabizbaja y sesgada del zombie de la portada. Y cuán sustanciosa es la rugosa mancha negra que expande Shaefer en ese “Beware” [2:54] tan gutural, y que tan bien luce por semejantes pasillos. Me encanta, me recuerda a unos Destruction con extra de óxido en sus machetes.

Con Brain Damage llega un Shaefer histriónicamente más expresivo que en el tema de apertura, estirando y retorciendo sus frases hasta herirlas. Multitud de cambios nos encontramos, y no sé cuál destacar porque cada condenada nota y sílaba que aquí se cuece es un crujiente manjar de saña envenenada y usanza imperial: Ese 1:42 y su tétrica melodía a guitarra mientras que el bajo cuenta su propia hazaña, cuatro cuerdas que más adelante tomarán protagonismo absoluto en un intenso bridge. Pero antes de eso último, esa sensación de avanzadilla guerrera en medio de la tempestad que transmite el riff del 2:40 es de remarcar… y de enmarcar para ser parte de la galería de gestas bélicas del Metal Extremo. Por otro lado, todos los solos que aquí acontecen son bárbaros y llevan unas maneras muy heavies, menos disonantes que los del anterior tema, exceptuando el iracundo y desgarbado solo final, punteado a palanca batiente poco antes de que la banda inyecte el último drenaje a este “daño cerebral”.

Esta canción demuestra más que ninguna que pese a que eran unos auténticos salvajes, su música era muy concienzuda, y eso se entiende sabiendo en lo que luego se convirtieron justo al cambiar de nombre. Todo lo que nos da a conocer este On We Slay sumado a lo que ya sabemos que ocurrió después hasta hoy, hace que perdonemos ese sonido de freidora que ensucia toda la cinta, pero que a la vez le da solera al producto. ‘Reserva 1987’.

El tercer y último tema, Undefiled Wisdom, es una despedida brutal donde se apuran los últimos litros de mala sangre que quedaban por bombear. La Hades Finder todoterreno arranca con sus cuatro ocupantes bien concentrados en finalizar su misión con éxito, desfilando a rueda rugiente mientras que los altos índices de reverb en la atmósfera conceden dotes de monstruo cavernario al que aquí gruñe, un Kelly Shaefer que en esta traca final se nos muestra más mefítico y nefario si cabe. Cumplido el tercer minuto nos avasallan con una melodía-riff muy maideniana pero podrida de depravación, y tan destacable en el tema como ese muy buen paso que da el bajo luego para volver todos al encarnizado riffage que abría el track y aquí cierra el mismo, terminando con él la demo de estos ”ateos furiosos prometiendo un fin sangriento”, militantes en su extrema orden durante un decenio que fue agotando sus cinturones de balas para los más execrables trofeos de caza, preparándose para una naciente escena de portadas con doble ración de cráneos, coronadas por goteantes y putrescentes logos. Aquella guerra fue ganándose en la sombra mediante las más humildes fórmulas propagandísticas, el tape trading y el fanzine, las más certeras armas de aquellas milicias del riff.

Por ello, R.A.V.A.G.E. son uno más de esos preciosos y necesarios fósiles que en vida contribuyeron en aquella cadena evolutiva comprendida entre la regencia de Slayer y la emersión de Deicide. Las prospecciones, aunque sucias, asfixiantes y polvorientas, son vitales para hallar el origen de todo, la verdad.

¿Escucháis ese siseo que reina en toda la grabación?, es el murmullo de las cianobacterias del Death-Thrash fusionándose, trabajando al unísono, juntas o disgregadas en diferentes territorios del globo, buscando la culminación de ese ser vivo musculoso a la vez que cadavérico que luego llamaron Death Metal.

Tres canciones, no llega al cuarto de hora, pero On We Slay deja huella de crampón en nuestro cerebro. En el mismo año en que esta maqueta nació y se multiplicó, fue lanzado un Split, Raging Death, donde esta banda convivía con varios nombres (entre ellos, unos también pubescentes Sadus, ineludiblemente ya citados aquí), además de publicar una última demo llamada Hell Hath No Mercy, hasta que decidieron reinventarse para regentar en el panorama más técnico de los sonidos guturales bajo el nombre de Atheist. El resto del cuento es bien sabido por muchos, pero lo que acabo de relatar aquí es menos oficial y más suculento, y confirma la grandeza que tiene el Metal hasta en los más mínimos recovecos de su naturaleza y de su historia. Aquí tenéis, amigos, Death-Thrash ochentero de alta alcurnia para vuestros huesos, os llegará hasta el tuétano.

Kelly Shaefer - Voz/Guitarra
Steve Flynn - Batería
Roger Patterson (R.I.P. 1968-1991) - Bajo
Mark Schwartzberg - Guitarra

Sello
independiente