Rainbow - Difficult To Cure

Enviado por TenzaZangetsu el Mié, 17/09/2014 - 16:19
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“¡Se nos fueron las cuentas al diablo!”

Eso es lo que dicen en un comercial argentino donde un actor interpreta a un presidente y éste reconoce, de manera muy jocosa, que la situación del país lo desborda y que deben optar por el programa de lotería que están promoviendo. Obviamente, este comercial fue diseñado para ser risible y entretenido, pero el otro día estaba pensando acerca del mismo y me di cuenta que sería bastante saludable que los líderes de diferentes instituciones, grupos y derivados dieran la cara y dijeran la verdad cuando la cosa no pinta bien. Es un tema de liderazgo. Y si pensamos en líderes musicales en el mundo del Rock, no podemos evitar pensar en Ritchie Blackmore.

El Hombre de Negro, como es apodado, venía de una racha indiscutible de álbumes icónicos en la década de los 70s con sus dos bandas principales, Deep Purple y Rainbow. Hagamos una pequeña lista de todos los álbumes que hizo Ritchie en esa década y díganme si no fue el músico más prolífico de esos años: In Rock, Fireball, Machine Head, Made In Japan, Who Do We Think We Are, Burn, Stormbringer, Ritchie Blackmore’s Rainbow, Rising, Long Live Rock and Roll y Down To Earth. Podemos parar de babear y rendirle pleitesía a la orfebrería sin parangón del inglés. Después de sentir que su protagonismo en Purple había sido reducido por dos jóvenes e intrépidos desconocidos como unos tales David Coverdale y Glenn Hughes, Blackmore se junta con un vocalista sin mucho futuro, un tal Ronnie James Dio, y forma una banda que sería suya y solo suya. Esa agrupación era, obviamente, Rainbow.

No es ningún secreto que The Man In Black tiene un poderoso ego y así lo dejo entrever en su banda; lo que él decía, iba. Y nadie más tenía voz y voto. Tal era así su liderazgo en el combo que no dudo en despedir a una de las mejores voces de la historia de la música, Ronnie James Dio, por el hecho de que no era la opción más viable para atisbar ese éxito comercial que lo había aludido desde que dejó Purple. Yo siempre he creído que a Ritchie le molestaba el hecho de que vieran a Rainbow como una banda inferior a su grupo previo aunque la calidad de los tres primeros trabajos es superlativa y de estatus de leyenda. Pero él quería fama, billete, reconocimiento mundial. Ya había demostrado que era el mejor si se trataba de hacer música desenfrenada, épica y virtuosa; ahora quería demostrar que podía conquistar las radios, televisoras y el corazón de los oyentes casuales de nuestra música. De eso se trataba Rainbow -y por extensión, Blackmore-, a finales de los 70s y principios de los 80s. Así llegó un vocalista de Blues, Graham Bonnet (Alcatrazz, Michael Schenker y muchos otros grupos) al combo y así nació Down To Earth, que generó su trabajo más comercial y accesible hasta ese momento. También generó su mayor hit, Since You’ve been Gone. A pesar de ese cambio musical y el hecho de que Bonnet no era exactamente el concepto que se tenía de un vocalista de Rock (sólo hay que ver las fotos de su pinta en esa época), nadie dudó de su gran talento vocal y Rainbow aún así se despachó un par de temas de su vieja usanza como Eyes of the World. Incluso harían una gran actuación en el primer Donington, en 1980, como acto principal y con Ritchie quemando el escenario, como es su costumbre. Pero –y con Blackmore siempre hay un pero- habría una pelea con Bonnet a la hora de hacer el siguiente álbum y Ritchie se decantaría por un vocalista otra vez desconocido para ocupar la vacante. Y ahí entra Joe Lynn Turner. O como muchos fans de la banda le llaman: la peor desgracia que le ocurrió a Rainbow.

Ahora, a partir de aquí debemos un par de cosas en consideración. Cierto, desde este álbum, Rainbow adoptaría un estilo muy comercial y reminiscente a las bandas de AOR, pero no podemos decir que eso es por culpa de Turner. Como dije anteriormente, Ritchie Blackmore siempre ha sido amo y señor de la agrupación. Nadie más, absolutamente nadie más, tiene una opinión acerca de cómo va a ir la música de la banda, además del jefe. También cabe mencionar que Turner era un muchacho que estaba empezando en el negocio de la música (aunque ya había hecho tres álbumes con una banda llamada Fandango) y, ¿acaso alguno de nosotros le hubiera dicho que no a Blackmore para ser vocalista de Rainbow? Yo creo que no. Y hay que recordarle a quienes conocen la carrera de Turner en su entereza que la principal característica del vocalista estadounidense es que es muy disciplinado y profesional y canta siempre lo que le piden sus patrones de turno; así lo demostró en Rainbow, Deep Purple y, especialmente, con Yngwie. ¿O es que acaso aquel Odyssey que hizo con el sueco en 1988 no es una obra maestra? Pero desvarío. Aquí estamos hablando de Rainbow.

Lo que quiero decir es que culpar a Turner, un vocalista dotado de feeling y una muy buena técnica, por el sonido de la banda del Arcoíris en los años 80s, es simplemente ir por la tangente. Él sólo estaba siendo un buen soldado que cumplía las órdenes de su general. Es una cualidad que Blackmore al parecer aprecia mucho puesto que Turner tiene el record de ser el único vocalista con el que aún mantiene una buena relación y siempre se lanzan flores unos a otros. No es para menos: uno consiguió a su seguidor ideal y el otro se hizo un nombre gracias a dicho líder. Gran ojo tiene el Hombre de Negro: Ian Gillan, David Coverdale, Ronnie James Dio, Graham Bonnet, Joe Lynn Turner y, luego, Doogie White. Creo que algunos equipos de fútbol deberían contratarlo como scout.

Indiferentemente de lo que se pueda decir acerca de los cambios musicales que la banda haya adoptado para una mayor aceptación comercial, no se puede hacer nada al respecto y les puedo asegurar algo: a Blackmore poco le importa lo que pensemos. Éste es el sujeto al que una vez citaron a Lars Ulrich de Metallica decir “es uno de los poco hombres que dice ‘me importa una mierda’ y lo dice en serio”. No lo discuto. Y no es ningún secreto que nuestro protagonista gozaba con bandas de AOR como Foreigner, por ejemplo, y que usó ese modelo para su propio combo. Sin más preludios, escuchemos este Difficult To Cure, el primer abrazo público y consensuado de nuestro Hombre de Negro con el comercialismo. El primer gran sell out del héroe de la Fender. ¿Quién sabe? A lo mejor el álbum súper comercial de los tipos en batas de doctores –la leyenda dice que uno de ellos es Ritchie, pero no se sabe-, pero sólo hay una manera de averiguarlo, ¿no es así?

No tardan en empezar a lo grande con el mayor del álbum; otro cover de Russ Ballard, como fue Since You’ve Been Gone. I Surrender muestra las tonalidades más melódicas de la banda y como las vocales de Turner, tan cristalinas y sensibles, surcan con mucha pasión y facilidad por el tema. Suena como si hubiera estado toda la vida en la banda. Cuentan con un equipo de primer nivel con Roger Glover en el bajo, Don Ayrey en los teclados y Bobby Rondinelli en las baquetas. Oído a un solo de Blackmore mientras que Turner sigue soltando alaridos. Un tema hecho para corear y tararear una y otra vez hasta el fin de los tiempos. Cierto, no es un Gates Of Babylon, un Kill The King o un Stargazer y jamás diré que cambiaría algunos de esos temazos legendarios por éste, pero una cosa no disminuye la calidad de la otra. Se puede disfrutar con ambos.

La cosa no pinta nada mal cuando le ponen pie en el acelerador con Spotlight Kid. Ritchie aplicaría esta fórmula con Purple en su reunión en el corte Dead or Alive. Aquí Turner se roba el show con una actuación majestuosa y con mucha personalidad; tal vez sea un mercenario (que lo es), pero lo hace con convicción y te vende el invento como pocos. Para quienes piensan que Rainbow ha perdido su virtuosismo, ahí tienen el pasaje instrumental donde Blackmore y Ayrey se baten en un colosal duelo de guitarra y teclados, respectivamente. Sin importar qué tan comercial y “vendidos” sean, hay que recordar que éstos son músicos de primer nivel y la calidad está ahí; no en la misma forma que antaño, pero sigue rebosante y viva. Si no me creen, escuchen ese pasaje y luego traten de decirme lo contrario.

Más ganchera y pícara se muestra No Release. Aquí tenemos un riffeo clásico de Ritchie y un Turner más aclimatado a un rol de galán en la forma en que entona las melodías vocales. Un medio tiempo bastante “saltarín” y con los teclados en el trasfondo de manera muy, pero muy sutil. Y es que si se escucha con detenimiento, podrán percatarse de que es la voz de Joe la que marca el ritmo de las canciones y Blackmore incluso toma un rol secundario en la canción; eso no es poca cosa cuando se habla de nuestro Hombre de Negro. Hay una parte intermedia con unas palmas que tiene un toque muy Soul y que, a mi criterio, hace perder un poco el momento de inspiración, pero Blackmore inicia su riffeo más Blues y la cosa vuelve a marchar como es debido. Luego suben las revoluciones, y ahí la cosa se pone buena: Ritchie demuestra que todavía es el de antes, sólo que un poco más “domesticado” y Rondinelli se gana el sueldo con el ritmo acelerado de su batería. Brillante forma de acabar un tema de lo más peculiar en el catálogo del grupo.

Más ochentera y AOR se muestra Magic. Siempre que escucho este tema, me recuerdo de los álbumes ochenteros de Queen por alguna extraña razón. Ayrey, que ya había tocado con Ozzy en sus dos primeros álbumes solistas para ese entonces, toma protagonismo con unos teclados muy de la época y que le dan ese toque precisamente mágico a la cuestión. Blackmore se enfoca en hacer punteos melódicos y pegajosos, mientras que deja que Joe se luzca con otra actuación vocal remarcable. Y es que si dejamos de pensar en el legado épico y babilónico de Dio, lo que hizo Turner con la banda es bastante bueno, a mi parecer. Y yo pienso que Dio era el mejor vocalista que he escuchado en mi vida. En fin, es un temazo que recomiendo sin ninguna vacilación o duda. No tiene desperdicio para aquellos que disfrutamos con estas tesituras musicales.

Pero aquí llegamos, nene. El momento donde Blackmore se levanta en el estudio y dice “Señores, yo soy Ritchie Blackmore, el jodido Hombre de Negro. Dejen que me encargue de esto con mi Fender”. Ningún álbum de Rainbow puede estar completo sin un momento de lucimiento personal de su comandante en jefe, y así lo demuestra que la instrumental preciosista, Vielleicht das nächste Mal, que se traduce a Quizá la próxima vez. Una instrumental lenta y melancólica donde nuestro protagonista expresa sentimientos de tristeza y soledad mediante su Fender y Ayrey lo complementa de la mejor manera posible al crear una atmósfera que te hace sentir frio y te traslada a aquellos mundos oníricos que una vez la banda del Arcoíris creó para ti. Para los que pedían a los Rainbow del debut, aquí los tienen. Un recordatorio de que Ritchie Blackmore es, principalmente, un artista y que sin importar lo que haga, nunca podrá ser totalmente domado. O al menos eso pensamos hasta que conoció a Candice.

Can’t Happen Here nos trae a ritmos fiesteros y vacilones que me recuerdan un poco a una versión más edulcorada del tema título de Long Live Rock and Roll. Aquí Blackmore hace de las suyas en la guitarra y Rondinelli se muestra más protagónico en la batería, pero el tema no me termina de convencer porque no soy muy fan de cortes de este estilo. La siguiente canción, Freedom Fighter, sí nos muestra un lado más rockero de la banda una vez más, y contamos aquí con un Turner brillante y que demuestra que no necesitaba tiempo de adaptación ni nada parecido para triunfar en la nueva versión de Rainbow. Podemos atestiguar a Ayrey y a Rondinelli en plan estelar en sus respectivos instrumentos. Gran tema.

Luego continua esta travesía melódica y “coreable” con Midtown Tunnel Vision. Aquí debo reconocer que el tema me parece bastante desechable y no aporta mucho a toda la cuestión; creo que el álbum hubiera estado mejor sin el mismo puesto que siento que le falta algo de vitalidad para enganchar al oyente como es debido y ése es todo el punto del nuevo estilo adoptado por Blackmore. Una vez más, retornamos a los temas instrumentales para que el jefe se vaya a lo grande. El tema título del álbum es una epopeya guitarrera donde Ritchie combina sus dos amores: el buen Rock y la música clásica; en este caso, Beethoven. Y debo decir que lo hace brillantemente. Es una instrumental energética, apasionada y con algunas melodías que se te quedarán en la cabeza a la primera escucha. El ritmo es acelerado y frenético; no te deja respirar y eso es algo totalmente estimulante. Aquí Blackmore hace riffs, escalas, melodías y lo que tú quieras pedirle. Tampoco me olvido de una labor tan buena como la de Rondinelli –brillante y efectivo durante todo el trabajo- y la de Ayrey –me hubiera gustado verlo un poco más participativo- en este tema donde el primero no para de golpetear su kit y donde el segundo gana mucho protagonismo en el estertor del tema con un Hammond que les recordará a los de Jon Lord en Purple. Majestuoso, memorable y explosivo. Ritchie Blackmore en toda su expresión. Una manera idónea y elegante para finiquitar un gran trabajo que nos acaba muy rápido, a mi parecer. Te dejan deseando más. Pero, tranquilos, en los años venideros iban a saciar esa sed.

Y así termina Difficult To Cure. Un trabajo que dista mucho de los tiempos setenteros de la banda y que si eres de aquellos que deseaban otro Rising, deberán mirar para otro lado. No culpo a aquellos que no gusten de esta era de la banda porque yo soy igual con otros grupos que me encantan, y cada uno tiene derecho a su propia opinión. Pero para aquellos que se han formado un prejuicio de esta era de Rainbow, les recomiendo una escucha para que formen sus propias opiniones. ¿Es comercial? Sí, y mucho. ¿Tiene calidad? Puedes apostar tu trasero a que sí. Hay pocos músicos en los que confío a la hora de escuchar un álbum, y Richard Hugh Blackmore es uno de ellos. Y no hay que olvidar a Turner que se dejó el alma en cada canción y realmente aprovechó una de esas oportunidades que sólo te llegan una vez en la vida.

Cuatro cuernos (bajos – medios puesto que hay temas que son de relleno) para Difficult To Cure. Ya puedo imaginarme a Ritchie diciendo en una rueda de prensa, trajeado y cabreado -a su manera- “¡Se nos fueron las cuentas al diablo! ¡Me vendí! ¿¡Y qué!?

• Ritchie Blackmore – Guitarras
• Joe Lynn Turner – Vocales
• Don Ayrey – Teclados
• Roger Glover – Bajo
• Bobby Rondinelli - Batería

Sello
Polydor Records